Guns Archives - ºÚÁϳԹÏÍø News /es/tag/guns/ ºÚÁϳԹÏÍø News produces in-depth journalism on health issues and is a core operating program of KFF. Thu, 16 Apr 2026 00:01:06 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.5 /wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=32 Guns Archives - ºÚÁϳԹÏÍø News /es/tag/guns/ 32 32 161476233 Las armas promovidas para la seguridad personal provocan una crisis de salud pública en comunidades negras /es/noticias-en-espanol/las-armas-promovidas-para-la-seguridad-personal-provocan-una-crisis-de-salud-publica-en-comunidades-negras/ Fri, 19 Dec 2025 10:00:00 +0000 /?post_type=article&p=2133262 PHILADELPHIA — Leon Harris, de 35 años, conoce por experiencia personal la devastación que puede causar un arma. Hace casi dos décadas, unos ladrones le dispararon por la espalda, dejándolo paralizado del pecho hacia abajo. La bala aún permanece alojada en su columna.

“Cuando te disparan, dejas de pensar en el futuro”, dijo.

Su esposa, su hijo y su fe son su gran apoyo. En el pasado quiso trabajar como operador de montacargas, pero logró desarrollar una carrera estable en tecnología de la información. Hoy en día se rodea de otras personas sobrevivientes de heridas de bala y se enfoca en el activismo.

Aun así, el trauma permanece en su vida cotidiana. Cuando la violencia por armas de fuego aumentó durante la pandemia de covid, sacudió su frágil sentido de seguridad. Mudó a su familia de Philadelphia a un suburbio arbolado en Delaware. Pero el miedo constante al crimen persiste.

Ahora está considerando comprar un arma.

Harris es una de las decenas de miles de personas que mueren o resultan heridas cada año por un arma de fuego, una crisis de salud pública que se intensificó durante la pandemia y que lleva a a la sala de emergencias cada media hora.

En las últimas dos décadas, la industria de armas de fuego y ha intensificado sus campañas de ventas a través de influencers en redes sociales, presentaciones en conferencias y .

Una organización del sector reconoció que su cliente tradicional era , por lo que en años recientes comenzó a dirigir su mercadeo hacia y otras comunidades de color, , que se ven afectadas de forma desproporcionada por la violencia de las armas.

La administración Trump redujo la supervisión federal sobre las empresas de armas, que la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés) “caracterizada por la transparencia, la responsabilidad y la colaboración con la industria de las armas de fuego”.

El dolor causado por esta forma de violencia atraviesa divisiones políticas, culturales y geográficas, pero ningún grupo ha sufrido tanto como las personas afroamericanas, como Harris. citados por investigadores, en 2021 las personas negras tenían casi 14 veces más probabilidades de morir por homicidio con arma de fuego que las personas blancas. Los hombres y niños negros representan el 6% de la población, pero son de las víctimas de homicidio.

Washington ha ofrecido poco alivio: las armas siguen siendo uno de los pocos productos de consumo que el gobierno federal en cuanto a salud y seguridad.

“La política de las armas en Estados Unidos está tremendamente desalineada con las prioridades correctas, que deberían centrarse en la salud, la seguridad y el derecho fundamental a vivir”, dijo el abogado Jon Lowy, fundador de , quien ayudó a representar a México en una demanda —sin éxito— contra Smith & Wesson y otros fabricantes de armas que llegó hasta la Corte Suprema. “Estados Unidos permite y respalda prácticas de la industria armamentista que serían totalmente inaceptables en cualquier otra parte del mundo”.

ºÚÁϳԹÏÍø News llevó a cabo una investigación sobre la violencia por armas de fuego durante la pandemia, período en el que las muertes por estas armas alcanzaron su nivel más alto en la historia.

Los periodistas revisaron investigaciones académicas, informes del Congreso y datos de hospitales, y entrevistaron a decenas de expertos en salud pública y en este tipo de violencia, personas dueñas de armas y víctimas o sus familiares.

La investigación encontró que, mientras los funcionarios imponían restricciones para frenar la propagación de covid, las decisiones políticas y regulatorias impulsaron las ventas de armas y, con ello, otra crisis de salud pública.

Mientras los gobiernos estatales y locales escuelas, pedían a la población que se quedara en casa y suspendían actividades en gimnasios, teatros, centros comerciales y otros espacios, el entonces presidente Donald Trump mantuvo abiertas las tiendas de armas, considerándolas para el funcionamiento de la sociedad.

Kush Desai, vocero de la Casa Blanca, no respondió a solicitudes de entrevista ni a preguntas sobre los esfuerzos de la administración Trump para reducir la regulación de la industria de armas.

Durante la pandemia, el gobierno federal entregó más de $150 millones en asistencia financiera a empresas y grupos del sector de las armas a través del Programa de Protección de Cheques de Pago (Paycheck Protection Program), incluso cuando algunas empresas reportaban fuertes ventas, según del grupo de defensa Comunidades por la Seguridad de las Armas (Everytown for Gun Safety).

Funcionarios federales dijeron que el programa tenía como objetivo mantener empleos, pero millones de dólares fueron a parar a empresas de armas que no declararon si esos fondos ayudarían a conservar puestos de trabajo, según el informe.

Alrededor de en Estados Unidos compró un arma durante los dos primeros años de la pandemia, incluidos millones de compradores primerizos, según datos de encuestas de NORC en la Universidad de Chicago.

Harris comprende claramente lo que impulsa esa demanda.

“Las armas no van a desaparecer a menos que abordemos la raíz de los miedos de las personas”, dijo.

muestran que la mayoría de los que poseen un arma creen que les brinda mayor seguridad. Pero los datos de salud pública indican que tener un arma en casa de homicidio y triplica las probabilidades de suicidio.

“No hay pruebas de que las armas aumenten la protección”, señaló Kelly Drane, directora de investigación del Centro Legal Giffords para Prevenir la Violencia por Armas de Fuego ().

“Nos han contado una mentira fundamental”, añadió.

Muertes récord

Menos de un año después del inicio de la pandemia, Jacquez Anlage, de 20 años, fue asesinado a tiros en un apartamento en Jacksonville, Florida. Cinco años después, el crimen sigue sin resolverse.

Su madre, Crystal Anlage, dijo que cayó de rodillas y gritó de dolor en su jardín cuando la policía le dio la noticia.

Contó que Jacquez superó años en el sistema de cuidado temporal —pasó por 36 hogares— antes de que ella y su esposo, Matt, lo adoptaran a los 16 años.

Jacquez acababa de mudarse a su propio apartamento cuando lo mataron. Amaba a los animales y quería convertirse en técnico veterinario. Era amable y afectuoso, dijo Crystal de su hijo adoptivo, medía 6’4” y pesaba 215 libras, propias de ser un ex jugador de fútbol americano y baloncesto.

A photo of Leon Harris sitting outside his home.
Por temor a que le disparen de nuevo, Leon Harris se mudó de Philadelphia, donde en un período de un año durante la pandemia de covid-19 se registraron más de 2.300 tiroteos, es decir, alrededor de seis al día. (Meredith Rizzo for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Recién comenzaba a sentirse seguro en la vida”, añadió Crystal Anlage.

Investigadores afirman que padres como Crystal Anlage cargan un trauma que destruye su sentido de seguridad.

Anlage contó que padece trastorno de estrés postraumático y ansiedad. Le aterran las armas y los fuegos artificiales.

Pero ha logrado darle un propósito al asesinato de su hijo: cofundó la organización Fundación de Sobrevivientes de Jacksonville (Jacksonville Survivors Foundation), que busca concientizar sobre el impacto del homicidio y apoyar a madres y padres en duelo.

“La muerte de Jacquez no puede ser en vano”, dijo. “Quiero que su legado sea el amor”.

Ese legado y el de muchos otros jóvenes asesinados a tiros quedan opacados por el poderoso mensaje de miedo que difunden los fabricantes de armas.

Durante la pandemia, las campañas publicitarias del sector le decían a la población que necesitaba armas para defenderse de criminales, manifestantes, policías poco confiables y durante , según presentada por grupos que abogan por el control de armas ante la Comisión Federal de Comercio (Federal Trade Commission, FTC).

En una del 18 de junio de 2020, de la empresa Lone Wolf Arms, un fabricante con sede en Idaho, se mostraba a un manifestante ante policías antidisturbios entre las palabras “¿Retirar la financiación a la policía? Defiéndete tú mismo”. El pie de foto ofrecía “entre 10% y 25% de descuento en armas demo y pistolas completas”.

Impact Arms, una tienda de armas en línea, publicó el 3 de agosto de 2020 en Instagram una imagen de una persona guardando un rifle en una mochila, señala el documento. El mensaje decía: “El mundo está bastante loco ahora mismo. No es mala idea llevar algo más eficiente que una pistola”.

La Asociación Nacional del Rifle (National Rifle Association, NRA) publicó en 2020 de cuatro minutos en YouTube donde una mujer negra sostiene un rifle y le dice a la audiencia que necesitan un arma durante la pandemia. “Tal vez estés almacenando comida para superar esta crisis”, dijo, “pero si no te estás preparando para defender tu propiedad cuando todo salga mal, en realidad estás almacenando para otra persona”.

El mensaje fue efectivo. Las verificaciones de antecedentes para comprar armas aumentaron 60% , año en que el gobierno federal declaró la emergencia sanitaria.

Ese mismo año, más de murieron en Estados Unidos, la cifra más alta hasta entonces. En 2021, se volvió a romper .

Las armas vendidas al inicio de la pandemia tenían más probabilidades de terminar en escenas de un crimen al año siguiente, según del Comité Económico Conjunto del Congreso, de mayoría demócrata, que citaba datos de la ATF.

A photo of a man inspecting a pistol at a gun shop. Long guns are seen on the wall behind him.
Un hombre observa una pistola en una armería en Capitol Heights, Maryland, el 14 de marzo de 2023. (Andrew Caballero-Reynolds/AFP via Getty Images)

Los fabricantes de armas “utilizaron tácticas de ventas preocupantes” tras tiroteos masivos en Buffalo, Nueva York, y Uvalde, Texas, “sin tomar siquiera medidas básicas para monitorear la violencia y destrucción que sus productos generan”, de acuerdo con un hecho público por los demócratas del Congreso en 2022, después de conocerse una investigación sobre prácticas y beneficios de la industria llevada a cabo por el Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes (House Oversight and Reform Committee).

Según esta investigación del Congreso, la industria ha publicitado las armas “entre organizaciones supremacistas blancas y extremistas durante años, apelando al miedo a la represión gubernamental contra propietarios de armas y fomentando tensiones raciales”.

“El aumento de la violencia con motivación racial también ha impulsado la compra de armas entre personas negras, lo que permite a la industria lucrar tanto con los supremacistas blancos como con sus objetivos”, señala el informe del Congreso.

En 2024, el entonces gobierno del presidente Joe Biden, a través del Departamento del Interior, otorgó una a la Fundación Nacional de Tiro Deportivo (National Shooting Sports Foundation, NSSF), un importante , para ayudar a las empresas a comercializar armas entre la población negra.

La Comisión Federal de Comercio (FTC, en inglés) es la agencia responsable de proteger a los consumidores de prácticas comerciales engañosas o injustas, y tiene poder para sancionar. Por ejemplo, emitió advertencias a empresas que hicieron afirmaciones falsas sobre productos que supuestamente prevenían o curaban covid.

Pero cuando en 2022, durante el gobierno de Joe Biden, familiares de víctimas de violencia por armas de fuego, legisladores y grupos defensores cómo se promocionaban las armas entre menores, personas de color y grupos supremacistas blancos, la agencia no anunció ninguna acción pública.

Este verano, la NSSF presentó y calificó los intentos de los grupos de control de armas como parte de una “campaña coordinada de guerra legal” contra la publicidad de las armas de fuego, “que está protegida constitucionalmente”.

Mitchell Katz, vocero de la FTC, se negó a comentar, señalando por correo electrónico que la agencia no confirma ni niega la existencia de investigaciones.

Serena Viswanathan, quien se retiró en junio como directora asociada de la FTC, dijo a ºÚÁϳԹÏÍø News que la agencia perdió al menos una cuarta parte del personal de su división de publicidad desde la llegada de Trump a la presidencia en enero.

Las empresas de armas Smith & Wesson, Lone Wolf Arms e Impact Arms no respondieron a solicitudes de comentarios. Tampoco lo hicieron la NSSF ni la Asociación Nacional del Rifle (NRA, en inglés).

En una de agosto de 2022, el presidente y CEO de Smith & Wesson, Mark Smith, dijo que algunos políticos estaban culpando erróneamente a los fabricantes de armas por el aumento de la violencia durante la pandemia, argumentando que las ciudades con altos índices de crimen habían “promovido políticas irresponsables y blandas con el crimen, que a menudo tratan a los criminales como víctimas y a las víctimas como criminales”.

“Ahora algunos buscan prohibir que fabricantes y defensores de la Segunda Enmienda anuncien productos de una manera que recuerde a los ciudadanos respetuosos de la ley que tienen un derecho constitucional a portar armas para defenderse a sí mismos y a sus familias”, añadió Smith.

Armas y raza

En 2015, la NSSF reunió a simpatizantes en una conferencia en Savannah, Georgia, e instó a la industria a diversificar su base de clientes, según un y reportes de y del (Violence Policy Center, VPC).

Chris Cheng, especialista en tiro deportivo, dio una presentación titulada “Diversidad: la próxima gran oportunidad”. Imágenes de la conferencia muestran gráficas que describen la “demografía” y “tecnografía” de tiradores negros e hispanos.

Las gráficas describían a los tiradores negros como “expresivos y seguros socialmente, en el grupo” y “menos propensos a estar casados o a haber terminado la universidad”. A los tiradores hispanos se les consideraba “mucho más confiados en la publicidad y en las celebridades”.

Nick Suplina, vicepresidente de políticas públicas de Comunidades por la Seguridad de las Armas, dijo que el mercadeo de la industria cambió en la segunda mitad del siglo XX, cuando el interés por la caza comenzó a disminuir. El nuevo enfoque: armas para la seguridad personal.

A photo of a Leon Harris seated in a wheelchair posing next to his wife outside.
Leon Harris le atribuye a su esposa, Tierra, el mérito de haberle ayudado a encontrar la felicidad y a reconstruir su vida después de que las heridas de bala le quitaran la capacidad de caminar. (Meredith Rizzo for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Dijeron: ‘Necesitamos entrar a nuevos mercados’”, explicó Suplina. “Identificaron a mujeres y personas de color. No tuvieron mucho éxito hasta la pandemia, el movimiento Black Lives Matter y la muerte de George Floyd. El mensaje es: ‘Tú también mereces la Segunda Enmienda’. Están vendiendo el producto como un antídoto al miedo y la ansiedad”.

La investigación del Comité de Supervisión de 2022 criticó duramente a las compañías por promocionar sus productos entre personas de color, mientras la violencia armada sigue siendo una de las principales causas de muerte entre jóvenes afroamericanos e hispanos.

Al mismo tiempo, algunas empresas también promovieron rifles de asalto entre grupos supremacistas blancos que creen que se avecina una guerra racial, según la investigación. Una compañía incluso vendía un rifle tipo AK-47 llamado “Big Igloo Aloha”, en referencia a un movimiento antigubernamental.

Aun así, Philip Smith quiere que más personas negras compren armas para protegerse.

Smith dijo que trabajaba como consultor de recursos humanos cuando se le ocurrió crear la (National African American Gun Association, NAAGA) que ayudó a la Fundación Nacional de Tiro Deportivo (NSSF, en inglés) a preparar su informe sobre cómo comunicarse con consumidores afroamericanos.

Smith alienta a las personas negras a comprar armas para defensa personal y a recibir capacitación adecuada sobre su uso.

Tras 10 años, dijo que su organización tiene cerca de 45.000 miembros en todo el país. La membresía individual cuesta $39 anuales y la de parejas $59, lo que brinda acceso a descuentos de socios corporativos, incluidas empresas fabricantes de armas, y sorteos de armas, según su sitio web.

El asesinato policial de Michael Brown en Ferguson, Missouri, y la muerte a tiros del adolescente Trayvon Martin en Florida impulsaron el interés inicial entre doctores, abogados y otros profesionales, dijo Smith. Pero el verdadero crecimiento se dio durante la pandemia, incluso entre personas demócratas que antes se oponían a tener un arma.

“Cientos de personas me llamaban y decían: ‘No estoy de acuerdo con nada de lo que dices, pero ¿qué tipo de arma debo comprar?’”, recordó Smith.

Smith, que se describe como “callado, nerd y afrocentrista”, dijo que criticar las armas es perder la perspectiva.

“Mis ancestros dieron su sangre para que tengamos este derecho”, afirmó. “¿Hay personas blancas racistas? Sí. Pero deberíamos comprar armas porque hay una necesidad. No porque nos obligan”.

“Amnesia estadounidense”

Durante la pandemia, la violencia con armas de fuego afectó más gravemente a vecindarios racialmente segregados en ciudades como Philadelphia, donde aproximadamente vive en la pobreza.

Un informe de la ciudad indicó que durante un período de un año en la pandemia se registraron más de 2.300 tiroteos, unos seis por día. Muchos por la policía.

Funcionarios de la ciudad señalaron el auge en la venta de armas: en el año 2000 hubo menos de 400.000 ventas en Pennsylvania; en 2020, más de un millón.

Las ventas de armas desde el fin de la pandemia, pero el daño causado persiste.

En una conferencia realizada el año pasado en el estadio del equipo de fútbol americano Eagles, víctimas de esta violencia y sus familiares se reunieron con activistas para compartir relatos de experiencias cercanas a la muerte y del dolor de perder a seres queridos.

Pinturas alrededor del escenario conmemoraban a personas jóvenes, casi todas de color, asesinadas a tiros. Los mensajes decían: “Siempre te amaremos y extrañaremos” y “Los que amamos nunca se van”.

Marion Wilson, activista comunitario, dijo que cree que el país ha olvidado el sufrimiento que ciudades como Philadelphia vivieron durante la pandemia.

“Padecemos la enfermedad de la amnesia estadounidense”, señaló.

Harris regresaba a casa tras su trabajo en Burlington Coat Factory hace casi dos décadas cuando unos asaltantes lo siguieron desde la parada del autobús y le exigieron dinero. Dijo que no tenía y le dispararon.

Harris pasó su infancia arreglando autos con su abuelo, cuando no estaba en la escuela o en la iglesia. Recuerda estar acostado en la cama del hospital, sintiéndose completamente impotente.

“Tuve que volver a aprender a alimentarme solo”, dijo. “Era como un bebé. Tuve que aprender a sentarme para poder usar una silla de ruedas. La única manera en que salí adelante fue con mi fe en Dios”.

Harris pasó años en rehabilitación y recibió terapia por estrés postraumático. Ahora, en silla de ruedas, a veces teme por su seguridad y cree que tener un arma podría ser una de las pocas maneras de protegerse a sí mismo y a su familia.

“Lo estoy pensando”, dijo. “Me da miedo que mi trauma pueda dañar a otra persona. Esa es la única razón por la que aún no la he comprado”.

Si tú mismo o alguien que conoces ha sufrido el dolor de una herida de bala y está dispuesto a hablar sobre la experiencia médica, por favor, completa .

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Recortes federales pueden afectar a programas en hospitales de prevención de la violencia con armas de fuego /es/noticias-en-espanol/recortes-federales-pueden-afectar-a-programas-en-hospitales-de-prevencion-de-la-violencia-con-armas-de-fuego/ Thu, 13 Mar 2025 08:45:00 +0000 /?post_type=article&p=2000291 DENVER. — Hace siete años, Erica Green se enteró a través de Facebook que le habían disparado a su hermano.

Corrió al hospital, uno gerenciado por Denver Health, el sistema de seguridad social de la ciudad, pero no pudo obtener información de los trabajadores de la sala de emergencias: se quejaron de que ella estaba generando un disturbio.

“Estaba afuera, angustiada y llorando, cuando Jerry salió por la puerta principal”, dijo.

Jerry Morgan es un rostro familiar en el barrio de Green, en Denver. Había ido al hospital después de que su pager lo alertara del tiroteo. Como profesional de la prevención de la violencia en el programa (AIM), Morgan brinda su apoyo en el hospital a los pacientes víctimas de violencia con armas de fuego y a sus familias.

Es lo que hizo el día en que le dispararon al hermano de Green.

“Me ayudó a que atravesara mucho mejor esa experiencia traumática. Al punto que después pensé: yo también quiero dedicarme a eso”, contó Green.

Ahora, Green trabaja con Morgan como directora de AIM, un programa de intervención contra situaciones de violencia vinculado a los hospitales. AIM se puso en marcha en 2010 como una asociación entre Denver Health y la organización sin fines de lucro . Desde entonces, se ha ido ampliado para incluir el Hospital Infantil de Colorado y el Hospital de la Universidad de Colorado.

En todo el país existen docenas de programas de intervención contra la violencia vinculados a hospitales, como AIM. El objetivo de estos programas es identificar los factores sociales y económicos que contribuyeron a que una persona terminara en una sala de emergencias con una herida de bala, por ejemplo, la falta de una vivienda adecuada, la pérdida de empleo o sentirse inseguro en el propio vecindario.

Este tipo de programas, que abordan la lucha contra la violencia con armas de fuego desde una perspectiva de salud pública, han tenido éxito.

En San Francisco, uno de ellos la cantidad de personas que volvieron a sufrir heridas por hechos violentos en un período de seis años.

Pero las órdenes ejecutivas del presidente Donald Trump, que piden la revisión tanto de las políticas de armas de la administración Biden como de los billones de dólares en subvenciones y préstamos federales, han creado incertidumbre en torno a la financiación federal a largo plazo de estos programas. Algunos organizadores creen que no se verán afectados, pero otros ya están buscando asegurar fuentes de financiamiento alternativas.

“Nos preocupa que se produzca un efecto dominó, una reacción en cadena. Y nos preguntamos cómo nos afectará. Hay muchas incógnitas”, explica John Torres, director asociado de Youth Alive, una organización sin fines de lucro con sede en Oakland, California.

A man is photographed outside of a building on a cloudy day.
Jerry Morgan, trabajador social principal de AIM, frente a la Clínica REACH en el barrio Five Points de Denver. Lleva unos nueve años trabajando en este sector y afirma haber visto un aumento de la violencia entre los jóvenes durante ese tiempo, especialmente desde la pandemia de covid-19. “Las peleas en Facebook se convirtieron en peleas reales. Todos querían pelear. Todos querían disparar”, afirmó. (Stephanie Wolf for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Los datos federales muestran que la violencia con armas de fuego se convirtió en una de las principales causas de muerte entre niños y adultos jóvenes a principios de esta década y que en 2022 estuvo relacionada con más de 48.000 muertes entre personas de todas las edades.

El pediatra de Nueva York Chethan Sathya, especializado en cirugía y traumatología, investiga cómo prevenir lesiones por armas de fuego, financiado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Sathya sostiene que las estadísticas muestran que esta forma de violencia debe ser considerada como un problema de salud pública. “Está matando a demasiada gente”, argumentó.

Las investigaciones demuestran que haber sufrido una lesión violenta aumenta el riesgo de tener otras en el futuro. Y también que el riesgo de muerte aumenta significativamente luego de la tercera lesión violenta. Los datos surgen de un estudio de 2006 publicado en The Journal of Trauma: Injury, Infection and Critical Care.

Benjamin Li, médico de la sala de emergencias en Denver Health y director médico del sistema de salud de AIM, dijo que la emergencia es un entorno ideal para intervenir ante la violencia con armas de fuego, ya que permite investigar y comprender los eventos que llevaron a que un paciente haya sido baleado.

 “Si solo atendemos a la persona, la curamos y luego la enviamos de vuelta a vivir en las mismas condiciones, sabemos que es muy probable que vuelva a resultar herida”, explicó Li. “Es fundamental que abordemos los determinantes sociales de salud y tratemos de cambiar esa realidad”.

Eso podría significar que se proporcione a las víctimas de disparos soluciones alternativas para evitar que busquen venganza, opinó Paris Davis, director de programas de intervención de Youth Alive.

“Puede ser ayudarlos a mudarse a otra zona o facilitarles que consigan una vivienda. También colaborar para que puedan canalizar esa energía hacia la educación o el trabajo o, por ejemplo, iniciar una terapia familiar. Sean cuales fueren las necesidades en cada caso y en cada individuo en particular, nos aseguramos de brindarles el apoyo que necesitan”, dijo Davis.

El equipo de AIM que trabaja directamente con la comunidad visita a las víctimas de disparos en sus camas de hospital para tener lo que Morgan, el principal encargado de esta área del programa, describe como una conversación difícil pero libre de prejuicios respecto de cómo los pacientes llegaron a esa situación.

AIM utiliza esa información para ayudar a las personas a acceder a los recursos que necesitan para afrontar los grandes desafíos que los esperan después de que les den el alta, dijo Morgan. Esos desafíos pueden incluir volver a la escuela o al trabajo, o encontrar una nueva vivienda.

Los trabajadores comunitarios de AIM también pueden asistir a los procedimientos judiciales y ayudar con el transporte para que los pacientes acudan a las citas de atención médica.

A woman holds an open box, a take-home wound-care kit, which contains medical supplies.
Ginny McCarthy, profesora adjunta del Departamento de Cirugía de la Universidad de Colorado, quien colabora estrechamente con el Programa Juvenil de Denver, abre un kit de cuidado de heridas para llevar a casa, disponible en la Clínica REACH. Los servicios de la clínica son gratuitos para la comunidad y, en los próximos meses, se espera incorporar uno nuevo: la extracción de balas. (Stephanie Wolf for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Tratamos de ayudar en la medida de lo posible, pero depende de lo que necesita el beneficiario”, dijo Morgan.

Desde 2010, AIM ha pasado de tener tres a tener nueve trabajadores sociales a tiempo completo, y este año ha abierto la en el barrio Five Points de Denver. La clínica comunitaria ofrece kits para el cuidado de heridas, fisioterapia y atención de salud conductual, mental y ocupacional. En los próximos meses, tiene previsto agregar a sus servicios la extracción de balas.

El programa forma parte de un movimiento creciente de clínicas comunitarias centradas en lesiones violentas, como la Bullet Related Injury Clinic, en St. Louis.

Ginny McCarthy, profesora adjunta del Departamento de Cirugía de la Universidad de Colorado, describió REACH como una extensión del trabajo hospitalario, que ofrece un tratamiento integral en un solo lugar y fomenta la confianza entre los proveedores de salud y las comunidades minoritarias que históricamente han padecido .

, creado en 1994 y dirigido por Youth Alive en Oakland, es mencionado como el primer programa de la nación de intervención de violencia vinculado a un hospital; desde entonces ha inspirado a otros.

La , una red nacional iniciada por Youth Alive para promover soluciones de salud pública a la violencia con armas de fuego, en enero de este año contaba entre sus miembros con .

La directora ejecutiva de la alianza, , comparó el papel de la medicina en la lucha contra la violencia armada con el de la prevención de una enfermedad infecciosa como el cólera. “Esa enfermedad se propaga si no se cuenta con buenas condiciones sanitarias en los lugares donde se concentra la gente”, argumentó.

Dreier, que también es directora ejecutiva del , dijo que la medicina identifica y rastrea los patrones que conducen a la propagación de una enfermedad o, en este caso, a la propagación de la violencia.

“Eso es lo que la atención sanitaria puede hacer realmente bien para cambiar la sociedad. Cuando lo implementamos, obtenemos mejores resultados para todos”, dijo Dreier.

La alianza, de la que AIM es miembro, ofrece asistencia técnica y formación para programas de intervención contra la violencia vinculados a hospitales y que sus servicios sean reconocidos para recibir reembolso de los seguros tradicionales.

En 2021, el presidente Joe Biden emitió una que abrió la puerta para que los estados utilizaran Medicaid para la prevención de la violencia. Varios estados, entre ellos , y , han aprobado para los programas de intervención contra la violencia vinculados a hospitales.

El verano pasado, el entonces cirujano general de los Estados Unidos, Vivek Murthy, declaró la violencia armada como una crisis de salud pública, y la de 2022 destinó $1.400 millones en fondos para una amplia gama de programas de prevención de la violencia hasta el próximo año.

Pero a principios de febrero, Trump emitió una en la que ordenaba al fiscal general de los Estados Unidos que llevara a cabo una revisión de 30 días de varias políticas de Biden sobre la violencia armada.

La Oficina de Prevención de la Violencia Armada de la Casa Blanca , y las recientes medidas para congelar las subvenciones federales han creado incertidumbre entre los programas de prevención que reciben financiación federal.

Según Li, AIM recibe el 30% de su financiación de su acuerdo operativo con la Oficina de Soluciones a la Violencia Comunitaria de Denver. El resto proviene de subvenciones, incluida la financiación de la Ley de Víctimas del Crimen, que llega a través del Departamento de Justicia. A mediados de febrero, las órdenes ejecutivas de Trump no habían afectado a la financiación actual de AIM.

Algunas de las personas que trabajan con los programas de prevención de la violencia vinculados a hospitales en Colorado confían en que un , ya aprobado por los votantes en el estado, pueda ser una fuente adicional de financiación.

Se espera que genere unos $39 millones anuales y apoye a los servicios para las víctimas, pero no es probable que los ingresos del impuesto fluyan por completo hasta 2026, y no está claro cómo se asignará ese dinero.

Catherine Velopulos, cirujana de traumatología e investigadora de salud pública, que es la directora médica de AIM en el hospital de la Universidad de Colorado en Aurora, dijo que cualquier interrupción en la financiación federal, aunque sea durante unos meses, sería “muy difícil para nosotros”. Pero aseguró que la tranquilizaba el apoyo bipartidista al tipo de trabajo que hace AIM.

“La gente quiere simplificar demasiado el problema y dice: ‘Si nos deshacemos de las armas, todo se detendrá’ o ‘No importa lo que hagamos, porque de todos modos van a conseguir armas’”, afirmó. “Lo que realmente tenemos que pensar es por qué la gente siente tanto miedo que tiene que armarse”.

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Un año después del tiroteo en el desfile del Super Bowl, los sobrevivientes suman confusión al trauma /es/health-care-costs/un-ano-despues-del-tiroteo-en-el-desfile-del-super-bowl-los-sobrevivientes-suman-confusion-al-trauma/ Tue, 11 Feb 2025 14:00:31 +0000 /?post_type=article&p=1985392 Emily Tavis estaba en una primera cita en diciembre cuando levantó la vista y se dio cuenta que estaban pasando por la esquina del centro de Kansas City, Missouri, en donde una bala le atravesó la pierna durante el desfile del Super Bowl, el año pasado.

“Oh, c…”, dijo Tavis, desconcertando a su cita.

Tavis vive a 35 millas de distancia, en Leavenworth, Kansas, y todavía no había vuelto a Union Station, donde ocurrió el tiroteo masivo. Sintió ganas de llorar. O tal vez fue un ataque de pánico. Levantó un dedo para indicarle a su cita que necesitaba un momento. Fue entonces cuando él entendió lo que estaba pasando.

“Oh, ni siquiera me di cuenta”, dijo, y siguió conduciendo en silencio.

Tavis contuvo las lágrimas hasta que la estación desapareció de su vista.

“Ok…”, dijo en voz alta, mientras pensaba para sí misma, “bien. Ataque de pánico, primera cita”.

Un año después del tiroteo del 14 de febrero que mató a una persona e hirió al menos a 24, los sobrevivientes y sus familias todavía están conmocionados.

Las relaciones se han tensionado. Los padres están preocupados por sus hijos. El generoso apoyo financiero y los buenos deseos que recibieron en los primeros días ya se han agotado. Y tienen sentimientos encontrados sobre el equipo al que siguen vitoreando: mientras los Chiefs avanzaban hacia otro Super Bowl, muchos se preguntaban por qué su amado equipo parecía ni haber advertido lo que todos estaban pasando.

“No puedo creer que los Chiefs no hayan hecho nada por nosotros”, dijo Jacob Gooch Sr., quien recibió un disparo en el pie. El equipo, la fundación de la familia propietaria y la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) donaron un total de $200.000 a un fondo para sobrevivientes, pero Gooch dijo que nadie de la organización se acercó a su familia, tres de los cuales recibieron disparos.

Lo que les está sucediendo a estas familias no es nada inusual. Muchos sobrevivientes se “paralizan” emocionalmente como un mecanismo de afrontamiento para evitar sentir por completo el trauma que sufrieron. Pero, con el tiempo, experimentan lo que los terapeutas llaman “descongelamiento”, y la intensidad de lo que sucedió puede volver a dominarlos de repente como le pasó a Tavis.

“El trauma nos lleva al pasado”, dijo , terapeuta que publicó un modelo de basado en su trabajo con testigos de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York.

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Jacob Gooch Sr. no ha vuelto a trabajar desde que recibió un disparo en el pie durante la celebración del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el año pasado. Esperaba volver en julio, pero la fractura no sanó correctamente, por lo que tuvo que someterse a una cirugía en agosto. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Las imágenes, los olores, los sonidos, los sabores y el tacto pueden desencadenar flashbacks que apagan el cerebro como un disyuntor sobrecargado. Es una respuesta de supervivencia, el cerebro es un amigo, dijo Behrman.

La clave para la recuperación es ayudar a los sobrevivientes a encontrar formas saludables de manejar esos desencadenantes, cuando estén listos.

Los sobrevivientes se “descongelan” a su propio ritmo. Recuperar el control después de un evento potencialmente mortal es un proceso que puede llevar semanas, meses o años.

Puede ser fácil sentirse olvidado cuando la vida continúa alrededor. Mientras los fanáticos se juntaban en torno a los Chiefs esta temporada, a los sobrevivientes les resultó difícil ver los juegos. Los Chiefs perdieron ante los Philadelphia Eagles en el Super Bowl del domingo 9 de febrero. Philadelphia celebra su propio desfile el viernes 14, exactamente un año después del tiroteo.

“Es una lástima porque todos los demás siguieron adelante”, dijo Jason Barton.

Barton le practicó resucitación a un hombre que ahora cree que era uno de los presuntos tiradores, su esposa encontró un proyectil de bala en su mochila y su hijastra se quemó con las chispas de una bala que rebotó.

“Si hubiéramos estado al otro lado de ese lugar”, dijo. “No nos habría afectado”.

Viaje de regreso a Union Station

Tavis no es la única sobreviviente que se encontró sin querer en Union Station un año después del tiroteo.

Los niños hicieron excursiones a Science City, ubicado dentro de la estación. Las visitas médicas de seguimiento se realizaban a menudo en vecino Hospital Hill. Una cena de octubre organizada para sobrevivientes por un grupo religioso local estaba a menos de una milla de distancia: una joven sobreviviente rechazó la invitación.

Tavis había planeado regresar a Union Station como parte de su proceso de curación. Pensó que iría cuando se cumpliera un año para tener un momento a solas y sentir las emociones que la invadieran.

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Tavis asiste a la Westside Family Church en Leavenworth, Kansas, el 2 de febrero. La iglesia ha sido una fuente de compañía y apoyo desde que recibió un disparo en la celebración del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el año pasado. Incluso la derivaron al terapeuta interno de una iglesia hermana en Lenexa, Kansas. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
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Tavis muestra una aplicación que utiliza para hacer un seguimiento de su estado de ánimo y sus sentimientos mientras lidia con el trauma de haber sido herida durante el tiroteo en la celebración del Super Bowl del año pasado en Union Station. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
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Tavis muestra sus uñas con motivos de los Kansas City Chiefs en febrero. El amarillo de ambos dedos anulares estaba descascarado, por lo que se las rehizo antes del Super Bowl de este año. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Tal vez Dios le estaba mostrando que estaba lista al colocarla allí inesperadamente, le dijo su terapeuta. Tal vez. Pero ella no se sentía lista en ese momento. Quiso ver a un terapeuta justo después del tiroteo. Pero no buscó uno hasta julio, después que la United Way local distribuyera la asistencia financiera a los sobrevivientes y aliviara la tensión económica de meses de trabajo perdido y facturas médicas.

Tavis y su pareja en ese momento habían sacado una tarjeta de crédito adicional para cubrir los gastos mientras esperaban la ayuda prometida.

Después de dos meses de visitas, su terapeuta comenzó a preparar a Tavis para la desensibilización y reprocesamiento del movimiento ocular, una técnica para ayudar a los sobrevivientes de traumas. Ahora, sesión por medio, revisa una hoja de recuerdos del desfile, visualizándolos y reprocesándolos uno por uno.

Está nerviosa porque se acerca el año de aniversario. Es el día de San Valentín y le preocupa que sea deprimente.

Decidió invitar a Gooch, su ex pareja, a que la acompañara a Union Station ese día. Con todo lo que han pasado, él entiende. Estaban en el desfile junto con su hijo y los dos hijos mayores de Jacob. Gooch Sr. y su hijo mayor, Jacob Gooch Jr., recibieron disparos.

El trauma cambia quiénes somos

Gooch Sr. no ha trabajado desde el desfile. Su trabajo requería estar de pie durante turnos de 10 horas cuatro días a la semana, pero no pudo caminar durante meses después de que una bala le destrozara un hueso del pie y se le volviera a fusionar lentamente.

Esperaba volver a trabajar en julio, pero su pie no sanó correctamente y tuvo que operarse en agosto, a lo que siguieron semanas de recuperación.

La cobertura por discapacidad se agotó, al igual que su seguro médico a través del trabajo. Su empleador mantuvo su trabajo durante un tiempo antes de despedirlo en agosto. Ha buscado otros empleos en Leavenworth y sus alrededores: producción, agencias de personal, reparación de automóviles. No ha conseguido nada.

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“Esa era la cara de ‘desconsolado, no puedo jugar más al fútbol’”, bromea Gooch Sr. un año después de que le dispararan en el pie durante la celebración del Super Bowl. Antes del evento, jugaba fútbol americano semi profesional. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Todos hemos pasado por problemas, no solo yo”, dijo Gooch Sr. “Me dispararon en el pie y no he trabajado durante un año. Hay gente que ha pasado por cosas mucho peores durante el último año”.

Ahora se siente bien al caminar y puede correr distancias cortas sin dolor. Pero no sabe si alguna vez volverá a jugar al fútbol americano, un pilar de su vida desde que tiene memoria. Jugó como safety para los , un equipo semi profesional, y, antes del desfile, el jugador de 38 años estaba considerando que la de 2024 fuera su última temporada como jugador.

“Me han robado mucho más que el fútbol americano en este último año. Como si me hubieran robado toda mi vida”, dijo Gooch Sr. “Realmente odio esa parte”.

Y esas emociones son dolorosamente reales. El trauma amenaza nuestras creencias sobre nosotros mismos, dijo el terapeuta Behrman. Cada persona carga su propia historia a un evento traumático, una identidad diferente que corre el riesgo de ser destrozada. El trabajo de sanación que viene después a menudo implica dar vuelta la página, y construir algo nuevo.

Recientemente, Gooch Sr. comenzó a ir a , dirigida por el esposo de alguien con quien cantó en un coro cuando era niño. En un servicio dominical de este mes, el pastor habló sobre encontrar un camino cuando uno está perdido.

“Estoy buscando el camino. Estoy en el campo ahora mismo”, dijo Gooch Sr. en su casa más tarde esa noche.

“Obviamente estoy en un camino, pero no sé hacia dónde voy”.

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“Gooch Sr. (centro) reza con su hijo mayor, Jacob Gooch Jr. (der.), durante un servicio en la iglesia Faith Walkers Outreach en Leavenworth, Kansas, el 2 de febrero. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Hice lo mejor que pude”

Todos los días antes de que Jason Barton se vaya a trabajar, le pregunta a su esposa, Bridget, si debería quedarse en casa con ella.

Ella ha dicho que sí lo suficiente como para que se le acabara el tiempo libre remunerado. Jason, que ha sobrevivido al cáncer y a un ataque cardíaco, tuvo que tomarse una licencia sin goce de sueldo en enero cuando un caso grave de gripe lo llevó al hospital. Eso es amor verdadero, dijo Bridget con lágrimas en los ojos, sentada con Jason y su hija de 14 años, Gabriella, en su casa en Osawatomie, Kansas.

Bridget se ha conectado con la madre de otra niña herida en el tiroteo. Han intercambiado mensajes de texto y de voz durante todo el año. Bridget dijo que es bueno tener a alguien con quien hablar que entienda. Tienen la esperanza de reunir a las niñas para que también construyan una conexión.

Con excepción de ir a terapia una vez por semana, Bridget ya no sale mucho de casa. Puede sentirse como una prisión, dijo, pero tiene demasiado miedo de salir. “Es mi propio infierno interno”, dijo. No deja de pensar en esa bala que se alojó en su mochila. ¿Qué hubiera pasado si hubiera estado parada de otra manera? ¿Qué hubiera pasado si se hubieran ido 10 segundos antes? ¿Las cosas serían diferentes?

Una nota adhesiva en su cocina le recuerda: “Estoy a salvo. Gabriella está a salvo. Hice lo mejor que pude”.

Siente mucha culpa. Por Jason quedándose en casa. Por no salir de casa, ni siquiera para ver a sus nietos. Por querer que la familia fuera al desfile en primer lugar. Al mismo tiempo, sabe que de alguna manera prosperó en el caos después del tiroteo, haciéndose cargo de su hija, hablando con la policía. Todo es confuso.

La familia ha sobrellevado el trauma de manera diferente.

En los seis meses posteriores al desfile, Jason vio reality shows que lo mantenían distraído: 23 temporadas de “Deadliest Catch” y 21 temporadas de “Gold Rush”, incluidos los spin-offs, según calculó.

Últimamente ha mantenido su mente ocupada con un nuevo pasatiempo: construir modelos de autos y aviones. Acaba de terminar un Shelby Mustang negro de 1968, y lo próximo es un avión F4U-4 Corsair que Bridget le regaló.

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Una nota adhesiva cuelga en la cocina de Bridget Barton para recordarle todos los días que su familia está a salvo después de haber vivido el tiroteo masivo en la celebración del Super Bowl de los Kansas City Chiefs del año pasado. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)
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Bridget Barton mira por la ventana en Osawatomie, Kansas, el 1 de febrero. No ha salido mucho de casa en el año que ha pasado desde que su familia sufrió el tiroteo. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Gabriella pudo regresar a Union Station para una excursión escolar a Science City, pero se sobresaltó cuando vio a un grupo de policías dentro de la estación. Su madre veía en dónde estaba por el celular, y le envió mensajes de texto durante todo el día.

Después del desfile, Gabriella comenzó a practicar boxeo, luego se pasó a la lucha libre. Le había ido bien, incluso se sentía empoderada. Pero dejó de ir, y Bridget cree que se debe en parte a la emoción del aniversario: el primero siempre es el más difícil, dijo su terapeuta. Gabriella insistió en que la lucha libre la estaba agotando.

Como no les dispararon, la familia no se benefició de los recursos disponibles para otros sobrevivientes. Entienden que otras familias se están recuperando de heridas de bala o incluso están de luto por una muerte.

Aun así, sería bueno que se reconociera de alguna manera su trauma emocional. Sus nombres han estado en las noticias. Uno pensaría que los Chiefs al menos habrían enviado una carta.

Jason dijo: “Lamentamos que esto te haya pasado”.

Jason le propuso matrimonio a Bridget en un partido de los Chiefs. Ahora, ver los partidos por televisión desencadena recuerdos.

“Quiero volver a ser parte del Reino de los Chiefs”, dijo Bridget, “pero no puedo. Y ese es un sentimiento enorme y muy solitario”.

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Bridget Barton y su hija Gabriella Magers-Darger en su sala en Osawatomie, Kansas, el 1 de febrero. Barton encontró un proyectil en su mochila después del tiroteo y las piernas de Gabriella sufrieron quemaduras por las chispas de una bala que rebotó. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Hay una palabra llamada ‘resiliencia’”

Una noche del pasado octubre, los sobrevivientes se reunieron con sus familias en un restaurante mexicano en el centro de Kansas City.

Algunos vinieron vestidos con sus mejores galas, otros con camisetas rojas de fútbol americano. De todas las edades, desde niños pequeños hasta personas de 70 y tantos años, algunos de Missouri, algunos de Kansas. Algunos hablaban solo español, algunos solo inglés. La mayoría de las dos docenas de personas nunca se habían visto antes. Pero mientras hablaban, descubrieron que el tiroteo que los une también les dio un lenguaje común.

Dos niños pequeños se dieron cuenta de que habían lanzado una pelota de fútbol durante el jubileo antes de que estallara la violencia. Una mujer de unos 70 años llamada Sarai Holguín recordó haberlos visto jugar en ese cálido día de febrero. Después de una bendición y una cena, Holguín, que recibió un disparo en la rodilla y ha sido sometida a cuatro cirugías, se puso de pie para dirigirse a la sala.

“Fui la primera víctima que llevaron a la carpa médica”, dijo en español, sus palabras traducidas por un familiar de otro sobreviviente. Ella vio todo, explicó, mientras, uno por uno, más sobrevivientes eran trasladados a la carpa para recibir tratamiento, incluida Lisa López-Galván, una madre de 43 años que fue asesinada ese día.

Sin embargo, en esa tragedia, Holguín vio la belleza de la gente que se ayuda entre sí.

“Esto nos mostró que la humanidad todavía está viva, que el amor todavía está vivo. Hay una palabra que se llama ‘resiliencia’”, dijo Holguín. Mientras el traductor se esforzaba por entender la última palabra, la gente del público la captó y la gritó: “Resiliencia”.

“Esta palabra nos ayuda a superar los problemas que enfrentamos”, dijo Holguín. “Para tratar de dejar atrás el momento trágico que todos vivimos y seguir adelante, debemos recordar los momentos hermosos”.

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Sarai Holguin en su cocina de Kansas City, Kansas. Holguin recibió un disparo en la rodilla izquierda durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el 14 de febrero de 2024 y ha sido sometida a cuatro cirugías. A pesar de la tragedia, Holguin dice que ve la belleza de que la gente se ayude entre sí. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)
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Víctimas del tiroteo del desfile del Super Bowl reconstruyen sus vidas, pero la violencia con armas de fuego sigue atormentándolas /es/mental-health/victimas-del-tiroteo-del-desfile-del-super-bowl-reconstruyen-sus-vidas-pero-la-violencia-con-armas-de-fuego-sigue-atormentandolas/ Thu, 17 Oct 2024 09:00:00 +0000 /?post_type=article&p=1932416 KANSAS CITY, Mo. – Veinticuatro minutos antes del tiroteo masivo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, en febrero, que dejó un muerto y al menos 24 heridos, Jenipher Cabrera sintió cómo una bala le perforaba la parte posterior del muslo derecho.

La joven de 20 años y su familia estaban a solo cuatro cuadras de Union Station, en medio de una multitud de fanáticos de los Chiefs que, con camisetas rojas, caminaban hacia la multitudinaria concentración después del desfile en ese cálido Día de San Valentín.

La bala, disparada por unos adolescentes que se peleaban en la calle, lanzó el cuerpo de Cabrera hacia adelante.

Ella tomó a su madre por el hombro y, en pánico, sin decirle una sola palabra, con sus grandes ojos marrones le señaló la pierna que sangraba. Cuando Cabrera estaba siendo atendida en una ambulancia escuchó los informes que resonaban en la radio de la policía.

“Mi madre intentaba subir conmigo a la ambulancia”, contó Cabrera. “Recuerdo que se lo impidieron, le dijeron algo así como: ‘No puedes subir. Puede que haya otras víctimas que tengamos que recoger’”.

El tiroteo que hirió a Cabrera ocurrió minutos antes del que acaparó los grandes titulares ese día y forma parte de los cientos de disparos de armas de fuego que, cada año, hieren o matan a residentes del área de Kansas City.

Esa incesante oleada de violencia con armas de fuego —desde incidentes puntuales hasta tiroteos masivos— ha terminado aniquilando la sensación de seguridad de quienes sobreviven.

Mientras las víctimas y sus familias intentan superar la experiencia y seguir adelante, las referencias a los hechos de violencia armada son inevitables en los medios de comunicación, en sus comunidades y en su propia vida cotidiana.

“Miro a la gente de otra manera”, afirma James Lemons, que también recibió un disparo en el muslo durante el desfile. Ahora, cuando está rodeado de desconocidos, no puede evitar preguntarse si alguno tendrá un arma y si sus hijos están a salvo.

La nueva temporada de la NFL se inauguró aquí con un por Lisa López-Galván, la única persona asesinada en el desfile del Super Bowl.

Kansas City ha registrado al menos este año. La policía local afirma que ha habido otras 476 “víctimas heridas con armas de fuego”, es decir, personas que recibieron disparos y sobrevivieron. Y hasta mediados de septiembre habían ocurrido por lo menos de todo el país.

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Desde que le dispararon en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero, James Lemons (izq.) se ha enfocado en proteger a su familia: su hijo Jaxson, su hija Kensley y su esposa Brandie. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Toda esta situación está dejando huellas colectivas.

Quienes han sobrevivido a situaciones de este tipo sufren ataques de pánico, tienen una mayor sensación de peligro en grandes aglomeraciones y padecen una profunda ansiedad ante la posibilidad de que irrumpa la violencia en cualquier lugar de Kansas City.

Cada sobreviviente de un tiroteo responde de manera diferente a la violencia armada e incluso a la amenaza de que surja, explicó LJ Punch, cirujano traumatólogo y el fundador de la Bullet Related Injury Clinic en St. Louis.

Para algunos, haber sido baleados significa que siempre se mantendrán alerta, tal vez incluso armados. Otros prefieren alejarse de las armas de fuego para siempre.

“¿Pero qué es lo que todos tienen en común? Que esas personas quieren desesperadamente sentirse seguras”, afirma Punch.

El intento de Cabrera por entender lo que le sucedió la impulsó a colaborar con un legislador local frustrado que busca cambiar las leyes sobre armas, algo que parece casi imposible, ya que la legislación del estado de Missouri de fuego.

Enterarse de otros tiroteos por teléfono

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Jenipher Cabrera muestra la herida de bala que recibió de camino al desfile de los Kansas City Chiefs por el Super Bowl. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

En la mente de Cabrera,el 14 de febrero es una película en cámara lenta, que avanza fotograma por fotograma. Y la banda sonora es su propia voz, que habla y habla. Ve a un grupo de adolescentes revoltosos, que corren alrededor de ella y de su familia. Luego, dos estallidos: ¿son fuegos artificiales? Otro estallido. Finalmente, un cuarto.

“Creo que fue entonces cuando entré en shock y agarré a mi madre”, recordó Cabrera. “No le dije nada. Simplemente la miré y sentí  los ojos muy abiertos. Recuerdo que le hice una especie de señal con los ojos para que me mirara la pierna”.

Cabrera cayó al suelo y otros aficionados corrieron a socorrerla, llamaron al 911 y empezaron a cortarle las calzas. Cuatro hombres se quitaron el cinturón para hacerle un torniquete. Recordó que en ese momento pensó que, si perdía el conocimiento, podría morir. Así que habló y habló sin parar. O eso creía.

Uno de los rescatistas le contó más tarde que en realidad ella no dijo ni una sola palabra, ni siquiera cuando él le preguntó cuántos dedos tenía levantados.

“Me dijo que yo tenía los ojos enormes, como naranjas, y que todo lo que hice fue mirar hacia arriba y hacia abajo cuatro veces, porque él tenía cuatro dedos levantados”, dijo Cabrera.

Cabrera recuerda que después la sacaron del servicio de urgencias de University Health para hacerles sitio a que habían llegado desde el tiroteo que había ocurrido en la manifestación. Ocho de esas personas tenían heridas de bala. En ese momento miró las redes sociales en su teléfono: ¿había otro tiroteo? Era increíble. Finalmente, sus padres la encontraron. Pasó siete días en el hospital.

Cabrera agradece estar viva. Pero ahora se siente inquieta cuando se cruza con grupos de adolescentes insultando y jugando, o cuando ve camisetas rojas de los Chiefs. Oír cuatro estallidos seguidos —algo habitual en su barrio del noreste de Kansas City— hace que a Cabrera se le oprima el pecho y sepa que está por tener un ataque de pánico.

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Cuando Jenipher Cabrera (izq.) estaba siendo atendida en una ambulancia tras recibir un disparo de camino al desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, su madre, Josefina, intentó estar con ella. Pero los paramédicos le dijeron que necesitaban el espacio por si había más víctimas. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“En mi mente, lo sucedido se repite una y otra vez”, dijo.

¿Una creciente sensación de amenaza?

Aunque el cirujano general de EE.UU. declaró en junio que la violencia con armas de fuego es una crisis de salud pública, en Missouri casi cualquier intento de regular el uso de armas es un fracaso político.

De hecho, hubo una ley estatal de 2021  â€”firmada en donde se compró una de las armas utilizadas en el tiroteo del desfile— que tenía como objetivo prohibir que la policía local aplicara las leyes federales sobre armas de fuego.

Esa ley por un tribunal federal de apelaciones en agosto.

Missouri no tiene restricciones respecto de la edad para el uso y la posesión de armas, aunque la ley federal prohíbe en gran medida que los menores lleven pistolas.

Las encuestas realizadas entre los votantes de Missouri a que se exijan certificados de antecedentes y se establezcan límites de edad para la compra de armas, pero también revelan que casi la mitad de los encuestados de que los condados y las ciudades tengan facultades para aprobar sus propias normas sobre armas.

En una comparación por cantidad de habitantes, Kansas City, Missouri, se encuentra entre los lugares más violentos de la nación. En esta ciudad de 510.000 habitantes, entre 2014 y 2023 se produjeron al menos , que dejaron 1.275 muertos y 1.624 heridos.

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Jason Barton was worried about a mass shooting before he drove his family to the Kansas City Chiefs Super Bowl parade in February. The shooting, which left one person dead and at least 24 more injured, happened right in front of them. His wife, Bridget Barton, found a bullet in her backpack, and his stepdaughter, Gabriella Magers-Darger, was burned by sparks from a bullet ricochet. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Mientras que el año pasado las en más de un centenar de ciudades de todo el país, Kansas City vivió jamás registrado.

Punch, del Bullet Related Injury Clinic, comparó la violencia con armas de fuego con un brote de una enfermedad que no se enfrenta y se propaga. Según Punch, la postura permisiva del estado hacia las armas de fuego podría agravar la situación en Kansas City, aunque no haya sido el origen del problema.

“Entonces, ¿está pasando algo? ¿La gente se siente cada vez más amenazada?”, se preguntó Punch.

Jason Barton, que creció en Kansas City, está familiarizado con ese tipo de violencia. Ahora, que vive en Osawatomie, Kansas, consideró detenidamente si debía llevar su propia pistola al desfile del Super Bowl como una forma de proteger a su familia.

Al final decidió no hacerlo, suponiendo que si ocurría algo y sacaba un arma, lo detendrían o le dispararían.

Barton reaccionó rápidamente ante el tiroteo, que se produjo justo delante de él y de su familia. Su mujer encontró una bala en su mochila. Su hijastra sufrió quemaduras en las piernas por las chispas de un rebote de bala.

A pesar de que sus peores temores se hicieron realidad, Barton opina que no llevar su arma ese día fue la decisión correcta.

“No es necesario llevar armas a lugares como ése”, afirmó.

Una peligrosa escopeta calibre 12

Los tiroteos masivos pueden deteriorar gravemente la sensación de seguridad de los sobrevivientes, según Heather Martin, ella misma sobreviviente del tiroteo en la secundaria Columbine en 1999.

Martin es cofundadora de , una organización que brinda apoyo entre pares a quienes han sobrevivido a experiencias traumáticas masivas.

“En los años posteriores al evento es muy común que se intente encontrar la manera de volver a sentirse seguro”, explicó Martin.

James Lemons siempre había sentido recelo de volver a Kansas City, donde había crecido. Incluso llevó su pistola al desfile, pero, a instancias de su esposa, la dejó en el auto. Tenía a su hija de 5 años sobre los hombros cuando una bala le atravesó la parte posterior del muslo. Él impidió que se golpeara contra el suelo cuando caía.

¿Qué iba a hacer realmente con una pistola?

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James Lemons dice que recibir un disparo en el muslo en el desfile de los Kansas City Chiefs ha cambiado su forma de ver a los extraños. No puede evitar preguntarse si tienen un arma o si sus hijos estarán seguros cerca de ellos. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Y, sin embargo, no puede evitar preguntarse “qué hubiera pasado si…”. No puede quitarse de encima la sensación de que no protegió a su familia. Cuando sueña con el desfile, al despertarse, cuenta: “simplemente empiezo a llorar”.

Sabe que aún no lo ha procesado, pero no sabe cómo empezar a hacerlo. Ha puesto toda su energía en la seguridad de su familia.

Este verano compraron dos bulldogs americanos, por lo que ahora hay tres en casa, uno para cada niño. Lemons los describe como “tener un arma sin tener un arma”.

“Tengo un calibre 12 con dientes”, bromea Lemons, “un protector grande y suave”.

La mayoría de las noches sólo logra dormir unas horas de corrido porque se despierta para ver cómo están los niños. Por lo general, suele echarse en el sofá porque es más cómodo para su pierna, que aún se está curando. También porque lo ayuda a evitar las nerviosas patadas de su hija de 5 años, que se acuesta con sus padres desde el desfile.

Estar en el sofá también le asegura que sería él quien interceptara a cualquier intruso que irrumpiera en la casa.

Emily Tavis, que recibió un disparo en la pierna, encontró consuelo en su iglesia y en el terapeuta de una congregación hermana.

Pero el domingo por la mañana después del tiroteo en el mitín de Donald Trump, en julio, el sermón del predicador giró en torno a la violencia armada, y eso desató el pánico en su interior.

“Me sentí tan abrumada que me fui al baño”, dijo Tavis, “y me quedé allí durante el resto del sermón”. Ahora, incluso duda de  ir a la iglesia.

Tavis se ha mudado recientemente a una nueva casa en Leavenworth, Kansas, que le alquiló a una amiga.

El marido de la amiga le advirtió que si Tavis iba a estar sola necesitaba un arma para protegerse. Ella le contestó que no podía lidiar con armas de fuego en ese momento.

“Y él le dijo: ‘OK, bueno, toma esto’. Y sacó un machete gigante”, recuerda Tavis riendo.

“Así que ahora tengo un machete”.

En busca de algo bueno

Cabrera, la joven que no podía hablar después de que la hirieron, intenta ahora utilizar su voz en la lucha contra la violencia armada.

Manny Abarca, legislador del condado de Jackson, Missouri, vive calle abajo. Una tarde fue a visitarla. Los padres de Cabrera tomaron la palabra; ella es tímida por naturaleza. Pero entonces él se volvió hacia ella y le preguntó directamente a Cabrera qué quería.

“Sólo quiero algo de justicia para mi caso”, dijo, “o que pase algo bueno”.

Antes del desfile, a la joven le habían ofrecido un puesto en la fábrica donde trabajaba su hermana, pero no pudo tomarlo porque su pierna aún estaba curándose. Así que Abarca le ofreció una pasantía y la ayudó a establecer una Oficina de Prevención de la Violencia Armada en el condado de Jackson, un plan que presentó en julio en respuesta a los tiroteos del desfile.

Abarca participó en el desfile de la victoria de los Chiefs con su hija Camila, de 5 años. Estaban en Union Station cuando se produjeron los disparos, y se acurrucaron en un baño de la planta baja.

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Emily Tavis había encontrado consuelo en su iglesia tras recibir un disparo en la pierna durante el desfile de los Kansas City Chiefs. Pero en julio un sermón se refirió a la violencia con armas de fuego y eso desató el pánico en su interior. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Solo dije: ‘Oye, ya sabes, solo mantén la calma. Solo estate quieta. Vamos a averiguar qué está pasando. Algo ha sucedido,’”, contó Abarca. “Y ella me contestó: ‘Esto es un simulacro.’ Y, oye, eso me desgarró el corazón por dentro, porque pensé que hacía alusión a su entrenamiento en la escuela”.

Finalmente salieron temblando pero a salvo, sólo para enterarse de que López-Galván había muerto. Abarca conocía a la popular DJ tejana, una madre de 43 años, a través de la unida comunidad hispana de la zona.

Abarca ha aprovechado la conmoción de este tiempo tenso tras los tiroteos del desfile del Super Bowl para trabajar en medidas contra la violencia, a pesar de que conoce las severas limitaciones que impone la ley estatal.

En junio, la asamblea legislativa del condado de Jackson aprobó una norma que da fuerza local a una ley federal contra la violencia doméstica que permite a los jueces retirar las armas de fuego a los delincuentes.

Pero Abarca no ha podido conseguir que se apruebe la creación de una oficina para la violencia armada, y los funcionarios del condado han rechazado considerar otra medida que establecería límites de edad para comprar o poseer armas, temiendo una demanda del fiscal general del estado, que es bastante agresivo.

Sin embargo, contrató a Cabrera, explicó, porque es bilingüe y quiere su ayuda como sobreviviente.

En cierto sentido, este trabajo hace que Cabrera se sienta más fuerte en su lucha por salir adelante tras el tiroteo. Aún así, la percepción de seguridad de su familia se ha hecho añicos, y nadie tiene pensado ir a los partidos o a un potencial desfile por ganar el Super Bowl en el futuro.

“Nunca esperamos que fuera a ocurrir algo así”, afirma. “Y por eso creo que ahora vamos a ser más precavidos y quizá nos limitemos a ver el desfile por la tele”.

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Polémica estrategia contra la violencia con armas de fuego pone a policías armados en las escuelas /es/noticias-en-espanol/polemica-estrategia-contra-la-violencia-con-armas-de-fuego-pone-a-policias-armados-en-las-escuelas/ Fri, 13 Sep 2024 12:44:00 +0000 /?post_type=article&p=1916422 PITTSBURGH, Pennsylvania. — En marzo de 2023, la falsa alarma de que un hombre armado andaba recorriendo escuelas secundarias católicas desencadenó una fuerte respuesta policial y evacuaciones aterradoras en la ciudad. También impulsó a la diócesis a repensar lo que constituye un entorno de aprendizaje modelo.

Meses después de que cientos de estudiantes se toparan con fuerzas policiales especiales de SWAT, la diócesis de Pittsburgh comenzó a formar su propia fuerza policial armada.

Wendell Hissrich, el ex director de seguridad de la ciudad que tuvo una larga carrera como jefe de unidad del FBI, fue contratado ese año para formar un equipo que protegería a 39 escuelas católicas y docenas de iglesias en la zona.

Desde entonces, Hissrich ha agregado 15 oficiales y cuatro supervisores, incluyendo muchos ex policías retirados y patrulleros estatales que ahora vigilan los recintos escolares, equipados con kits de primeros auxilios, cámaras y desfibriladores. 

La primera vez que los líderes religiosos pidieron ayuda por las alertas de emergencia falsas, conocidas como “swatting”, el agente veterano dijo que no dudó en darles un contundente consejo: “Hay que poner policías armados en las escuelas”.

Pero agregó que estos policías tenían que tratar a las escuelas como misiones especiales. “Quiero que sean ejemplos a seguir y que se integren bien en las escuelas. Busco a personas que sepan cómo tratar con los niños y con los padres y, sobre todo, que sepan cómo abordar una situación de crisis”.

La violencia por armas de fuego es una de las principales causas de muerte entre las personas jóvenes en Estados Unidos. Para los sistemas escolares, la amenaza de los tiroteos ha influido en una difícil toma de decisiones, ya que los administradores deben tener en cuenta el miedo, el deber y las estadísticas confusas para proteger a las escuelas de este peligro.

Estos riesgos volvieron a quedar trágicamente comprobados en la primera semana de septiembre, esta vez en Georgia, donde un adolescente fue acusado de abrir fuego en su escuela secundaria y matar a dos estudiantes y a dos maestros.

Aun así, hay pocas investigaciones que respalden la formación de fuerzas policiales escolares para impedir la violencia por armas de fuego, y los datos existentes dejan tantas preguntas como respuestas.

Estos datos muestran que en Estados Unidos son suicidios, una sombría estadística de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) que refleja una variedad de males.

La violencia con armas de fuego , y los estudios encontraron que los niños negros tenían que los niños blancos de ser agredidos con armas.

Las investigaciones sobre el sesgo racial de la policía en Estados Unidos, así como estudios sobre la , han generado un llamado a la prudencia. Y una revisión citada con frecuencia por el Servicio Secreto de Estados Unidos sobre 67 planes frustrados de violencia en escuelas apoya razones para examinar la responsabilidad de los padres y la intervención policial como formas efectivas de impedir la violencia armada.

La evaluación de amenazas del Servicio Secreto, publicada en 2021, analizó planes de ataques en escuelas de 2006 a 2018 y descubrió que los estudiantes detrás de estos actos violentos tenían armas a mano en sus casas.

A photo of a man sitting for a photo in his office.
Wendell Hissrich, ex jefe de unidad del FBI, fue contratado por la Diócesis Católica de Pittsburgh en 2023 para ayudar a prevenir la violencia con armas de fuego en las escuelas. Desde entonces, ha contratado a muchos oficiales retirados y policías estatales, que supervisan los campus escolares equipados con kits de primeros auxilios, cámaras y desfibriladores. (Christine Spolar for ºÚÁϳԹÏÍø News)

El informe también descubrió que los distritos escolares que contrataban a agentes policiales como oficiales escolaresa tiempo completo o parcial tenían cierta ventaja. Estos oficiales resultaron fundamentales en aproximadamente un tercio de los 67 planes frustrados de estudiantes actuales o egresados.

“La mayoría de las escuelas no se enfrentarán a un tiroteo masivo. Aunque hay cada vez más, lo cual es horrible, sigue siendo un número pequeño”, dijo Mo Canady, director ejecutivo de la National Association of School Resource Officers. “Sin embargo, los administradores no pueden verlo de esa manera”.

“Tienen que pensar: ‘Podría suceder aquí, ¿cómo podemos evitarlo?’”

A unos 20 minutos en auto hacia el norte de Pittsburgh, uno de los principales distritos escolares de la región decidió que el riesgo era demasiado. El año pasado, Brendan Hyland, superintendente de North Allegheny, recomendó renovar el equipo de oficiales escolares de dos personas del distrito (integrado desde 2018 por agentes de la policía local) para formar un equipo interno de 13 personas con oficiales en cada uno de sus 12 edificios.

Varios miembros de la junta del distrito escolar expresaron su inquietud por la presencia de policías armados en las escuelas. “Desearía que en nuestro país no tuviéramos siquiera que considerar tener un equipo policial armado”, dijo Leslie Britton Dozier, miembro de la junta, abogada y madre, durante una reunión pública de planificación.

En cuestión de semanas, todos habían votado a favor de la propuesta de Hyland, cuyo costo es de aproximadamente $1 millón al año.

Hyland dijo que el objetivo es apoyar a 1,200 miembros del personal escolar y 8,500 estudiantes “con las personas preparadas para ingresar a esos edificios”. En 2018, supervisó el lanzamiento de una unidad policial en un distrito escolar más pequeño, al este de Pittsburgh.

Agregó que el distrito de North Allegheny no había basado su decisión en ninguna noticia o amenaza en específico, pero que se habían enfocado en cómo establecer un estándar de vigilancia. North Allegheny no cuenta con detectores de metales ni desea tenerlos, aunque algunos otros distritos los consideran necesarios. Pero una unidad policial capacitada dispuesta a memorizar cada entrada, escalera y cafetería, y que pueda generar confianza con los estudiantes y el personal, tenía sentido, dijo.

“No soy Edison. No estoy inventando nada nuevo”, dijo Hyland. “No queremos ser el distrito que tenga que responder de forma reactiva. No quiero que me pregunten: ¿Por qué permitiste que esto sucediera?”

Desde 2020, el papel de la policía en los entornos educativos ha sido objeto de intensos debates. La muerte de George Floyd, un hombre negro de Minneapolis cuyo asesinato por parte de un policía blanco durante un arresto fue grabada en video, provocó indignación nacional y manifestaciones contra la violencia policial y los prejuicios raciales.

Algunos distritos escolares, en particular en grandes ciudades como Los Angeles y Washington, DC, respondieron a estas preocupaciones reduciendo o sacando a sus oficiales escolares. Algunas de estas decisiones fueron impulsadas por registros de trato injusto o sesgado.

Sin embargo, este año se han replanteado los riesgos en los espacios escolares y sus alrededores. en California, Colorado y Virginia los padres están .

Los funcionarios escolares y policiales suelen citar el tiroteo masivo e intento de bomba en la escuela secundaria Columbine, en 1999, y la masacre de 2012 en la escuela primaria Sandy Hook como razones para prepararse para lo peor.

Pero el valor de la presencia policial en las escuelas también fue objeto de escrutinio después de una dura evaluación federal del tiroteo masivo en la escuela primaria Robb en Uvalde, Texas, en 2022.  

Este año, el Departamento de Justicia federal publicó un informe de 600 páginas exponiendo múltiples errores del jefe de policía escolar, incluyendo cómo intentó negociar con el asesino, que ya había disparado en un aula, y esperó a que sus oficiales encontraran las llaves para entrar. Además del adolescente que disparó, murieron 19 niños y dos maestras, y 17 personas sufrieron heridas.

El informe del Departamento de Justicia se basó en cientos de entrevistas y en una revisión de 14,000 datos y documentación. Este verano, un gran jurado imputó al ex jefe por su papel en “abandonar y poner en peligro” a los sobrevivientes y por no haber identificado una situación de tirador activo. Otro oficial de la policía escolar fue imputado por haber puesto a los estudiantes asesinados en “peligro inminente” de muerte.

También ha habido más esfuerzos judiciales para hacer cumplir las leyes de almacenamiento de armas de fuego y responsabilizar a los adultos que poseen las armas utilizadas por sus hijos en tiroteos. Por primera vez, este año, los que le disparó fatalmente a cuatro compañeros en 2021 fueron condenados por homicidio involuntario por no asegurar un arma recién comprada en su casa.

Colin Gray, el padre del adolescente sospechoso del tiroteo en la escuela secundaria Apalachee, en Georgia, fue acusado de homicidio en segundo grado hace pocos días. Es el cargo más severo hasta ahora contra un padre cuyo hijo tenía acceso a armas de fuego en su casa. El niño de 14 años, Colt Gray, quien fue detenido por agentes escolares en la escuela según informaron los medios, también enfrenta cargos de homicidio.

Hissrich, el director de seguridad de la diócesis de Pittsburgh, dijo que él y su ciudad aprendieron por su propia experiencia a apreciar la preparación y práctica que se necesitan para contener la violencia armada. En enero de 2018, Hissrich, que en ese momento era el oficial de seguridad de la ciudad, se reunió con grupos judíos para discutir un abordaje proactivo para proteger sus instalaciones. Los oficiales cooperaron y fueron capacitados en estrategias de encierro (“lockdown”) y rescate, dijo.

Diez meses después, el 27 de octubre de 2018, un tirador solitario entró en la sinagoga Tree of Life y, en cuestión de minutos, mató a 11 personas mientras se preparaban para la lectura y el rezo matutino.

Las fuerzas policiales se desplegaron rápidamente, capturaron al tirador y rescataron a las personas atrapadas dentro de la sinagoga. Esta respuesta coordinada fue elogiada por los testigos en el juicio contra el asesino, quien fue condenado por delitos federales en 2023 y sentenciado a muerte por el peor ataque antisemita en la historia de Estados Unidos.

“Sabía lo que se había hecho por la comunidad judía en cuanto a entrenamiento de seguridad y la preparación de los oficiales. Habían estado practicando meses antes”, dijo Hissrich, “y gracias a esa planificación, se salvaron vidas”.

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Niños que sobrevivieron al tiroteo del Super Bowl tienen miedo, ataques de pánico y trastornos del sueño /es/mental-health/ninos-que-sobrevivieron-al-tiroteo-del-super-bowl-tienen-miedo-ataques-de-panico-y-trastornos-del-sueno/ Wed, 14 Aug 2024 08:55:00 +0000 /?post_type=article&p=1899169 A seis meses de que las chispas de una bala quemaran las piernas de Gabriella Magers-Darger en el tiroteo del desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, la joven de 14 años está lista para dejar atrás el pasado.

Enfrenta los desafíos de ser una estudiante de primer año de secundaria, aunque también está emocionada de reencontrarse con sus amigos y volver a bailar y a jugar voleibol. Incluso podría unirse al equipo de lucha libre para ganarse el respeto en la escuela.

Pero el pasado sigue presente.

En una reunión del 4 de julio, un amigo de la familia llevó auriculares que amortiguan el ruido, por si los fuegos artificiales eran demasiado para ella. A principios del verano, Gabriella tuvo dificultades para ver la colección de armas de un pariente, especialmente las pistolas. Y comenzó a hiperventilar cuando vio la herida en el dedo de un amigo de la familia que se había cortado accidentalmente: la vista de la sangre le recordó a Lisa Lopez-Galván, quien murió por una herida de bala afuera de Union Station, la única fatalidad ese día.

Su madre, Bridget Barton, dijo que Gabriella ha tenido una actitud más dura desde el desfile. “Ha perdido algo de suavidad, algo de dulzura”, observó.

Los niños son particularmente vulnerables al estrés de la violencia con armas de fuego, y 10 de las 24 que sufrieron heridas de bala en el desfile del 14 de febrero tenían menos de 18 años. Muchos más niños como Gabriella experimentaron el trauma de primera mano. Enfrentan miedo, ira, problemas de sueño e hipersensibilidad a las multitudes y los ruidos.

Una adolescente de 15 años que recibió disparos en la mandíbula y el hombro prácticamente dejó la escuela por un tiempo, y los ataques de pánico diarios también le impidieron asistir a la escuela de verano.

Un niño de 11 años que recibió un disparo describió sentirse enojado en la escuela por razones que no podía explicar. Una niña de 5 años que estaba sobre los hombros de su padre cuando le dispararon entra en pánico cada vez que su papá se siente enfermo, temiendo que le hayan disparado de nuevo.

“No es la misma niña. Quiero decir, definitivamente no lo es”, dijo Erika Nelson, madre de Mireya, de 15 años, quien tiene cicatrices en la mandíbula y la cara. “Nunca sabes cuándo va a estallar. Nunca sabes. Podrías decir algo o alguien podría mencionar algo que le recuerde ese día”.

En 2020, las armas superaron a los accidentes automovilísticos como la principal causa de muerte de niños, pero un número mucho mayor sufren heridas de balas y sobreviven. La sugiere que los niños sufren lesiones por armas de fuego no fatales entre dos y cuatro veces más a menudo de lo que son asesinados con armas.

Científicos dicen que los efectos a largo plazo de la violencia armada en los niños se investigan poco y son mal comprendidos. Pero el daño es generalizado. Investigadores de Harvard y del Hospital General de Massachusetts encontraron que durante el primer año después de una lesión por arma de fuego, los sobrevivientes infantiles experimentaron un , del 68% en afecciones psiquiátricas y del 144% en adicciones. Los efectos en la salud mental se extienden a madres, padres y hermanos.

Para muchos afectados por el tiroteo en Kansas City, Missouri, los desencadenantes comenzaron de inmediato.

“Me enojo fácilmente”

A solo 10 días que Samuel Arellano fuera baleado en el desfile, fue a otro gran evento deportivo.

Samuel fue invitado a un partido de baloncesto masculino de la Universidad de Kansas en el Allen Fieldhouse en Lawrence. Durante un descanso del partido, con apuntando a Samuel y a sus padres, Jalen Wilson, ex estrella de KU, apareció en la pantalla y se dirigió a él directamente.

“Escuché tu historia”, dijo Wilson, que ahora juega en la NBA, desde la pantalla gigante. “Estoy muy agradecido de que estés aquí hoy, y es una bendición que podamos tenerte para brindarte el amor y apoyo que realmente mereces”.

Wilson pidió a los 16,000 fans presentes que se pusieran de pie y aplaudieran a Samuel. Mientras la multitud aplaudía y un locutor exclamaba que era un “joven valiente”, Samuel miró a sus padres, luego al suelo, sonriendo tímidamente.

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Los padres de Samuel Arellano, Antonio y Abigail, no estuvieron en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs cuando Samuel recibió un disparo, pero lo han estado ayudando a superar los persistentes efectos emocionales del trauma. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
A photo of a healed bullet wound on Samuel Arellano's side.
La herida de bala de Arellano se curó rápidamente después que le dispararan durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. Pero el trauma persiste. Dice que se enoja con frecuencia. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Pero minutos después, cuando el partido se reanudó, Samuel comenzó a llorar y tuvo que salir del auditorio con su madre, Abigail.

“Cuando se puso bastante ruidoso, fue cuando comenzó a desmoronarse de nuevo”, dijo su padre, Antonio. “Así que ella tuvo que salir con él por un momento. Así que cualquier lugar ruidoso, si es demasiado fuerte, lo afecta”.

Samuel, que cumplió 11 años en marzo, fue baleado a la altura de las costillas en su lado derecho. Ahora, la cicatriz en su espalda es apenas perceptible, pero los efectos persistentes del tiroteo son evidentes. Está viendo a un terapeuta, al igual que su padre, aunque a Abigail le ha resultado difícil encontrar uno que hable español y aún no ha tenido una cita.

En las primeras semanas luego del tiroteo, Samuel tuvo problemas para dormir y a menudo se metía en la cama con su madre y su padre. Solía tener buenas notas, pero eso se volvió más difícil, dijo Abigail. Su personalidad ha cambiado, algo que a veces se ha manifestado en la escuela.

“Me enojo fácilmente”, dijo Samuel. “Nunca he sido así antes, pero si me dicen que me siente, me enojo. No sé por qué”.

Los niños traumatizados a menudo tienen dificultades para expresar emociones y pueden tener arrebatos de ira, según Michelle Johnson-Motoyama, profesora de trabajo social en la Universidad Estatal de Ohio.

“Estoy segura que para ese niño hay una sensación de tremenda injusticia por lo que sucedió”, dijo Johnson-Motoyama.

Especialmente justo después del tiroteo, Samuel tenía ataques de pánico y comenzaba a sudar, contó Antonio. Los terapeutas les dijeron que eso era normal. Pero los padres también lo mantuvieron alejado de su teléfono por un tiempo: había demasiado sobre el tiroteo en las noticias y en internet.

Abigail, que trabaja en un concesionaria de automóviles con Antonio, está ansiosa por ver a su hijo cambiar, por su sufrimiento y tristeza. También está preocupada por sus tres hijas, una de 16 años y gemelas de 13. Su padre, Victor Salas, que estaba con Samuel en el desfile, también estaba devastado después de los hechos.

“Estoy llorando y llorando y llorando por lo que pasó”, dijo Salas en español cuatro días después del desfile. “Porque fue un caos. Eso no significa que las familias no amen a su familia, pero todos huyeron para salvar sus propias vidas. Salvé la vida de mis nietos, pero ¿qué pasa con el resto de la gente? No estamos preparados”.

En el lado positivo, Samuel se sintió muy apoyado por la comunidad en Kansas City, Kansas. Muchas personas de su escuela se acercaron en los primeros días para visitarlo, amigos e incluso un ex conductor de autobús, que estaba llorando. Tiene una “habitación llena de dulces”, dijo Abigail, en su mayoría Skittles, su favorito.

En su cumpleaños, recibió una pelota de fútbol americano autografiada por Patrick Mahomes, mariscal de campo de los Kansas City Chiefs. Lo hizo llorar, algo que ocurre con bastante frecuencia, dijo su padre.

“Hay días buenos y malos, días más normales y fáciles, y luego hay días en los que la familia tiene que estar un poco más atenta y apoyarlo”, dijo Abigail en español. “Siempre ha sido extrovertido y hablador como su madre, pero eso ha cambiado desde el desfile”.

A photo of Samuel Arellano sitting in his room.
Después del tiroteo, Arellano recibió el apoyo de su comunidad de Kansas City, Kansas, incluidos amigos y un ex conductor de autobús. Tiene una habitación llena de dulces de las visitas, en su mayoría Skittles, sus favoritos. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

El 4 de julio, disparador de una semana

El 4 de julio fue particularmente angustiante para muchos de los jóvenes sobrevivientes y para sus familias. ¿Deberían comprar fuegos artificiales? ¿Querrían celebrar? ¿Por qué todos los petardos que explotan en el vecindario suenan como disparos?

Este año, Gabriella, de 14 años, necesitó la ayuda de su padrastro, Jason Barton, para encender sus fuegos artificiales, algo que normalmente hace con entusiasmo. En el desfile, como muchas personas, la familia Barton primero confundió el sonido de los disparos con fuegos artificiales.

Y Erika Nelson, madre soltera de Belton, Missouri, temía incluso mencionar la celebración a Mireya, quien siempre ha amado el Día de la Independencia. Eventualmente, Mireya dijo que no quería fuegos artificiales grandes este año y que solo quería que su madre los encendiera.

“Cualquier pequeño desencadenante, quiero decir, podría ser un ligero chasquido, y ella se tensaba”, dijo Erika Nelson.

Patty Davis, gerente de programas para el cuidado informado sobre el trauma en el hospital Children’s Mercy en Kansas City, dijo que incluso clientes suyos que estuvieron en el desfile pero no resultaron heridos todavía se estremecen ante los sonidos de sirenas u otros ruidos fuertes. Es una respuesta poderosa a la violencia armada en general, no solo al desfile.

“No es una respuesta exagerada”, dijo Davis. “De hecho, es muy natural para los jóvenes, y no tan jóvenes, que han experimentado algo similar o han presenciado violencia con armas de fuego”.

“No se trata de un trauma accidental, sino de un trauma perpetrado con fines violentos, que puede provocar un mayor nivel de ansiedad en las personas que lo viven, que se preguntan si volverá a suceder. ¿Y qué tan seguras están?”, agregó.

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Mireya Nelson fue una de las al menos 24 personas heridas por disparos durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el 14 de febrero de 2024. Aquí, el mariscal de campo de los Chiefs, Patrick Mahomes, y su esposa, Brittany, la visitan en el hospital Children’s Mercy. (Erika Nelson)
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Una bala atravesó la mandíbula de Mireya Nelson durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. También tiene fragmentos de bala en el hombro y necesitará hacerse análisis de sangre para detectar plomo durante al menos los próximos dos años. (Erika Nelson)

Reviviendo el instante

Los ruidos extraños, las luces brillantes y las multitudes pueden tomar desprevenidos a los niños y a sus padres.

En junio, Mireya Nelson estaba esperando a su hermana mayor después de un recital, con la esperanza de ver a un muchacho. Su madre quería ir, pero Mireya la hizo callar. “De repente, se escuchó un estruendo muy fuerte”, dijo Erika. “Se agachó y luego se levantó de un salto. Dijo: ‘¡Dios mío, me estaban disparando otra vez!’”. Mireya lo dijo tan fuerte que la gente se quedó mirando, así que fue el turno de Erika de hacerla callar y tratar de calmarla. “Le dije: ‘Mireya, está bien. Estás bien. Se les cayó una mesa. Solo están sacando cosas. Fue un accidente’”, explicó Erika.

Pasaron unos minutos hasta que el shock se disipó y más tarde Mireya se rió de la situación, pero Erika siempre está atenta.

La tristeza inicial de su hija (que veía películas durante horas y lloraba todo el tiempo) se ha transformado en descaro. Medio año después, Mireya bromea sobre el tiroteo, lo que destroza a su madre. Pero tal vez eso sea parte del proceso de sanación, dijo Erika.

Antes del 4 de julio, Mireya fue a Worlds of Fun, un gran parque de diversiones, y la pasó bien. Se sintió bien porque había guardias de seguridad por todas partes. También disfrutó de una visita a la oficina local del FBI con una amiga que estaba con ella el día del tiroteo.

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Kensley Lemons (izq.) y Jaxson Lemons esperan en el pasillo de una clínica médica mientras su padre, James, recibe atención médica por su herida de bala. James Lemons recibió un disparo en el desfile del Super Bowl en Kansas City, Missouri, el 14 de febrero de 2024. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)
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Kensley Lemons juega afuera de una clínica médica mientras espera a su padre, James, a quien le extrajeron una bala de la pierna. Kensley estaba sobre los hombros de su padre cuando le dispararon en el desfile del Super Bowl. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)

Pero cuando alguien le sugirió ir al ballet, Mireya lo descartó rápidamente: está cerca de Union Station, el lugar del tiroteo. Ya no quiere ir al centro. Erika dijo que ha habido muchas citas médicas y dificultades económicas, y que su mayor frustración como madre es no poder arreglar las cosas para su hija.

“Tienen que seguir su propio camino, su propio proceso de curación. No puedo sacudirla, como diciéndole: ‘Vuelve a ser tú misma’”, dijo Erika. “Podría llevar meses, años. ¿Quién sabe? Podría ser el resto de su vida. Pero espero que pueda superarlo un poco”.

Piel de gallina en medio del calor sofocante

James Lemons notó un cambio en su hija de 5 años, Kensley, que estaba sobre sus hombros cuando le dispararon en el desfile.

Antes del tiroteo, Kensley era extrovertida y comprometida, dijo James, pero ahora está retraída, como si estuviera dentro de una burbuja y se hubiera desconectado de la gente.

A Kensley, las grandes multitudes y los policías le recuerdan al desfile. Ambos estuvieron presentes en una graduación de secundaria a la que asistió la familia este verano, y Kensley solo quería irse. James la llevó a un campo de fútbol vacío, donde, dijo, se le puso la piel de gallina y se quejó de tener frío a pesar del calor sofocante.

La hora de dormir es un problema particular para la familia Lemons. Kensley ha estado durmiendo con sus padres. Otro hijo, Jaxson, de 10 años, ha tenido pesadillas. Una noche, soñó que el tirador se acercaba a su padre y lo hacía tropezar, dijo Brandie Lemons, la madrastra de Jaxson.

Los niños más pequeños como Kensley expuestos a la violencia con armas de fuego tienen más probabilidades de desarrollar un trastorno de estrés postraumático que los niños mayores, según Johnson-Motoyama, de la Universidad Estatal de Ohio.

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Gabriella Magers-Darger es una de los innumerables niños que vivieron el tiroteo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Davis, del Children’s Mercy en Kansas City, dijo que los niños cuyos cerebros no están completamente desarrollados pueden tener dificultades para dormir y comprender que están seguros en sus hogares por la noche.

James le compró a la familia un nuevo cachorro, un bulldog americano que ya pesa 32 libras, para ayudarlos a sentirse protegidos. “Busqué el pedigrí”, dijo, “Son muy protectores. Muy cariñosos”.

En busca de una salida

Para desahogarse después del tiroteo, Gabriella comenzó a boxear. Su madre, Bridget, dijo que le devolvió algo de la confianza y el control que había bajado después del desfile. “Me gusta golpear a la gente, no de una manera mala, lo juro”, dijo Gabriella en abril mientras moldeaba un protector bucal a sus dientes antes de irse a entrenar.

Sin embargo, desde entonces ha dejado de boxear, por lo que el dinero puede destinarse a un viaje a Puerto Rico con su clase de español. Están pagando $153 al mes durante 21 meses para cubrir el viaje. Las clases de boxeo costaban $60 al mes.

Bridget pensaba que el boxeo era una buena salida para la ira que le quedaba, pero a finales de julio Gabriella no estaba segura de si todavía tenía el impulso para contraatacar de esa manera. “El pasado es el pasado, pero todos vamos a pasar por cosas. ¿Tiene sentido?”, preguntó Gabriella.

“Estás bien en general, pero todavía tienes desencadenantes. ¿Es eso lo que quieres decir?”, preguntó su madre. “Sí”, respondió.

Después del tiroteo, Mireya Nelson probó las clases en línea, que no funcionaron bien. Los primeros días de la escuela de verano, Mireya tenía un ataque de pánico todos los días en el auto y su madre la llevaba de vuelta a casa.

Mireya quiere regresar a la escuela secundaria este otoño, y Erika es cautelosa. “Sabes, si vuelvo a la escuela, existe la posibilidad de que me disparen, porque en la mayoría de las escuelas hoy en día hay tiroteos”, recordó Erika que dijo su hija. “Y yo digo: ‘Bueno, no podemos pensar así. Nunca se sabe lo que va a pasar’”.

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Retratos convierten a muertes por armas de fuego en historias imborrables /es/mental-health/retratos-convierten-a-muertes-por-armas-de-fuego-en-historias-imborrables/ Wed, 10 Jul 2024 08:55:00 +0000 /?post_type=article&p=1880511 Philadelphia. — Zarinah Lomax es una documentalista poco común. Ha diseñado vestidos con las cintas amarillas de escenas de crimen y abrigos con leyendas pintadas a mano que dicen: , en dorado, negro y púrpura. Cada pocos meses, transporta docenas de retratos de habitantes de Philadelphia —caras vibrantes, audaces y más grandes que la vida misma— a galerías temporales para alertar sobre la violencia armada en su ciudad natal, y en América.

En un depósito, Lomax estima que tiene unos mil lienzos, en su mayoría de jóvenes que murieron por disparos, y otros de madres, hermanas, amigos y dolientes que se preguntan por qué.

“El propósito no es hacer llorar a la gente”, dijo Lomax, una nativa de Philadelphia que ha viajado a Nueva York, Atlanta y Miami para colaborar en exhibiciones similares sobre este trauma. “Es para que las familias y las personas que han pasado por esto sepan que no son olvidadas”.

Cada persona “no es un número. Este es el hijo de alguien. La hija de alguien que estaba trabajando en algo”, dijo. “Los retratos no son solo retratos. Nos están diciendo cuáles son las consecuencias de lo que está sucediendo en nuestras ciudades”.

Las armas de fuego en 2020 se convirtieron en la de muerte en niños y adolescentes menores de 18 años —tanto por suicidios como por agresiones— y una nueva investigación sobre la crisis de salud pública del Instituto Blavatnik de la Escuela de Medicina de Harvard muestra cómo esas , con costos económicos y psicológicos significativos.

El 25 de junio, Vivek Murthy, cirujano general de Estados Unidos, declaró a la violencia armada como una crisis de salud pública, remarcando: “Cada día que pasa perdemos más niños por la violencia armada. Cuantos más niños presencian episodios de violencia armada, más niños que son heridos por disparos y sobreviven están lidiando con impactos físicos y mentales de por vida”.

Philadelphia ha registrado más de 9,000 tiroteos fatales y no fatales desde 2020, con aproximadamente el 80% de las víctimas identificadas como negras no hispanas, según el . Entre los heridos o muertos, aproximadamente el 60% tenía 30 años o menos.

Lomax ha sido una fuerza singular para que las estadísticas no se olviden. Desde 2018, cuando un joven amigo que estaba a punto de graduarse de la Universidad Estatal de Pennsylvania fue un domingo por la tarde en Philadelphia, Lomax se propuso apoyar la sanación entre aquellos que experimentan violencia.

Lanzó un programa en PhillyCAM, un canal de medios de acceso comunitario, para alentar a las personas a hablar sobre armas, opioides y el duelo. Organizó desfiles de moda con artistas locales y familias que se centraron en dar testimonio del sufrimiento. Se centró en el retrato, contactando a artistas locales para conmemorar las vidas, no las muertes, de los jóvenes de Philadelphia.

Comenzó a rastrear tiroteos en las redes sociales, en las noticias y a veces de boca en boca. En 2022, el Ayuntamiento para una notable exhibición de vidas perdidas, organizada por Lomax y creada por .

Recientemente compartió los retratos en una cumbre patrocinada por la organización sin fines de lucro y . La reunión ofreció orientación sobre la aplicación de regulaciones para prevenir compras de armas que impulsan el crimen y proporcionó datos sobre el tráfico de armas a través de las fronteras estatales.

Lomax sabía que el arte, exhibido a lo largo del escenario, ponía en evidencia la importancia del tema.

Miren estas caras, dijo ella. Estas personas eran prometedoras. ¿Qué pasó? ¿Qué se puede hacer?

Lomax, ahora de 40 años, dijo que las conversaciones que inicia tienen un propósito. Algunos cuadros los regala a las familias. Otros los guarda para futuras exhibiciones.

“Esto no es lo que me propuse hacer en la vida”, dijo ella. “Cuando estaba creciendo, pensé que sería enfermera. Pero supongo que de esta forma estoy cuidando a las personas”.

En lo que va del año, Philadelphia ha visto una disminución en el número de asesinatos, según una base de datos en línea de AH Datalytics, pero se encuentra entre las cinco ciudades principales en conteo de asesinatos. El año pasado, los investigadores de Harvard establecieron que las comunidades y familias quedan vulnerables por las lesiones con armas de fuego.

There are two rows of colorfully painted portraits. The top row has four paintings and the bottom row has five.
Retratos de Zarinah Lomax pintados por encargo. Cada persona “no es un número. Este es el hijo de alguien. La hija de alguien que estaba trabajando por algo”, dijo Lomax. “Los retratos no son sólo retratos. Nos están diciendo cuáles son las consecuencias de lo que está sucediendo en nuestras ciudades”. (Christine Spolar for ºÚÁϳԹÏÍø News)

El estudio de 2023 dirigido por Zirui Song, profesor asociado de política de atención médica en Harvard, examinó datos relacionados con recién nacidos hasta los 19 años. La investigación documentó un costo económico “masivo”, con un aumento promedio de $35,000 en el gasto en atención médica para los sobrevivientes en el año posterior a un tiroteo, y desafíos de salud mental que alteran la vida.

Los sobrevivientes de tiroteos y sus cuidadores, ya sea lidiando con lesiones físicas o miedo generalizado, a menudo luchan con “lesiones invisibles y duraderas, incluidos trastornos psicológicos y de uso de sustancias”, según Song, quien también es internista general en el Hospital General de Massachusetts.

Su estudio encontró que los padres de niños heridos experimentaron un aumento del 30% en trastornos psiquiátricos en comparación con los padres cuyos hijos no sufrieron heridas de bala.

, quien pinta con acrílicos, ha estado ayudando a Lomax desde 2021. Como a todos los artistas, Lomax le paga. Ha completado , siempre después de sentarse con la familia de la víctima. “Obtengo una historia de fondo para poder incorporarla en el retrato”, dijo. “A veces lloramos. A veces rezamos. A veces tratamos de animarnos mutuamente. Es difícil de hacer”.

“Espero que un día no tenga que pintar otro retrato”, dijo Norwood, madre de cinco hijos. “La idea de que Zarinah haya tenido tantas exhibiciones, con numerosas personas que han muerto, es aterradora y desgarradora”.

, un artista digital autodidacta, fue uno de los que querían ayudar a “honrar y ofrecer una mejor mirada de quiénes eran estas personas”. Doughty, un empleado de la ciudad que trabaja en un juzgado, puede ser mejor conocido Philadelphia por una serie de murales en los que ha agrupado a famosos nacidos en la ciudad como Will Smith, Grace Kelly y Kevin Hart.

Ha producido unos 150 retratos en su iPad y laptop, trabajando con el grupo sin fines de lucro de Lomax, The Apologues, para ponerle rostro a una frase, incrustada en una escena, que transmite el potencial perdido de la juventud.

“Al principio fue difícil de hacer,” dijo Doughty, quien trabaja a partir de fotografías familiares. “Miro y pienso: Son niños. Solo niños”.

Una vez, recibió un mensaje de texto de Lomax buscando un retrato de un rapero que reconoció de espectáculos de arte y música. Otro día, abrió un correo electrónico y encontró una foto de un hombre que conocía de la escuela secundaria. En mayo, Doughty su proceso de trabajo para un retrato de Derrick Gant, un rapero con el nombre artístico Phat Geez, que fue .

El asesinato ocurrió unas semanas después que el rapero lanzara , un video musical que hace referencia a una cuenta de Instagram que promueve esfuerzos contra la violencia en la ciudad.

Doughty, de 33 años, que creció en la sección Nicetown del norte de Philadelphia, señaló irónicamente: “No era tan agradable”. Las exhibiciones de Lomax, dijo, permiten a las familias, incluso a los vecindarios, procesar el dolor y el sufrimiento.

“Fui a la última y una madre se acercó y dijo, ‘¿Dibujaste el retrato de mi hijo?’ Simplemente cayó en mis brazos, llorando. Fue un momento tan emotivo”, contó. “Y un recordatorio de por qué hacemos lo que hacemos”.

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Distribuyen $2 millones entre víctimas del tiroteo del Super Bowl y grupos comunitarios /es/health-care-costs/distribuyen-2-millones-entre-victimas-del-tiroteo-del-super-bowl-y-grupos-comunitarios/ Fri, 28 Jun 2024 08:51:00 +0000 /?post_type=article&p=1875921 Esas fueron las reacciones de algunas de las 20 víctimas de disparos del desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs que el jueves 27 de junio recibieron $1.2 millones del fondo #KCStrong, con pagos individuales que van desde $22,000 hasta $100,000.

Chris Rosson, presidente y CEO de United Way of Greater Kansas City, dijo que los pagos ayudarán a estos sobrevivientes, reconociendo al mismo tiempo que la violencia con armas de fuego, como el tiroteo del 14 de febrero, ocurre todos los días en Kansas City, en general en comunidades de bajos ingresos que ya están desprovistas de recursos.

“Al lanzar el fondo, era importante para nosotros apoyar en primer lugar a las víctimas directas de la violencia de ese día, pero también proporcionar recursos financieros críticos a las organizaciones de prevención y respuesta a la violencia, de apoyo de salud mental y a los que proporcionan primeros auxilios”, dijo.

El tiroteo cerca de Union Station, hacia el final de desfile, dejó 24 personas heridas y una muerta: Lisa López-Galván, de 43 años, madre de dos hijos y popular DJ de música tejana.

Desde el tiroteo, han recibido facturas médicas por miles de dólares, por tratamientos en salas de emergencia, viajes en ambulancia, atención médica continua por las heridas de bala o consejería de salud mental.

Algunas todavía están luchando por volver al trabajo y dependen de una confusa red de asistencia de cuentas de GoFundMe y un grupo de iglesias locales.

Erika Nelson, cuya hija de 15 años, Mireya, recibió , dijo que el dinero de United Way es una bendición, pero que su hija todavía lucha con las heridas físicas y emocionales de la violencia.

“No me importa cuánto dinero sea. Podría ser un millón de dólares. Podrían ser mil millones. Nunca va a cambiar lo que mi hija vive todos los días”, dijo Nelson. El fondo #KCStrong fue lanzado por United Way el 15 de febrero, impulsado por una primera donación de $200,000 hecha por los Chiefs, la NFL y la familia Hunt, dueña del equipo. La Kauffman Foundation y una persona anónima fueron listados como los principales donantes, con $250,000 cada uno.

Los fondos no tienen restricciones, por lo que pueden usarse para facturas médicas, fondos universitarios para los niños heridos durante el desfile por la victoria de los Chiefs, o cualquier otra cosa que las familias necesiten.

Rosson dijo que el grupo creía que las víctimas y las personas más cercanas a ellas deberían decidir cómo gastar mejor el dinero. “Dar fondos sin restricciones directamente a esas víctimas de disparos verificadas les permite tomar las decisiones que son adecuadas para ellos y su familia, y el camino que seguirán”, dijo.

A woman wearing a black dress and blue and white shirt, holding on to a walker, stands next to a dining room table with a man sitting on a couch in the background
Sarai Holguín, en la foto frente a su esposo, César, fue una de las 24 personas que sobrevivieron a heridas de bala durante la violencia en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. United Way of Greater Kansas City recaudó $2 millones y anunció el 27 de junio que $1,2 millones se destinarán a los sobrevivientes de los disparos. El dinero restante se distribuirá entre grupos comunitarios que trabajan para prevenir la violencia con armas de fuego. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Kera Mashek, directora de comunicaciones del United Way local, dijo que el dinero cae bajo el paraguas de asistencia basada en necesidades y no estará sujeto a impuestos.

United Way trabajó con la Oficina del Fiscal del condado de Jackson, Missouri, para verificar a las víctimas. Veinte de las 24 víctimas recibieron compensaciones porque dos no aplicaron y un tercero rechazó la donación, dijeron funcionarios de United Way. A una cuarta víctima, no identificada, se le negaron los fondos porque está conectada al caso criminal, según Jean Peters Baker, fiscal del condado de Jackson.

No se nombró a ninguna de las víctimas en el anuncio del 27 de junio.

Emily Tavis dijo que se sentía “más que bendecida y abrumada por el agradecimiento” al recibir la asistencia. Tavis, su pareja, Jacob Gooch Sr., y su hijastro Jacob Gooch Jr. recibieron disparos en el desfile.

“Es un gran alivio poner las facturas al día”, dijo Tavis. Ella ya había comenzado a pagar cuentas de tarjetas de crédito con su parte del pago.

Antonio Arellano, cuyo hijo de 11 años, Samuel, recibió un disparo en el costado, dijo que el dinero fue una “gran ayuda” para la familia. Dijo que Samuel espera unas vacaciones en Florida y boletos de temporada para ver jugar a los Chiefs. Pero estar en grandes multitudes aún es difícil para Samuel, por lo que Arellano dijo que intentarán ir a un juego primero para ver cómo va.

James Lemons, a quien recientemente le extrajeron la bala alojada en su pierna, dijo que agradecía la ayuda y que se siente bendecido, pero también siente que el dinero ya se ha ido. Quiere devolver la ayuda que la familia recibió tras el tiroteo, incluido el dinero que pidió prestado para ayudarlos a mudarse luego que el dueño de la casa que alquilaban la vendiera poco después del desfile.

Hasta ahora, han sido acusados por el tiroteo, junto con de tráfico de armas o de mentir a agentes del FBI.

Más de 80 personas fueron pisoteadas en el caos generado tras los tiroteos, dijo Baker, agregando que también están entre las muchas víctimas del ataque. Sin embargo, no recibirán dinero del fondo.

A man with a beard wearing a red blazer and white shirt stands next to a woman with glasses wearing a red dress. They stand in front of a brightly colored wall
Chris Rosson (izq.), presidente y director ejecutivo de United Way of Greater Kansas City, y la fiscal del condado de Jackson, Jean Peters Baker, anunciaron el 27 de junio cómo se distribuirían los $2 millones en fondos de #KCStrong a 20 sobrevivientes baleados en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs. Catorce grupos comunitarios también recibirán dinero. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)

Las campañas como #KCStrong que surgen tras tiroteos masivos deben equilibrar la distribución del dinero de manera lo suficientemente amplia como para incluir a las personas directamente afectadas sin disipar los recursos disponibles, según Jeff Dion del . Esta organización sin fines de lucro ha ayudado a comunidades de todo el país a distribuir este tipo de fondos.

Por ejemplo, OneOrlando Fund, que surgió tras el tiroteo en el club nocturno Pulse en 2016, hizo , incluyendo $350,000 a las familias de cada una de las 49 personas asesinadas, pero también $25,000 a cada una de las 182 personas que estaban en la discoteca pero no resultaron físicamente heridas.

Ese fondo recaudó $29.5 millones en comparación con los $2 millones recaudados en Kansas City.

El fondo de $31.4 millones que se recolectó en Las Vegas en 2017 tras el tiroteo masivo en un concierto con 22,000 asistentes no incluyó pagos a personas que no habían sido heridas.

Cerca de un millón de personas fueron al desfile del Super Bowl en febrero. “Cuando estás manejando dólares reales, tienes que encontrar una manera de poder servir al mayor número de personas con la mayor cantidad de dinero”, dijo Baker.

“Así que creo que esas fueron probablemente algunas de las decisiones que tuvieron que tomarse en este caso, lo cual es difícil, duro, pero también necesario”.

Los grupos comunitarios que recibieron cada uno $59,410, son: AdHoc Group Against Crime; Boys & Girls Clubs of Greater Kansas City; Center for Conflict Resolution; Guadalupe Centers; Kansas City Metropolitan Crime Commission; KC Common Good; KC Mothers in Charge; Lyrik’s Institution; Newhouse Domestic Violence Shelter; Rose Brooks Center; Transition Zone; The Battle Within; Uncornered, y University Health.

Otros esfuerzos también han destinado dinero a los sobrevivientes del tiroteo del desfile del Super Bowl. Las cuentas de GoFundMe han recaudado $667,785. Un grupo basado en la fe, llamado “The Church Loves Kansas City”, recaudó $184,500 y hasta ahora ha destinado más de $50,000 a gastos funerarios, procedimientos médicos, asesoramiento y gastos domésticos, dijo Gary Kendall, uno de sus líderes.

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Sobrevivientes del tiroteo en el desfile de los Chiefs esperan las donaciones prometidas mientras acumulan cuentas médicas /es/health-care-costs/sobrevivientes-del-tiroteo-en-el-desfile-de-los-chiefs-esperan-las-donaciones-prometidas-mientras-acumulan-cuentas-medicas/ Fri, 21 Jun 2024 09:00:00 +0000 /?post_type=article&p=1871089 Abigail Arellano tiene todas las facturas médicas de su hijo Samuel en una carpeta azul en un armario arriba del microondas. Incluso ahora, cuatro meses después que el niño de 11 años fuera herido de bala en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, las facturas siguen llegando.

Hay una de $1,040 por el traslado en ambulancia al hospital aquella tarde de febrero. Otra de $2,841,17 por una visita a la sala de emergencias tres días después del tiroteo porque la herida de bala parecía infectada. En marzo, más seguimientos y consejería agregaron otros $1,500.

“Creo que me faltan algunas”, dijo Arellano mientras hojeaba las páginas.

Los Arellano no tienen seguro y están contando con la asistencia del fondo que recaudó casi $2 millones después del tiroteo que dejó un muerto y al menos 24 personas con heridas de bala. También guarda esa solicitud en la carpeta azul.

Los costos médicos para los sobrevivientes del tiroteo son muy altos y no terminarán pronto. Según un estudio de la Escuela de Medicina de Harvard, el gasto médico promedio para alguien que recibió un disparo se eleva a casi . Otro análisis halló que esa cifra sube a $35,000 en el caso de los niños. Diez menores fueron heridos por balas en el desfile.

Luego están las facturas regulares que forman parte de la vida —alquiler, servicios públicos, reparaciones del auto— que no dejan de llegar solo porque alguien sobrevivió a un tiroteo masivo, incluso si sus lesiones les impiden trabajar o mandar a los niños a la escuela.

La carga financiera que conlleva la supervivencia es tan común que tiene un nombre, según Aswad Thomas de la organización sin fines de lucro Alliance for Safety and Justice: deuda por victimización. Algunos la pagan de su bolsillo. Otros solicitan una nueva tarjeta de crédito. Algunos reciben ayuda de desconocidos generosos. Otros no pueden llegar a fin de mes.

“Ahora mismo estamos realmente en bancarrota”, dijo Jacob Gooch Sr., otro sobreviviente, quien fue herido en el pie y aún no ha podido volver a trabajar.

“Estamos, como, agotando nuestra tercera tarjeta de crédito”.

Samuel Arellano, a young boy, (center) stands with his parents, Abigail (left) and Antonio (right), outside their home in Kansas City, Kansas.
Samuel Arellano (centro) junto a sus padres, Abigail y Antonio, afuera de su casa en Kansas City, Kansas. La familia no tenía seguro cuando Samuel recibió un disparo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. La familia cuenta con la ayuda del fondo que recaudó casi $2 millones después del tiroteo que dejó un muerto y al menos otras 24 personas con heridas de bala. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Como es común después de tiroteos masivos, en esta ciudad de Missouri surgió un abanico de recursos nuevos y establecidos prometiendo ayuda. Entre ellos, el fondo #KCStrong creado por United Way of Greater Kansas City, que se espera comience a pagar a las víctimas a finales de junio.

Los sobrevivientes deben navegar cada oportunidad para solicitar ayuda lo mejor que puedan, y esperar que el dinero llegue.

GoFundMe, desconocidos generosos y una nueva línea de crédito

Tradicionalmente, son las mamás quienes mantienen las facturas organizadas. Apiladas sobre el microondas. En una cartera. En capturas de pantalla guardadas en el celular. Y luego hay un laberinto de papeleo: el formulario de compensación para víctimas del estado de Missouri tiene cinco páginas, incluidas las instrucciones. Son otras seis páginas para la ayuda de United Way.

Emily Tavis mantiene pilas de papeleo con diferentes clips de colores en su sótano: negro para su pareja, Gooch Sr.; azul para su hijastro, Jacob Gooch Jr.; rosa para ella misma. Los tres fueron heridos de bala en el desfile.

Tavis pudo volver a caminar después que una bala atravesara su pierna y consideró rechazar el viaje en ambulancia porque estaba preocupada por el costo; en ese momento no tenía seguro.

Gooch Sr. no podía caminar porque le habían disparado en el pie. Así que compartieron una ambulancia al hospital con dos de sus hijos.

“No voy a pagar por esta m…. No pedí esta vida”, recordó Tavis, riendo. Pronto se dieron cuenta que el joven Gooch Jr., de 14 años, también tenía una bala en el pie.

Abigail Arellano, standing in her kitchen, looks over a stack of bills in a blue folder.
Abigail Arellano guarda la pila de facturas médicas, acumuladas desde que le dispararon a su hijo, Samuel, de 11 años, en una carpeta azul en un gabinete encima del microondas en la cocina. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)
Samuel Arellano (center) lifts his shirt with help from his mother, Abigail Arellano (left), and aunt Eunice Salas (right), to reveal where he was shot at the Kansas City Chiefs Super Bowl. There is a bandage on the right side of his ribcage.
Samuel Arellano (centro) levanta su camiseta con la ayuda de su madre, Abigail Arellano (izq.), y su tía Eunice Salas (der.), para mostrar en dónde le dispararon en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Tavis y Gooch Sr. recibieron facturas separadas de $1,145 por la ambulancia. Gooch Jr. no, posiblemente porque tiene cobertura de salud a través de Medicaid, dijo Tavis.

Ella envía las facturas médicas a la compensación para víctimas, un programa para ayudar con las pérdidas económicas derivadas de un crimen, como los gastos médicos y los salarios perdidos. Aunque Tavis y Gooch viven en Leavenworth, Kansas, su compensación proviene del programa en Missouri, donde ocurrió el tiroteo.

El programa paga solo por pérdidas económicas no cubiertas por como el seguro de salud, donaciones y recaudaciones de fondos colectivas. Gooch Sr. y Jr. tenían cobertura médica al momento del desfile, por lo que la familia ha estado enviando solo la porción no cubierta a la compensación para víctimas.

Al principio, la familia recibió mucho apoyo. Amigos y familiares se aseguraron de que tuvieran siempre comida. El fundador de un grupo en línea de fanáticos de los Kansas City Chiefs envió $1,000 y regalos para la familia. Una página de recaudó $9,500. Y su reembolso de impuestos ayudó.

Con Gooch Sr. sin poder trabajar sabían que el dinero podía comenzar a faltar, así que pagaron tres meses de alquiler por adelantado. También gastaron en el arreglo de su Ford Escape para que eventualmente pudiera volver a trabajar y compraron un Honda Accord usado para que Tavis pudiera conducir al trabajo, al que volvió 12 días después del desfile.

Jacob Gooch Sr. (left) and Emily Tavis (right) sit beside each other in their home, with arms linked. Gooch Sr. is sitting in a recliner with his injured leg raised. His foot is wrapped in a white bandage.
Jacob Gooch Sr. y Emily Tavis recibieron una gran cantidad de apoyo emocional y financiero en los días posteriores a que ambos recibieran disparos en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs. El hijo de Gooch también fue herido de bala. Sin embargo, en junio, la pareja había abierto una nueva tarjeta de crédito para ayudar a cubrir sus facturas. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Y como las donaciones estaban destinadas a toda la familia, decidieron comprar pases de verano para el parque de diversiones Worlds of Fun para los niños.

Pero recientemente, han estado apretados. Los pagos por discapacidad a corto plazo de Gooch Sr. dejaron de llegar abruptamente en mayo cuando su seguro de salud le pidió que viera a un médico de la red. Dijo que el plan de discapacidad a corto plazo inicialmente no aprobó el papeleo de su nuevo médico y comenzó una investigación. El problema se resolvió en junio y espera recibir pagos retroactivos pronto. Mientras tanto, la pareja solicitó una nueva tarjeta de crédito para cubrir sus facturas.

“Definitivamente hemos estado robando a Pedro para pagar a Pablo”, dijo Tavis.

Idealmente, el dinero que llegue de United Way, la compensación para víctimas y, esperan, el pago retroactivo por discapacidad a corto plazo, será suficiente para pagar sus deudas.

Pero, dijo Tavis, “tienes que hacer lo que tienes que hacer. No vamos a quedarnos sin luz”.

A back-lit portrait of Emily Tavis in her home.
Emily Tavis consideró rechazar un viaje en ambulancia después de recibir un disparo en la pierna en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs porque estaba preocupada por el costo. Comenzó un nuevo trabajo 12 días después del desfile, pero incluso ahora que tiene seguro médico a través de su empleo, está en sintonía con los costos de buscar atención. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
A photo Emily Tavis' leg. There's a gunshot wound on the side of her shin. You can see where the bullet entered and exited her body.
Emily Tavis muestra las heridas en su pierna cuatro meses después de recibir un disparo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
Jacob Gooch Sr. shows the where the bullet that shot through his foot. He points with his finger to show a diagonal trajectory from his ankle to the middle of the bottom of his foot.
Jacob Gooch Sr. muestra la trayectoria de la bala que le atravesó el pie en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)
Jacob Gooch Sr. sits in a recliner in his home. His legs are elevated, with his injured foot raised slightly higher on a pillow. Emily Tavis, offscreen, wraps his foot in a white bandage.
Al no poder trabajar después de recibir un disparo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero, Jacob Gooch Sr. inicialmente recibió pagos por discapacidad a corto plazo. Pero esa asistencia se detuvo abruptamente en mayo cuando comenzó a ver a un nuevo médico que estaba en la red de su plan médico. El problema se resolvió en junio y pronto espera recibir pagos retroactivos. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

En espera del pago de United Way a fines de junio

Con cada tiroteo masivo, inevitablemente fluyen donaciones para los sobrevivientes, “como la mantequilla con la mermelada, porque la gente quiere ayudar”, dijo Jeff Dion, director ejecutivo del , una organización sin fines de lucro que ha ayudado a muchas comunidades a gestionar esos fondos.

Dijo que, típicamente, se tarda unos cinco meses en distribuir el dinero de estos grandes fondos comunitarios. Las víctimas pueden recibir dinero antes si su comunidad tiene un plan para estos tipos de fondos antes de un tiroteo masivo.

Los fondos también pueden adelantar dinero a personas con necesidades financieras urgentes que seguramente calificarán.

United Way colgó pancartas con los colores de los Chiefs en la Union Station de Kansas City con su campaña #KCStrong en los días posteriores al tiroteo. Impulsado por grandes donaciones del equipo, la NFL, el mariscal de campo Patrick Mahomes, otros individuos y empresas locales, finalmente recaudó más de $1.8 millones.

La promesa de un gran pago ha mantenido la esperanza de los heridos, incluso cuando a muchos los confundió el proceso. Algunas personas entrevistadas para esta historia no quisieron decir nada negativo, temiendo que pudiera afectar su asignación.

Los funcionarios de United Way anunciaron en abril que las donaciones se cerrarían a fin de mes. El 1 de mayo, la organización publicó un aviso diciendo que emitiría “formularios de reclamación” y que la Oficina del Fiscal del condado de Jackson estaba ayudando a verificar a las víctimas del tiroteo. La junta de fideicomisarios de la filial de United Way planea reunirse el 26 de junio para determinar las asignaciones, con los pagos llegando tan pronto como el 27 de junio.

Kera Mashek, vocera de United Way of Greater Kansas City, dijo que los pagos se harán a 20 de los 24 sobrevivientes del tiroteo. Los otros cuatro no pudieron ser verificados como víctimas o rechazaron los fondos, dijo. Agregó que los solicitantes no incluyen a las 67 personas que los fiscales dicen fueron pisoteadas en el tumulto.

Pendiente de la aprobación de la junta, el dinero también se distribuirá a 14 grupos comunitarios que apoyan iniciativas de no violencia, preocupaciones de salud mental y socorristas, dijo Mashek.

Ante las críticas de que United Way no se comunicó bien con las víctimas, Mashek dijo que intentaron responder de manera oportuna.

“Hemos tratado de mantener esta línea de comunicación abierta lo más rápido posible y la mayoría de la gente ha sido muy paciente”, dijo. “Creo que estarán muy agradecidos y, creo, gratamente sorprendidos con la cantidad de fondos que recibirán”.

An outdoor memorial is sat up near Union Station in Kansas City. There is a sign that reads, "Kansas City / Strong / United." Flowers, stuffed animals, and other memorial gifts surround the sign.
Los visitantes de Union Station en Kansas City, Missouri, el 19 de febrero de 2024, observan el monumento creado tras el tiroteo en la celebración del Super Bowl de los Chiefs. (Carlos Moreno/KCUR 89.3)

Otros recursos disponibles

Abigail Arellano no había oído hablar de la compensación para víctimas, lo cual es común. Una de la Alliance for Safety and Justice encontró que el 96% de las víctimas no recibían ese apoyo y muchas no sabían que existía.

Arellano y su esposo, Antonio, no fueron al desfile, pero también han tenido gastos médicos. Antonio ha estado yendo a terapia en un centro de salud local para ayudar con la tarea estresante de guiar a su hijo a través del trauma. Ha sido útil. Pero ha estado pagando unos $125 de su bolsillo por cada sesión, dijo, y las facturas se están acumulando.

Una de las hermanas de Samuel creó un que recaudó $12,500, y Abigail dijo que ayudó que la familia compartiera su historia públicamente y que Abigail se pusiera en contacto para ayudar a otros en la comunidad latina afectada por el tiroteo.

De hecho, fue Abigail quien conectó a Sarai Holguín, de 71 años, con el consulado de México en Kansas City. El consulado, a su vez, ayudó a Holguín a registrarse como víctima oficial del tiroteo, lo que le permitirá recibir asistencia de United Way. Las facturas de Holguín ahora incluyen una cuarta cirugía, para quitar la bala alojada cerca de su rodilla con la que había hecho las paces de “vivir para siempre”, hasta que comenzó a sobresalir a través de su piel.

Alivio “generoso y rápido” para las víctimas

Varios sobrevivientes se sintieron aliviados y agradecidos de recibir fondos de un grupo menos conocido y no confesional llamado “”.

El día después del tiroteo, Gary Kendall, quien dirigía una organización cristiana sin fines de lucro llamada “Love KC”, comenzó una cadena de mensajes de texto a las 6 am con líderes de la ciudad y grupos de fe, y eventualmente recibió promesas de $184,500. (Love KC ahora se ha fusionado con otra organización sin fines de lucro, “Unite KC”, que está distribuyendo sus fondos).

El primer pago fue para la familia de la popular DJ Lisa López-Galván, de 43 años y con dos hijos, quien fue la única fatalidad durante el tiroteo del desfile. Unite KC pagó $15,000 en sus gastos de entierro.

Unite KC gastó $2,800 para que James y Brandie Lemons pudieran recuperar su seguro de salud porque James no podía trabajar. Unite KC también pagó $2,200 de su bolsillo por los costos quirúrgicos cuando James decidió que le quitaran la bala de su pierna.

“Lo aprecio”, dijo un emocional James Lemons. “No tienen que hacer esto, abrir sus corazones sin razón”.

James Lemons stands outside a brick building on a sunny day.
James Lemons, quien recibió un disparo en el muslo derecho, el 7 de junio, el día en que le quitaron los puntos después de una cirugía para extraer la bala alojada en su pierna. Unite KC ayudó a la familia de Lemons con pagos al seguro para que puedan sobrevivir hasta que Lemons regrese a trabajar. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)

Erika Nelson estaba luchando para pagar los gastos de su casa, y tuvo que tomarse tiempo libre de su trabajo de atención médica a domicilio para llevar a su hija herida, Mireya, de 15 años, a las citas médicas. Mireya recibió , y se está recuperando.

Una página de creada por la mejor amiga de Nelson recaudó alrededor de $11,000, pero fue congelada después que Nelson intentara ingresar a la cuenta y GoFundMe pensó que estaba siendo hackeada. Temía que cortaran la luz en su apartamento por las facturas de electricidad no pagas y estaba desesperada.

“Estoy luchando con, ya sabes, comestibles”, dijo Nelson. “La gente decía, ‘Oh, ve a los bancos de alimentos’. Bueno, los bancos de alimentos no están abiertos en los momentos que puedo salir. No puedo simplemente irme del trabajo para ir a un banco de alimentos”.

Después de reunirse con Gary Kendall, Nelson recibió dinero para pagar tres meses de renta y servicios públicos, alrededor de $3,500.

“Un peso menos sobre mis hombros. Quiero decir, sí. De una gran forma”, susurró. “Porque nunca sabes. Nunca sabes qué puede pasar en dos días, cinco días, dos semanas, dos meses”.

Recientemente, la familia de Samuel Arellano se conectó con Unite KC, que pagará su factura de ambulancia, una de las cuentas del hospital y algo de terapia, por un valor de unos $6,000. La factura por el traslado inicial a la sala de emergencias era de aproximadamente $20,000, dijeron sus padres, pero el hospital se mostró reacio a enviarla y finalmente cubrió el costo.

Y Unite KC también tiene la intención de pagar una factura de tarjeta de crédito de $1,300 para Emily Tavis y Jacob Gooch Sr.

Hasta ahora, Unite KC ha distribuido $40,000, y espera conectarse con más de las familias heridas, con la esperanza de ser tan “generosos y rápidos como podamos”, dijo Kendall. United Way será como un “ráfaga” de alivio para las víctimas, agregó, pero su grupo apunta a algo diferente, más como una fogata que arda durante el próximo año.

“Estamos de acuerdo en que esto es algo horrible que sucedió. Es un triste estado de la humanidad pero es una parte real”, dijo. “Así que queremos recordarles que Dios no los ha olvidado. Y que aunque permitió esto, no los ha abandonado. Creemos que podemos ser como una extensión de su amor para estas personas”.

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Tres personas heridas en el desfile del Super Bowl viven con balas que siguen alojadas en sus cuerpos /es/health-care-costs/tres-personas-heridas-en-el-desfile-del-super-bowl-viven-con-balas-que-siguen-alojadas-en-sus-cuerpos/ Wed, 08 May 2024 09:01:00 +0000 James Lemons, de 39 años, quiere que le extraigan la bala de su muslo para poder volver a trabajar.

Sarai Holguín, de 71 años y originaria de México, ha aceptado la bala alojada cerca de su rodilla como su “compa”, es decir, una amiga cercana.

A Mireya Nelson, de 15, la alcanzó una bala que atravesó su mandíbula y le rompió el hombro, donde quedaron fragmentos. Por ahora vivirá con ellos, mientras los médicos monitorean los niveles de plomo en su sangre por al menos dos años.

A casi tres meses del tiroteo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, que dejó al menos 24 personas heridas, recuperarse de esas heridas es algo profundamente personal e incluye una sorprendente área gris de la medicina: si las balas deberían o no extraerse.

El protocolo médico no ofrece una respuesta clara. Una encuesta de 2016 entre cirujanos reveló que de los encuestados trabajaban en instalaciones médicas que tenían normas sobre la extracción de balas.

Los médicos en Estados Unidos a menudo dejan las balas enterradas profundamente en el cuerpo de una persona, al menos al principio, para no causar más trauma.

Pero a medida que la violencia armada surge como una epidemia de salud pública, si esa práctica es la mejor.

Algunos de los heridos, como James Lemons, quedan en una situación precaria. “Si hay una manera de sacarla y se saca de forma segura, sáquenla fuera de la persona”, dijo Lemons. “Hagan que esa persona se sienta más segura consigo misma. Y que no tengas que estar caminando con ese recuerdo dentro de tí”.

Lemons, Holguín y Nelson están sobrellevando las cosas de manera muy diferente.

El dolor se convirtió en un problema

Tres días después de que los Chiefs ganaran el Super Bowl, Lemons condujo las 37 millas desde Harrisonville, Missouri, hasta el centro de Kansas City para celebrar la victoria. Lemons, quien trabaja en un depósito, llevaba a su hija de 5 años, Kensley, en sus hombros cuando sintió una bala entrar en la parte posterior de su muslo derecho.

A photo of a man at the Kansas City Chiefs Super Bowl parade carrying his daughter on his shoulders.
James Lemons llevaba a su hija Kensley en los hombros en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs cuando sintió una bala entrar en la parte posterior de su muslo derecho. Dijo que su primer pensamiento en medio del caos fue llevar a su familia a un lugar seguro. (Brandie Lemons)

Los disparos se desataron en un área abarrotada de fans, , después de una “confrontación verbal” entre dos grupos. Los detectives encontraron “múltiples cartuchos de bala calibre 9 mm y .40” en el lugar. Lemons dijo que entendió inmediatamente lo que estaba sucediendo.

“Conozco mi ciudad. No estamos lanzando fuegos artificiales”, dijo.

Mientras se tiraban al  suelo, Lemons protegió el rostro de Kensley para que no golpeara sobre el cemento. Su primer pensamiento fue llevar a su familia —su esposa, Brandie; su hija de 17 años, Kallie; y su hijo de 10 años, Jaxson— a un lugar seguro.

“Me dispararon. Pero no te preocupes”, recordó Lemons que le dijo a Brandie. “Tenemos que irnos”.

Llevó a Kensley en sus hombros mientras la familia caminaba una milla hasta su auto. Al principio su pierna sangraba a través de sus pantalones, pero después paró, dijo. Ardía de dolor. Brandie insistió en llevarlo al hospital, pero el tráfico estaba estancado, así que encendió las luces de emergencia y condujo en la dirección opuesta.

Lemons recordó que ella dijo: “’Te estoy llevando al hospital. Estoy cansada de que la gente se interponga en mi camino'”. “Nunca había visto a mi esposa así. La miré y pensé, ‘esto es algo sexy'”.

Contó que le sonrió a su esposa y aplaudió, a lo que ella respondió: “¿Por qué estás sonriendo? Acaban de dispararte”. Se mantuvo en silenciosa admiración hasta que los detuvo un sheriff, que llamó a una ambulancia, recordó Lemons.

Lo llevaron a la sala de emergencias de University Health, que ese día , incluidos ocho con heridas de bala. Las placas mostraron que la bala apenas había esquivado una arteria, dijo Lemons.

Los médicos limpiaron la herida, pusieron su pierna en un aparato ortopédico y le dijeron que regresara en una semana. La bala todavía estaba en su pierna.

“Me sentí un poco desconcertado, pero pensé, ‘Está bien, lo que sea, saldré de aquí'”, recordó Lemons.

Cuando regresó, los médicos le quitaron el aparato ortopédico pero le explicaron que a menudo dejan balas y fragmentos en el cuerpo, a menos que se vuelvan demasiado dolorosos.

“Entiendo, pero no me gusta eso”, dijo Lemons. “¿Por qué no la sacarías si pudieras?”

Leslie Carto, vocera de University Health, dijo que el hospital no puede comentar sobre la atención de pacientes debido a las leyes federales de privacidad.

Los cirujanos generalmente extraen las balas cuando las encuentran durante la cirugía o cuando están en lugares peligrosos, como en el canal espinal, o a punto de dañar un órgano, explicó , cirujano pediátrico del Connecticut Children’s.

Campbell también preside el Comité de Prevención y Control de Lesiones del Comité de Trauma del Colegio Americano de Cirujanos, que trabaja en la prevención de lesiones por armas de fuego.

, cirujano entrenado en trauma y fundador de la  en St. Louis, dijo que los orígenes de la atención del trauma también ayudan a explicar por qué las balas generalmente no se extraen.

“La atención del trauma es medicina de guerra”, dijo Punch. “Está preparada para estar lista en cualquier momento, todos los días, para salvar una vida. No está equipada para cuidar la curación que se necesita después”.

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Después de recibir un disparo en la pierna en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, a Lemons le dijeron inicialmente que no extraerían la bala, a menos que se volviera un problema. “Entiendo, pero no me gusta”, dice Lemons. “¿Por qué no la sacarían si pudieran?” (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

En la encuesta a los cirujanos, las razones más comunes dadas para extraer una bala fueron el dolor, una bala palpable alojada cerca de la piel o una infección. Mucho menos comunes fueron la intoxicación por plomo y las preocupaciones de salud mental como el trastorno de estrés postraumático y la ansiedad.

Los cirujanos dijeron que lo que querían los pacientes también impactaba en sus decisiones.

Lemons quería que le quitaran la bala. El dolor en su pierna se irradiaba desde su muslo, lo que le dificultaba moverse durante más de una hora o dos. Era imposible trabajar en el depósito.

“Tengo que levantar 100 libras cada noche”, recordó Lemons que le dijo a sus médicos. “Tengo que levantar a mi hijo. No puedo trabajar así”.

Ha perdido sus ingresos y su seguro de salud. Otro racha de mala suerte: el dueño de la casa que alquilaban decidió venderla poco después del desfile, y tuvieron que encontrar un nuevo lugar para vivir.

A woman sits next to a man on a couch. The woman holds a walker.
En el caos de la balacera en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs y el traslado al hospital, Sarai Holguín perdió su bolso y su teléfono celular. Su esposo, César, y su hija la buscaron durante cerca de ocho horas. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

La casa actual es más pequeña, pero era importante mantener a los niños en el mismo distrito escolar con sus amigos, dijo Lemons en una entrevista en el dormitorio rosa de Kensley, el lugar más tranquilo para hablar.

Han pedido dinero prestado y recaudaron para ayudar con el depósito y las reparaciones del automóvil, pero el tiroteo del desfile ha dejado a la familia en un profundo pozo financiero.

Sin seguro, Lemons temía no poder pagar para que le extrajeran la bala. Luego se enteró que su cirugía sería pagada por donaciones. Programó una cita en un hospital al norte de la ciudad, donde un cirujano tomó medidas en su radiografía y le explicó el procedimiento.

“Necesito que estés involucrado tanto como yo voy a estar involucrado”, recordó que le dijeron, “porque —adivina qué— esta no es mi pierna”.

La cirugía está programada para este mes.

“Nos hicimos amigas”

Sarai Holguín no es gran fanática de los Chiefs, pero aceptó ir al rally en Union Station para mostrarle a su amiga el mejor lugar para ver a los jugadores en el escenario.

Era un día inusualmente cálido, y estaban paradas cerca de una entrada donde había muchos policías. Había papás con bebés en cochecitos, los niños jugaban al fútbol americano y Holguín se sentía segura.

Un poco antes de las 2 pm, escuchó lo que pensó que eran fuegos artificiales. La gente comenzó a correr lejos del escenario. Se dio vuelta, tratando de encontrar a su amiga, pero se sintió mareada. No se dio cuenta que le habían disparado. Tres personas rápidamente la ayudaron a tirarse al suelo, y un extraño se quitó la camisa e hizo un torniquete en su pierna izquierda.

Holguín, originaria de Puebla, México, ciudadana estadounidense desde 2018, nunca había visto tanto caos, tantos paramédicos trabajando bajo tanta presión. Fueron “héroes anónimos”, dijo.

A woman sits on a couch, holding a walker, with a bandage wrapped around her left knee.
Holguín, originaria de Puebla, México, ciudadana estadounidense desde 2018, recibió una bala en la pierna en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs. Ahora usa un andador, y dice que la consecuencia más frustrante es no poder viajar para ver a su padre de 102 años, que está en México. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Los vio atendiendo a Lisa López-Galván, una conocida DJ de 43 años y dos hijos. López-Galván murió en el lugar, y fue la única víctima mortal. A Holguín la llevaron a University Health, a unos cinco minutos de Union Station.

Allí, la operaron, pero dejaron la bala en su pierna. Holguín se despertó en medio de más caos. Había perdido su bolso y su teléfono celular, así que no pudo llamar a César, su esposo. La internaron en el hospital bajo un alias, una práctica común en los centros médicos para comenzar a atender al paciente de inmediato.

Su esposo e hija no la encontraron hasta cerca de las 10 pm, unas ocho horas después de que le dispararan.

“Ha sido un gran trauma para mí”, dijo Holguín a través de un intérprete. “Estaba herida y en el hospital sin haber hecho nada malo. [El rally] era un momento para jugar, relajarse, estar juntos”.

Holguín estuvo una semana internada, e inmediatamente tuvo dos cirugías ambulatorias más para eliminar el tejido muerto alrededor de la herida. Usó un dispositivo especial durante varias semanas y tuvo citas médicas cada dos días.

Campbell, el cirujano de trauma, dijo que esos dispositivos, llamados “de cierre asistido por vacío” son comunes cuando las balas dañan tejidos que no se pueden reconstruir fácilmente en la cirugía. (Ayudan a acelerar el proceso de cierre de la herida)

A woman wearing a black dress walks in her dining room using a walker.
En el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, Holguín escuchó lo que pensó que eran fuegos artificiales, sin darse cuenta que le habían disparado. Tuvo una cirugía y los médicos optaron por dejar la bala en su pierna. Ahora usa un andador para moverse. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“No son solo las lesiones físicas”, dijo Campbell. “Muchas veces son las lesiones emocionales, psicológicas, que muchos de estos pacientes también experimentan”.

La bala sigue cerca de la rodilla de Holguín.

“La tendré por el resto de mi vida”, dijo, agregando que ella y la bala se han convertido en “compas”, amigas cercanas. “Nos hicimos amigas para que ella no me haga ningún otro daño”, dijo Holguín sonriendo.

Punch, de la Bullet Related Injury Clinic en St. Louis, dijo que algunas personas como Holguín pueden tener la fortaleza mental para vivir con una bala en el cuerpo.

“Si puedes crear una historia sobre lo que significa que esa bala esté en tu cuerpo, eso te da poder; te empodera”, dijo Punch.

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Una bala atravesó la mandíbula de Mireya Nelson durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el 14 de febrero. También tiene fragmentos de bala en el hombro y necesitará que le hagan pruebas de plomo en la sangre por al menos los próximos dos años. (Erika Nelson)

La vida de Holguín cambió en un instante: está usando un andador para moverse. Su pie, dijo, actúa “como si hubiera tenido un derrame cerebral”, se queda colgando y es difícil mover los dedos de los pies.

La consecuencia más frustrante es que no puede viajar para ver a su padre de 102 años, que está en México. Lo ve en video a través de su teléfono, pero eso no ofrece mucho consuelo, dijo, y pensar en él la hace llorar.

En el hospital le dijeron que sus facturas médicas serían cubiertas, pero luego muchas de ellas llegaron por correo. Intentó obtener ayuda para las víctimas del estado de Missouri, pero le costo entender todos los formularios que tenía porque estaban en inglés.

Solo alquilar el dispositivo de cierre asistido por vacío costaba $800 al mes.

Finalmente escuchó que el Consulado de México en Kansas City podía ayudar, y el cónsul la remitió a la Oficina del Fiscal del condado de Jackson, donde se registró como víctima oficial. Ahora todas sus facturas están siendo pagadas, dijo.

Holguín no buscará tratamiento de salud mental, ya que cree que uno debe aprender a vivir con una situación determinada o se convertirá en una carga. “He procesado este nuevo capítulo en mi vida”, dijo Holguín. “Nunca me he rendido y seguiré adelante con la ayuda de Dios”.

“Vi sangre en mis manos”

Mireya Nelson llegó tarde al desfile. Su madre, Erika, le dijo que se fuera temprano, por el tráfico y el millón de personas que se esperaba en el centro de Kansas City, pero ella y sus amigos adolescentes ignoraron el consejo. Los Nelson viven en Belton, Missouri, aproximadamente a media hora al sur de la ciudad.

Mireya quería sostener el trofeo del Super Bowl. Cuando ella y sus tres amigos llegaron, el desfile que había pasado por el centro ya había terminado y había comenzado el rally en Union Station. Estaban atrapados entre la multitud y se aburrieron rápido, dijo Mireya.

Mireya y una de sus amigas intentaron llamar al conductor de su grupo para irse, pero no tenían señal en el celular, por la gran multitud.

En medio del caos de personas y ruido, Mireya de repente se desplomó.

“Vi sangre en mis manos. Así que supe que me habían disparado. Sí, y simplemente me arrastré hacia un árbol”, dijo Mireya. “En realidad, al principio no sabía dónde me habían disparado. Solo ví sangre en mis manos”.

La bala rozó la barbilla de Mireya, atravesó su mandíbula, le rompió el hombro y salió por su brazo. Quedaron fragmentos de bala en su hombro. Los médicos decidieron dejarlos porque la joven ya había sufrido mucho daño.

A photo of a woman in a hospital bed. A man and a woman stand next to her, smiling.
Nelson fue una de al menos 24 personas heridas por disparos durante el desfile. Aquí, el mariscal de campo de los Chiefs, Patrick Mahomes, y su esposa, Brittany, la visitan en el Children’s Mercy Hospital. (Erika Nelson)

Por ahora, la madre de Mireya apoya esa decisión, señalando que eran solo “fragmentos”. “Creo que si no la van a dañar el resto de su vida”, dijo Erika, “no quiero que siga volviendo al hospital y teniendo cirugías. Eso es más trauma para ella y más tiempo de recuperación, más terapia física y cosas así”.

Punch dijo que los fragmentos de bala, especialmente los que son solo superficiales, a menudo se abren paso como astillas, aunque a los pacientes no siempre se les dice eso. Además, agregó, las lesiones causadas por las balas se extienden más allá de aquellos con tejido dañado a las personas a su alrededor, como Erika. Pidió un enfoque holístico para recuperarse de todo el trauma.

“Cuando las personas permanecen en su trauma, ese trauma puede cambiarlas para toda la vida”, dijo Punch.

Mireya será sometida a en su sangre durante al menos los próximos dos años. Ahora sus niveles están bien, dijeron los médicos a la familia, pero si empeoran, necesitará cirugía para remover los fragmentos, dijo su madre.

Campbell, el cirujano pediátrico, dijo que el plomo es particularmente preocupante para los niños pequeños, cuyos cerebros en desarrollo los hacen especialmente vulnerables a sus . Incluso —3.5 microgramos por decilitro— es suficiente para informar a las autoridades de salud estatales, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Mireya habla sobre adolescentes lindos, pero todavía usa pijamas de Cookie Monster. Parece confundida por los tiroteos, por toda la atención en casa, en la escuela, de los periodistas. Cuando le preguntaron cómo se siente sobre los fragmentos en su brazo, dijo: “Realmente no me importan”.

Después de su estadía en el hospital, Mireya tomó antibióticos durante 10 días porque los médicos temían que hubieran bacterias en la herida. Ha tenido terapia física, pero es doloroso hacer los ejercicios. Tiene una cicatriz en la barbilla. “Una muesca”, dijo, que es “irregular”.

“Dijeron que tuvo suerte porque si no hubiera girado la cabeza de cierta manera, podría haber muerto”, dijo Erika.

Mireya enfrenta una evaluación psiquiátrica y sesiones de terapia, aunque no le gusta hablar de sus sentimientos.

Hasta ahora, el seguro de Erika está pagando las facturas médicas, aunque espera obtener algo de ayuda del fondo , que recaudó casi $1.9 millones, o de una organización de fe llamada .

Erika no quiere limosnas. Tiene un trabajo en atención médica y acaba de tener un ascenso.

La bala ha cambiado la vida de la familia de muchas maneras. Ahora forma parte de sus charlas. Hablan sobre cómo desearían saber qué tipo de munición era, o cómo se veía.

“Como si quisiera quedarme con la bala que atravesó mi brazo”, dijo Mireya. “Quiero saber qué tipo de bala era”. Eso provocó un suspiro de su mamá, quien dijo que su hija había visto demasiados episodios de “Forensic Files”.

Erika se culpa por la herida, porque no pudo proteger a su hija en el desfile.

“Me duele mucho porque me siento mal, porque ella me suplicó que dejara el trabajo y no fui allí porque cuando tienes un puesto nuevo, no puedes simplemente irte del trabajo”, dijo Erika. “Porque yo hubiera recibido la bala. Porque haría cualquier cosa. Es lo que hace una mamá”.

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Guns Archives - ºÚÁϳԹÏÍø News /es/tag/guns/ ºÚÁϳԹÏÍø News produces in-depth journalism on health issues and is a core operating program of KFF. Thu, 16 Apr 2026 00:01:06 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.5 /wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=32 Guns Archives - ºÚÁϳԹÏÍø News /es/tag/guns/ 32 32 161476233 Las armas promovidas para la seguridad personal provocan una crisis de salud pública en comunidades negras /es/noticias-en-espanol/las-armas-promovidas-para-la-seguridad-personal-provocan-una-crisis-de-salud-publica-en-comunidades-negras/ Fri, 19 Dec 2025 10:00:00 +0000 /?post_type=article&p=2133262 PHILADELPHIA — Leon Harris, de 35 años, conoce por experiencia personal la devastación que puede causar un arma. Hace casi dos décadas, unos ladrones le dispararon por la espalda, dejándolo paralizado del pecho hacia abajo. La bala aún permanece alojada en su columna.

“Cuando te disparan, dejas de pensar en el futuro”, dijo.

Su esposa, su hijo y su fe son su gran apoyo. En el pasado quiso trabajar como operador de montacargas, pero logró desarrollar una carrera estable en tecnología de la información. Hoy en día se rodea de otras personas sobrevivientes de heridas de bala y se enfoca en el activismo.

Aun así, el trauma permanece en su vida cotidiana. Cuando la violencia por armas de fuego aumentó durante la pandemia de covid, sacudió su frágil sentido de seguridad. Mudó a su familia de Philadelphia a un suburbio arbolado en Delaware. Pero el miedo constante al crimen persiste.

Ahora está considerando comprar un arma.

Harris es una de las decenas de miles de personas que mueren o resultan heridas cada año por un arma de fuego, una crisis de salud pública que se intensificó durante la pandemia y que lleva a a la sala de emergencias cada media hora.

En las últimas dos décadas, la industria de armas de fuego y ha intensificado sus campañas de ventas a través de influencers en redes sociales, presentaciones en conferencias y .

Una organización del sector reconoció que su cliente tradicional era , por lo que en años recientes comenzó a dirigir su mercadeo hacia y otras comunidades de color, , que se ven afectadas de forma desproporcionada por la violencia de las armas.

La administración Trump redujo la supervisión federal sobre las empresas de armas, que la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés) “caracterizada por la transparencia, la responsabilidad y la colaboración con la industria de las armas de fuego”.

El dolor causado por esta forma de violencia atraviesa divisiones políticas, culturales y geográficas, pero ningún grupo ha sufrido tanto como las personas afroamericanas, como Harris. citados por investigadores, en 2021 las personas negras tenían casi 14 veces más probabilidades de morir por homicidio con arma de fuego que las personas blancas. Los hombres y niños negros representan el 6% de la población, pero son de las víctimas de homicidio.

Washington ha ofrecido poco alivio: las armas siguen siendo uno de los pocos productos de consumo que el gobierno federal en cuanto a salud y seguridad.

“La política de las armas en Estados Unidos está tremendamente desalineada con las prioridades correctas, que deberían centrarse en la salud, la seguridad y el derecho fundamental a vivir”, dijo el abogado Jon Lowy, fundador de , quien ayudó a representar a México en una demanda —sin éxito— contra Smith & Wesson y otros fabricantes de armas que llegó hasta la Corte Suprema. “Estados Unidos permite y respalda prácticas de la industria armamentista que serían totalmente inaceptables en cualquier otra parte del mundo”.

ºÚÁϳԹÏÍø News llevó a cabo una investigación sobre la violencia por armas de fuego durante la pandemia, período en el que las muertes por estas armas alcanzaron su nivel más alto en la historia.

Los periodistas revisaron investigaciones académicas, informes del Congreso y datos de hospitales, y entrevistaron a decenas de expertos en salud pública y en este tipo de violencia, personas dueñas de armas y víctimas o sus familiares.

La investigación encontró que, mientras los funcionarios imponían restricciones para frenar la propagación de covid, las decisiones políticas y regulatorias impulsaron las ventas de armas y, con ello, otra crisis de salud pública.

Mientras los gobiernos estatales y locales escuelas, pedían a la población que se quedara en casa y suspendían actividades en gimnasios, teatros, centros comerciales y otros espacios, el entonces presidente Donald Trump mantuvo abiertas las tiendas de armas, considerándolas para el funcionamiento de la sociedad.

Kush Desai, vocero de la Casa Blanca, no respondió a solicitudes de entrevista ni a preguntas sobre los esfuerzos de la administración Trump para reducir la regulación de la industria de armas.

Durante la pandemia, el gobierno federal entregó más de $150 millones en asistencia financiera a empresas y grupos del sector de las armas a través del Programa de Protección de Cheques de Pago (Paycheck Protection Program), incluso cuando algunas empresas reportaban fuertes ventas, según del grupo de defensa Comunidades por la Seguridad de las Armas (Everytown for Gun Safety).

Funcionarios federales dijeron que el programa tenía como objetivo mantener empleos, pero millones de dólares fueron a parar a empresas de armas que no declararon si esos fondos ayudarían a conservar puestos de trabajo, según el informe.

Alrededor de en Estados Unidos compró un arma durante los dos primeros años de la pandemia, incluidos millones de compradores primerizos, según datos de encuestas de NORC en la Universidad de Chicago.

Harris comprende claramente lo que impulsa esa demanda.

“Las armas no van a desaparecer a menos que abordemos la raíz de los miedos de las personas”, dijo.

muestran que la mayoría de los que poseen un arma creen que les brinda mayor seguridad. Pero los datos de salud pública indican que tener un arma en casa de homicidio y triplica las probabilidades de suicidio.

“No hay pruebas de que las armas aumenten la protección”, señaló Kelly Drane, directora de investigación del Centro Legal Giffords para Prevenir la Violencia por Armas de Fuego ().

“Nos han contado una mentira fundamental”, añadió.

Muertes récord

Menos de un año después del inicio de la pandemia, Jacquez Anlage, de 20 años, fue asesinado a tiros en un apartamento en Jacksonville, Florida. Cinco años después, el crimen sigue sin resolverse.

Su madre, Crystal Anlage, dijo que cayó de rodillas y gritó de dolor en su jardín cuando la policía le dio la noticia.

Contó que Jacquez superó años en el sistema de cuidado temporal —pasó por 36 hogares— antes de que ella y su esposo, Matt, lo adoptaran a los 16 años.

Jacquez acababa de mudarse a su propio apartamento cuando lo mataron. Amaba a los animales y quería convertirse en técnico veterinario. Era amable y afectuoso, dijo Crystal de su hijo adoptivo, medía 6’4” y pesaba 215 libras, propias de ser un ex jugador de fútbol americano y baloncesto.

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Por temor a que le disparen de nuevo, Leon Harris se mudó de Philadelphia, donde en un período de un año durante la pandemia de covid-19 se registraron más de 2.300 tiroteos, es decir, alrededor de seis al día. (Meredith Rizzo for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Recién comenzaba a sentirse seguro en la vida”, añadió Crystal Anlage.

Investigadores afirman que padres como Crystal Anlage cargan un trauma que destruye su sentido de seguridad.

Anlage contó que padece trastorno de estrés postraumático y ansiedad. Le aterran las armas y los fuegos artificiales.

Pero ha logrado darle un propósito al asesinato de su hijo: cofundó la organización Fundación de Sobrevivientes de Jacksonville (Jacksonville Survivors Foundation), que busca concientizar sobre el impacto del homicidio y apoyar a madres y padres en duelo.

“La muerte de Jacquez no puede ser en vano”, dijo. “Quiero que su legado sea el amor”.

Ese legado y el de muchos otros jóvenes asesinados a tiros quedan opacados por el poderoso mensaje de miedo que difunden los fabricantes de armas.

Durante la pandemia, las campañas publicitarias del sector le decían a la población que necesitaba armas para defenderse de criminales, manifestantes, policías poco confiables y durante , según presentada por grupos que abogan por el control de armas ante la Comisión Federal de Comercio (Federal Trade Commission, FTC).

En una del 18 de junio de 2020, de la empresa Lone Wolf Arms, un fabricante con sede en Idaho, se mostraba a un manifestante ante policías antidisturbios entre las palabras “¿Retirar la financiación a la policía? Defiéndete tú mismo”. El pie de foto ofrecía “entre 10% y 25% de descuento en armas demo y pistolas completas”.

Impact Arms, una tienda de armas en línea, publicó el 3 de agosto de 2020 en Instagram una imagen de una persona guardando un rifle en una mochila, señala el documento. El mensaje decía: “El mundo está bastante loco ahora mismo. No es mala idea llevar algo más eficiente que una pistola”.

La Asociación Nacional del Rifle (National Rifle Association, NRA) publicó en 2020 de cuatro minutos en YouTube donde una mujer negra sostiene un rifle y le dice a la audiencia que necesitan un arma durante la pandemia. “Tal vez estés almacenando comida para superar esta crisis”, dijo, “pero si no te estás preparando para defender tu propiedad cuando todo salga mal, en realidad estás almacenando para otra persona”.

El mensaje fue efectivo. Las verificaciones de antecedentes para comprar armas aumentaron 60% , año en que el gobierno federal declaró la emergencia sanitaria.

Ese mismo año, más de murieron en Estados Unidos, la cifra más alta hasta entonces. En 2021, se volvió a romper .

Las armas vendidas al inicio de la pandemia tenían más probabilidades de terminar en escenas de un crimen al año siguiente, según del Comité Económico Conjunto del Congreso, de mayoría demócrata, que citaba datos de la ATF.

A photo of a man inspecting a pistol at a gun shop. Long guns are seen on the wall behind him.
Un hombre observa una pistola en una armería en Capitol Heights, Maryland, el 14 de marzo de 2023. (Andrew Caballero-Reynolds/AFP via Getty Images)

Los fabricantes de armas “utilizaron tácticas de ventas preocupantes” tras tiroteos masivos en Buffalo, Nueva York, y Uvalde, Texas, “sin tomar siquiera medidas básicas para monitorear la violencia y destrucción que sus productos generan”, de acuerdo con un hecho público por los demócratas del Congreso en 2022, después de conocerse una investigación sobre prácticas y beneficios de la industria llevada a cabo por el Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes (House Oversight and Reform Committee).

Según esta investigación del Congreso, la industria ha publicitado las armas “entre organizaciones supremacistas blancas y extremistas durante años, apelando al miedo a la represión gubernamental contra propietarios de armas y fomentando tensiones raciales”.

“El aumento de la violencia con motivación racial también ha impulsado la compra de armas entre personas negras, lo que permite a la industria lucrar tanto con los supremacistas blancos como con sus objetivos”, señala el informe del Congreso.

En 2024, el entonces gobierno del presidente Joe Biden, a través del Departamento del Interior, otorgó una a la Fundación Nacional de Tiro Deportivo (National Shooting Sports Foundation, NSSF), un importante , para ayudar a las empresas a comercializar armas entre la población negra.

La Comisión Federal de Comercio (FTC, en inglés) es la agencia responsable de proteger a los consumidores de prácticas comerciales engañosas o injustas, y tiene poder para sancionar. Por ejemplo, emitió advertencias a empresas que hicieron afirmaciones falsas sobre productos que supuestamente prevenían o curaban covid.

Pero cuando en 2022, durante el gobierno de Joe Biden, familiares de víctimas de violencia por armas de fuego, legisladores y grupos defensores cómo se promocionaban las armas entre menores, personas de color y grupos supremacistas blancos, la agencia no anunció ninguna acción pública.

Este verano, la NSSF presentó y calificó los intentos de los grupos de control de armas como parte de una “campaña coordinada de guerra legal” contra la publicidad de las armas de fuego, “que está protegida constitucionalmente”.

Mitchell Katz, vocero de la FTC, se negó a comentar, señalando por correo electrónico que la agencia no confirma ni niega la existencia de investigaciones.

Serena Viswanathan, quien se retiró en junio como directora asociada de la FTC, dijo a ºÚÁϳԹÏÍø News que la agencia perdió al menos una cuarta parte del personal de su división de publicidad desde la llegada de Trump a la presidencia en enero.

Las empresas de armas Smith & Wesson, Lone Wolf Arms e Impact Arms no respondieron a solicitudes de comentarios. Tampoco lo hicieron la NSSF ni la Asociación Nacional del Rifle (NRA, en inglés).

En una de agosto de 2022, el presidente y CEO de Smith & Wesson, Mark Smith, dijo que algunos políticos estaban culpando erróneamente a los fabricantes de armas por el aumento de la violencia durante la pandemia, argumentando que las ciudades con altos índices de crimen habían “promovido políticas irresponsables y blandas con el crimen, que a menudo tratan a los criminales como víctimas y a las víctimas como criminales”.

“Ahora algunos buscan prohibir que fabricantes y defensores de la Segunda Enmienda anuncien productos de una manera que recuerde a los ciudadanos respetuosos de la ley que tienen un derecho constitucional a portar armas para defenderse a sí mismos y a sus familias”, añadió Smith.

Armas y raza

En 2015, la NSSF reunió a simpatizantes en una conferencia en Savannah, Georgia, e instó a la industria a diversificar su base de clientes, según un y reportes de y del (Violence Policy Center, VPC).

Chris Cheng, especialista en tiro deportivo, dio una presentación titulada “Diversidad: la próxima gran oportunidad”. Imágenes de la conferencia muestran gráficas que describen la “demografía” y “tecnografía” de tiradores negros e hispanos.

Las gráficas describían a los tiradores negros como “expresivos y seguros socialmente, en el grupo” y “menos propensos a estar casados o a haber terminado la universidad”. A los tiradores hispanos se les consideraba “mucho más confiados en la publicidad y en las celebridades”.

Nick Suplina, vicepresidente de políticas públicas de Comunidades por la Seguridad de las Armas, dijo que el mercadeo de la industria cambió en la segunda mitad del siglo XX, cuando el interés por la caza comenzó a disminuir. El nuevo enfoque: armas para la seguridad personal.

A photo of a Leon Harris seated in a wheelchair posing next to his wife outside.
Leon Harris le atribuye a su esposa, Tierra, el mérito de haberle ayudado a encontrar la felicidad y a reconstruir su vida después de que las heridas de bala le quitaran la capacidad de caminar. (Meredith Rizzo for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Dijeron: ‘Necesitamos entrar a nuevos mercados’”, explicó Suplina. “Identificaron a mujeres y personas de color. No tuvieron mucho éxito hasta la pandemia, el movimiento Black Lives Matter y la muerte de George Floyd. El mensaje es: ‘Tú también mereces la Segunda Enmienda’. Están vendiendo el producto como un antídoto al miedo y la ansiedad”.

La investigación del Comité de Supervisión de 2022 criticó duramente a las compañías por promocionar sus productos entre personas de color, mientras la violencia armada sigue siendo una de las principales causas de muerte entre jóvenes afroamericanos e hispanos.

Al mismo tiempo, algunas empresas también promovieron rifles de asalto entre grupos supremacistas blancos que creen que se avecina una guerra racial, según la investigación. Una compañía incluso vendía un rifle tipo AK-47 llamado “Big Igloo Aloha”, en referencia a un movimiento antigubernamental.

Aun así, Philip Smith quiere que más personas negras compren armas para protegerse.

Smith dijo que trabajaba como consultor de recursos humanos cuando se le ocurrió crear la (National African American Gun Association, NAAGA) que ayudó a la Fundación Nacional de Tiro Deportivo (NSSF, en inglés) a preparar su informe sobre cómo comunicarse con consumidores afroamericanos.

Smith alienta a las personas negras a comprar armas para defensa personal y a recibir capacitación adecuada sobre su uso.

Tras 10 años, dijo que su organización tiene cerca de 45.000 miembros en todo el país. La membresía individual cuesta $39 anuales y la de parejas $59, lo que brinda acceso a descuentos de socios corporativos, incluidas empresas fabricantes de armas, y sorteos de armas, según su sitio web.

El asesinato policial de Michael Brown en Ferguson, Missouri, y la muerte a tiros del adolescente Trayvon Martin en Florida impulsaron el interés inicial entre doctores, abogados y otros profesionales, dijo Smith. Pero el verdadero crecimiento se dio durante la pandemia, incluso entre personas demócratas que antes se oponían a tener un arma.

“Cientos de personas me llamaban y decían: ‘No estoy de acuerdo con nada de lo que dices, pero ¿qué tipo de arma debo comprar?’”, recordó Smith.

Smith, que se describe como “callado, nerd y afrocentrista”, dijo que criticar las armas es perder la perspectiva.

“Mis ancestros dieron su sangre para que tengamos este derecho”, afirmó. “¿Hay personas blancas racistas? Sí. Pero deberíamos comprar armas porque hay una necesidad. No porque nos obligan”.

“Amnesia estadounidense”

Durante la pandemia, la violencia con armas de fuego afectó más gravemente a vecindarios racialmente segregados en ciudades como Philadelphia, donde aproximadamente vive en la pobreza.

Un informe de la ciudad indicó que durante un período de un año en la pandemia se registraron más de 2.300 tiroteos, unos seis por día. Muchos por la policía.

Funcionarios de la ciudad señalaron el auge en la venta de armas: en el año 2000 hubo menos de 400.000 ventas en Pennsylvania; en 2020, más de un millón.

Las ventas de armas desde el fin de la pandemia, pero el daño causado persiste.

En una conferencia realizada el año pasado en el estadio del equipo de fútbol americano Eagles, víctimas de esta violencia y sus familiares se reunieron con activistas para compartir relatos de experiencias cercanas a la muerte y del dolor de perder a seres queridos.

Pinturas alrededor del escenario conmemoraban a personas jóvenes, casi todas de color, asesinadas a tiros. Los mensajes decían: “Siempre te amaremos y extrañaremos” y “Los que amamos nunca se van”.

Marion Wilson, activista comunitario, dijo que cree que el país ha olvidado el sufrimiento que ciudades como Philadelphia vivieron durante la pandemia.

“Padecemos la enfermedad de la amnesia estadounidense”, señaló.

Harris regresaba a casa tras su trabajo en Burlington Coat Factory hace casi dos décadas cuando unos asaltantes lo siguieron desde la parada del autobús y le exigieron dinero. Dijo que no tenía y le dispararon.

Harris pasó su infancia arreglando autos con su abuelo, cuando no estaba en la escuela o en la iglesia. Recuerda estar acostado en la cama del hospital, sintiéndose completamente impotente.

“Tuve que volver a aprender a alimentarme solo”, dijo. “Era como un bebé. Tuve que aprender a sentarme para poder usar una silla de ruedas. La única manera en que salí adelante fue con mi fe en Dios”.

Harris pasó años en rehabilitación y recibió terapia por estrés postraumático. Ahora, en silla de ruedas, a veces teme por su seguridad y cree que tener un arma podría ser una de las pocas maneras de protegerse a sí mismo y a su familia.

“Lo estoy pensando”, dijo. “Me da miedo que mi trauma pueda dañar a otra persona. Esa es la única razón por la que aún no la he comprado”.

Si tú mismo o alguien que conoces ha sufrido el dolor de una herida de bala y está dispuesto a hablar sobre la experiencia médica, por favor, completa .

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Recortes federales pueden afectar a programas en hospitales de prevención de la violencia con armas de fuego /es/noticias-en-espanol/recortes-federales-pueden-afectar-a-programas-en-hospitales-de-prevencion-de-la-violencia-con-armas-de-fuego/ Thu, 13 Mar 2025 08:45:00 +0000 /?post_type=article&p=2000291 DENVER. — Hace siete años, Erica Green se enteró a través de Facebook que le habían disparado a su hermano.

Corrió al hospital, uno gerenciado por Denver Health, el sistema de seguridad social de la ciudad, pero no pudo obtener información de los trabajadores de la sala de emergencias: se quejaron de que ella estaba generando un disturbio.

“Estaba afuera, angustiada y llorando, cuando Jerry salió por la puerta principal”, dijo.

Jerry Morgan es un rostro familiar en el barrio de Green, en Denver. Había ido al hospital después de que su pager lo alertara del tiroteo. Como profesional de la prevención de la violencia en el programa (AIM), Morgan brinda su apoyo en el hospital a los pacientes víctimas de violencia con armas de fuego y a sus familias.

Es lo que hizo el día en que le dispararon al hermano de Green.

“Me ayudó a que atravesara mucho mejor esa experiencia traumática. Al punto que después pensé: yo también quiero dedicarme a eso”, contó Green.

Ahora, Green trabaja con Morgan como directora de AIM, un programa de intervención contra situaciones de violencia vinculado a los hospitales. AIM se puso en marcha en 2010 como una asociación entre Denver Health y la organización sin fines de lucro . Desde entonces, se ha ido ampliado para incluir el Hospital Infantil de Colorado y el Hospital de la Universidad de Colorado.

En todo el país existen docenas de programas de intervención contra la violencia vinculados a hospitales, como AIM. El objetivo de estos programas es identificar los factores sociales y económicos que contribuyeron a que una persona terminara en una sala de emergencias con una herida de bala, por ejemplo, la falta de una vivienda adecuada, la pérdida de empleo o sentirse inseguro en el propio vecindario.

Este tipo de programas, que abordan la lucha contra la violencia con armas de fuego desde una perspectiva de salud pública, han tenido éxito.

En San Francisco, uno de ellos la cantidad de personas que volvieron a sufrir heridas por hechos violentos en un período de seis años.

Pero las órdenes ejecutivas del presidente Donald Trump, que piden la revisión tanto de las políticas de armas de la administración Biden como de los billones de dólares en subvenciones y préstamos federales, han creado incertidumbre en torno a la financiación federal a largo plazo de estos programas. Algunos organizadores creen que no se verán afectados, pero otros ya están buscando asegurar fuentes de financiamiento alternativas.

“Nos preocupa que se produzca un efecto dominó, una reacción en cadena. Y nos preguntamos cómo nos afectará. Hay muchas incógnitas”, explica John Torres, director asociado de Youth Alive, una organización sin fines de lucro con sede en Oakland, California.

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Jerry Morgan, trabajador social principal de AIM, frente a la Clínica REACH en el barrio Five Points de Denver. Lleva unos nueve años trabajando en este sector y afirma haber visto un aumento de la violencia entre los jóvenes durante ese tiempo, especialmente desde la pandemia de covid-19. “Las peleas en Facebook se convirtieron en peleas reales. Todos querían pelear. Todos querían disparar”, afirmó. (Stephanie Wolf for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Los datos federales muestran que la violencia con armas de fuego se convirtió en una de las principales causas de muerte entre niños y adultos jóvenes a principios de esta década y que en 2022 estuvo relacionada con más de 48.000 muertes entre personas de todas las edades.

El pediatra de Nueva York Chethan Sathya, especializado en cirugía y traumatología, investiga cómo prevenir lesiones por armas de fuego, financiado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Sathya sostiene que las estadísticas muestran que esta forma de violencia debe ser considerada como un problema de salud pública. “Está matando a demasiada gente”, argumentó.

Las investigaciones demuestran que haber sufrido una lesión violenta aumenta el riesgo de tener otras en el futuro. Y también que el riesgo de muerte aumenta significativamente luego de la tercera lesión violenta. Los datos surgen de un estudio de 2006 publicado en The Journal of Trauma: Injury, Infection and Critical Care.

Benjamin Li, médico de la sala de emergencias en Denver Health y director médico del sistema de salud de AIM, dijo que la emergencia es un entorno ideal para intervenir ante la violencia con armas de fuego, ya que permite investigar y comprender los eventos que llevaron a que un paciente haya sido baleado.

 “Si solo atendemos a la persona, la curamos y luego la enviamos de vuelta a vivir en las mismas condiciones, sabemos que es muy probable que vuelva a resultar herida”, explicó Li. “Es fundamental que abordemos los determinantes sociales de salud y tratemos de cambiar esa realidad”.

Eso podría significar que se proporcione a las víctimas de disparos soluciones alternativas para evitar que busquen venganza, opinó Paris Davis, director de programas de intervención de Youth Alive.

“Puede ser ayudarlos a mudarse a otra zona o facilitarles que consigan una vivienda. También colaborar para que puedan canalizar esa energía hacia la educación o el trabajo o, por ejemplo, iniciar una terapia familiar. Sean cuales fueren las necesidades en cada caso y en cada individuo en particular, nos aseguramos de brindarles el apoyo que necesitan”, dijo Davis.

El equipo de AIM que trabaja directamente con la comunidad visita a las víctimas de disparos en sus camas de hospital para tener lo que Morgan, el principal encargado de esta área del programa, describe como una conversación difícil pero libre de prejuicios respecto de cómo los pacientes llegaron a esa situación.

AIM utiliza esa información para ayudar a las personas a acceder a los recursos que necesitan para afrontar los grandes desafíos que los esperan después de que les den el alta, dijo Morgan. Esos desafíos pueden incluir volver a la escuela o al trabajo, o encontrar una nueva vivienda.

Los trabajadores comunitarios de AIM también pueden asistir a los procedimientos judiciales y ayudar con el transporte para que los pacientes acudan a las citas de atención médica.

A woman holds an open box, a take-home wound-care kit, which contains medical supplies.
Ginny McCarthy, profesora adjunta del Departamento de Cirugía de la Universidad de Colorado, quien colabora estrechamente con el Programa Juvenil de Denver, abre un kit de cuidado de heridas para llevar a casa, disponible en la Clínica REACH. Los servicios de la clínica son gratuitos para la comunidad y, en los próximos meses, se espera incorporar uno nuevo: la extracción de balas. (Stephanie Wolf for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Tratamos de ayudar en la medida de lo posible, pero depende de lo que necesita el beneficiario”, dijo Morgan.

Desde 2010, AIM ha pasado de tener tres a tener nueve trabajadores sociales a tiempo completo, y este año ha abierto la en el barrio Five Points de Denver. La clínica comunitaria ofrece kits para el cuidado de heridas, fisioterapia y atención de salud conductual, mental y ocupacional. En los próximos meses, tiene previsto agregar a sus servicios la extracción de balas.

El programa forma parte de un movimiento creciente de clínicas comunitarias centradas en lesiones violentas, como la Bullet Related Injury Clinic, en St. Louis.

Ginny McCarthy, profesora adjunta del Departamento de Cirugía de la Universidad de Colorado, describió REACH como una extensión del trabajo hospitalario, que ofrece un tratamiento integral en un solo lugar y fomenta la confianza entre los proveedores de salud y las comunidades minoritarias que históricamente han padecido .

, creado en 1994 y dirigido por Youth Alive en Oakland, es mencionado como el primer programa de la nación de intervención de violencia vinculado a un hospital; desde entonces ha inspirado a otros.

La , una red nacional iniciada por Youth Alive para promover soluciones de salud pública a la violencia con armas de fuego, en enero de este año contaba entre sus miembros con .

La directora ejecutiva de la alianza, , comparó el papel de la medicina en la lucha contra la violencia armada con el de la prevención de una enfermedad infecciosa como el cólera. “Esa enfermedad se propaga si no se cuenta con buenas condiciones sanitarias en los lugares donde se concentra la gente”, argumentó.

Dreier, que también es directora ejecutiva del , dijo que la medicina identifica y rastrea los patrones que conducen a la propagación de una enfermedad o, en este caso, a la propagación de la violencia.

“Eso es lo que la atención sanitaria puede hacer realmente bien para cambiar la sociedad. Cuando lo implementamos, obtenemos mejores resultados para todos”, dijo Dreier.

La alianza, de la que AIM es miembro, ofrece asistencia técnica y formación para programas de intervención contra la violencia vinculados a hospitales y que sus servicios sean reconocidos para recibir reembolso de los seguros tradicionales.

En 2021, el presidente Joe Biden emitió una que abrió la puerta para que los estados utilizaran Medicaid para la prevención de la violencia. Varios estados, entre ellos , y , han aprobado para los programas de intervención contra la violencia vinculados a hospitales.

El verano pasado, el entonces cirujano general de los Estados Unidos, Vivek Murthy, declaró la violencia armada como una crisis de salud pública, y la de 2022 destinó $1.400 millones en fondos para una amplia gama de programas de prevención de la violencia hasta el próximo año.

Pero a principios de febrero, Trump emitió una en la que ordenaba al fiscal general de los Estados Unidos que llevara a cabo una revisión de 30 días de varias políticas de Biden sobre la violencia armada.

La Oficina de Prevención de la Violencia Armada de la Casa Blanca , y las recientes medidas para congelar las subvenciones federales han creado incertidumbre entre los programas de prevención que reciben financiación federal.

Según Li, AIM recibe el 30% de su financiación de su acuerdo operativo con la Oficina de Soluciones a la Violencia Comunitaria de Denver. El resto proviene de subvenciones, incluida la financiación de la Ley de Víctimas del Crimen, que llega a través del Departamento de Justicia. A mediados de febrero, las órdenes ejecutivas de Trump no habían afectado a la financiación actual de AIM.

Algunas de las personas que trabajan con los programas de prevención de la violencia vinculados a hospitales en Colorado confían en que un , ya aprobado por los votantes en el estado, pueda ser una fuente adicional de financiación.

Se espera que genere unos $39 millones anuales y apoye a los servicios para las víctimas, pero no es probable que los ingresos del impuesto fluyan por completo hasta 2026, y no está claro cómo se asignará ese dinero.

Catherine Velopulos, cirujana de traumatología e investigadora de salud pública, que es la directora médica de AIM en el hospital de la Universidad de Colorado en Aurora, dijo que cualquier interrupción en la financiación federal, aunque sea durante unos meses, sería “muy difícil para nosotros”. Pero aseguró que la tranquilizaba el apoyo bipartidista al tipo de trabajo que hace AIM.

“La gente quiere simplificar demasiado el problema y dice: ‘Si nos deshacemos de las armas, todo se detendrá’ o ‘No importa lo que hagamos, porque de todos modos van a conseguir armas’”, afirmó. “Lo que realmente tenemos que pensar es por qué la gente siente tanto miedo que tiene que armarse”.

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Un año después del tiroteo en el desfile del Super Bowl, los sobrevivientes suman confusión al trauma /es/health-care-costs/un-ano-despues-del-tiroteo-en-el-desfile-del-super-bowl-los-sobrevivientes-suman-confusion-al-trauma/ Tue, 11 Feb 2025 14:00:31 +0000 /?post_type=article&p=1985392 Emily Tavis estaba en una primera cita en diciembre cuando levantó la vista y se dio cuenta que estaban pasando por la esquina del centro de Kansas City, Missouri, en donde una bala le atravesó la pierna durante el desfile del Super Bowl, el año pasado.

“Oh, c…”, dijo Tavis, desconcertando a su cita.

Tavis vive a 35 millas de distancia, en Leavenworth, Kansas, y todavía no había vuelto a Union Station, donde ocurrió el tiroteo masivo. Sintió ganas de llorar. O tal vez fue un ataque de pánico. Levantó un dedo para indicarle a su cita que necesitaba un momento. Fue entonces cuando él entendió lo que estaba pasando.

“Oh, ni siquiera me di cuenta”, dijo, y siguió conduciendo en silencio.

Tavis contuvo las lágrimas hasta que la estación desapareció de su vista.

“Ok…”, dijo en voz alta, mientras pensaba para sí misma, “bien. Ataque de pánico, primera cita”.

Un año después del tiroteo del 14 de febrero que mató a una persona e hirió al menos a 24, los sobrevivientes y sus familias todavía están conmocionados.

Las relaciones se han tensionado. Los padres están preocupados por sus hijos. El generoso apoyo financiero y los buenos deseos que recibieron en los primeros días ya se han agotado. Y tienen sentimientos encontrados sobre el equipo al que siguen vitoreando: mientras los Chiefs avanzaban hacia otro Super Bowl, muchos se preguntaban por qué su amado equipo parecía ni haber advertido lo que todos estaban pasando.

“No puedo creer que los Chiefs no hayan hecho nada por nosotros”, dijo Jacob Gooch Sr., quien recibió un disparo en el pie. El equipo, la fundación de la familia propietaria y la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) donaron un total de $200.000 a un fondo para sobrevivientes, pero Gooch dijo que nadie de la organización se acercó a su familia, tres de los cuales recibieron disparos.

Lo que les está sucediendo a estas familias no es nada inusual. Muchos sobrevivientes se “paralizan” emocionalmente como un mecanismo de afrontamiento para evitar sentir por completo el trauma que sufrieron. Pero, con el tiempo, experimentan lo que los terapeutas llaman “descongelamiento”, y la intensidad de lo que sucedió puede volver a dominarlos de repente como le pasó a Tavis.

“El trauma nos lleva al pasado”, dijo , terapeuta que publicó un modelo de basado en su trabajo con testigos de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York.

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Jacob Gooch Sr. no ha vuelto a trabajar desde que recibió un disparo en el pie durante la celebración del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el año pasado. Esperaba volver en julio, pero la fractura no sanó correctamente, por lo que tuvo que someterse a una cirugía en agosto. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Las imágenes, los olores, los sonidos, los sabores y el tacto pueden desencadenar flashbacks que apagan el cerebro como un disyuntor sobrecargado. Es una respuesta de supervivencia, el cerebro es un amigo, dijo Behrman.

La clave para la recuperación es ayudar a los sobrevivientes a encontrar formas saludables de manejar esos desencadenantes, cuando estén listos.

Los sobrevivientes se “descongelan” a su propio ritmo. Recuperar el control después de un evento potencialmente mortal es un proceso que puede llevar semanas, meses o años.

Puede ser fácil sentirse olvidado cuando la vida continúa alrededor. Mientras los fanáticos se juntaban en torno a los Chiefs esta temporada, a los sobrevivientes les resultó difícil ver los juegos. Los Chiefs perdieron ante los Philadelphia Eagles en el Super Bowl del domingo 9 de febrero. Philadelphia celebra su propio desfile el viernes 14, exactamente un año después del tiroteo.

“Es una lástima porque todos los demás siguieron adelante”, dijo Jason Barton.

Barton le practicó resucitación a un hombre que ahora cree que era uno de los presuntos tiradores, su esposa encontró un proyectil de bala en su mochila y su hijastra se quemó con las chispas de una bala que rebotó.

“Si hubiéramos estado al otro lado de ese lugar”, dijo. “No nos habría afectado”.

Viaje de regreso a Union Station

Tavis no es la única sobreviviente que se encontró sin querer en Union Station un año después del tiroteo.

Los niños hicieron excursiones a Science City, ubicado dentro de la estación. Las visitas médicas de seguimiento se realizaban a menudo en vecino Hospital Hill. Una cena de octubre organizada para sobrevivientes por un grupo religioso local estaba a menos de una milla de distancia: una joven sobreviviente rechazó la invitación.

Tavis había planeado regresar a Union Station como parte de su proceso de curación. Pensó que iría cuando se cumpliera un año para tener un momento a solas y sentir las emociones que la invadieran.

A blonde-haired woman wearing glasses stands in the pews at a church service
Tavis asiste a la Westside Family Church en Leavenworth, Kansas, el 2 de febrero. La iglesia ha sido una fuente de compañía y apoyo desde que recibió un disparo en la celebración del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el año pasado. Incluso la derivaron al terapeuta interno de una iglesia hermana en Lenexa, Kansas. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
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Tavis muestra una aplicación que utiliza para hacer un seguimiento de su estado de ánimo y sus sentimientos mientras lidia con el trauma de haber sido herida durante el tiroteo en la celebración del Super Bowl del año pasado en Union Station. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
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Tavis muestra sus uñas con motivos de los Kansas City Chiefs en febrero. El amarillo de ambos dedos anulares estaba descascarado, por lo que se las rehizo antes del Super Bowl de este año. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Tal vez Dios le estaba mostrando que estaba lista al colocarla allí inesperadamente, le dijo su terapeuta. Tal vez. Pero ella no se sentía lista en ese momento. Quiso ver a un terapeuta justo después del tiroteo. Pero no buscó uno hasta julio, después que la United Way local distribuyera la asistencia financiera a los sobrevivientes y aliviara la tensión económica de meses de trabajo perdido y facturas médicas.

Tavis y su pareja en ese momento habían sacado una tarjeta de crédito adicional para cubrir los gastos mientras esperaban la ayuda prometida.

Después de dos meses de visitas, su terapeuta comenzó a preparar a Tavis para la desensibilización y reprocesamiento del movimiento ocular, una técnica para ayudar a los sobrevivientes de traumas. Ahora, sesión por medio, revisa una hoja de recuerdos del desfile, visualizándolos y reprocesándolos uno por uno.

Está nerviosa porque se acerca el año de aniversario. Es el día de San Valentín y le preocupa que sea deprimente.

Decidió invitar a Gooch, su ex pareja, a que la acompañara a Union Station ese día. Con todo lo que han pasado, él entiende. Estaban en el desfile junto con su hijo y los dos hijos mayores de Jacob. Gooch Sr. y su hijo mayor, Jacob Gooch Jr., recibieron disparos.

El trauma cambia quiénes somos

Gooch Sr. no ha trabajado desde el desfile. Su trabajo requería estar de pie durante turnos de 10 horas cuatro días a la semana, pero no pudo caminar durante meses después de que una bala le destrozara un hueso del pie y se le volviera a fusionar lentamente.

Esperaba volver a trabajar en julio, pero su pie no sanó correctamente y tuvo que operarse en agosto, a lo que siguieron semanas de recuperación.

La cobertura por discapacidad se agotó, al igual que su seguro médico a través del trabajo. Su empleador mantuvo su trabajo durante un tiempo antes de despedirlo en agosto. Ha buscado otros empleos en Leavenworth y sus alrededores: producción, agencias de personal, reparación de automóviles. No ha conseguido nada.

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“Esa era la cara de ‘desconsolado, no puedo jugar más al fútbol’”, bromea Gooch Sr. un año después de que le dispararan en el pie durante la celebración del Super Bowl. Antes del evento, jugaba fútbol americano semi profesional. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Todos hemos pasado por problemas, no solo yo”, dijo Gooch Sr. “Me dispararon en el pie y no he trabajado durante un año. Hay gente que ha pasado por cosas mucho peores durante el último año”.

Ahora se siente bien al caminar y puede correr distancias cortas sin dolor. Pero no sabe si alguna vez volverá a jugar al fútbol americano, un pilar de su vida desde que tiene memoria. Jugó como safety para los , un equipo semi profesional, y, antes del desfile, el jugador de 38 años estaba considerando que la de 2024 fuera su última temporada como jugador.

“Me han robado mucho más que el fútbol americano en este último año. Como si me hubieran robado toda mi vida”, dijo Gooch Sr. “Realmente odio esa parte”.

Y esas emociones son dolorosamente reales. El trauma amenaza nuestras creencias sobre nosotros mismos, dijo el terapeuta Behrman. Cada persona carga su propia historia a un evento traumático, una identidad diferente que corre el riesgo de ser destrozada. El trabajo de sanación que viene después a menudo implica dar vuelta la página, y construir algo nuevo.

Recientemente, Gooch Sr. comenzó a ir a , dirigida por el esposo de alguien con quien cantó en un coro cuando era niño. En un servicio dominical de este mes, el pastor habló sobre encontrar un camino cuando uno está perdido.

“Estoy buscando el camino. Estoy en el campo ahora mismo”, dijo Gooch Sr. en su casa más tarde esa noche.

“Obviamente estoy en un camino, pero no sé hacia dónde voy”.

Three men stand in a pew during a church service
“Gooch Sr. (centro) reza con su hijo mayor, Jacob Gooch Jr. (der.), durante un servicio en la iglesia Faith Walkers Outreach en Leavenworth, Kansas, el 2 de febrero. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Hice lo mejor que pude”

Todos los días antes de que Jason Barton se vaya a trabajar, le pregunta a su esposa, Bridget, si debería quedarse en casa con ella.

Ella ha dicho que sí lo suficiente como para que se le acabara el tiempo libre remunerado. Jason, que ha sobrevivido al cáncer y a un ataque cardíaco, tuvo que tomarse una licencia sin goce de sueldo en enero cuando un caso grave de gripe lo llevó al hospital. Eso es amor verdadero, dijo Bridget con lágrimas en los ojos, sentada con Jason y su hija de 14 años, Gabriella, en su casa en Osawatomie, Kansas.

Bridget se ha conectado con la madre de otra niña herida en el tiroteo. Han intercambiado mensajes de texto y de voz durante todo el año. Bridget dijo que es bueno tener a alguien con quien hablar que entienda. Tienen la esperanza de reunir a las niñas para que también construyan una conexión.

Con excepción de ir a terapia una vez por semana, Bridget ya no sale mucho de casa. Puede sentirse como una prisión, dijo, pero tiene demasiado miedo de salir. “Es mi propio infierno interno”, dijo. No deja de pensar en esa bala que se alojó en su mochila. ¿Qué hubiera pasado si hubiera estado parada de otra manera? ¿Qué hubiera pasado si se hubieran ido 10 segundos antes? ¿Las cosas serían diferentes?

Una nota adhesiva en su cocina le recuerda: “Estoy a salvo. Gabriella está a salvo. Hice lo mejor que pude”.

Siente mucha culpa. Por Jason quedándose en casa. Por no salir de casa, ni siquiera para ver a sus nietos. Por querer que la familia fuera al desfile en primer lugar. Al mismo tiempo, sabe que de alguna manera prosperó en el caos después del tiroteo, haciéndose cargo de su hija, hablando con la policía. Todo es confuso.

La familia ha sobrellevado el trauma de manera diferente.

En los seis meses posteriores al desfile, Jason vio reality shows que lo mantenían distraído: 23 temporadas de “Deadliest Catch” y 21 temporadas de “Gold Rush”, incluidos los spin-offs, según calculó.

Últimamente ha mantenido su mente ocupada con un nuevo pasatiempo: construir modelos de autos y aviones. Acaba de terminar un Shelby Mustang negro de 1968, y lo próximo es un avión F4U-4 Corsair que Bridget le regaló.

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Una nota adhesiva cuelga en la cocina de Bridget Barton para recordarle todos los días que su familia está a salvo después de haber vivido el tiroteo masivo en la celebración del Super Bowl de los Kansas City Chiefs del año pasado. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)
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Bridget Barton mira por la ventana en Osawatomie, Kansas, el 1 de febrero. No ha salido mucho de casa en el año que ha pasado desde que su familia sufrió el tiroteo. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Gabriella pudo regresar a Union Station para una excursión escolar a Science City, pero se sobresaltó cuando vio a un grupo de policías dentro de la estación. Su madre veía en dónde estaba por el celular, y le envió mensajes de texto durante todo el día.

Después del desfile, Gabriella comenzó a practicar boxeo, luego se pasó a la lucha libre. Le había ido bien, incluso se sentía empoderada. Pero dejó de ir, y Bridget cree que se debe en parte a la emoción del aniversario: el primero siempre es el más difícil, dijo su terapeuta. Gabriella insistió en que la lucha libre la estaba agotando.

Como no les dispararon, la familia no se benefició de los recursos disponibles para otros sobrevivientes. Entienden que otras familias se están recuperando de heridas de bala o incluso están de luto por una muerte.

Aun así, sería bueno que se reconociera de alguna manera su trauma emocional. Sus nombres han estado en las noticias. Uno pensaría que los Chiefs al menos habrían enviado una carta.

Jason dijo: “Lamentamos que esto te haya pasado”.

Jason le propuso matrimonio a Bridget en un partido de los Chiefs. Ahora, ver los partidos por televisión desencadena recuerdos.

“Quiero volver a ser parte del Reino de los Chiefs”, dijo Bridget, “pero no puedo. Y ese es un sentimiento enorme y muy solitario”.

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Bridget Barton y su hija Gabriella Magers-Darger en su sala en Osawatomie, Kansas, el 1 de febrero. Barton encontró un proyectil en su mochila después del tiroteo y las piernas de Gabriella sufrieron quemaduras por las chispas de una bala que rebotó. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Hay una palabra llamada ‘resiliencia’”

Una noche del pasado octubre, los sobrevivientes se reunieron con sus familias en un restaurante mexicano en el centro de Kansas City.

Algunos vinieron vestidos con sus mejores galas, otros con camisetas rojas de fútbol americano. De todas las edades, desde niños pequeños hasta personas de 70 y tantos años, algunos de Missouri, algunos de Kansas. Algunos hablaban solo español, algunos solo inglés. La mayoría de las dos docenas de personas nunca se habían visto antes. Pero mientras hablaban, descubrieron que el tiroteo que los une también les dio un lenguaje común.

Dos niños pequeños se dieron cuenta de que habían lanzado una pelota de fútbol durante el jubileo antes de que estallara la violencia. Una mujer de unos 70 años llamada Sarai Holguín recordó haberlos visto jugar en ese cálido día de febrero. Después de una bendición y una cena, Holguín, que recibió un disparo en la rodilla y ha sido sometida a cuatro cirugías, se puso de pie para dirigirse a la sala.

“Fui la primera víctima que llevaron a la carpa médica”, dijo en español, sus palabras traducidas por un familiar de otro sobreviviente. Ella vio todo, explicó, mientras, uno por uno, más sobrevivientes eran trasladados a la carpa para recibir tratamiento, incluida Lisa López-Galván, una madre de 43 años que fue asesinada ese día.

Sin embargo, en esa tragedia, Holguín vio la belleza de la gente que se ayuda entre sí.

“Esto nos mostró que la humanidad todavía está viva, que el amor todavía está vivo. Hay una palabra que se llama ‘resiliencia’”, dijo Holguín. Mientras el traductor se esforzaba por entender la última palabra, la gente del público la captó y la gritó: “Resiliencia”.

“Esta palabra nos ayuda a superar los problemas que enfrentamos”, dijo Holguín. “Para tratar de dejar atrás el momento trágico que todos vivimos y seguir adelante, debemos recordar los momentos hermosos”.

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Sarai Holguin en su cocina de Kansas City, Kansas. Holguin recibió un disparo en la rodilla izquierda durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el 14 de febrero de 2024 y ha sido sometida a cuatro cirugías. A pesar de la tragedia, Holguin dice que ve la belleza de que la gente se ayude entre sí. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)
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Víctimas del tiroteo del desfile del Super Bowl reconstruyen sus vidas, pero la violencia con armas de fuego sigue atormentándolas /es/mental-health/victimas-del-tiroteo-del-desfile-del-super-bowl-reconstruyen-sus-vidas-pero-la-violencia-con-armas-de-fuego-sigue-atormentandolas/ Thu, 17 Oct 2024 09:00:00 +0000 /?post_type=article&p=1932416 KANSAS CITY, Mo. – Veinticuatro minutos antes del tiroteo masivo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, en febrero, que dejó un muerto y al menos 24 heridos, Jenipher Cabrera sintió cómo una bala le perforaba la parte posterior del muslo derecho.

La joven de 20 años y su familia estaban a solo cuatro cuadras de Union Station, en medio de una multitud de fanáticos de los Chiefs que, con camisetas rojas, caminaban hacia la multitudinaria concentración después del desfile en ese cálido Día de San Valentín.

La bala, disparada por unos adolescentes que se peleaban en la calle, lanzó el cuerpo de Cabrera hacia adelante.

Ella tomó a su madre por el hombro y, en pánico, sin decirle una sola palabra, con sus grandes ojos marrones le señaló la pierna que sangraba. Cuando Cabrera estaba siendo atendida en una ambulancia escuchó los informes que resonaban en la radio de la policía.

“Mi madre intentaba subir conmigo a la ambulancia”, contó Cabrera. “Recuerdo que se lo impidieron, le dijeron algo así como: ‘No puedes subir. Puede que haya otras víctimas que tengamos que recoger’”.

El tiroteo que hirió a Cabrera ocurrió minutos antes del que acaparó los grandes titulares ese día y forma parte de los cientos de disparos de armas de fuego que, cada año, hieren o matan a residentes del área de Kansas City.

Esa incesante oleada de violencia con armas de fuego —desde incidentes puntuales hasta tiroteos masivos— ha terminado aniquilando la sensación de seguridad de quienes sobreviven.

Mientras las víctimas y sus familias intentan superar la experiencia y seguir adelante, las referencias a los hechos de violencia armada son inevitables en los medios de comunicación, en sus comunidades y en su propia vida cotidiana.

“Miro a la gente de otra manera”, afirma James Lemons, que también recibió un disparo en el muslo durante el desfile. Ahora, cuando está rodeado de desconocidos, no puede evitar preguntarse si alguno tendrá un arma y si sus hijos están a salvo.

La nueva temporada de la NFL se inauguró aquí con un por Lisa López-Galván, la única persona asesinada en el desfile del Super Bowl.

Kansas City ha registrado al menos este año. La policía local afirma que ha habido otras 476 “víctimas heridas con armas de fuego”, es decir, personas que recibieron disparos y sobrevivieron. Y hasta mediados de septiembre habían ocurrido por lo menos de todo el país.

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Desde que le dispararon en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero, James Lemons (izq.) se ha enfocado en proteger a su familia: su hijo Jaxson, su hija Kensley y su esposa Brandie. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Toda esta situación está dejando huellas colectivas.

Quienes han sobrevivido a situaciones de este tipo sufren ataques de pánico, tienen una mayor sensación de peligro en grandes aglomeraciones y padecen una profunda ansiedad ante la posibilidad de que irrumpa la violencia en cualquier lugar de Kansas City.

Cada sobreviviente de un tiroteo responde de manera diferente a la violencia armada e incluso a la amenaza de que surja, explicó LJ Punch, cirujano traumatólogo y el fundador de la Bullet Related Injury Clinic en St. Louis.

Para algunos, haber sido baleados significa que siempre se mantendrán alerta, tal vez incluso armados. Otros prefieren alejarse de las armas de fuego para siempre.

“¿Pero qué es lo que todos tienen en común? Que esas personas quieren desesperadamente sentirse seguras”, afirma Punch.

El intento de Cabrera por entender lo que le sucedió la impulsó a colaborar con un legislador local frustrado que busca cambiar las leyes sobre armas, algo que parece casi imposible, ya que la legislación del estado de Missouri de fuego.

Enterarse de otros tiroteos por teléfono

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Jenipher Cabrera muestra la herida de bala que recibió de camino al desfile de los Kansas City Chiefs por el Super Bowl. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

En la mente de Cabrera,el 14 de febrero es una película en cámara lenta, que avanza fotograma por fotograma. Y la banda sonora es su propia voz, que habla y habla. Ve a un grupo de adolescentes revoltosos, que corren alrededor de ella y de su familia. Luego, dos estallidos: ¿son fuegos artificiales? Otro estallido. Finalmente, un cuarto.

“Creo que fue entonces cuando entré en shock y agarré a mi madre”, recordó Cabrera. “No le dije nada. Simplemente la miré y sentí  los ojos muy abiertos. Recuerdo que le hice una especie de señal con los ojos para que me mirara la pierna”.

Cabrera cayó al suelo y otros aficionados corrieron a socorrerla, llamaron al 911 y empezaron a cortarle las calzas. Cuatro hombres se quitaron el cinturón para hacerle un torniquete. Recordó que en ese momento pensó que, si perdía el conocimiento, podría morir. Así que habló y habló sin parar. O eso creía.

Uno de los rescatistas le contó más tarde que en realidad ella no dijo ni una sola palabra, ni siquiera cuando él le preguntó cuántos dedos tenía levantados.

“Me dijo que yo tenía los ojos enormes, como naranjas, y que todo lo que hice fue mirar hacia arriba y hacia abajo cuatro veces, porque él tenía cuatro dedos levantados”, dijo Cabrera.

Cabrera recuerda que después la sacaron del servicio de urgencias de University Health para hacerles sitio a que habían llegado desde el tiroteo que había ocurrido en la manifestación. Ocho de esas personas tenían heridas de bala. En ese momento miró las redes sociales en su teléfono: ¿había otro tiroteo? Era increíble. Finalmente, sus padres la encontraron. Pasó siete días en el hospital.

Cabrera agradece estar viva. Pero ahora se siente inquieta cuando se cruza con grupos de adolescentes insultando y jugando, o cuando ve camisetas rojas de los Chiefs. Oír cuatro estallidos seguidos —algo habitual en su barrio del noreste de Kansas City— hace que a Cabrera se le oprima el pecho y sepa que está por tener un ataque de pánico.

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Cuando Jenipher Cabrera (izq.) estaba siendo atendida en una ambulancia tras recibir un disparo de camino al desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, su madre, Josefina, intentó estar con ella. Pero los paramédicos le dijeron que necesitaban el espacio por si había más víctimas. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“En mi mente, lo sucedido se repite una y otra vez”, dijo.

¿Una creciente sensación de amenaza?

Aunque el cirujano general de EE.UU. declaró en junio que la violencia con armas de fuego es una crisis de salud pública, en Missouri casi cualquier intento de regular el uso de armas es un fracaso político.

De hecho, hubo una ley estatal de 2021  â€”firmada en donde se compró una de las armas utilizadas en el tiroteo del desfile— que tenía como objetivo prohibir que la policía local aplicara las leyes federales sobre armas de fuego.

Esa ley por un tribunal federal de apelaciones en agosto.

Missouri no tiene restricciones respecto de la edad para el uso y la posesión de armas, aunque la ley federal prohíbe en gran medida que los menores lleven pistolas.

Las encuestas realizadas entre los votantes de Missouri a que se exijan certificados de antecedentes y se establezcan límites de edad para la compra de armas, pero también revelan que casi la mitad de los encuestados de que los condados y las ciudades tengan facultades para aprobar sus propias normas sobre armas.

En una comparación por cantidad de habitantes, Kansas City, Missouri, se encuentra entre los lugares más violentos de la nación. En esta ciudad de 510.000 habitantes, entre 2014 y 2023 se produjeron al menos , que dejaron 1.275 muertos y 1.624 heridos.

A man, a woman, and a young girl pose for a photo as they stand on the porch in front of a house
Jason Barton was worried about a mass shooting before he drove his family to the Kansas City Chiefs Super Bowl parade in February. The shooting, which left one person dead and at least 24 more injured, happened right in front of them. His wife, Bridget Barton, found a bullet in her backpack, and his stepdaughter, Gabriella Magers-Darger, was burned by sparks from a bullet ricochet. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Mientras que el año pasado las en más de un centenar de ciudades de todo el país, Kansas City vivió jamás registrado.

Punch, del Bullet Related Injury Clinic, comparó la violencia con armas de fuego con un brote de una enfermedad que no se enfrenta y se propaga. Según Punch, la postura permisiva del estado hacia las armas de fuego podría agravar la situación en Kansas City, aunque no haya sido el origen del problema.

“Entonces, ¿está pasando algo? ¿La gente se siente cada vez más amenazada?”, se preguntó Punch.

Jason Barton, que creció en Kansas City, está familiarizado con ese tipo de violencia. Ahora, que vive en Osawatomie, Kansas, consideró detenidamente si debía llevar su propia pistola al desfile del Super Bowl como una forma de proteger a su familia.

Al final decidió no hacerlo, suponiendo que si ocurría algo y sacaba un arma, lo detendrían o le dispararían.

Barton reaccionó rápidamente ante el tiroteo, que se produjo justo delante de él y de su familia. Su mujer encontró una bala en su mochila. Su hijastra sufrió quemaduras en las piernas por las chispas de un rebote de bala.

A pesar de que sus peores temores se hicieron realidad, Barton opina que no llevar su arma ese día fue la decisión correcta.

“No es necesario llevar armas a lugares como ése”, afirmó.

Una peligrosa escopeta calibre 12

Los tiroteos masivos pueden deteriorar gravemente la sensación de seguridad de los sobrevivientes, según Heather Martin, ella misma sobreviviente del tiroteo en la secundaria Columbine en 1999.

Martin es cofundadora de , una organización que brinda apoyo entre pares a quienes han sobrevivido a experiencias traumáticas masivas.

“En los años posteriores al evento es muy común que se intente encontrar la manera de volver a sentirse seguro”, explicó Martin.

James Lemons siempre había sentido recelo de volver a Kansas City, donde había crecido. Incluso llevó su pistola al desfile, pero, a instancias de su esposa, la dejó en el auto. Tenía a su hija de 5 años sobre los hombros cuando una bala le atravesó la parte posterior del muslo. Él impidió que se golpeara contra el suelo cuando caía.

¿Qué iba a hacer realmente con una pistola?

A man wearing glasses and a Kansas City Chiefs football jersey poses for a photo while standing next to a fence
James Lemons dice que recibir un disparo en el muslo en el desfile de los Kansas City Chiefs ha cambiado su forma de ver a los extraños. No puede evitar preguntarse si tienen un arma o si sus hijos estarán seguros cerca de ellos. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Y, sin embargo, no puede evitar preguntarse “qué hubiera pasado si…”. No puede quitarse de encima la sensación de que no protegió a su familia. Cuando sueña con el desfile, al despertarse, cuenta: “simplemente empiezo a llorar”.

Sabe que aún no lo ha procesado, pero no sabe cómo empezar a hacerlo. Ha puesto toda su energía en la seguridad de su familia.

Este verano compraron dos bulldogs americanos, por lo que ahora hay tres en casa, uno para cada niño. Lemons los describe como “tener un arma sin tener un arma”.

“Tengo un calibre 12 con dientes”, bromea Lemons, “un protector grande y suave”.

La mayoría de las noches sólo logra dormir unas horas de corrido porque se despierta para ver cómo están los niños. Por lo general, suele echarse en el sofá porque es más cómodo para su pierna, que aún se está curando. También porque lo ayuda a evitar las nerviosas patadas de su hija de 5 años, que se acuesta con sus padres desde el desfile.

Estar en el sofá también le asegura que sería él quien interceptara a cualquier intruso que irrumpiera en la casa.

Emily Tavis, que recibió un disparo en la pierna, encontró consuelo en su iglesia y en el terapeuta de una congregación hermana.

Pero el domingo por la mañana después del tiroteo en el mitín de Donald Trump, en julio, el sermón del predicador giró en torno a la violencia armada, y eso desató el pánico en su interior.

“Me sentí tan abrumada que me fui al baño”, dijo Tavis, “y me quedé allí durante el resto del sermón”. Ahora, incluso duda de  ir a la iglesia.

Tavis se ha mudado recientemente a una nueva casa en Leavenworth, Kansas, que le alquiló a una amiga.

El marido de la amiga le advirtió que si Tavis iba a estar sola necesitaba un arma para protegerse. Ella le contestó que no podía lidiar con armas de fuego en ese momento.

“Y él le dijo: ‘OK, bueno, toma esto’. Y sacó un machete gigante”, recuerda Tavis riendo.

“Así que ahora tengo un machete”.

En busca de algo bueno

Cabrera, la joven que no podía hablar después de que la hirieron, intenta ahora utilizar su voz en la lucha contra la violencia armada.

Manny Abarca, legislador del condado de Jackson, Missouri, vive calle abajo. Una tarde fue a visitarla. Los padres de Cabrera tomaron la palabra; ella es tímida por naturaleza. Pero entonces él se volvió hacia ella y le preguntó directamente a Cabrera qué quería.

“Sólo quiero algo de justicia para mi caso”, dijo, “o que pase algo bueno”.

Antes del desfile, a la joven le habían ofrecido un puesto en la fábrica donde trabajaba su hermana, pero no pudo tomarlo porque su pierna aún estaba curándose. Así que Abarca le ofreció una pasantía y la ayudó a establecer una Oficina de Prevención de la Violencia Armada en el condado de Jackson, un plan que presentó en julio en respuesta a los tiroteos del desfile.

Abarca participó en el desfile de la victoria de los Chiefs con su hija Camila, de 5 años. Estaban en Union Station cuando se produjeron los disparos, y se acurrucaron en un baño de la planta baja.

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Emily Tavis había encontrado consuelo en su iglesia tras recibir un disparo en la pierna durante el desfile de los Kansas City Chiefs. Pero en julio un sermón se refirió a la violencia con armas de fuego y eso desató el pánico en su interior. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“Solo dije: ‘Oye, ya sabes, solo mantén la calma. Solo estate quieta. Vamos a averiguar qué está pasando. Algo ha sucedido,’”, contó Abarca. “Y ella me contestó: ‘Esto es un simulacro.’ Y, oye, eso me desgarró el corazón por dentro, porque pensé que hacía alusión a su entrenamiento en la escuela”.

Finalmente salieron temblando pero a salvo, sólo para enterarse de que López-Galván había muerto. Abarca conocía a la popular DJ tejana, una madre de 43 años, a través de la unida comunidad hispana de la zona.

Abarca ha aprovechado la conmoción de este tiempo tenso tras los tiroteos del desfile del Super Bowl para trabajar en medidas contra la violencia, a pesar de que conoce las severas limitaciones que impone la ley estatal.

En junio, la asamblea legislativa del condado de Jackson aprobó una norma que da fuerza local a una ley federal contra la violencia doméstica que permite a los jueces retirar las armas de fuego a los delincuentes.

Pero Abarca no ha podido conseguir que se apruebe la creación de una oficina para la violencia armada, y los funcionarios del condado han rechazado considerar otra medida que establecería límites de edad para comprar o poseer armas, temiendo una demanda del fiscal general del estado, que es bastante agresivo.

Sin embargo, contrató a Cabrera, explicó, porque es bilingüe y quiere su ayuda como sobreviviente.

En cierto sentido, este trabajo hace que Cabrera se sienta más fuerte en su lucha por salir adelante tras el tiroteo. Aún así, la percepción de seguridad de su familia se ha hecho añicos, y nadie tiene pensado ir a los partidos o a un potencial desfile por ganar el Super Bowl en el futuro.

“Nunca esperamos que fuera a ocurrir algo así”, afirma. “Y por eso creo que ahora vamos a ser más precavidos y quizá nos limitemos a ver el desfile por la tele”.

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Polémica estrategia contra la violencia con armas de fuego pone a policías armados en las escuelas /es/noticias-en-espanol/polemica-estrategia-contra-la-violencia-con-armas-de-fuego-pone-a-policias-armados-en-las-escuelas/ Fri, 13 Sep 2024 12:44:00 +0000 /?post_type=article&p=1916422 PITTSBURGH, Pennsylvania. — En marzo de 2023, la falsa alarma de que un hombre armado andaba recorriendo escuelas secundarias católicas desencadenó una fuerte respuesta policial y evacuaciones aterradoras en la ciudad. También impulsó a la diócesis a repensar lo que constituye un entorno de aprendizaje modelo.

Meses después de que cientos de estudiantes se toparan con fuerzas policiales especiales de SWAT, la diócesis de Pittsburgh comenzó a formar su propia fuerza policial armada.

Wendell Hissrich, el ex director de seguridad de la ciudad que tuvo una larga carrera como jefe de unidad del FBI, fue contratado ese año para formar un equipo que protegería a 39 escuelas católicas y docenas de iglesias en la zona.

Desde entonces, Hissrich ha agregado 15 oficiales y cuatro supervisores, incluyendo muchos ex policías retirados y patrulleros estatales que ahora vigilan los recintos escolares, equipados con kits de primeros auxilios, cámaras y desfibriladores. 

La primera vez que los líderes religiosos pidieron ayuda por las alertas de emergencia falsas, conocidas como “swatting”, el agente veterano dijo que no dudó en darles un contundente consejo: “Hay que poner policías armados en las escuelas”.

Pero agregó que estos policías tenían que tratar a las escuelas como misiones especiales. “Quiero que sean ejemplos a seguir y que se integren bien en las escuelas. Busco a personas que sepan cómo tratar con los niños y con los padres y, sobre todo, que sepan cómo abordar una situación de crisis”.

La violencia por armas de fuego es una de las principales causas de muerte entre las personas jóvenes en Estados Unidos. Para los sistemas escolares, la amenaza de los tiroteos ha influido en una difícil toma de decisiones, ya que los administradores deben tener en cuenta el miedo, el deber y las estadísticas confusas para proteger a las escuelas de este peligro.

Estos riesgos volvieron a quedar trágicamente comprobados en la primera semana de septiembre, esta vez en Georgia, donde un adolescente fue acusado de abrir fuego en su escuela secundaria y matar a dos estudiantes y a dos maestros.

Aun así, hay pocas investigaciones que respalden la formación de fuerzas policiales escolares para impedir la violencia por armas de fuego, y los datos existentes dejan tantas preguntas como respuestas.

Estos datos muestran que en Estados Unidos son suicidios, una sombría estadística de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) que refleja una variedad de males.

La violencia con armas de fuego , y los estudios encontraron que los niños negros tenían que los niños blancos de ser agredidos con armas.

Las investigaciones sobre el sesgo racial de la policía en Estados Unidos, así como estudios sobre la , han generado un llamado a la prudencia. Y una revisión citada con frecuencia por el Servicio Secreto de Estados Unidos sobre 67 planes frustrados de violencia en escuelas apoya razones para examinar la responsabilidad de los padres y la intervención policial como formas efectivas de impedir la violencia armada.

La evaluación de amenazas del Servicio Secreto, publicada en 2021, analizó planes de ataques en escuelas de 2006 a 2018 y descubrió que los estudiantes detrás de estos actos violentos tenían armas a mano en sus casas.

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Wendell Hissrich, ex jefe de unidad del FBI, fue contratado por la Diócesis Católica de Pittsburgh en 2023 para ayudar a prevenir la violencia con armas de fuego en las escuelas. Desde entonces, ha contratado a muchos oficiales retirados y policías estatales, que supervisan los campus escolares equipados con kits de primeros auxilios, cámaras y desfibriladores. (Christine Spolar for ºÚÁϳԹÏÍø News)

El informe también descubrió que los distritos escolares que contrataban a agentes policiales como oficiales escolaresa tiempo completo o parcial tenían cierta ventaja. Estos oficiales resultaron fundamentales en aproximadamente un tercio de los 67 planes frustrados de estudiantes actuales o egresados.

“La mayoría de las escuelas no se enfrentarán a un tiroteo masivo. Aunque hay cada vez más, lo cual es horrible, sigue siendo un número pequeño”, dijo Mo Canady, director ejecutivo de la National Association of School Resource Officers. “Sin embargo, los administradores no pueden verlo de esa manera”.

“Tienen que pensar: ‘Podría suceder aquí, ¿cómo podemos evitarlo?’”

A unos 20 minutos en auto hacia el norte de Pittsburgh, uno de los principales distritos escolares de la región decidió que el riesgo era demasiado. El año pasado, Brendan Hyland, superintendente de North Allegheny, recomendó renovar el equipo de oficiales escolares de dos personas del distrito (integrado desde 2018 por agentes de la policía local) para formar un equipo interno de 13 personas con oficiales en cada uno de sus 12 edificios.

Varios miembros de la junta del distrito escolar expresaron su inquietud por la presencia de policías armados en las escuelas. “Desearía que en nuestro país no tuviéramos siquiera que considerar tener un equipo policial armado”, dijo Leslie Britton Dozier, miembro de la junta, abogada y madre, durante una reunión pública de planificación.

En cuestión de semanas, todos habían votado a favor de la propuesta de Hyland, cuyo costo es de aproximadamente $1 millón al año.

Hyland dijo que el objetivo es apoyar a 1,200 miembros del personal escolar y 8,500 estudiantes “con las personas preparadas para ingresar a esos edificios”. En 2018, supervisó el lanzamiento de una unidad policial en un distrito escolar más pequeño, al este de Pittsburgh.

Agregó que el distrito de North Allegheny no había basado su decisión en ninguna noticia o amenaza en específico, pero que se habían enfocado en cómo establecer un estándar de vigilancia. North Allegheny no cuenta con detectores de metales ni desea tenerlos, aunque algunos otros distritos los consideran necesarios. Pero una unidad policial capacitada dispuesta a memorizar cada entrada, escalera y cafetería, y que pueda generar confianza con los estudiantes y el personal, tenía sentido, dijo.

“No soy Edison. No estoy inventando nada nuevo”, dijo Hyland. “No queremos ser el distrito que tenga que responder de forma reactiva. No quiero que me pregunten: ¿Por qué permitiste que esto sucediera?”

Desde 2020, el papel de la policía en los entornos educativos ha sido objeto de intensos debates. La muerte de George Floyd, un hombre negro de Minneapolis cuyo asesinato por parte de un policía blanco durante un arresto fue grabada en video, provocó indignación nacional y manifestaciones contra la violencia policial y los prejuicios raciales.

Algunos distritos escolares, en particular en grandes ciudades como Los Angeles y Washington, DC, respondieron a estas preocupaciones reduciendo o sacando a sus oficiales escolares. Algunas de estas decisiones fueron impulsadas por registros de trato injusto o sesgado.

Sin embargo, este año se han replanteado los riesgos en los espacios escolares y sus alrededores. en California, Colorado y Virginia los padres están .

Los funcionarios escolares y policiales suelen citar el tiroteo masivo e intento de bomba en la escuela secundaria Columbine, en 1999, y la masacre de 2012 en la escuela primaria Sandy Hook como razones para prepararse para lo peor.

Pero el valor de la presencia policial en las escuelas también fue objeto de escrutinio después de una dura evaluación federal del tiroteo masivo en la escuela primaria Robb en Uvalde, Texas, en 2022.  

Este año, el Departamento de Justicia federal publicó un informe de 600 páginas exponiendo múltiples errores del jefe de policía escolar, incluyendo cómo intentó negociar con el asesino, que ya había disparado en un aula, y esperó a que sus oficiales encontraran las llaves para entrar. Además del adolescente que disparó, murieron 19 niños y dos maestras, y 17 personas sufrieron heridas.

El informe del Departamento de Justicia se basó en cientos de entrevistas y en una revisión de 14,000 datos y documentación. Este verano, un gran jurado imputó al ex jefe por su papel en “abandonar y poner en peligro” a los sobrevivientes y por no haber identificado una situación de tirador activo. Otro oficial de la policía escolar fue imputado por haber puesto a los estudiantes asesinados en “peligro inminente” de muerte.

También ha habido más esfuerzos judiciales para hacer cumplir las leyes de almacenamiento de armas de fuego y responsabilizar a los adultos que poseen las armas utilizadas por sus hijos en tiroteos. Por primera vez, este año, los que le disparó fatalmente a cuatro compañeros en 2021 fueron condenados por homicidio involuntario por no asegurar un arma recién comprada en su casa.

Colin Gray, el padre del adolescente sospechoso del tiroteo en la escuela secundaria Apalachee, en Georgia, fue acusado de homicidio en segundo grado hace pocos días. Es el cargo más severo hasta ahora contra un padre cuyo hijo tenía acceso a armas de fuego en su casa. El niño de 14 años, Colt Gray, quien fue detenido por agentes escolares en la escuela según informaron los medios, también enfrenta cargos de homicidio.

Hissrich, el director de seguridad de la diócesis de Pittsburgh, dijo que él y su ciudad aprendieron por su propia experiencia a apreciar la preparación y práctica que se necesitan para contener la violencia armada. En enero de 2018, Hissrich, que en ese momento era el oficial de seguridad de la ciudad, se reunió con grupos judíos para discutir un abordaje proactivo para proteger sus instalaciones. Los oficiales cooperaron y fueron capacitados en estrategias de encierro (“lockdown”) y rescate, dijo.

Diez meses después, el 27 de octubre de 2018, un tirador solitario entró en la sinagoga Tree of Life y, en cuestión de minutos, mató a 11 personas mientras se preparaban para la lectura y el rezo matutino.

Las fuerzas policiales se desplegaron rápidamente, capturaron al tirador y rescataron a las personas atrapadas dentro de la sinagoga. Esta respuesta coordinada fue elogiada por los testigos en el juicio contra el asesino, quien fue condenado por delitos federales en 2023 y sentenciado a muerte por el peor ataque antisemita en la historia de Estados Unidos.

“Sabía lo que se había hecho por la comunidad judía en cuanto a entrenamiento de seguridad y la preparación de los oficiales. Habían estado practicando meses antes”, dijo Hissrich, “y gracias a esa planificación, se salvaron vidas”.

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Niños que sobrevivieron al tiroteo del Super Bowl tienen miedo, ataques de pánico y trastornos del sueño /es/mental-health/ninos-que-sobrevivieron-al-tiroteo-del-super-bowl-tienen-miedo-ataques-de-panico-y-trastornos-del-sueno/ Wed, 14 Aug 2024 08:55:00 +0000 /?post_type=article&p=1899169 A seis meses de que las chispas de una bala quemaran las piernas de Gabriella Magers-Darger en el tiroteo del desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, la joven de 14 años está lista para dejar atrás el pasado.

Enfrenta los desafíos de ser una estudiante de primer año de secundaria, aunque también está emocionada de reencontrarse con sus amigos y volver a bailar y a jugar voleibol. Incluso podría unirse al equipo de lucha libre para ganarse el respeto en la escuela.

Pero el pasado sigue presente.

En una reunión del 4 de julio, un amigo de la familia llevó auriculares que amortiguan el ruido, por si los fuegos artificiales eran demasiado para ella. A principios del verano, Gabriella tuvo dificultades para ver la colección de armas de un pariente, especialmente las pistolas. Y comenzó a hiperventilar cuando vio la herida en el dedo de un amigo de la familia que se había cortado accidentalmente: la vista de la sangre le recordó a Lisa Lopez-Galván, quien murió por una herida de bala afuera de Union Station, la única fatalidad ese día.

Su madre, Bridget Barton, dijo que Gabriella ha tenido una actitud más dura desde el desfile. “Ha perdido algo de suavidad, algo de dulzura”, observó.

Los niños son particularmente vulnerables al estrés de la violencia con armas de fuego, y 10 de las 24 que sufrieron heridas de bala en el desfile del 14 de febrero tenían menos de 18 años. Muchos más niños como Gabriella experimentaron el trauma de primera mano. Enfrentan miedo, ira, problemas de sueño e hipersensibilidad a las multitudes y los ruidos.

Una adolescente de 15 años que recibió disparos en la mandíbula y el hombro prácticamente dejó la escuela por un tiempo, y los ataques de pánico diarios también le impidieron asistir a la escuela de verano.

Un niño de 11 años que recibió un disparo describió sentirse enojado en la escuela por razones que no podía explicar. Una niña de 5 años que estaba sobre los hombros de su padre cuando le dispararon entra en pánico cada vez que su papá se siente enfermo, temiendo que le hayan disparado de nuevo.

“No es la misma niña. Quiero decir, definitivamente no lo es”, dijo Erika Nelson, madre de Mireya, de 15 años, quien tiene cicatrices en la mandíbula y la cara. “Nunca sabes cuándo va a estallar. Nunca sabes. Podrías decir algo o alguien podría mencionar algo que le recuerde ese día”.

En 2020, las armas superaron a los accidentes automovilísticos como la principal causa de muerte de niños, pero un número mucho mayor sufren heridas de balas y sobreviven. La sugiere que los niños sufren lesiones por armas de fuego no fatales entre dos y cuatro veces más a menudo de lo que son asesinados con armas.

Científicos dicen que los efectos a largo plazo de la violencia armada en los niños se investigan poco y son mal comprendidos. Pero el daño es generalizado. Investigadores de Harvard y del Hospital General de Massachusetts encontraron que durante el primer año después de una lesión por arma de fuego, los sobrevivientes infantiles experimentaron un , del 68% en afecciones psiquiátricas y del 144% en adicciones. Los efectos en la salud mental se extienden a madres, padres y hermanos.

Para muchos afectados por el tiroteo en Kansas City, Missouri, los desencadenantes comenzaron de inmediato.

“Me enojo fácilmente”

A solo 10 días que Samuel Arellano fuera baleado en el desfile, fue a otro gran evento deportivo.

Samuel fue invitado a un partido de baloncesto masculino de la Universidad de Kansas en el Allen Fieldhouse en Lawrence. Durante un descanso del partido, con apuntando a Samuel y a sus padres, Jalen Wilson, ex estrella de KU, apareció en la pantalla y se dirigió a él directamente.

“Escuché tu historia”, dijo Wilson, que ahora juega en la NBA, desde la pantalla gigante. “Estoy muy agradecido de que estés aquí hoy, y es una bendición que podamos tenerte para brindarte el amor y apoyo que realmente mereces”.

Wilson pidió a los 16,000 fans presentes que se pusieran de pie y aplaudieran a Samuel. Mientras la multitud aplaudía y un locutor exclamaba que era un “joven valiente”, Samuel miró a sus padres, luego al suelo, sonriendo tímidamente.

A photo of Samuel Arellano with his parents.
Los padres de Samuel Arellano, Antonio y Abigail, no estuvieron en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs cuando Samuel recibió un disparo, pero lo han estado ayudando a superar los persistentes efectos emocionales del trauma. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
A photo of a healed bullet wound on Samuel Arellano's side.
La herida de bala de Arellano se curó rápidamente después que le dispararan durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. Pero el trauma persiste. Dice que se enoja con frecuencia. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Pero minutos después, cuando el partido se reanudó, Samuel comenzó a llorar y tuvo que salir del auditorio con su madre, Abigail.

“Cuando se puso bastante ruidoso, fue cuando comenzó a desmoronarse de nuevo”, dijo su padre, Antonio. “Así que ella tuvo que salir con él por un momento. Así que cualquier lugar ruidoso, si es demasiado fuerte, lo afecta”.

Samuel, que cumplió 11 años en marzo, fue baleado a la altura de las costillas en su lado derecho. Ahora, la cicatriz en su espalda es apenas perceptible, pero los efectos persistentes del tiroteo son evidentes. Está viendo a un terapeuta, al igual que su padre, aunque a Abigail le ha resultado difícil encontrar uno que hable español y aún no ha tenido una cita.

En las primeras semanas luego del tiroteo, Samuel tuvo problemas para dormir y a menudo se metía en la cama con su madre y su padre. Solía tener buenas notas, pero eso se volvió más difícil, dijo Abigail. Su personalidad ha cambiado, algo que a veces se ha manifestado en la escuela.

“Me enojo fácilmente”, dijo Samuel. “Nunca he sido así antes, pero si me dicen que me siente, me enojo. No sé por qué”.

Los niños traumatizados a menudo tienen dificultades para expresar emociones y pueden tener arrebatos de ira, según Michelle Johnson-Motoyama, profesora de trabajo social en la Universidad Estatal de Ohio.

“Estoy segura que para ese niño hay una sensación de tremenda injusticia por lo que sucedió”, dijo Johnson-Motoyama.

Especialmente justo después del tiroteo, Samuel tenía ataques de pánico y comenzaba a sudar, contó Antonio. Los terapeutas les dijeron que eso era normal. Pero los padres también lo mantuvieron alejado de su teléfono por un tiempo: había demasiado sobre el tiroteo en las noticias y en internet.

Abigail, que trabaja en un concesionaria de automóviles con Antonio, está ansiosa por ver a su hijo cambiar, por su sufrimiento y tristeza. También está preocupada por sus tres hijas, una de 16 años y gemelas de 13. Su padre, Victor Salas, que estaba con Samuel en el desfile, también estaba devastado después de los hechos.

“Estoy llorando y llorando y llorando por lo que pasó”, dijo Salas en español cuatro días después del desfile. “Porque fue un caos. Eso no significa que las familias no amen a su familia, pero todos huyeron para salvar sus propias vidas. Salvé la vida de mis nietos, pero ¿qué pasa con el resto de la gente? No estamos preparados”.

En el lado positivo, Samuel se sintió muy apoyado por la comunidad en Kansas City, Kansas. Muchas personas de su escuela se acercaron en los primeros días para visitarlo, amigos e incluso un ex conductor de autobús, que estaba llorando. Tiene una “habitación llena de dulces”, dijo Abigail, en su mayoría Skittles, su favorito.

En su cumpleaños, recibió una pelota de fútbol americano autografiada por Patrick Mahomes, mariscal de campo de los Kansas City Chiefs. Lo hizo llorar, algo que ocurre con bastante frecuencia, dijo su padre.

“Hay días buenos y malos, días más normales y fáciles, y luego hay días en los que la familia tiene que estar un poco más atenta y apoyarlo”, dijo Abigail en español. “Siempre ha sido extrovertido y hablador como su madre, pero eso ha cambiado desde el desfile”.

A photo of Samuel Arellano sitting in his room.
Después del tiroteo, Arellano recibió el apoyo de su comunidad de Kansas City, Kansas, incluidos amigos y un ex conductor de autobús. Tiene una habitación llena de dulces de las visitas, en su mayoría Skittles, sus favoritos. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

El 4 de julio, disparador de una semana

El 4 de julio fue particularmente angustiante para muchos de los jóvenes sobrevivientes y para sus familias. ¿Deberían comprar fuegos artificiales? ¿Querrían celebrar? ¿Por qué todos los petardos que explotan en el vecindario suenan como disparos?

Este año, Gabriella, de 14 años, necesitó la ayuda de su padrastro, Jason Barton, para encender sus fuegos artificiales, algo que normalmente hace con entusiasmo. En el desfile, como muchas personas, la familia Barton primero confundió el sonido de los disparos con fuegos artificiales.

Y Erika Nelson, madre soltera de Belton, Missouri, temía incluso mencionar la celebración a Mireya, quien siempre ha amado el Día de la Independencia. Eventualmente, Mireya dijo que no quería fuegos artificiales grandes este año y que solo quería que su madre los encendiera.

“Cualquier pequeño desencadenante, quiero decir, podría ser un ligero chasquido, y ella se tensaba”, dijo Erika Nelson.

Patty Davis, gerente de programas para el cuidado informado sobre el trauma en el hospital Children’s Mercy en Kansas City, dijo que incluso clientes suyos que estuvieron en el desfile pero no resultaron heridos todavía se estremecen ante los sonidos de sirenas u otros ruidos fuertes. Es una respuesta poderosa a la violencia armada en general, no solo al desfile.

“No es una respuesta exagerada”, dijo Davis. “De hecho, es muy natural para los jóvenes, y no tan jóvenes, que han experimentado algo similar o han presenciado violencia con armas de fuego”.

“No se trata de un trauma accidental, sino de un trauma perpetrado con fines violentos, que puede provocar un mayor nivel de ansiedad en las personas que lo viven, que se preguntan si volverá a suceder. ¿Y qué tan seguras están?”, agregó.

A photo of a girl in a hospital bed with two adults standing beside the bed.
Mireya Nelson fue una de las al menos 24 personas heridas por disparos durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el 14 de febrero de 2024. Aquí, el mariscal de campo de los Chiefs, Patrick Mahomes, y su esposa, Brittany, la visitan en el hospital Children’s Mercy. (Erika Nelson)
An up-close photo of a girl in a hospital bed, showing injuries to her jaw.
Una bala atravesó la mandíbula de Mireya Nelson durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. También tiene fragmentos de bala en el hombro y necesitará hacerse análisis de sangre para detectar plomo durante al menos los próximos dos años. (Erika Nelson)

Reviviendo el instante

Los ruidos extraños, las luces brillantes y las multitudes pueden tomar desprevenidos a los niños y a sus padres.

En junio, Mireya Nelson estaba esperando a su hermana mayor después de un recital, con la esperanza de ver a un muchacho. Su madre quería ir, pero Mireya la hizo callar. “De repente, se escuchó un estruendo muy fuerte”, dijo Erika. “Se agachó y luego se levantó de un salto. Dijo: ‘¡Dios mío, me estaban disparando otra vez!’”. Mireya lo dijo tan fuerte que la gente se quedó mirando, así que fue el turno de Erika de hacerla callar y tratar de calmarla. “Le dije: ‘Mireya, está bien. Estás bien. Se les cayó una mesa. Solo están sacando cosas. Fue un accidente’”, explicó Erika.

Pasaron unos minutos hasta que el shock se disipó y más tarde Mireya se rió de la situación, pero Erika siempre está atenta.

La tristeza inicial de su hija (que veía películas durante horas y lloraba todo el tiempo) se ha transformado en descaro. Medio año después, Mireya bromea sobre el tiroteo, lo que destroza a su madre. Pero tal vez eso sea parte del proceso de sanación, dijo Erika.

Antes del 4 de julio, Mireya fue a Worlds of Fun, un gran parque de diversiones, y la pasó bien. Se sintió bien porque había guardias de seguridad por todas partes. También disfrutó de una visita a la oficina local del FBI con una amiga que estaba con ella el día del tiroteo.

A photo of two children posing together.
Kensley Lemons (izq.) y Jaxson Lemons esperan en el pasillo de una clínica médica mientras su padre, James, recibe atención médica por su herida de bala. James Lemons recibió un disparo en el desfile del Super Bowl en Kansas City, Missouri, el 14 de febrero de 2024. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)
A photo of a young girl playing outside.
Kensley Lemons juega afuera de una clínica médica mientras espera a su padre, James, a quien le extrajeron una bala de la pierna. Kensley estaba sobre los hombros de su padre cuando le dispararon en el desfile del Super Bowl. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)

Pero cuando alguien le sugirió ir al ballet, Mireya lo descartó rápidamente: está cerca de Union Station, el lugar del tiroteo. Ya no quiere ir al centro. Erika dijo que ha habido muchas citas médicas y dificultades económicas, y que su mayor frustración como madre es no poder arreglar las cosas para su hija.

“Tienen que seguir su propio camino, su propio proceso de curación. No puedo sacudirla, como diciéndole: ‘Vuelve a ser tú misma’”, dijo Erika. “Podría llevar meses, años. ¿Quién sabe? Podría ser el resto de su vida. Pero espero que pueda superarlo un poco”.

Piel de gallina en medio del calor sofocante

James Lemons notó un cambio en su hija de 5 años, Kensley, que estaba sobre sus hombros cuando le dispararon en el desfile.

Antes del tiroteo, Kensley era extrovertida y comprometida, dijo James, pero ahora está retraída, como si estuviera dentro de una burbuja y se hubiera desconectado de la gente.

A Kensley, las grandes multitudes y los policías le recuerdan al desfile. Ambos estuvieron presentes en una graduación de secundaria a la que asistió la familia este verano, y Kensley solo quería irse. James la llevó a un campo de fútbol vacío, donde, dijo, se le puso la piel de gallina y se quejó de tener frío a pesar del calor sofocante.

La hora de dormir es un problema particular para la familia Lemons. Kensley ha estado durmiendo con sus padres. Otro hijo, Jaxson, de 10 años, ha tenido pesadillas. Una noche, soñó que el tirador se acercaba a su padre y lo hacía tropezar, dijo Brandie Lemons, la madrastra de Jaxson.

Los niños más pequeños como Kensley expuestos a la violencia con armas de fuego tienen más probabilidades de desarrollar un trastorno de estrés postraumático que los niños mayores, según Johnson-Motoyama, de la Universidad Estatal de Ohio.

A photo of a girl lying next to her dog.
Gabriella Magers-Darger es una de los innumerables niños que vivieron el tiroteo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Davis, del Children’s Mercy en Kansas City, dijo que los niños cuyos cerebros no están completamente desarrollados pueden tener dificultades para dormir y comprender que están seguros en sus hogares por la noche.

James le compró a la familia un nuevo cachorro, un bulldog americano que ya pesa 32 libras, para ayudarlos a sentirse protegidos. “Busqué el pedigrí”, dijo, “Son muy protectores. Muy cariñosos”.

En busca de una salida

Para desahogarse después del tiroteo, Gabriella comenzó a boxear. Su madre, Bridget, dijo que le devolvió algo de la confianza y el control que había bajado después del desfile. “Me gusta golpear a la gente, no de una manera mala, lo juro”, dijo Gabriella en abril mientras moldeaba un protector bucal a sus dientes antes de irse a entrenar.

Sin embargo, desde entonces ha dejado de boxear, por lo que el dinero puede destinarse a un viaje a Puerto Rico con su clase de español. Están pagando $153 al mes durante 21 meses para cubrir el viaje. Las clases de boxeo costaban $60 al mes.

Bridget pensaba que el boxeo era una buena salida para la ira que le quedaba, pero a finales de julio Gabriella no estaba segura de si todavía tenía el impulso para contraatacar de esa manera. “El pasado es el pasado, pero todos vamos a pasar por cosas. ¿Tiene sentido?”, preguntó Gabriella.

“Estás bien en general, pero todavía tienes desencadenantes. ¿Es eso lo que quieres decir?”, preguntó su madre. “Sí”, respondió.

Después del tiroteo, Mireya Nelson probó las clases en línea, que no funcionaron bien. Los primeros días de la escuela de verano, Mireya tenía un ataque de pánico todos los días en el auto y su madre la llevaba de vuelta a casa.

Mireya quiere regresar a la escuela secundaria este otoño, y Erika es cautelosa. “Sabes, si vuelvo a la escuela, existe la posibilidad de que me disparen, porque en la mayoría de las escuelas hoy en día hay tiroteos”, recordó Erika que dijo su hija. “Y yo digo: ‘Bueno, no podemos pensar así. Nunca se sabe lo que va a pasar’”.

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Retratos convierten a muertes por armas de fuego en historias imborrables /es/mental-health/retratos-convierten-a-muertes-por-armas-de-fuego-en-historias-imborrables/ Wed, 10 Jul 2024 08:55:00 +0000 /?post_type=article&p=1880511 Philadelphia. — Zarinah Lomax es una documentalista poco común. Ha diseñado vestidos con las cintas amarillas de escenas de crimen y abrigos con leyendas pintadas a mano que dicen: , en dorado, negro y púrpura. Cada pocos meses, transporta docenas de retratos de habitantes de Philadelphia —caras vibrantes, audaces y más grandes que la vida misma— a galerías temporales para alertar sobre la violencia armada en su ciudad natal, y en América.

En un depósito, Lomax estima que tiene unos mil lienzos, en su mayoría de jóvenes que murieron por disparos, y otros de madres, hermanas, amigos y dolientes que se preguntan por qué.

“El propósito no es hacer llorar a la gente”, dijo Lomax, una nativa de Philadelphia que ha viajado a Nueva York, Atlanta y Miami para colaborar en exhibiciones similares sobre este trauma. “Es para que las familias y las personas que han pasado por esto sepan que no son olvidadas”.

Cada persona “no es un número. Este es el hijo de alguien. La hija de alguien que estaba trabajando en algo”, dijo. “Los retratos no son solo retratos. Nos están diciendo cuáles son las consecuencias de lo que está sucediendo en nuestras ciudades”.

Las armas de fuego en 2020 se convirtieron en la de muerte en niños y adolescentes menores de 18 años —tanto por suicidios como por agresiones— y una nueva investigación sobre la crisis de salud pública del Instituto Blavatnik de la Escuela de Medicina de Harvard muestra cómo esas , con costos económicos y psicológicos significativos.

El 25 de junio, Vivek Murthy, cirujano general de Estados Unidos, declaró a la violencia armada como una crisis de salud pública, remarcando: “Cada día que pasa perdemos más niños por la violencia armada. Cuantos más niños presencian episodios de violencia armada, más niños que son heridos por disparos y sobreviven están lidiando con impactos físicos y mentales de por vida”.

Philadelphia ha registrado más de 9,000 tiroteos fatales y no fatales desde 2020, con aproximadamente el 80% de las víctimas identificadas como negras no hispanas, según el . Entre los heridos o muertos, aproximadamente el 60% tenía 30 años o menos.

Lomax ha sido una fuerza singular para que las estadísticas no se olviden. Desde 2018, cuando un joven amigo que estaba a punto de graduarse de la Universidad Estatal de Pennsylvania fue un domingo por la tarde en Philadelphia, Lomax se propuso apoyar la sanación entre aquellos que experimentan violencia.

Lanzó un programa en PhillyCAM, un canal de medios de acceso comunitario, para alentar a las personas a hablar sobre armas, opioides y el duelo. Organizó desfiles de moda con artistas locales y familias que se centraron en dar testimonio del sufrimiento. Se centró en el retrato, contactando a artistas locales para conmemorar las vidas, no las muertes, de los jóvenes de Philadelphia.

Comenzó a rastrear tiroteos en las redes sociales, en las noticias y a veces de boca en boca. En 2022, el Ayuntamiento para una notable exhibición de vidas perdidas, organizada por Lomax y creada por .

Recientemente compartió los retratos en una cumbre patrocinada por la organización sin fines de lucro y . La reunión ofreció orientación sobre la aplicación de regulaciones para prevenir compras de armas que impulsan el crimen y proporcionó datos sobre el tráfico de armas a través de las fronteras estatales.

Lomax sabía que el arte, exhibido a lo largo del escenario, ponía en evidencia la importancia del tema.

Miren estas caras, dijo ella. Estas personas eran prometedoras. ¿Qué pasó? ¿Qué se puede hacer?

Lomax, ahora de 40 años, dijo que las conversaciones que inicia tienen un propósito. Algunos cuadros los regala a las familias. Otros los guarda para futuras exhibiciones.

“Esto no es lo que me propuse hacer en la vida”, dijo ella. “Cuando estaba creciendo, pensé que sería enfermera. Pero supongo que de esta forma estoy cuidando a las personas”.

En lo que va del año, Philadelphia ha visto una disminución en el número de asesinatos, según una base de datos en línea de AH Datalytics, pero se encuentra entre las cinco ciudades principales en conteo de asesinatos. El año pasado, los investigadores de Harvard establecieron que las comunidades y familias quedan vulnerables por las lesiones con armas de fuego.

There are two rows of colorfully painted portraits. The top row has four paintings and the bottom row has five.
Retratos de Zarinah Lomax pintados por encargo. Cada persona “no es un número. Este es el hijo de alguien. La hija de alguien que estaba trabajando por algo”, dijo Lomax. “Los retratos no son sólo retratos. Nos están diciendo cuáles son las consecuencias de lo que está sucediendo en nuestras ciudades”. (Christine Spolar for ºÚÁϳԹÏÍø News)

El estudio de 2023 dirigido por Zirui Song, profesor asociado de política de atención médica en Harvard, examinó datos relacionados con recién nacidos hasta los 19 años. La investigación documentó un costo económico “masivo”, con un aumento promedio de $35,000 en el gasto en atención médica para los sobrevivientes en el año posterior a un tiroteo, y desafíos de salud mental que alteran la vida.

Los sobrevivientes de tiroteos y sus cuidadores, ya sea lidiando con lesiones físicas o miedo generalizado, a menudo luchan con “lesiones invisibles y duraderas, incluidos trastornos psicológicos y de uso de sustancias”, según Song, quien también es internista general en el Hospital General de Massachusetts.

Su estudio encontró que los padres de niños heridos experimentaron un aumento del 30% en trastornos psiquiátricos en comparación con los padres cuyos hijos no sufrieron heridas de bala.

, quien pinta con acrílicos, ha estado ayudando a Lomax desde 2021. Como a todos los artistas, Lomax le paga. Ha completado , siempre después de sentarse con la familia de la víctima. “Obtengo una historia de fondo para poder incorporarla en el retrato”, dijo. “A veces lloramos. A veces rezamos. A veces tratamos de animarnos mutuamente. Es difícil de hacer”.

“Espero que un día no tenga que pintar otro retrato”, dijo Norwood, madre de cinco hijos. “La idea de que Zarinah haya tenido tantas exhibiciones, con numerosas personas que han muerto, es aterradora y desgarradora”.

, un artista digital autodidacta, fue uno de los que querían ayudar a “honrar y ofrecer una mejor mirada de quiénes eran estas personas”. Doughty, un empleado de la ciudad que trabaja en un juzgado, puede ser mejor conocido Philadelphia por una serie de murales en los que ha agrupado a famosos nacidos en la ciudad como Will Smith, Grace Kelly y Kevin Hart.

Ha producido unos 150 retratos en su iPad y laptop, trabajando con el grupo sin fines de lucro de Lomax, The Apologues, para ponerle rostro a una frase, incrustada en una escena, que transmite el potencial perdido de la juventud.

“Al principio fue difícil de hacer,” dijo Doughty, quien trabaja a partir de fotografías familiares. “Miro y pienso: Son niños. Solo niños”.

Una vez, recibió un mensaje de texto de Lomax buscando un retrato de un rapero que reconoció de espectáculos de arte y música. Otro día, abrió un correo electrónico y encontró una foto de un hombre que conocía de la escuela secundaria. En mayo, Doughty su proceso de trabajo para un retrato de Derrick Gant, un rapero con el nombre artístico Phat Geez, que fue .

El asesinato ocurrió unas semanas después que el rapero lanzara , un video musical que hace referencia a una cuenta de Instagram que promueve esfuerzos contra la violencia en la ciudad.

Doughty, de 33 años, que creció en la sección Nicetown del norte de Philadelphia, señaló irónicamente: “No era tan agradable”. Las exhibiciones de Lomax, dijo, permiten a las familias, incluso a los vecindarios, procesar el dolor y el sufrimiento.

“Fui a la última y una madre se acercó y dijo, ‘¿Dibujaste el retrato de mi hijo?’ Simplemente cayó en mis brazos, llorando. Fue un momento tan emotivo”, contó. “Y un recordatorio de por qué hacemos lo que hacemos”.

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Distribuyen $2 millones entre víctimas del tiroteo del Super Bowl y grupos comunitarios /es/health-care-costs/distribuyen-2-millones-entre-victimas-del-tiroteo-del-super-bowl-y-grupos-comunitarios/ Fri, 28 Jun 2024 08:51:00 +0000 /?post_type=article&p=1875921 Esas fueron las reacciones de algunas de las 20 víctimas de disparos del desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs que el jueves 27 de junio recibieron $1.2 millones del fondo #KCStrong, con pagos individuales que van desde $22,000 hasta $100,000.

Chris Rosson, presidente y CEO de United Way of Greater Kansas City, dijo que los pagos ayudarán a estos sobrevivientes, reconociendo al mismo tiempo que la violencia con armas de fuego, como el tiroteo del 14 de febrero, ocurre todos los días en Kansas City, en general en comunidades de bajos ingresos que ya están desprovistas de recursos.

“Al lanzar el fondo, era importante para nosotros apoyar en primer lugar a las víctimas directas de la violencia de ese día, pero también proporcionar recursos financieros críticos a las organizaciones de prevención y respuesta a la violencia, de apoyo de salud mental y a los que proporcionan primeros auxilios”, dijo.

El tiroteo cerca de Union Station, hacia el final de desfile, dejó 24 personas heridas y una muerta: Lisa López-Galván, de 43 años, madre de dos hijos y popular DJ de música tejana.

Desde el tiroteo, han recibido facturas médicas por miles de dólares, por tratamientos en salas de emergencia, viajes en ambulancia, atención médica continua por las heridas de bala o consejería de salud mental.

Algunas todavía están luchando por volver al trabajo y dependen de una confusa red de asistencia de cuentas de GoFundMe y un grupo de iglesias locales.

Erika Nelson, cuya hija de 15 años, Mireya, recibió , dijo que el dinero de United Way es una bendición, pero que su hija todavía lucha con las heridas físicas y emocionales de la violencia.

“No me importa cuánto dinero sea. Podría ser un millón de dólares. Podrían ser mil millones. Nunca va a cambiar lo que mi hija vive todos los días”, dijo Nelson. El fondo #KCStrong fue lanzado por United Way el 15 de febrero, impulsado por una primera donación de $200,000 hecha por los Chiefs, la NFL y la familia Hunt, dueña del equipo. La Kauffman Foundation y una persona anónima fueron listados como los principales donantes, con $250,000 cada uno.

Los fondos no tienen restricciones, por lo que pueden usarse para facturas médicas, fondos universitarios para los niños heridos durante el desfile por la victoria de los Chiefs, o cualquier otra cosa que las familias necesiten.

Rosson dijo que el grupo creía que las víctimas y las personas más cercanas a ellas deberían decidir cómo gastar mejor el dinero. “Dar fondos sin restricciones directamente a esas víctimas de disparos verificadas les permite tomar las decisiones que son adecuadas para ellos y su familia, y el camino que seguirán”, dijo.

A woman wearing a black dress and blue and white shirt, holding on to a walker, stands next to a dining room table with a man sitting on a couch in the background
Sarai Holguín, en la foto frente a su esposo, César, fue una de las 24 personas que sobrevivieron a heridas de bala durante la violencia en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. United Way of Greater Kansas City recaudó $2 millones y anunció el 27 de junio que $1,2 millones se destinarán a los sobrevivientes de los disparos. El dinero restante se distribuirá entre grupos comunitarios que trabajan para prevenir la violencia con armas de fuego. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Kera Mashek, directora de comunicaciones del United Way local, dijo que el dinero cae bajo el paraguas de asistencia basada en necesidades y no estará sujeto a impuestos.

United Way trabajó con la Oficina del Fiscal del condado de Jackson, Missouri, para verificar a las víctimas. Veinte de las 24 víctimas recibieron compensaciones porque dos no aplicaron y un tercero rechazó la donación, dijeron funcionarios de United Way. A una cuarta víctima, no identificada, se le negaron los fondos porque está conectada al caso criminal, según Jean Peters Baker, fiscal del condado de Jackson.

No se nombró a ninguna de las víctimas en el anuncio del 27 de junio.

Emily Tavis dijo que se sentía “más que bendecida y abrumada por el agradecimiento” al recibir la asistencia. Tavis, su pareja, Jacob Gooch Sr., y su hijastro Jacob Gooch Jr. recibieron disparos en el desfile.

“Es un gran alivio poner las facturas al día”, dijo Tavis. Ella ya había comenzado a pagar cuentas de tarjetas de crédito con su parte del pago.

Antonio Arellano, cuyo hijo de 11 años, Samuel, recibió un disparo en el costado, dijo que el dinero fue una “gran ayuda” para la familia. Dijo que Samuel espera unas vacaciones en Florida y boletos de temporada para ver jugar a los Chiefs. Pero estar en grandes multitudes aún es difícil para Samuel, por lo que Arellano dijo que intentarán ir a un juego primero para ver cómo va.

James Lemons, a quien recientemente le extrajeron la bala alojada en su pierna, dijo que agradecía la ayuda y que se siente bendecido, pero también siente que el dinero ya se ha ido. Quiere devolver la ayuda que la familia recibió tras el tiroteo, incluido el dinero que pidió prestado para ayudarlos a mudarse luego que el dueño de la casa que alquilaban la vendiera poco después del desfile.

Hasta ahora, han sido acusados por el tiroteo, junto con de tráfico de armas o de mentir a agentes del FBI.

Más de 80 personas fueron pisoteadas en el caos generado tras los tiroteos, dijo Baker, agregando que también están entre las muchas víctimas del ataque. Sin embargo, no recibirán dinero del fondo.

A man with a beard wearing a red blazer and white shirt stands next to a woman with glasses wearing a red dress. They stand in front of a brightly colored wall
Chris Rosson (izq.), presidente y director ejecutivo de United Way of Greater Kansas City, y la fiscal del condado de Jackson, Jean Peters Baker, anunciaron el 27 de junio cómo se distribuirían los $2 millones en fondos de #KCStrong a 20 sobrevivientes baleados en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs. Catorce grupos comunitarios también recibirán dinero. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)

Las campañas como #KCStrong que surgen tras tiroteos masivos deben equilibrar la distribución del dinero de manera lo suficientemente amplia como para incluir a las personas directamente afectadas sin disipar los recursos disponibles, según Jeff Dion del . Esta organización sin fines de lucro ha ayudado a comunidades de todo el país a distribuir este tipo de fondos.

Por ejemplo, OneOrlando Fund, que surgió tras el tiroteo en el club nocturno Pulse en 2016, hizo , incluyendo $350,000 a las familias de cada una de las 49 personas asesinadas, pero también $25,000 a cada una de las 182 personas que estaban en la discoteca pero no resultaron físicamente heridas.

Ese fondo recaudó $29.5 millones en comparación con los $2 millones recaudados en Kansas City.

El fondo de $31.4 millones que se recolectó en Las Vegas en 2017 tras el tiroteo masivo en un concierto con 22,000 asistentes no incluyó pagos a personas que no habían sido heridas.

Cerca de un millón de personas fueron al desfile del Super Bowl en febrero. “Cuando estás manejando dólares reales, tienes que encontrar una manera de poder servir al mayor número de personas con la mayor cantidad de dinero”, dijo Baker.

“Así que creo que esas fueron probablemente algunas de las decisiones que tuvieron que tomarse en este caso, lo cual es difícil, duro, pero también necesario”.

Los grupos comunitarios que recibieron cada uno $59,410, son: AdHoc Group Against Crime; Boys & Girls Clubs of Greater Kansas City; Center for Conflict Resolution; Guadalupe Centers; Kansas City Metropolitan Crime Commission; KC Common Good; KC Mothers in Charge; Lyrik’s Institution; Newhouse Domestic Violence Shelter; Rose Brooks Center; Transition Zone; The Battle Within; Uncornered, y University Health.

Otros esfuerzos también han destinado dinero a los sobrevivientes del tiroteo del desfile del Super Bowl. Las cuentas de GoFundMe han recaudado $667,785. Un grupo basado en la fe, llamado “The Church Loves Kansas City”, recaudó $184,500 y hasta ahora ha destinado más de $50,000 a gastos funerarios, procedimientos médicos, asesoramiento y gastos domésticos, dijo Gary Kendall, uno de sus líderes.

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Sobrevivientes del tiroteo en el desfile de los Chiefs esperan las donaciones prometidas mientras acumulan cuentas médicas /es/health-care-costs/sobrevivientes-del-tiroteo-en-el-desfile-de-los-chiefs-esperan-las-donaciones-prometidas-mientras-acumulan-cuentas-medicas/ Fri, 21 Jun 2024 09:00:00 +0000 /?post_type=article&p=1871089 Abigail Arellano tiene todas las facturas médicas de su hijo Samuel en una carpeta azul en un armario arriba del microondas. Incluso ahora, cuatro meses después que el niño de 11 años fuera herido de bala en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, las facturas siguen llegando.

Hay una de $1,040 por el traslado en ambulancia al hospital aquella tarde de febrero. Otra de $2,841,17 por una visita a la sala de emergencias tres días después del tiroteo porque la herida de bala parecía infectada. En marzo, más seguimientos y consejería agregaron otros $1,500.

“Creo que me faltan algunas”, dijo Arellano mientras hojeaba las páginas.

Los Arellano no tienen seguro y están contando con la asistencia del fondo que recaudó casi $2 millones después del tiroteo que dejó un muerto y al menos 24 personas con heridas de bala. También guarda esa solicitud en la carpeta azul.

Los costos médicos para los sobrevivientes del tiroteo son muy altos y no terminarán pronto. Según un estudio de la Escuela de Medicina de Harvard, el gasto médico promedio para alguien que recibió un disparo se eleva a casi . Otro análisis halló que esa cifra sube a $35,000 en el caso de los niños. Diez menores fueron heridos por balas en el desfile.

Luego están las facturas regulares que forman parte de la vida —alquiler, servicios públicos, reparaciones del auto— que no dejan de llegar solo porque alguien sobrevivió a un tiroteo masivo, incluso si sus lesiones les impiden trabajar o mandar a los niños a la escuela.

La carga financiera que conlleva la supervivencia es tan común que tiene un nombre, según Aswad Thomas de la organización sin fines de lucro Alliance for Safety and Justice: deuda por victimización. Algunos la pagan de su bolsillo. Otros solicitan una nueva tarjeta de crédito. Algunos reciben ayuda de desconocidos generosos. Otros no pueden llegar a fin de mes.

“Ahora mismo estamos realmente en bancarrota”, dijo Jacob Gooch Sr., otro sobreviviente, quien fue herido en el pie y aún no ha podido volver a trabajar.

“Estamos, como, agotando nuestra tercera tarjeta de crédito”.

Samuel Arellano, a young boy, (center) stands with his parents, Abigail (left) and Antonio (right), outside their home in Kansas City, Kansas.
Samuel Arellano (centro) junto a sus padres, Abigail y Antonio, afuera de su casa en Kansas City, Kansas. La familia no tenía seguro cuando Samuel recibió un disparo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. La familia cuenta con la ayuda del fondo que recaudó casi $2 millones después del tiroteo que dejó un muerto y al menos otras 24 personas con heridas de bala. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Como es común después de tiroteos masivos, en esta ciudad de Missouri surgió un abanico de recursos nuevos y establecidos prometiendo ayuda. Entre ellos, el fondo #KCStrong creado por United Way of Greater Kansas City, que se espera comience a pagar a las víctimas a finales de junio.

Los sobrevivientes deben navegar cada oportunidad para solicitar ayuda lo mejor que puedan, y esperar que el dinero llegue.

GoFundMe, desconocidos generosos y una nueva línea de crédito

Tradicionalmente, son las mamás quienes mantienen las facturas organizadas. Apiladas sobre el microondas. En una cartera. En capturas de pantalla guardadas en el celular. Y luego hay un laberinto de papeleo: el formulario de compensación para víctimas del estado de Missouri tiene cinco páginas, incluidas las instrucciones. Son otras seis páginas para la ayuda de United Way.

Emily Tavis mantiene pilas de papeleo con diferentes clips de colores en su sótano: negro para su pareja, Gooch Sr.; azul para su hijastro, Jacob Gooch Jr.; rosa para ella misma. Los tres fueron heridos de bala en el desfile.

Tavis pudo volver a caminar después que una bala atravesara su pierna y consideró rechazar el viaje en ambulancia porque estaba preocupada por el costo; en ese momento no tenía seguro.

Gooch Sr. no podía caminar porque le habían disparado en el pie. Así que compartieron una ambulancia al hospital con dos de sus hijos.

“No voy a pagar por esta m…. No pedí esta vida”, recordó Tavis, riendo. Pronto se dieron cuenta que el joven Gooch Jr., de 14 años, también tenía una bala en el pie.

Abigail Arellano, standing in her kitchen, looks over a stack of bills in a blue folder.
Abigail Arellano guarda la pila de facturas médicas, acumuladas desde que le dispararon a su hijo, Samuel, de 11 años, en una carpeta azul en un gabinete encima del microondas en la cocina. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)
Samuel Arellano (center) lifts his shirt with help from his mother, Abigail Arellano (left), and aunt Eunice Salas (right), to reveal where he was shot at the Kansas City Chiefs Super Bowl. There is a bandage on the right side of his ribcage.
Samuel Arellano (centro) levanta su camiseta con la ayuda de su madre, Abigail Arellano (izq.), y su tía Eunice Salas (der.), para mostrar en dónde le dispararon en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

Tavis y Gooch Sr. recibieron facturas separadas de $1,145 por la ambulancia. Gooch Jr. no, posiblemente porque tiene cobertura de salud a través de Medicaid, dijo Tavis.

Ella envía las facturas médicas a la compensación para víctimas, un programa para ayudar con las pérdidas económicas derivadas de un crimen, como los gastos médicos y los salarios perdidos. Aunque Tavis y Gooch viven en Leavenworth, Kansas, su compensación proviene del programa en Missouri, donde ocurrió el tiroteo.

El programa paga solo por pérdidas económicas no cubiertas por como el seguro de salud, donaciones y recaudaciones de fondos colectivas. Gooch Sr. y Jr. tenían cobertura médica al momento del desfile, por lo que la familia ha estado enviando solo la porción no cubierta a la compensación para víctimas.

Al principio, la familia recibió mucho apoyo. Amigos y familiares se aseguraron de que tuvieran siempre comida. El fundador de un grupo en línea de fanáticos de los Kansas City Chiefs envió $1,000 y regalos para la familia. Una página de recaudó $9,500. Y su reembolso de impuestos ayudó.

Con Gooch Sr. sin poder trabajar sabían que el dinero podía comenzar a faltar, así que pagaron tres meses de alquiler por adelantado. También gastaron en el arreglo de su Ford Escape para que eventualmente pudiera volver a trabajar y compraron un Honda Accord usado para que Tavis pudiera conducir al trabajo, al que volvió 12 días después del desfile.

Jacob Gooch Sr. (left) and Emily Tavis (right) sit beside each other in their home, with arms linked. Gooch Sr. is sitting in a recliner with his injured leg raised. His foot is wrapped in a white bandage.
Jacob Gooch Sr. y Emily Tavis recibieron una gran cantidad de apoyo emocional y financiero en los días posteriores a que ambos recibieran disparos en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs. El hijo de Gooch también fue herido de bala. Sin embargo, en junio, la pareja había abierto una nueva tarjeta de crédito para ayudar a cubrir sus facturas. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Y como las donaciones estaban destinadas a toda la familia, decidieron comprar pases de verano para el parque de diversiones Worlds of Fun para los niños.

Pero recientemente, han estado apretados. Los pagos por discapacidad a corto plazo de Gooch Sr. dejaron de llegar abruptamente en mayo cuando su seguro de salud le pidió que viera a un médico de la red. Dijo que el plan de discapacidad a corto plazo inicialmente no aprobó el papeleo de su nuevo médico y comenzó una investigación. El problema se resolvió en junio y espera recibir pagos retroactivos pronto. Mientras tanto, la pareja solicitó una nueva tarjeta de crédito para cubrir sus facturas.

“Definitivamente hemos estado robando a Pedro para pagar a Pablo”, dijo Tavis.

Idealmente, el dinero que llegue de United Way, la compensación para víctimas y, esperan, el pago retroactivo por discapacidad a corto plazo, será suficiente para pagar sus deudas.

Pero, dijo Tavis, “tienes que hacer lo que tienes que hacer. No vamos a quedarnos sin luz”.

A back-lit portrait of Emily Tavis in her home.
Emily Tavis consideró rechazar un viaje en ambulancia después de recibir un disparo en la pierna en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs porque estaba preocupada por el costo. Comenzó un nuevo trabajo 12 días después del desfile, pero incluso ahora que tiene seguro médico a través de su empleo, está en sintonía con los costos de buscar atención. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
A photo Emily Tavis' leg. There's a gunshot wound on the side of her shin. You can see where the bullet entered and exited her body.
Emily Tavis muestra las heridas en su pierna cuatro meses después de recibir un disparo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)
Jacob Gooch Sr. shows the where the bullet that shot through his foot. He points with his finger to show a diagonal trajectory from his ankle to the middle of the bottom of his foot.
Jacob Gooch Sr. muestra la trayectoria de la bala que le atravesó el pie en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs. (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)
Jacob Gooch Sr. sits in a recliner in his home. His legs are elevated, with his injured foot raised slightly higher on a pillow. Emily Tavis, offscreen, wraps his foot in a white bandage.
Al no poder trabajar después de recibir un disparo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs en febrero, Jacob Gooch Sr. inicialmente recibió pagos por discapacidad a corto plazo. Pero esa asistencia se detuvo abruptamente en mayo cuando comenzó a ver a un nuevo médico que estaba en la red de su plan médico. El problema se resolvió en junio y pronto espera recibir pagos retroactivos. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

En espera del pago de United Way a fines de junio

Con cada tiroteo masivo, inevitablemente fluyen donaciones para los sobrevivientes, “como la mantequilla con la mermelada, porque la gente quiere ayudar”, dijo Jeff Dion, director ejecutivo del , una organización sin fines de lucro que ha ayudado a muchas comunidades a gestionar esos fondos.

Dijo que, típicamente, se tarda unos cinco meses en distribuir el dinero de estos grandes fondos comunitarios. Las víctimas pueden recibir dinero antes si su comunidad tiene un plan para estos tipos de fondos antes de un tiroteo masivo.

Los fondos también pueden adelantar dinero a personas con necesidades financieras urgentes que seguramente calificarán.

United Way colgó pancartas con los colores de los Chiefs en la Union Station de Kansas City con su campaña #KCStrong en los días posteriores al tiroteo. Impulsado por grandes donaciones del equipo, la NFL, el mariscal de campo Patrick Mahomes, otros individuos y empresas locales, finalmente recaudó más de $1.8 millones.

La promesa de un gran pago ha mantenido la esperanza de los heridos, incluso cuando a muchos los confundió el proceso. Algunas personas entrevistadas para esta historia no quisieron decir nada negativo, temiendo que pudiera afectar su asignación.

Los funcionarios de United Way anunciaron en abril que las donaciones se cerrarían a fin de mes. El 1 de mayo, la organización publicó un aviso diciendo que emitiría “formularios de reclamación” y que la Oficina del Fiscal del condado de Jackson estaba ayudando a verificar a las víctimas del tiroteo. La junta de fideicomisarios de la filial de United Way planea reunirse el 26 de junio para determinar las asignaciones, con los pagos llegando tan pronto como el 27 de junio.

Kera Mashek, vocera de United Way of Greater Kansas City, dijo que los pagos se harán a 20 de los 24 sobrevivientes del tiroteo. Los otros cuatro no pudieron ser verificados como víctimas o rechazaron los fondos, dijo. Agregó que los solicitantes no incluyen a las 67 personas que los fiscales dicen fueron pisoteadas en el tumulto.

Pendiente de la aprobación de la junta, el dinero también se distribuirá a 14 grupos comunitarios que apoyan iniciativas de no violencia, preocupaciones de salud mental y socorristas, dijo Mashek.

Ante las críticas de que United Way no se comunicó bien con las víctimas, Mashek dijo que intentaron responder de manera oportuna.

“Hemos tratado de mantener esta línea de comunicación abierta lo más rápido posible y la mayoría de la gente ha sido muy paciente”, dijo. “Creo que estarán muy agradecidos y, creo, gratamente sorprendidos con la cantidad de fondos que recibirán”.

An outdoor memorial is sat up near Union Station in Kansas City. There is a sign that reads, "Kansas City / Strong / United." Flowers, stuffed animals, and other memorial gifts surround the sign.
Los visitantes de Union Station en Kansas City, Missouri, el 19 de febrero de 2024, observan el monumento creado tras el tiroteo en la celebración del Super Bowl de los Chiefs. (Carlos Moreno/KCUR 89.3)

Otros recursos disponibles

Abigail Arellano no había oído hablar de la compensación para víctimas, lo cual es común. Una de la Alliance for Safety and Justice encontró que el 96% de las víctimas no recibían ese apoyo y muchas no sabían que existía.

Arellano y su esposo, Antonio, no fueron al desfile, pero también han tenido gastos médicos. Antonio ha estado yendo a terapia en un centro de salud local para ayudar con la tarea estresante de guiar a su hijo a través del trauma. Ha sido útil. Pero ha estado pagando unos $125 de su bolsillo por cada sesión, dijo, y las facturas se están acumulando.

Una de las hermanas de Samuel creó un que recaudó $12,500, y Abigail dijo que ayudó que la familia compartiera su historia públicamente y que Abigail se pusiera en contacto para ayudar a otros en la comunidad latina afectada por el tiroteo.

De hecho, fue Abigail quien conectó a Sarai Holguín, de 71 años, con el consulado de México en Kansas City. El consulado, a su vez, ayudó a Holguín a registrarse como víctima oficial del tiroteo, lo que le permitirá recibir asistencia de United Way. Las facturas de Holguín ahora incluyen una cuarta cirugía, para quitar la bala alojada cerca de su rodilla con la que había hecho las paces de “vivir para siempre”, hasta que comenzó a sobresalir a través de su piel.

Alivio “generoso y rápido” para las víctimas

Varios sobrevivientes se sintieron aliviados y agradecidos de recibir fondos de un grupo menos conocido y no confesional llamado “”.

El día después del tiroteo, Gary Kendall, quien dirigía una organización cristiana sin fines de lucro llamada “Love KC”, comenzó una cadena de mensajes de texto a las 6 am con líderes de la ciudad y grupos de fe, y eventualmente recibió promesas de $184,500. (Love KC ahora se ha fusionado con otra organización sin fines de lucro, “Unite KC”, que está distribuyendo sus fondos).

El primer pago fue para la familia de la popular DJ Lisa López-Galván, de 43 años y con dos hijos, quien fue la única fatalidad durante el tiroteo del desfile. Unite KC pagó $15,000 en sus gastos de entierro.

Unite KC gastó $2,800 para que James y Brandie Lemons pudieran recuperar su seguro de salud porque James no podía trabajar. Unite KC también pagó $2,200 de su bolsillo por los costos quirúrgicos cuando James decidió que le quitaran la bala de su pierna.

“Lo aprecio”, dijo un emocional James Lemons. “No tienen que hacer esto, abrir sus corazones sin razón”.

James Lemons stands outside a brick building on a sunny day.
James Lemons, quien recibió un disparo en el muslo derecho, el 7 de junio, el día en que le quitaron los puntos después de una cirugía para extraer la bala alojada en su pierna. Unite KC ayudó a la familia de Lemons con pagos al seguro para que puedan sobrevivir hasta que Lemons regrese a trabajar. (Peggy Lowe/KCUR 89.3)

Erika Nelson estaba luchando para pagar los gastos de su casa, y tuvo que tomarse tiempo libre de su trabajo de atención médica a domicilio para llevar a su hija herida, Mireya, de 15 años, a las citas médicas. Mireya recibió , y se está recuperando.

Una página de creada por la mejor amiga de Nelson recaudó alrededor de $11,000, pero fue congelada después que Nelson intentara ingresar a la cuenta y GoFundMe pensó que estaba siendo hackeada. Temía que cortaran la luz en su apartamento por las facturas de electricidad no pagas y estaba desesperada.

“Estoy luchando con, ya sabes, comestibles”, dijo Nelson. “La gente decía, ‘Oh, ve a los bancos de alimentos’. Bueno, los bancos de alimentos no están abiertos en los momentos que puedo salir. No puedo simplemente irme del trabajo para ir a un banco de alimentos”.

Después de reunirse con Gary Kendall, Nelson recibió dinero para pagar tres meses de renta y servicios públicos, alrededor de $3,500.

“Un peso menos sobre mis hombros. Quiero decir, sí. De una gran forma”, susurró. “Porque nunca sabes. Nunca sabes qué puede pasar en dos días, cinco días, dos semanas, dos meses”.

Recientemente, la familia de Samuel Arellano se conectó con Unite KC, que pagará su factura de ambulancia, una de las cuentas del hospital y algo de terapia, por un valor de unos $6,000. La factura por el traslado inicial a la sala de emergencias era de aproximadamente $20,000, dijeron sus padres, pero el hospital se mostró reacio a enviarla y finalmente cubrió el costo.

Y Unite KC también tiene la intención de pagar una factura de tarjeta de crédito de $1,300 para Emily Tavis y Jacob Gooch Sr.

Hasta ahora, Unite KC ha distribuido $40,000, y espera conectarse con más de las familias heridas, con la esperanza de ser tan “generosos y rápidos como podamos”, dijo Kendall. United Way será como un “ráfaga” de alivio para las víctimas, agregó, pero su grupo apunta a algo diferente, más como una fogata que arda durante el próximo año.

“Estamos de acuerdo en que esto es algo horrible que sucedió. Es un triste estado de la humanidad pero es una parte real”, dijo. “Así que queremos recordarles que Dios no los ha olvidado. Y que aunque permitió esto, no los ha abandonado. Creemos que podemos ser como una extensión de su amor para estas personas”.

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Tres personas heridas en el desfile del Super Bowl viven con balas que siguen alojadas en sus cuerpos /es/health-care-costs/tres-personas-heridas-en-el-desfile-del-super-bowl-viven-con-balas-que-siguen-alojadas-en-sus-cuerpos/ Wed, 08 May 2024 09:01:00 +0000 James Lemons, de 39 años, quiere que le extraigan la bala de su muslo para poder volver a trabajar.

Sarai Holguín, de 71 años y originaria de México, ha aceptado la bala alojada cerca de su rodilla como su “compa”, es decir, una amiga cercana.

A Mireya Nelson, de 15, la alcanzó una bala que atravesó su mandíbula y le rompió el hombro, donde quedaron fragmentos. Por ahora vivirá con ellos, mientras los médicos monitorean los niveles de plomo en su sangre por al menos dos años.

A casi tres meses del tiroteo en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, que dejó al menos 24 personas heridas, recuperarse de esas heridas es algo profundamente personal e incluye una sorprendente área gris de la medicina: si las balas deberían o no extraerse.

El protocolo médico no ofrece una respuesta clara. Una encuesta de 2016 entre cirujanos reveló que de los encuestados trabajaban en instalaciones médicas que tenían normas sobre la extracción de balas.

Los médicos en Estados Unidos a menudo dejan las balas enterradas profundamente en el cuerpo de una persona, al menos al principio, para no causar más trauma.

Pero a medida que la violencia armada surge como una epidemia de salud pública, si esa práctica es la mejor.

Algunos de los heridos, como James Lemons, quedan en una situación precaria. “Si hay una manera de sacarla y se saca de forma segura, sáquenla fuera de la persona”, dijo Lemons. “Hagan que esa persona se sienta más segura consigo misma. Y que no tengas que estar caminando con ese recuerdo dentro de tí”.

Lemons, Holguín y Nelson están sobrellevando las cosas de manera muy diferente.

El dolor se convirtió en un problema

Tres días después de que los Chiefs ganaran el Super Bowl, Lemons condujo las 37 millas desde Harrisonville, Missouri, hasta el centro de Kansas City para celebrar la victoria. Lemons, quien trabaja en un depósito, llevaba a su hija de 5 años, Kensley, en sus hombros cuando sintió una bala entrar en la parte posterior de su muslo derecho.

A photo of a man at the Kansas City Chiefs Super Bowl parade carrying his daughter on his shoulders.
James Lemons llevaba a su hija Kensley en los hombros en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs cuando sintió una bala entrar en la parte posterior de su muslo derecho. Dijo que su primer pensamiento en medio del caos fue llevar a su familia a un lugar seguro. (Brandie Lemons)

Los disparos se desataron en un área abarrotada de fans, , después de una “confrontación verbal” entre dos grupos. Los detectives encontraron “múltiples cartuchos de bala calibre 9 mm y .40” en el lugar. Lemons dijo que entendió inmediatamente lo que estaba sucediendo.

“Conozco mi ciudad. No estamos lanzando fuegos artificiales”, dijo.

Mientras se tiraban al  suelo, Lemons protegió el rostro de Kensley para que no golpeara sobre el cemento. Su primer pensamiento fue llevar a su familia —su esposa, Brandie; su hija de 17 años, Kallie; y su hijo de 10 años, Jaxson— a un lugar seguro.

“Me dispararon. Pero no te preocupes”, recordó Lemons que le dijo a Brandie. “Tenemos que irnos”.

Llevó a Kensley en sus hombros mientras la familia caminaba una milla hasta su auto. Al principio su pierna sangraba a través de sus pantalones, pero después paró, dijo. Ardía de dolor. Brandie insistió en llevarlo al hospital, pero el tráfico estaba estancado, así que encendió las luces de emergencia y condujo en la dirección opuesta.

Lemons recordó que ella dijo: “’Te estoy llevando al hospital. Estoy cansada de que la gente se interponga en mi camino'”. “Nunca había visto a mi esposa así. La miré y pensé, ‘esto es algo sexy'”.

Contó que le sonrió a su esposa y aplaudió, a lo que ella respondió: “¿Por qué estás sonriendo? Acaban de dispararte”. Se mantuvo en silenciosa admiración hasta que los detuvo un sheriff, que llamó a una ambulancia, recordó Lemons.

Lo llevaron a la sala de emergencias de University Health, que ese día , incluidos ocho con heridas de bala. Las placas mostraron que la bala apenas había esquivado una arteria, dijo Lemons.

Los médicos limpiaron la herida, pusieron su pierna en un aparato ortopédico y le dijeron que regresara en una semana. La bala todavía estaba en su pierna.

“Me sentí un poco desconcertado, pero pensé, ‘Está bien, lo que sea, saldré de aquí'”, recordó Lemons.

Cuando regresó, los médicos le quitaron el aparato ortopédico pero le explicaron que a menudo dejan balas y fragmentos en el cuerpo, a menos que se vuelvan demasiado dolorosos.

“Entiendo, pero no me gusta eso”, dijo Lemons. “¿Por qué no la sacarías si pudieras?”

Leslie Carto, vocera de University Health, dijo que el hospital no puede comentar sobre la atención de pacientes debido a las leyes federales de privacidad.

Los cirujanos generalmente extraen las balas cuando las encuentran durante la cirugía o cuando están en lugares peligrosos, como en el canal espinal, o a punto de dañar un órgano, explicó , cirujano pediátrico del Connecticut Children’s.

Campbell también preside el Comité de Prevención y Control de Lesiones del Comité de Trauma del Colegio Americano de Cirujanos, que trabaja en la prevención de lesiones por armas de fuego.

, cirujano entrenado en trauma y fundador de la  en St. Louis, dijo que los orígenes de la atención del trauma también ayudan a explicar por qué las balas generalmente no se extraen.

“La atención del trauma es medicina de guerra”, dijo Punch. “Está preparada para estar lista en cualquier momento, todos los días, para salvar una vida. No está equipada para cuidar la curación que se necesita después”.

A man in glasses and a sports jersey stands next to a tree and poses for a photo.
Después de recibir un disparo en la pierna en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, a Lemons le dijeron inicialmente que no extraerían la bala, a menos que se volviera un problema. “Entiendo, pero no me gusta”, dice Lemons. “¿Por qué no la sacarían si pudieran?” (Bram Sable-Smith/ºÚÁϳԹÏÍø News)

En la encuesta a los cirujanos, las razones más comunes dadas para extraer una bala fueron el dolor, una bala palpable alojada cerca de la piel o una infección. Mucho menos comunes fueron la intoxicación por plomo y las preocupaciones de salud mental como el trastorno de estrés postraumático y la ansiedad.

Los cirujanos dijeron que lo que querían los pacientes también impactaba en sus decisiones.

Lemons quería que le quitaran la bala. El dolor en su pierna se irradiaba desde su muslo, lo que le dificultaba moverse durante más de una hora o dos. Era imposible trabajar en el depósito.

“Tengo que levantar 100 libras cada noche”, recordó Lemons que le dijo a sus médicos. “Tengo que levantar a mi hijo. No puedo trabajar así”.

Ha perdido sus ingresos y su seguro de salud. Otro racha de mala suerte: el dueño de la casa que alquilaban decidió venderla poco después del desfile, y tuvieron que encontrar un nuevo lugar para vivir.

A woman sits next to a man on a couch. The woman holds a walker.
En el caos de la balacera en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs y el traslado al hospital, Sarai Holguín perdió su bolso y su teléfono celular. Su esposo, César, y su hija la buscaron durante cerca de ocho horas. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

La casa actual es más pequeña, pero era importante mantener a los niños en el mismo distrito escolar con sus amigos, dijo Lemons en una entrevista en el dormitorio rosa de Kensley, el lugar más tranquilo para hablar.

Han pedido dinero prestado y recaudaron para ayudar con el depósito y las reparaciones del automóvil, pero el tiroteo del desfile ha dejado a la familia en un profundo pozo financiero.

Sin seguro, Lemons temía no poder pagar para que le extrajeran la bala. Luego se enteró que su cirugía sería pagada por donaciones. Programó una cita en un hospital al norte de la ciudad, donde un cirujano tomó medidas en su radiografía y le explicó el procedimiento.

“Necesito que estés involucrado tanto como yo voy a estar involucrado”, recordó que le dijeron, “porque —adivina qué— esta no es mi pierna”.

La cirugía está programada para este mes.

“Nos hicimos amigas”

Sarai Holguín no es gran fanática de los Chiefs, pero aceptó ir al rally en Union Station para mostrarle a su amiga el mejor lugar para ver a los jugadores en el escenario.

Era un día inusualmente cálido, y estaban paradas cerca de una entrada donde había muchos policías. Había papás con bebés en cochecitos, los niños jugaban al fútbol americano y Holguín se sentía segura.

Un poco antes de las 2 pm, escuchó lo que pensó que eran fuegos artificiales. La gente comenzó a correr lejos del escenario. Se dio vuelta, tratando de encontrar a su amiga, pero se sintió mareada. No se dio cuenta que le habían disparado. Tres personas rápidamente la ayudaron a tirarse al suelo, y un extraño se quitó la camisa e hizo un torniquete en su pierna izquierda.

Holguín, originaria de Puebla, México, ciudadana estadounidense desde 2018, nunca había visto tanto caos, tantos paramédicos trabajando bajo tanta presión. Fueron “héroes anónimos”, dijo.

A woman sits on a couch, holding a walker, with a bandage wrapped around her left knee.
Holguín, originaria de Puebla, México, ciudadana estadounidense desde 2018, recibió una bala en la pierna en el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs. Ahora usa un andador, y dice que la consecuencia más frustrante es no poder viajar para ver a su padre de 102 años, que está en México. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

Los vio atendiendo a Lisa López-Galván, una conocida DJ de 43 años y dos hijos. López-Galván murió en el lugar, y fue la única víctima mortal. A Holguín la llevaron a University Health, a unos cinco minutos de Union Station.

Allí, la operaron, pero dejaron la bala en su pierna. Holguín se despertó en medio de más caos. Había perdido su bolso y su teléfono celular, así que no pudo llamar a César, su esposo. La internaron en el hospital bajo un alias, una práctica común en los centros médicos para comenzar a atender al paciente de inmediato.

Su esposo e hija no la encontraron hasta cerca de las 10 pm, unas ocho horas después de que le dispararan.

“Ha sido un gran trauma para mí”, dijo Holguín a través de un intérprete. “Estaba herida y en el hospital sin haber hecho nada malo. [El rally] era un momento para jugar, relajarse, estar juntos”.

Holguín estuvo una semana internada, e inmediatamente tuvo dos cirugías ambulatorias más para eliminar el tejido muerto alrededor de la herida. Usó un dispositivo especial durante varias semanas y tuvo citas médicas cada dos días.

Campbell, el cirujano de trauma, dijo que esos dispositivos, llamados “de cierre asistido por vacío” son comunes cuando las balas dañan tejidos que no se pueden reconstruir fácilmente en la cirugía. (Ayudan a acelerar el proceso de cierre de la herida)

A woman wearing a black dress walks in her dining room using a walker.
En el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs, Holguín escuchó lo que pensó que eran fuegos artificiales, sin darse cuenta que le habían disparado. Tuvo una cirugía y los médicos optaron por dejar la bala en su pierna. Ahora usa un andador para moverse. (Christopher Smith for ºÚÁϳԹÏÍø News)

“No son solo las lesiones físicas”, dijo Campbell. “Muchas veces son las lesiones emocionales, psicológicas, que muchos de estos pacientes también experimentan”.

La bala sigue cerca de la rodilla de Holguín.

“La tendré por el resto de mi vida”, dijo, agregando que ella y la bala se han convertido en “compas”, amigas cercanas. “Nos hicimos amigas para que ella no me haga ningún otro daño”, dijo Holguín sonriendo.

Punch, de la Bullet Related Injury Clinic en St. Louis, dijo que algunas personas como Holguín pueden tener la fortaleza mental para vivir con una bala en el cuerpo.

“Si puedes crear una historia sobre lo que significa que esa bala esté en tu cuerpo, eso te da poder; te empodera”, dijo Punch.

An adolescent girl lies in a hospital bed with wounds on her face.
Una bala atravesó la mandíbula de Mireya Nelson durante el desfile del Super Bowl de los Kansas City Chiefs el 14 de febrero. También tiene fragmentos de bala en el hombro y necesitará que le hagan pruebas de plomo en la sangre por al menos los próximos dos años. (Erika Nelson)

La vida de Holguín cambió en un instante: está usando un andador para moverse. Su pie, dijo, actúa “como si hubiera tenido un derrame cerebral”, se queda colgando y es difícil mover los dedos de los pies.

La consecuencia más frustrante es que no puede viajar para ver a su padre de 102 años, que está en México. Lo ve en video a través de su teléfono, pero eso no ofrece mucho consuelo, dijo, y pensar en él la hace llorar.

En el hospital le dijeron que sus facturas médicas serían cubiertas, pero luego muchas de ellas llegaron por correo. Intentó obtener ayuda para las víctimas del estado de Missouri, pero le costo entender todos los formularios que tenía porque estaban en inglés.

Solo alquilar el dispositivo de cierre asistido por vacío costaba $800 al mes.

Finalmente escuchó que el Consulado de México en Kansas City podía ayudar, y el cónsul la remitió a la Oficina del Fiscal del condado de Jackson, donde se registró como víctima oficial. Ahora todas sus facturas están siendo pagadas, dijo.

Holguín no buscará tratamiento de salud mental, ya que cree que uno debe aprender a vivir con una situación determinada o se convertirá en una carga. “He procesado este nuevo capítulo en mi vida”, dijo Holguín. “Nunca me he rendido y seguiré adelante con la ayuda de Dios”.

“Vi sangre en mis manos”

Mireya Nelson llegó tarde al desfile. Su madre, Erika, le dijo que se fuera temprano, por el tráfico y el millón de personas que se esperaba en el centro de Kansas City, pero ella y sus amigos adolescentes ignoraron el consejo. Los Nelson viven en Belton, Missouri, aproximadamente a media hora al sur de la ciudad.

Mireya quería sostener el trofeo del Super Bowl. Cuando ella y sus tres amigos llegaron, el desfile que había pasado por el centro ya había terminado y había comenzado el rally en Union Station. Estaban atrapados entre la multitud y se aburrieron rápido, dijo Mireya.

Mireya y una de sus amigas intentaron llamar al conductor de su grupo para irse, pero no tenían señal en el celular, por la gran multitud.

En medio del caos de personas y ruido, Mireya de repente se desplomó.

“Vi sangre en mis manos. Así que supe que me habían disparado. Sí, y simplemente me arrastré hacia un árbol”, dijo Mireya. “En realidad, al principio no sabía dónde me habían disparado. Solo ví sangre en mis manos”.

La bala rozó la barbilla de Mireya, atravesó su mandíbula, le rompió el hombro y salió por su brazo. Quedaron fragmentos de bala en su hombro. Los médicos decidieron dejarlos porque la joven ya había sufrido mucho daño.

A photo of a woman in a hospital bed. A man and a woman stand next to her, smiling.
Nelson fue una de al menos 24 personas heridas por disparos durante el desfile. Aquí, el mariscal de campo de los Chiefs, Patrick Mahomes, y su esposa, Brittany, la visitan en el Children’s Mercy Hospital. (Erika Nelson)

Por ahora, la madre de Mireya apoya esa decisión, señalando que eran solo “fragmentos”. “Creo que si no la van a dañar el resto de su vida”, dijo Erika, “no quiero que siga volviendo al hospital y teniendo cirugías. Eso es más trauma para ella y más tiempo de recuperación, más terapia física y cosas así”.

Punch dijo que los fragmentos de bala, especialmente los que son solo superficiales, a menudo se abren paso como astillas, aunque a los pacientes no siempre se les dice eso. Además, agregó, las lesiones causadas por las balas se extienden más allá de aquellos con tejido dañado a las personas a su alrededor, como Erika. Pidió un enfoque holístico para recuperarse de todo el trauma.

“Cuando las personas permanecen en su trauma, ese trauma puede cambiarlas para toda la vida”, dijo Punch.

Mireya será sometida a en su sangre durante al menos los próximos dos años. Ahora sus niveles están bien, dijeron los médicos a la familia, pero si empeoran, necesitará cirugía para remover los fragmentos, dijo su madre.

Campbell, el cirujano pediátrico, dijo que el plomo es particularmente preocupante para los niños pequeños, cuyos cerebros en desarrollo los hacen especialmente vulnerables a sus . Incluso —3.5 microgramos por decilitro— es suficiente para informar a las autoridades de salud estatales, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Mireya habla sobre adolescentes lindos, pero todavía usa pijamas de Cookie Monster. Parece confundida por los tiroteos, por toda la atención en casa, en la escuela, de los periodistas. Cuando le preguntaron cómo se siente sobre los fragmentos en su brazo, dijo: “Realmente no me importan”.

Después de su estadía en el hospital, Mireya tomó antibióticos durante 10 días porque los médicos temían que hubieran bacterias en la herida. Ha tenido terapia física, pero es doloroso hacer los ejercicios. Tiene una cicatriz en la barbilla. “Una muesca”, dijo, que es “irregular”.

“Dijeron que tuvo suerte porque si no hubiera girado la cabeza de cierta manera, podría haber muerto”, dijo Erika.

Mireya enfrenta una evaluación psiquiátrica y sesiones de terapia, aunque no le gusta hablar de sus sentimientos.

Hasta ahora, el seguro de Erika está pagando las facturas médicas, aunque espera obtener algo de ayuda del fondo , que recaudó casi $1.9 millones, o de una organización de fe llamada .

Erika no quiere limosnas. Tiene un trabajo en atención médica y acaba de tener un ascenso.

La bala ha cambiado la vida de la familia de muchas maneras. Ahora forma parte de sus charlas. Hablan sobre cómo desearían saber qué tipo de munición era, o cómo se veía.

“Como si quisiera quedarme con la bala que atravesó mi brazo”, dijo Mireya. “Quiero saber qué tipo de bala era”. Eso provocó un suspiro de su mamá, quien dijo que su hija había visto demasiados episodios de “Forensic Files”.

Erika se culpa por la herida, porque no pudo proteger a su hija en el desfile.

“Me duele mucho porque me siento mal, porque ella me suplicó que dejara el trabajo y no fui allí porque cuando tienes un puesto nuevo, no puedes simplemente irte del trabajo”, dijo Erika. “Porque yo hubiera recibido la bala. Porque haría cualquier cosa. Es lo que hace una mamá”.

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