Según el gobierno, el objetivo es ofrecer más opciones y primas más bajas.
Sin embargo, la iniciativa también contempla un fuerte aumento de algunos gastos de bolsillo anuales —que podrían superar los $27.000 en un tipo de cobertura— y podrían hacer que casi pierdan su seguro médico.
Los cambios se producen en un momento en que el costo de la atención de salud es una preocupación clave para muchos estadounidenses: algunos están teniendo dificultades para pagar sus primas de ACA desde que los subsidios mejorados vencieran a finales del año pasado. Las cifras iniciales de inscripción para este año muestran una caída de más de un millón de personas.
La cobertura médica y su accesibilidad se han convertido en de cara a las elecciones de medio término de noviembre.
Los cambios propuestos por la administración Trump forman parte de una extensa norma que modifica distintos aspectos del sistema, incluidos los paquetes de beneficios, los gastos de bolsillo y las redes de proveedores de salud. Las aseguradoras usan estas reglas como base para fijar las primas para el año siguiente.
Después de un período de comentarios públicos —en el que personas, organizaciones y distintos sectores pueden opinar sobre el proyecto— la norma se oficializará esta primavera.
La propuesta “pone a los pacientes, contribuyentes y estados en primer lugar al reducir costos y reforzar la rendición de cuentas sobre el dinero de los contribuyentes”, dijo Mehmet Oz, administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS, por sus siglas en inglés), en un .
Una de las formas en que lo haría es impulsando un tipo de cobertura —los — que, , el año pasado atrajeron apenas a unos 20.000 asegurados, elevan esa cifra a cerca de 54.000.
“Para mí, esta propuesta indica que la administración ha encontrado su próximo gran objetivo en los planes catastróficos”, dijo Katie Keith, directora de la Iniciativa de Política de Salud y Derecho en el O’Neill Institute for National and Global Health Law del Georgetown University Law Center.
Estos planes tienen costos anuales de bolsillo muy altos para el asegurado, pero suelen ofrecer primas más bajas que otras opciones de ACA. Antes estaban limitados a personas menores de 30 años o a quienes enfrentaban ciertas dificultades económicas, pero el gobierno de Trump permitió que se inscribieran personas de más edad que perdieron la elegibilidad para subsidios para la cobertura de 2026. Aún no se sabe cuántas personas eligieron esta opción.
La norma consolida este cambio porque hace elegibles a quienes tengan ingresos por debajo del nivel de pobreza ($15.650 este año) y a quienes ganen más de dos veces y media esa suma siempre que hayan perdido el acceso a un subsidio de ACA que reducía sus gastos de bolsillo. El texto también señala que una persona que cumpla con estos criterios sería elegible en cualquier estado, un punto importante porque esta cobertura actualmente .
Además, la propuesta exigiría que el límite máximo de gastos de bolsillo en estos planes alcanzara $15.600 al año para una persona y $27.600 para una familia esta semana en Health Affairs.
Actualmente, el tope de gastos de bolsillo para planes catastróficos es de $10.600 para una persona y $21.200 para cobertura familiar. Salvo la atención preventiva y tres consultas cubiertas con un médico de atención primaria, ese monto debe alcanzarse antes de que el resto de la cobertura entre en vigencia.
En el texto presentado, la administración afirma que los cambios propuestos ayudarían a diferenciar los planes catastróficos de los planes “Bronce”, el siguiente nivel, y posiblemente impulsarían una mayor inscripción en los primeros. Según el mismo documento, hoy esa diferencia no siempre es significativa cuando las primas son similares. Elevar el tope de gasto de bolsillo de los planes catastróficos a esos niveles, argumentan, serviría para establecer esa distinción.
“Cuando existe una diferencia tan clara, los consumidores más sanos —que suelen ser los candidatos ideales para inscribirse en planes catastróficos— se sienten más motivados a elegir uno de estos planes, en lugar de un plan Bronce”, señalan.
Sin embargo, como los subsidios de ACA no pueden usarse para pagar las primas de los planes catastróficos, es posible que esto desaliente a los posibles beneficiarios.
La inscripción en los planes Bronce, que actualmente tienen un deducible anual promedio de $7.500, se ha duplicado desde 2018 hasta alcanzar unos 5,4 millones de consumidores el año pasado. Este año es probable que la cifra sea mayor.
Los datos de inscripción en algunos estados muestran un desplazamiento hacia los planes Bronce, ya que los consumidores fueron dejando los planes “Plata”, “Oro” o “Platino”, que tienen primas más altas, tras el vencimiento de subsidios mejorados a finales de 2025.
La iniciativa del gobierno también permitiría que las aseguradoras ofrezcan planes Bronce con niveles de copagos y deducibles que superen lo que hoy permite ACA, pero solo si esa misma aseguradora también vende otros planes Bronce con niveles más bajos de costos compartidos.
En lo que describen como un enfoque “novedoso”, las nuevas regulaciones permitirían que las aseguradoras ofrezcan planes catastróficos multianuales, en los que las personas podrían permanecer inscritas hasta por 10 años. Durante ese período, los límites de gastos variarían. Por ejemplo, los costos podrían ser más altos en los primeros años y luego bajar a medida que el plan se mantenga vigente. La presentación solicita comentarios específicos sobre cómo podría estructurarse un plan de este tipo y qué efecto tendrían los planes multianuales en el mercado en general.
“Por lo que entendemos hasta ahora, las aseguradoras podrían ofrecer la póliza por un año o por períodos consecutivos de hasta 10 años”, explicó Zach Sherman, director gerente de política de cobertura y diseño de programas en HMA, también conocida como Health Management Associates, una firma de consultoría en políticas de salud que trabaja para estados y aseguradoras. “Pero aún estamos analizando los detalles de cómo funcionaría”, añadió.
Matthew Fiedler, investigador principal del Centro de Políticas de Salud de Brookings Institution, advirtió que el paquete regulatorio que propone el gobierno incluye muchas disposiciones que podrían “exponer a los inscritos a gastos de bolsillo mucho más altos”.
Además de los cambios previstos para los planes Bronce y catastróficos, Fiedler señaló otra disposición que permitiría vender en el mercado de ACA planes que no tengan redes fijas de proveedores de salud. Es decir, la aseguradora no habría firmado contratos con médicos ni hospitales específicos para aceptar su cobertura.
En su lugar, estos planes pagarían a los proveedores un monto fijo por sus servicios médicos. Podría ser una tarifa única o un porcentaje de lo que paga Medicare. La iniciativa establece que las aseguradoras tendrían que garantizar “acceso a una variedad de proveedores” dispuestos a aceptar esas sumas como pago total. Sin embargo, los asegurados podrían quedar expuestos a gastos inesperados si un médico o centro de salud no acepta esas condiciones y le cobra al paciente la diferencia.
Debido al amplio alcance de la norma —que incluye muchas otras disposiciones— se espera que reciba cientos, si no miles, de comentarios públicos hasta principios de marzo.
El corredor de seguros de Pennsylvania Joshua Brooker dijo que le gustaría que se exija a las aseguradoras que venden planes catastróficos con gastos de bolsillo muy altos que también ofrezcan otros planes catastróficos con límites anuales más bajos.
En términos generales, agregó, una mayor variedad de opciones podría resultar atractiva para personas en ambos extremos de la escala de ingresos.
Según explicó, algunos consumidores con mayores ingresos —especialmente quienes ya no califican para subsidios para las primas de ACA— preferirían pagar una prima más baja, como la que se espera en los planes catastróficos, y asumir de su propio bolsillo los gastos médicos hasta alcanzar ese tope máximo.
“Están más preocupados por un infarto que cueste medio millón de dólares”, reflexionó Brooker.
La situación es más difícil para quienes están por debajo de la línea de pobreza, no califican para subsidios de la ACA y, , muchas veces tampoco cumplen los requisitos para Medicaid, opinó. “En esos casos, es probable que se queden sin seguro médico”. Al menos un plan catastrófico, dijo, podría permitirles acceder a la atención preventiva y limitar un desastre financiero si terminan en un hospital. “A partir de ahí, incluso podrían calificar para programas de atención caritativa del hospital que ayuden a cubrir los gastos de bolsillo”, dijo.
En general, afirmó: “ofrecer más opciones en el mercado no perjudica, siempre que la propuesta se divulgue de manera adecuada y el consumidor la entienda”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2157043&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Su prima mensual de $435 por la cobertura familiar es casi igual a la del seguro de su trabajo anterior. Pero el plan de salud de su empleo actual tiene un deducible anual de $4.000, que debe pagar de su bolsillo antes de que el seguro comience a cubrir los gastos médicos de su familia cada año.
“Ahora todo es el precio total”, dijo este hombre de 53 años, que trabaja en un almacén al sur del área de Dallas-Fort Worth. “Ha sido un poco difícil”.
Para reducir sus gastos, Garza cambió su medicamento para la diabetes por otro más económico y dejó de usar el monitor continuo de glucosa que controlaba sus niveles de azúcar en sangre. Desde que empezó en este trabajo hace casi dos años, comentó, su nivel de hemoglobina A1c ha ido subiendo: pasó del 7% o menos —el objetivo recomendado— a un 14% en su visita médica más reciente, en noviembre.
“Mi A1c está por las nubes porque técnicamente ya no estoy usando el medicamento correcto como antes”, lamentó Garza. “Estoy tomando lo que puedo pagar”.
Los planes con deducibles altos —es decir, la cantidad que los pacientes deben abonar por la mayoría de los servicios médicos antes de que el seguro se haga cargo— se han vuelto cada vez más comunes.
En 2024, la ofreció este tipo de cobertura, comparado con el 38% en 2015, según datos federales. Estos planes también están disponibles a través del mercado de seguros de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA).
Con los para el próximo año y la posible finalización de varios subsidios a fin de 2025, más personas enfrentan decisiones difíciles al comparar el costo mensual de las primas con los deducibles. Para poder pagar un seguro, algunas personas optan por planes con primas bajas pero deducibles altos, apostando a que no tendrán crisis médicas.
Pero estos planes representan un reto particular para quienes viven con enfermedades crónicas, como los que tienen diabetes tipo 1 o tipo 2 en Estados Unidos.
Según un estudio publicado en 2024, los adultos con diabetes que, involuntariamente, pasan a un plan con deducible alto enfrentan un 11% más de riesgo de hospitalización por infarto que quienes tienen otro tipo de cobertura. También tienen un 15% más de peligro de derrame cerebral y de probabilidad de quedar ciegos o desarrollar enfermedad renal en etapa terminal.
“Todas estas complicaciones son prevenibles”, señaló , autora principal del estudio.
Atención vs. costo
El objetivo inicial de los planes con deducibles altos era fomentar mejores decisiones al buscar atención médica, explicó McCoy, profesora asociada en la University of Maryland School of Medicine, en College Park.
Pero mientras que alguien con un dolor de oído insoportable buscará atención médica, dijo, quienes tienen niveles de azúcar en sangre fuera de control tal vez no sientan la misma urgencia —a pesar del posible daño a largo plazo— debido al fuerte impacto financiero.
“No hay síntomas hasta que ya es demasiado tarde”, dijo. “Y en ese punto, el daño es irreversible”.
En promedio, la atención médica para personas con diabetes cuesta , según un análisis de datos de 2022. La diabetes tipo 2, que es la forma más común, se diagnostica cuando el cuerpo deja de producir suficiente insulina o no la utiliza de forma adecuada, lo que dificulta controlar el nivel de azúcar en la sangre.

En la diabetes tipo 1, el cuerpo no produce insulina. Las personas con esta enfermedad deben cubrir no solo el costo de la insulina y otros medicamentos, sino también el de los equipos necesarios para su atención.
Mallory Rogers calcula que gasta unos $1.200 al mes en el tratamiento de su hija Adeline, de 6 años, que tiene diabetes tipo 1. Ese monto incluye insulina, una bomba de insulina y un monitor continuo de glucosa. No están contemplados los suministros de emergencia que se requieren si alguno de estos dispositivos falla: otro tipo de insulina, tiras para medir la glucosa en sangre y dos frascos de un aerosol nasal que cuesta casi $600 y debe reponerse al menos una vez al año.
“Si no tuviera insulina, estaría en una situación de emergencia en menos de dos horas”, explicó Rogers, consultora en tecnología que vive en Sanford, Florida. La mujer ha estado ahorrando para cuando su hija tenga que usar el plan de salud con deducible alto que ofrece su empleador, que alcanza los $3.300 para la cobertura familiar.
Decisiones impositivas
Muchos planes de seguro vienen con deducibles cada vez más altos. Pero para que un plan se considere oficialmente de “deducible alto” —y así pueda ofrecer una cuenta de ahorros para gastos médicos (HSA)— el deducible en 2026 tiene que ser de al menos , según las reglas del IRS.
En 2026, quienes tienen acceso a una cuenta de ahorros para la salud (HSA) a través de su plan o de su empleador pueden obtener beneficios fiscales aportando hasta $8.750 por familia o $4.400 por persona, si es que pueden pagarlo. El empleador de Rogers aporta $2.000 a lo largo del año, y el de Garza contribuye con $1.200.
Rogers reconoce que ha tenido suerte: ha logrado ahorrar $7.000 en su cuenta HSA para cuando el seguro de su hija se transfiera a su plan.
“Agregar una carga financiera a una condición médica ya de por sí estresante, me parte el corazón”, dijo al pensar en quienes no pueden ahorrar lo mismo. “Nadie pide tener diabetes, ya sea tipo 1 o tipo 2”.
En 2024, el deducible promedio en los planes de empleadores fue de $2.750, pero pueden superar los $5.000, según George Huntley, director ejecutivo del y de la
Cuando los deducibles son demasiado altos, aseguró Huntley, lo primero que la gente empieza a recortar es el tratamiento básico: “No toman el medicamento que deberían tomar para controlar la glucosa. Racionan la insulina, si ese es su caso. Toman las pastillas día por medio”.
Garza sabe que debería hacer más para controlar su diabetes, pero su situación económica no se lo permite. Su seguro anterior cubría un tipo más novedoso de medicamentos para la diabetes, conocidos como agonistas de GLP-1, por $25 mensuales. También cubría sin costo sus otros medicamentos, como los de la presión arterial y el colesterol, y su monitor continuo de glucosa.
Con su nuevo seguro, paga $125 mensuales por la insulina y otros medicamentos. Solo ve a su endocrinólogo dos veces al año.
“Quiere verme cada tres meses”, comentó Garza. “Pero le dije que no es posible a $150 la consulta”.
Además, generalmente necesita exámenes de laboratorio antes de cada visita, los que le cuestan otros $111.
El año próximo, el deducible promedio de un plan Plata en el mercado de ACA será de $5.304, sin reducciones de costos compartidos, según un análisis de KFF. Para un , el promedio será de $7.476.
Una visita médica anual y algunos exámenes preventivos, como una mamografía, estarán cubiertos sin costo para el paciente.
Además, quienes —ya sea a través de su empleador o del mercado de seguros— deben tener en cuenta cuál es su gasto máximo de bolsillo anual, que se sigue aplicando incluso después de cubrir el deducible, explicó Huntley.
Por ejemplo, el plan familiar de Garza requiere que él pague el 20% de los costos hasta llegar a los $10.000.
Dado que sus niveles de azúcar están tan elevados, el doctor le recetó una insulina de acción rápida para usar con las comidas, que cuesta $79 adicionales al mes. Garza planeaba surtir esa receta en diciembre, cuando solo debería pagar el 20% del costo: ya cumplió su deducible pero aún no alcanzó su máximo de bolsillo.
A Garza le gusta su trabajo a pesar del plan de salud, y dijo que nunca ha faltado ni un día, ni siquiera recientemente, cuando tuvo un virus estomacal. Hacia finales de 2025, seguía sin decidir si inscribirse o no en el seguro médico cuando llegue el período de afiliación de su compañía, a mediados de 2026.
Le preocupa que dejar el seguro ponga en riesgo a su familia si se presenta una emergencia médica. Sin embargo, comentó, podría usar el dinero que ahora paga en primas mensuales para cubrir directamente su atención médica y así controlar mejor su diabetes.
“Para serle honesto, me siento atrapado”, concluyó.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2131598&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Recursos humanos le dijo que tenía que irse a su casa.
“Me dijeron que no podía volver hasta que me hicieran la prueba de COVID”, explicó Quintero, a quien también le dijeron que tenía que presentar una prueba de que no tenía el virus.
Su médico le indicó que fuera a la sala de emergencias más cercana para hacerse el test porque en el consultorio no había pruebas de coronavirus.
El Corona Regional Medical Center está a la vuelta de la esquina de su casa, y allí una enfermera la auscultó y le hizo una radiografía de tórax. Pero el hospital tampoco tenía pruebas disponibles, y la enfermera le dijo que fuera al departamento de salud pública del condado de Riverside.
Allí le dieron un número 800 para que pidiera cita para hacerse el test. Lo más pronto que el condado podía hacerle la prueba era el 7 de abril, más de dos semanas después.
En el hospital, Quintero recibió una nota del médico diciendo que debía quedarse en casa y no trabajar durante una semana, y se le indicó que se comportara como si tuviera COVID-19, aislándose de los miembros vulnerables de la familia.
Eso fue difícil. Quintero vive con su abuela y los padres de su novia, pero se las arregló. Nadie más en su casa se enfermó, y cuando llegó el 7 de abril, se sintió mejor y decidió no hacerse la prueba del coronavirus.
Entonces llegó la factura.
Paciente: Carmen Quintero, 35 años, trabajadora en un almacén de distribución que vive en Corona, California. Tiene un plan médico de Anthem Blue Cross a través de su trabajo, con un deducible anual de $3,500.
Factura total:Â Corona Regional Medical Center facturó a Quintero $1,010, y Corona Regional Emergency Medical Associates facturó $830 adicionales por servicios médicos. Quintero también pagó $50 en Walgreens por un inhalador.
Proveedor de servicios:Â Corona Regional Medical Center, un hospital con fines de lucro propiedad de Universal Health Services, una compañía con sede en King of Prussia, Pennsylvania, que es una de las mayores compañías de atención médica de la nación. El hospital tiene un contrato con Corona Regional Emergency Medical Associates, parte de .
Servicio Médico:Â Quintero fue evaluada en la sala de emergencias por síntomas consistentes con COVID-19: una tos fuerte y dificultad para respirar. Se le hizo una radiografía de tórax y un tratamiento respiratorio y se le recetó un inhalador.
La situación:Â Ese día a finales de marzo, cuando su cuerpo se estremecía por la tos, la principal preocupación de Quintero era contagiar a su familia, especialmente a los padres de su novia, ambos mayores de 65 años, y a su abuela de 84 años.
“Si algo les hubiera pasado, no sé si hubiera podido vivir con ello”, explicó Quintero.
Quintero quería aislarse en un hotel, pero apenas podía permitirse la semana que se quedaba en casa. Sólo tenía tres días de enfermedad pagos y se vio obligada a tomar vacaciones hasta que sus síntomas desaparecieron, y se le permitió volver al trabajo. En ese momento, pocos lugares proporcionaban habitaciones de hotel financiadas con dinero público para que los enfermos se aislaran, y a Quintero no se le ofreció ninguna ayuda.
Para su atención médica, Quintero sabía que tenía un plan con un deducible alto, pero sentía que no tenía otra opción más que seguir el consejo de su médico e ir a la sala de emergencias más cercana para hacerse la prueba. Supuso que se haría la prueba y no tendría que pagar.
El Congreso había aprobado la , y todos los titulares decían que las .
Esa legislación resultó estar plagada de lagunas legales, especialmente para gente como Quintero que necesitaba y quería una prueba de coronavirus pero que no podía conseguirla en los primeros momentos de la pandemia.
“No me pareció justo porque fui allí a hacerme la prueba”, dijo.
Algunas para las visitas a la sala de emergencias relacionadas con el COVID. Quintero dijo que su aseguradora, Anthem Blue Cross, no reduciría su factura. Anthem se niega a hablar del caso hasta que Quintero firme su propia renuncia a la privacidad; y no acepta la renuncia estándar firmada que utiliza KHN.
El hospital tampoco quiere hablar de la factura con un reportero a menos que Quintero también esté al teléfono, algo que aún no se ha podido coordinar con la jornada laboral de Quintero, que comienza a las 4 am y termina a las 3:30 pm
han ido más lejos que el Congreso para renunciar al costo compartido de las pruebas y el diagnóstico de la neumonía y la gripe, dado que estas enfermedades se confunden a menudo con COVID-19. California no es uno de ellos, y debido a que el empleador de Quintero está autoasegurado —la compañía paga los servicios de salud directamente de sus propios fondos— no tiene que acatar las directrices estatales de todos modos. El Departamento de Trabajo de los Estados Unidos regula todos los planes de seguros autofinanciados. En 2019, cubiertos estaban en este tipo de planes.
Resolución:Â A medida que las restricciones de cierre se alivian y los casos de coronavirus aumentan en todo el país, los funcionarios de salud pública dicen que es esencial aislar rápidamente a las personas enfermas antes que el virus se propague a través de las familias.
Pero los esfuerzos de aislamiento han recibido poca atención en el país. Casi todos los departamentos de salud locales, incluyendo el condado de Riverside, donde vive Quintero, ahora tienen estos programas, según la Asociación Nacional de Funcionarios de Salud del Condado y la Ciudad. Muchos se diseñaron para albergar a las personas sin hogar, pero pueden ser usados para aislar a quien lo necesite.
Raymond Niaura, presidente interino del Departamento de Epidemiología de la Universidad de Nueva York, señaló que estos programas se utilizan de manera inconsistente y no se han promovido bien.
“Nadie ha hecho esto antes y mucho de lo que está pasando se crea sobre la marcha”, dijo Niaura. “Nunca hemos vivido una circunstancia como esta”.
A Quintero todavía le preocupa contagiar a su familia y teme estar en la misma habitación que su abuela. Quintero regresa del trabajo todos los días, pone su ropa en un cesto separado y se lava las manos diligentemente antes de interactuar con nadie.
Las facturas han sido otra preocupación constante. Quintero llamó al hospital y a su compañía de seguros y se quejó de que no debía pagar, ya que necesitaba una prueba por orden de su médico. Su queja no fue atendida y las facturas etiquetadas como “recordatorios de pago” pronto se convirtieron en “avisos finales”. Aceptó a regañadientes pagar $100 al mes: $50 al hospital y $50 a los médicos.
“Ninguno quería ayudarme”, comentó Quintero. “Ahora tengo que dar el primer pago de cada factura para que no me envíen a cobros”.
Conclusiones:Â Si sospechas que tienes COVID-19 y necesitas aislarte para proteger a los miembros vulnerables de tu hogar, llama a tu departamento de salud pública local. La mayoría de los condados tienen programas de aislamiento y cuarentena, pero estos recursos no son bien conocidos. Es posible que te alberguen en un hotel, en una autocaravana u otro tipo de vivienda mientras finaliza el período de infección.
No es necesario tener un resultado positivo en la prueba de COVID para calificar para estos programas y se pueden usar mientras se espera el resultado de la prueba. Pero este es un área en el que los funcionarios de salud pública ofrecen repetidamente una clara orientación —14 días de aislamiento— que la mayoría de la gente encuentra imposible de seguir.
En este momento de la pandemia, las pruebas están más disponibles y la ley federal está claramente de tu lado: Nadie debe cobrarte ningún costo compartido por una prueba de coronavirus.
Sin embargo, ten cuidado si tu médico te envía a la sala de emergencias para una prueba de COVID, porque cualquier atención adicional que recibas allí podría tener un alto precio. Pregunta si hay otros lugares para hacerte la prueba.
Si te enfrentas a una factura grande relacionada con la sospecha de COVID, vete más allá de una llamada telefónica a tu compañía de seguros y presenta una apelación formal. Si es posible, pídele al personal de recursos humanos de tu empleador que argumente en tu nombre.
Luego, llama a la línea de ayuda del comisionado de seguros de tu estado y presenta una apelación por separado. Presiona a las aseguradoras —y a las grandes compañías que ofrecen planes de seguro autofinanciado— para que sigan el espíritu de la ley, incluso si la letra de la ley parece permitirles su comportamiento.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1129454&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>“Al día siguiente, apenas podía caminar”, dijo la mujer de 55 años quien vive en un acre de tierra en Nevada City, California, a 60 millas al noreste de Sacramento. La causa: un disco abultado en su columna vertebral, que le dispara el dolor por la pierna y la vuelve rígida.
La lesión no fue el único revés de Heck. La resonancia magnética inicial, la inyección de cortisona y la visita al médico le costaron $3,000 porque su plan de salud la obliga a desembolsar $5,000 antes de que la aseguradora comience a pagar. Heck no quiere explorar otras opciones de tratamiento debido a ese alto deducible. La mujer, que gana $ 68,000 al año en marketing para una organización sin fines de lucro, no está dispuesta a agregar más deuda por encima de sus pagos con tarjeta de crédito y la hipoteca.
“Estoy sufriendo todos los días”, dijo, pero “no es lo suficientemente malo como para endeudarse”.
El concepto detrás de los planes con deducibles altos era reducir las primas y reducir los costos generales de salud, asegurando que los consumidores compartieran la carga financiera de sus propias decisiones de atención de salud. Pero la evidencia está aumentando: los deducibles altos han obligado a la gente a retrasar atención que podría prevenir emergencias de salud más tarde, o mejorar su calidad de vida.
Independientemente de lo que suceda con la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), es probable que estos planes se generalicen a medida que los costos de la atención médica siguen aumentando. Un poco más de la mitad de las personas con planes de salud de sus empleadores ahora tienen un deducible de $1,000 o más, comparado con el 10% en 2006, según la Kaiser Family Foundation. (Kaiser Health News, que produce California Healthline, es un programa editorialmente independiente de la fundación).
“Las personas que tienen problemas médicos que pueden ser postergados tienden a hacerlo mucho más ahora debido al deducible alto”, dijo el doctor Ted Mazer, cirujano de cabeza y cuello de San Diego quien es el presidente electo de la California Medical Association.
Los deducibles anuales pueden ascender a muchos miles de dólares en algunos planes. Por ejemplo, los planes de bronce de Covered California, con las primas más bajas disponibles en el mercado de seguros, tienen deducibles de $6,300 para un individuo y $ 12,600 para una familia.
Una publicada este año mostró que el 43% de los asegurados reportaron tener problemas para pagar su deducible, frente al 34% en 2015.

En un del grupo de defensa liberal Families USA, más de un cuarto de las personas en planes con deducibles altos retrasaron algún tipo de servicio, como una visita al médico o una prueba de diagnóstico. Y el 44% de los adultos con altos gastos de bolsillo posponen la atención médica, según un estudio no partidario del .
Otro reciente realizado por investigadores de la Universidad de California-Berkeley y la Universidad de Harvard halló que las personas con planes con deducibles altos gastaron un 42% menos en atención médica antes de cumplir con sus deducibles, principalmente al reducir la cantidad de atención médica, no porque buscaron mejores precios.
Jonathan Kolstad, profesor asociado de economía en la escuela de negocios de UC-Berkeley y coautor del estudio, dijo que los pacientes abandonaron tanto la atención necesaria -por ejemplo, la medicación para la diabetes- como la atención potencialmente innecesaria, como una placa por un dolor de cabeza.
“Abandonadas a su suerte, las personas [en planes con deducibles altos] parecen estar mal equipadas para tomar sus propias decisiones” sobre qué atención necesitan y qué atención no tienen, dijo Kolstad.
Mazer dijo que, en su práctica, la gente ha retrasado todo tipo de tratamientos que no pueden salvar “la vida o un miembro”, pero que implican condiciones médicas que interfieren con la respiración o el sueño.
Dijo que tuvo pacientes que necesitaban una biopsia para determinar si una cuerda vocal anormal era cancerosa, y decidieron no hacerla por el costo.
“Tengo que llamarlos y decir: ‘Estamos viendo un bulto que puede ser maligno y si lo pospones te estás poniendo en riesgo'”, dijo Mazer.
Recientes propuestas republicanas para revocar el Obamacare han promovido el uso de planes con deducibles altos. Y los expertos dijeron que las propuestas también estimularían el crecimiento de estos planes, al reducir los subsidios disponibles a través de los mercados de seguros, induciendo a los consumidores a buscar planes más baratos con mayores deducibles.
Los conservadores dicen que el seguro que promueve la responsabilidad financiera personal ayuda a reducir los costos generales de salud. Los analistas de Hoover Institution, por ejemplo, argumentan que los deducibles altos animan a los pacientes a
Sin embargo, nuevas pruebas sugieren que el retraso de la atención puede ser peligroso y, eventualmente, más costoso para los pacientes.
Un estudio de marzo de 2017 de Harvard comprobó que los pacientes de bajos ingresos con diabetes que tenían planes con deducibles altos retrasaban las visitas por complicaciones como infecciones de la piel y neumonía. Terminaron recibiendo atención más cara más adelante.
Los pacientes pueden intentar tratar sus condiciones en el hogar, o esperar que se curen solas, pero si ese enfoque falla, “entonces tienen que buscar atención en la sala de emergencia”, dijo Frank Wharam, investigador de políticas de salud en la Escuela de Medicina de Harvard y autor principal del estudio.
Wharam dijo que los asalariados de ingresos medios que estudió no sufrieron ningún efecto adverso por las decisiones de atención de salud que tomaron en sus planes con deducibles altos, y agregó que se necesitan más estudios sobre ese grupo.
Sabrina Corlette, del Centro Universitario de Reformas de Seguros de Salud de la Universidad de Georgetown, dijo que hasta que la política de salud nacional aborde los “costos subyacentes de la atención”, los pacientes en planes con deducibles altos probablemente tendrán la difícil tarea de determinar la atención médica que necesitan o pueden permitirse.
Heck dijo que los síntomas de su lesión en la espalda han cambiado: el dolor está en una parte diferente del cuerpo con respecto al que estaba justo después de la lesión. Pero ella ni siquiera considera un viaje a una clínica cercana para una nueva evaluación. Dijo que eso requeriría otra resonancia magnética que podría costar por lo menos $1,500, y tal vez ni siquiera la ayudaría. Si su deducible no fuera tan alto, se sentiría “más libre” para explorar otras opciones de atención médica, agregó.
Por ahora, está tomando un montón de ibuprofeno y visita a un quiropráctico.
“Mucha gente se queda atascada en este lugar”, dijo.
Esta historia fue producida por , que publica , un servicio editorialmente independiente de laÂ
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=757541&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Un es lo siguiente: a cambio de una prima más baja, usted paga más de su propio bolsillo por atención médica hasta que el seguro comience a pagar.
El (IRS) define este tipo de plan como uno con un deducible de al menos $1,300 al año para un individuo o $ 2,600 para una familia.
Muchos deducibles son más altos. Por ejemplo, este año, , el mercado de seguros de salud estatal, ofrece planes Bronce con un deducible de $6,300 para un individuo, y $12,600 para una familia, además de un deducible por separado para medicamentos recetados.
¿Cuántos de ustedes tienen esa cantidad de dinero separada en algún lado?
Lo básico
Bajo la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), la mayoría de los planes de salud deben ofrecer ciertos , incluyendo mamografías, colonoscopías y vacunas de rutina.
Aprovechar esto puede evitar atención más costosa después, explicó Elizabeth Abbott, directora de la del estado.
“Vacúnese contra la gripe”, dijo. “Si se mantiene al día con todos sus servicios preventivos, se ahorrará una buena cantidad de dinero porque es menos probable que se enferme”.
Siempre que sea posible, elija proveedores dentro de la red para su atención médica, aconsejó , directora de proyectos especiales para Consumers Union. “Si usted permanece en la red, sus costos van a ser más bajos”, dijo.
Revise con su proveedor y su aseguradora para confirmar el estado de la red.
Y no olvide -como me ocurre a menudo- que puede evitar una visita al médico llamando a la línea de consejos de enfermería de su compañía de seguros.
Drogas recetadas
A menos que sólo tome medicamentos especiales para tratar condiciones graves o raras, estos pasos probablemente le puedan ahorrar dinero:
Medicamentos genéricos y de venta libre: si su médico le receta un medicamento de marca, pregunte si hay una opción sin receta o genérica que pueda probar primero. Los genéricos cuestan una fracción de la versión de marca, dice , profesor asistente de clínica del Departamento de Práctica de Farmacia en la Universidad del Pacífico en Stockton.
Muchas farmacias (tanto cadenas como independientes) ofrecen programas de descuento para medicamentos genéricos comunes, cobrando $4 por un suministro de 30 días y $10 por un suministro de 90 días.
No tenga miedo de cambiar de farmacia o comprar medicamentos de diferentes lugares, dijo Abbott.
“No asuma que una farmacia en particular ofrece el mejor precio para cada medicamento”, dijo.
Consumers Union generalmente encuentra los mejores precios de los medicamentos en Costco o usando la herramienta de búsqueda en línea de en , agregó Imholz.
Programas de asistencia al paciente: pregunte a su farmacéutico o médico si saben de programas que pueden ayudarle a pagar su receta.
Grupos como la (www.patientadvocate.org) y (www.needymeds.org) también tienen listados de enlaces a organizaciones -e incluso compañías farmacéuticas- que ofrecen ayuda financiera.
Recetas iniciales más cortas: si su médico le receta un medicamento caro que no ha tomado antes, pídale que escriba la receta por unos días o una semana y controle los resultados, sugiere Collum.
Si el medicamento funciona para usted, pida una nueva receta por un período más largo. Si es ineficaz, por lo menos no habrá pagado por un mes de suministro del medicamento.
Comparar precios
La mayoría de nosotros no compra un auto o pasajes de avión sin comparar en distintas concesionarias o sitios de internet. Entonces, ¿por qué no darse una vuelta por la atención médica, cuyos precios pueden variar enormemente de proveedor a proveedor?
Podría .
En primer lugar, pregunte a su médico por el código médico específico, llamado código CPT, para el procedimiento o prueba que necesita, sugirió Jeanne Pinder, CEO de , que tiene como objetivo hacer más transparentes los costos de los procedimientos médicos.
Armado con el código, consulte a diferentes proveedores y a su compañía de seguros. Pregunte cuánto le costará el procedimiento y si el proveedor está en la red de su plan.
En el camino, considere pasar por alto su seguro para un tratamiento o receta en particular.
“Podría estar mejor, como asegurado, pagando en efectivo”, explicó Pinder. “De todos modos, muchas personas no alcanzan su deducible al final del año”.
Si sigue este camino, no llame a aseguradora. Simplemente llame a los proveedores (que no tienen que estar en su red) y pregúnteles “¿Cuánto me costará esto?” y “¿Cuál es su precio al contado?”, sugirió Pinder.
Si el proveedor le pregunta si tiene seguro, simplemente repita que quiere ser un cliente en efectivo, agregó.
Tome notas detalladas, incluyendo el nombre de la persona que le da la cotización, agrega Pinder. Mejor aún, consígala por escrito.
“Tenemos que acostumbrarnos a tener estas charlas y a preguntar de determinada manera”, dijo. “Cuando empiezas a hacerlo, ya no duele”.
Esta historia fue producida por , que publica , un servicio editorial independiente de la .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=729978&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Según el gobierno, el objetivo es ofrecer más opciones y primas más bajas.
Sin embargo, la iniciativa también contempla un fuerte aumento de algunos gastos de bolsillo anuales —que podrían superar los $27.000 en un tipo de cobertura— y podrían hacer que casi pierdan su seguro médico.
Los cambios se producen en un momento en que el costo de la atención de salud es una preocupación clave para muchos estadounidenses: algunos están teniendo dificultades para pagar sus primas de ACA desde que los subsidios mejorados vencieran a finales del año pasado. Las cifras iniciales de inscripción para este año muestran una caída de más de un millón de personas.
La cobertura médica y su accesibilidad se han convertido en de cara a las elecciones de medio término de noviembre.
Los cambios propuestos por la administración Trump forman parte de una extensa norma que modifica distintos aspectos del sistema, incluidos los paquetes de beneficios, los gastos de bolsillo y las redes de proveedores de salud. Las aseguradoras usan estas reglas como base para fijar las primas para el año siguiente.
Después de un período de comentarios públicos —en el que personas, organizaciones y distintos sectores pueden opinar sobre el proyecto— la norma se oficializará esta primavera.
La propuesta “pone a los pacientes, contribuyentes y estados en primer lugar al reducir costos y reforzar la rendición de cuentas sobre el dinero de los contribuyentes”, dijo Mehmet Oz, administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS, por sus siglas en inglés), en un .
Una de las formas en que lo haría es impulsando un tipo de cobertura —los — que, , el año pasado atrajeron apenas a unos 20.000 asegurados, elevan esa cifra a cerca de 54.000.
“Para mí, esta propuesta indica que la administración ha encontrado su próximo gran objetivo en los planes catastróficos”, dijo Katie Keith, directora de la Iniciativa de Política de Salud y Derecho en el O’Neill Institute for National and Global Health Law del Georgetown University Law Center.
Estos planes tienen costos anuales de bolsillo muy altos para el asegurado, pero suelen ofrecer primas más bajas que otras opciones de ACA. Antes estaban limitados a personas menores de 30 años o a quienes enfrentaban ciertas dificultades económicas, pero el gobierno de Trump permitió que se inscribieran personas de más edad que perdieron la elegibilidad para subsidios para la cobertura de 2026. Aún no se sabe cuántas personas eligieron esta opción.
La norma consolida este cambio porque hace elegibles a quienes tengan ingresos por debajo del nivel de pobreza ($15.650 este año) y a quienes ganen más de dos veces y media esa suma siempre que hayan perdido el acceso a un subsidio de ACA que reducía sus gastos de bolsillo. El texto también señala que una persona que cumpla con estos criterios sería elegible en cualquier estado, un punto importante porque esta cobertura actualmente .
Además, la propuesta exigiría que el límite máximo de gastos de bolsillo en estos planes alcanzara $15.600 al año para una persona y $27.600 para una familia esta semana en Health Affairs.
Actualmente, el tope de gastos de bolsillo para planes catastróficos es de $10.600 para una persona y $21.200 para cobertura familiar. Salvo la atención preventiva y tres consultas cubiertas con un médico de atención primaria, ese monto debe alcanzarse antes de que el resto de la cobertura entre en vigencia.
En el texto presentado, la administración afirma que los cambios propuestos ayudarían a diferenciar los planes catastróficos de los planes “Bronce”, el siguiente nivel, y posiblemente impulsarían una mayor inscripción en los primeros. Según el mismo documento, hoy esa diferencia no siempre es significativa cuando las primas son similares. Elevar el tope de gasto de bolsillo de los planes catastróficos a esos niveles, argumentan, serviría para establecer esa distinción.
“Cuando existe una diferencia tan clara, los consumidores más sanos —que suelen ser los candidatos ideales para inscribirse en planes catastróficos— se sienten más motivados a elegir uno de estos planes, en lugar de un plan Bronce”, señalan.
Sin embargo, como los subsidios de ACA no pueden usarse para pagar las primas de los planes catastróficos, es posible que esto desaliente a los posibles beneficiarios.
La inscripción en los planes Bronce, que actualmente tienen un deducible anual promedio de $7.500, se ha duplicado desde 2018 hasta alcanzar unos 5,4 millones de consumidores el año pasado. Este año es probable que la cifra sea mayor.
Los datos de inscripción en algunos estados muestran un desplazamiento hacia los planes Bronce, ya que los consumidores fueron dejando los planes “Plata”, “Oro” o “Platino”, que tienen primas más altas, tras el vencimiento de subsidios mejorados a finales de 2025.
La iniciativa del gobierno también permitiría que las aseguradoras ofrezcan planes Bronce con niveles de copagos y deducibles que superen lo que hoy permite ACA, pero solo si esa misma aseguradora también vende otros planes Bronce con niveles más bajos de costos compartidos.
En lo que describen como un enfoque “novedoso”, las nuevas regulaciones permitirían que las aseguradoras ofrezcan planes catastróficos multianuales, en los que las personas podrían permanecer inscritas hasta por 10 años. Durante ese período, los límites de gastos variarían. Por ejemplo, los costos podrían ser más altos en los primeros años y luego bajar a medida que el plan se mantenga vigente. La presentación solicita comentarios específicos sobre cómo podría estructurarse un plan de este tipo y qué efecto tendrían los planes multianuales en el mercado en general.
“Por lo que entendemos hasta ahora, las aseguradoras podrían ofrecer la póliza por un año o por períodos consecutivos de hasta 10 años”, explicó Zach Sherman, director gerente de política de cobertura y diseño de programas en HMA, también conocida como Health Management Associates, una firma de consultoría en políticas de salud que trabaja para estados y aseguradoras. “Pero aún estamos analizando los detalles de cómo funcionaría”, añadió.
Matthew Fiedler, investigador principal del Centro de Políticas de Salud de Brookings Institution, advirtió que el paquete regulatorio que propone el gobierno incluye muchas disposiciones que podrían “exponer a los inscritos a gastos de bolsillo mucho más altos”.
Además de los cambios previstos para los planes Bronce y catastróficos, Fiedler señaló otra disposición que permitiría vender en el mercado de ACA planes que no tengan redes fijas de proveedores de salud. Es decir, la aseguradora no habría firmado contratos con médicos ni hospitales específicos para aceptar su cobertura.
En su lugar, estos planes pagarían a los proveedores un monto fijo por sus servicios médicos. Podría ser una tarifa única o un porcentaje de lo que paga Medicare. La iniciativa establece que las aseguradoras tendrían que garantizar “acceso a una variedad de proveedores” dispuestos a aceptar esas sumas como pago total. Sin embargo, los asegurados podrían quedar expuestos a gastos inesperados si un médico o centro de salud no acepta esas condiciones y le cobra al paciente la diferencia.
Debido al amplio alcance de la norma —que incluye muchas otras disposiciones— se espera que reciba cientos, si no miles, de comentarios públicos hasta principios de marzo.
El corredor de seguros de Pennsylvania Joshua Brooker dijo que le gustaría que se exija a las aseguradoras que venden planes catastróficos con gastos de bolsillo muy altos que también ofrezcan otros planes catastróficos con límites anuales más bajos.
En términos generales, agregó, una mayor variedad de opciones podría resultar atractiva para personas en ambos extremos de la escala de ingresos.
Según explicó, algunos consumidores con mayores ingresos —especialmente quienes ya no califican para subsidios para las primas de ACA— preferirían pagar una prima más baja, como la que se espera en los planes catastróficos, y asumir de su propio bolsillo los gastos médicos hasta alcanzar ese tope máximo.
“Están más preocupados por un infarto que cueste medio millón de dólares”, reflexionó Brooker.
La situación es más difícil para quienes están por debajo de la línea de pobreza, no califican para subsidios de la ACA y, , muchas veces tampoco cumplen los requisitos para Medicaid, opinó. “En esos casos, es probable que se queden sin seguro médico”. Al menos un plan catastrófico, dijo, podría permitirles acceder a la atención preventiva y limitar un desastre financiero si terminan en un hospital. “A partir de ahí, incluso podrían calificar para programas de atención caritativa del hospital que ayuden a cubrir los gastos de bolsillo”, dijo.
En general, afirmó: “ofrecer más opciones en el mercado no perjudica, siempre que la propuesta se divulgue de manera adecuada y el consumidor la entienda”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2157043&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Su prima mensual de $435 por la cobertura familiar es casi igual a la del seguro de su trabajo anterior. Pero el plan de salud de su empleo actual tiene un deducible anual de $4.000, que debe pagar de su bolsillo antes de que el seguro comience a cubrir los gastos médicos de su familia cada año.
“Ahora todo es el precio total”, dijo este hombre de 53 años, que trabaja en un almacén al sur del área de Dallas-Fort Worth. “Ha sido un poco difícil”.
Para reducir sus gastos, Garza cambió su medicamento para la diabetes por otro más económico y dejó de usar el monitor continuo de glucosa que controlaba sus niveles de azúcar en sangre. Desde que empezó en este trabajo hace casi dos años, comentó, su nivel de hemoglobina A1c ha ido subiendo: pasó del 7% o menos —el objetivo recomendado— a un 14% en su visita médica más reciente, en noviembre.
“Mi A1c está por las nubes porque técnicamente ya no estoy usando el medicamento correcto como antes”, lamentó Garza. “Estoy tomando lo que puedo pagar”.
Los planes con deducibles altos —es decir, la cantidad que los pacientes deben abonar por la mayoría de los servicios médicos antes de que el seguro se haga cargo— se han vuelto cada vez más comunes.
En 2024, la ofreció este tipo de cobertura, comparado con el 38% en 2015, según datos federales. Estos planes también están disponibles a través del mercado de seguros de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA).
Con los para el próximo año y la posible finalización de varios subsidios a fin de 2025, más personas enfrentan decisiones difíciles al comparar el costo mensual de las primas con los deducibles. Para poder pagar un seguro, algunas personas optan por planes con primas bajas pero deducibles altos, apostando a que no tendrán crisis médicas.
Pero estos planes representan un reto particular para quienes viven con enfermedades crónicas, como los que tienen diabetes tipo 1 o tipo 2 en Estados Unidos.
Según un estudio publicado en 2024, los adultos con diabetes que, involuntariamente, pasan a un plan con deducible alto enfrentan un 11% más de riesgo de hospitalización por infarto que quienes tienen otro tipo de cobertura. También tienen un 15% más de peligro de derrame cerebral y de probabilidad de quedar ciegos o desarrollar enfermedad renal en etapa terminal.
“Todas estas complicaciones son prevenibles”, señaló , autora principal del estudio.
Atención vs. costo
El objetivo inicial de los planes con deducibles altos era fomentar mejores decisiones al buscar atención médica, explicó McCoy, profesora asociada en la University of Maryland School of Medicine, en College Park.
Pero mientras que alguien con un dolor de oído insoportable buscará atención médica, dijo, quienes tienen niveles de azúcar en sangre fuera de control tal vez no sientan la misma urgencia —a pesar del posible daño a largo plazo— debido al fuerte impacto financiero.
“No hay síntomas hasta que ya es demasiado tarde”, dijo. “Y en ese punto, el daño es irreversible”.
En promedio, la atención médica para personas con diabetes cuesta , según un análisis de datos de 2022. La diabetes tipo 2, que es la forma más común, se diagnostica cuando el cuerpo deja de producir suficiente insulina o no la utiliza de forma adecuada, lo que dificulta controlar el nivel de azúcar en la sangre.

En la diabetes tipo 1, el cuerpo no produce insulina. Las personas con esta enfermedad deben cubrir no solo el costo de la insulina y otros medicamentos, sino también el de los equipos necesarios para su atención.
Mallory Rogers calcula que gasta unos $1.200 al mes en el tratamiento de su hija Adeline, de 6 años, que tiene diabetes tipo 1. Ese monto incluye insulina, una bomba de insulina y un monitor continuo de glucosa. No están contemplados los suministros de emergencia que se requieren si alguno de estos dispositivos falla: otro tipo de insulina, tiras para medir la glucosa en sangre y dos frascos de un aerosol nasal que cuesta casi $600 y debe reponerse al menos una vez al año.
“Si no tuviera insulina, estaría en una situación de emergencia en menos de dos horas”, explicó Rogers, consultora en tecnología que vive en Sanford, Florida. La mujer ha estado ahorrando para cuando su hija tenga que usar el plan de salud con deducible alto que ofrece su empleador, que alcanza los $3.300 para la cobertura familiar.
Decisiones impositivas
Muchos planes de seguro vienen con deducibles cada vez más altos. Pero para que un plan se considere oficialmente de “deducible alto” —y así pueda ofrecer una cuenta de ahorros para gastos médicos (HSA)— el deducible en 2026 tiene que ser de al menos , según las reglas del IRS.
En 2026, quienes tienen acceso a una cuenta de ahorros para la salud (HSA) a través de su plan o de su empleador pueden obtener beneficios fiscales aportando hasta $8.750 por familia o $4.400 por persona, si es que pueden pagarlo. El empleador de Rogers aporta $2.000 a lo largo del año, y el de Garza contribuye con $1.200.
Rogers reconoce que ha tenido suerte: ha logrado ahorrar $7.000 en su cuenta HSA para cuando el seguro de su hija se transfiera a su plan.
“Agregar una carga financiera a una condición médica ya de por sí estresante, me parte el corazón”, dijo al pensar en quienes no pueden ahorrar lo mismo. “Nadie pide tener diabetes, ya sea tipo 1 o tipo 2”.
En 2024, el deducible promedio en los planes de empleadores fue de $2.750, pero pueden superar los $5.000, según George Huntley, director ejecutivo del y de la
Cuando los deducibles son demasiado altos, aseguró Huntley, lo primero que la gente empieza a recortar es el tratamiento básico: “No toman el medicamento que deberían tomar para controlar la glucosa. Racionan la insulina, si ese es su caso. Toman las pastillas día por medio”.
Garza sabe que debería hacer más para controlar su diabetes, pero su situación económica no se lo permite. Su seguro anterior cubría un tipo más novedoso de medicamentos para la diabetes, conocidos como agonistas de GLP-1, por $25 mensuales. También cubría sin costo sus otros medicamentos, como los de la presión arterial y el colesterol, y su monitor continuo de glucosa.
Con su nuevo seguro, paga $125 mensuales por la insulina y otros medicamentos. Solo ve a su endocrinólogo dos veces al año.
“Quiere verme cada tres meses”, comentó Garza. “Pero le dije que no es posible a $150 la consulta”.
Además, generalmente necesita exámenes de laboratorio antes de cada visita, los que le cuestan otros $111.
El año próximo, el deducible promedio de un plan Plata en el mercado de ACA será de $5.304, sin reducciones de costos compartidos, según un análisis de KFF. Para un , el promedio será de $7.476.
Una visita médica anual y algunos exámenes preventivos, como una mamografía, estarán cubiertos sin costo para el paciente.
Además, quienes —ya sea a través de su empleador o del mercado de seguros— deben tener en cuenta cuál es su gasto máximo de bolsillo anual, que se sigue aplicando incluso después de cubrir el deducible, explicó Huntley.
Por ejemplo, el plan familiar de Garza requiere que él pague el 20% de los costos hasta llegar a los $10.000.
Dado que sus niveles de azúcar están tan elevados, el doctor le recetó una insulina de acción rápida para usar con las comidas, que cuesta $79 adicionales al mes. Garza planeaba surtir esa receta en diciembre, cuando solo debería pagar el 20% del costo: ya cumplió su deducible pero aún no alcanzó su máximo de bolsillo.
A Garza le gusta su trabajo a pesar del plan de salud, y dijo que nunca ha faltado ni un día, ni siquiera recientemente, cuando tuvo un virus estomacal. Hacia finales de 2025, seguía sin decidir si inscribirse o no en el seguro médico cuando llegue el período de afiliación de su compañía, a mediados de 2026.
Le preocupa que dejar el seguro ponga en riesgo a su familia si se presenta una emergencia médica. Sin embargo, comentó, podría usar el dinero que ahora paga en primas mensuales para cubrir directamente su atención médica y así controlar mejor su diabetes.
“Para serle honesto, me siento atrapado”, concluyó.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2131598&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Recursos humanos le dijo que tenía que irse a su casa.
“Me dijeron que no podía volver hasta que me hicieran la prueba de COVID”, explicó Quintero, a quien también le dijeron que tenía que presentar una prueba de que no tenía el virus.
Su médico le indicó que fuera a la sala de emergencias más cercana para hacerse el test porque en el consultorio no había pruebas de coronavirus.
El Corona Regional Medical Center está a la vuelta de la esquina de su casa, y allí una enfermera la auscultó y le hizo una radiografía de tórax. Pero el hospital tampoco tenía pruebas disponibles, y la enfermera le dijo que fuera al departamento de salud pública del condado de Riverside.
Allí le dieron un número 800 para que pidiera cita para hacerse el test. Lo más pronto que el condado podía hacerle la prueba era el 7 de abril, más de dos semanas después.
En el hospital, Quintero recibió una nota del médico diciendo que debía quedarse en casa y no trabajar durante una semana, y se le indicó que se comportara como si tuviera COVID-19, aislándose de los miembros vulnerables de la familia.
Eso fue difícil. Quintero vive con su abuela y los padres de su novia, pero se las arregló. Nadie más en su casa se enfermó, y cuando llegó el 7 de abril, se sintió mejor y decidió no hacerse la prueba del coronavirus.
Entonces llegó la factura.
Paciente: Carmen Quintero, 35 años, trabajadora en un almacén de distribución que vive en Corona, California. Tiene un plan médico de Anthem Blue Cross a través de su trabajo, con un deducible anual de $3,500.
Factura total:Â Corona Regional Medical Center facturó a Quintero $1,010, y Corona Regional Emergency Medical Associates facturó $830 adicionales por servicios médicos. Quintero también pagó $50 en Walgreens por un inhalador.
Proveedor de servicios:Â Corona Regional Medical Center, un hospital con fines de lucro propiedad de Universal Health Services, una compañía con sede en King of Prussia, Pennsylvania, que es una de las mayores compañías de atención médica de la nación. El hospital tiene un contrato con Corona Regional Emergency Medical Associates, parte de .
Servicio Médico:Â Quintero fue evaluada en la sala de emergencias por síntomas consistentes con COVID-19: una tos fuerte y dificultad para respirar. Se le hizo una radiografía de tórax y un tratamiento respiratorio y se le recetó un inhalador.
La situación:Â Ese día a finales de marzo, cuando su cuerpo se estremecía por la tos, la principal preocupación de Quintero era contagiar a su familia, especialmente a los padres de su novia, ambos mayores de 65 años, y a su abuela de 84 años.
“Si algo les hubiera pasado, no sé si hubiera podido vivir con ello”, explicó Quintero.
Quintero quería aislarse en un hotel, pero apenas podía permitirse la semana que se quedaba en casa. Sólo tenía tres días de enfermedad pagos y se vio obligada a tomar vacaciones hasta que sus síntomas desaparecieron, y se le permitió volver al trabajo. En ese momento, pocos lugares proporcionaban habitaciones de hotel financiadas con dinero público para que los enfermos se aislaran, y a Quintero no se le ofreció ninguna ayuda.
Para su atención médica, Quintero sabía que tenía un plan con un deducible alto, pero sentía que no tenía otra opción más que seguir el consejo de su médico e ir a la sala de emergencias más cercana para hacerse la prueba. Supuso que se haría la prueba y no tendría que pagar.
El Congreso había aprobado la , y todos los titulares decían que las .
Esa legislación resultó estar plagada de lagunas legales, especialmente para gente como Quintero que necesitaba y quería una prueba de coronavirus pero que no podía conseguirla en los primeros momentos de la pandemia.
“No me pareció justo porque fui allí a hacerme la prueba”, dijo.
Algunas para las visitas a la sala de emergencias relacionadas con el COVID. Quintero dijo que su aseguradora, Anthem Blue Cross, no reduciría su factura. Anthem se niega a hablar del caso hasta que Quintero firme su propia renuncia a la privacidad; y no acepta la renuncia estándar firmada que utiliza KHN.
El hospital tampoco quiere hablar de la factura con un reportero a menos que Quintero también esté al teléfono, algo que aún no se ha podido coordinar con la jornada laboral de Quintero, que comienza a las 4 am y termina a las 3:30 pm
han ido más lejos que el Congreso para renunciar al costo compartido de las pruebas y el diagnóstico de la neumonía y la gripe, dado que estas enfermedades se confunden a menudo con COVID-19. California no es uno de ellos, y debido a que el empleador de Quintero está autoasegurado —la compañía paga los servicios de salud directamente de sus propios fondos— no tiene que acatar las directrices estatales de todos modos. El Departamento de Trabajo de los Estados Unidos regula todos los planes de seguros autofinanciados. En 2019, cubiertos estaban en este tipo de planes.
Resolución:Â A medida que las restricciones de cierre se alivian y los casos de coronavirus aumentan en todo el país, los funcionarios de salud pública dicen que es esencial aislar rápidamente a las personas enfermas antes que el virus se propague a través de las familias.
Pero los esfuerzos de aislamiento han recibido poca atención en el país. Casi todos los departamentos de salud locales, incluyendo el condado de Riverside, donde vive Quintero, ahora tienen estos programas, según la Asociación Nacional de Funcionarios de Salud del Condado y la Ciudad. Muchos se diseñaron para albergar a las personas sin hogar, pero pueden ser usados para aislar a quien lo necesite.
Raymond Niaura, presidente interino del Departamento de Epidemiología de la Universidad de Nueva York, señaló que estos programas se utilizan de manera inconsistente y no se han promovido bien.
“Nadie ha hecho esto antes y mucho de lo que está pasando se crea sobre la marcha”, dijo Niaura. “Nunca hemos vivido una circunstancia como esta”.
A Quintero todavía le preocupa contagiar a su familia y teme estar en la misma habitación que su abuela. Quintero regresa del trabajo todos los días, pone su ropa en un cesto separado y se lava las manos diligentemente antes de interactuar con nadie.
Las facturas han sido otra preocupación constante. Quintero llamó al hospital y a su compañía de seguros y se quejó de que no debía pagar, ya que necesitaba una prueba por orden de su médico. Su queja no fue atendida y las facturas etiquetadas como “recordatorios de pago” pronto se convirtieron en “avisos finales”. Aceptó a regañadientes pagar $100 al mes: $50 al hospital y $50 a los médicos.
“Ninguno quería ayudarme”, comentó Quintero. “Ahora tengo que dar el primer pago de cada factura para que no me envíen a cobros”.
Conclusiones:Â Si sospechas que tienes COVID-19 y necesitas aislarte para proteger a los miembros vulnerables de tu hogar, llama a tu departamento de salud pública local. La mayoría de los condados tienen programas de aislamiento y cuarentena, pero estos recursos no son bien conocidos. Es posible que te alberguen en un hotel, en una autocaravana u otro tipo de vivienda mientras finaliza el período de infección.
No es necesario tener un resultado positivo en la prueba de COVID para calificar para estos programas y se pueden usar mientras se espera el resultado de la prueba. Pero este es un área en el que los funcionarios de salud pública ofrecen repetidamente una clara orientación —14 días de aislamiento— que la mayoría de la gente encuentra imposible de seguir.
En este momento de la pandemia, las pruebas están más disponibles y la ley federal está claramente de tu lado: Nadie debe cobrarte ningún costo compartido por una prueba de coronavirus.
Sin embargo, ten cuidado si tu médico te envía a la sala de emergencias para una prueba de COVID, porque cualquier atención adicional que recibas allí podría tener un alto precio. Pregunta si hay otros lugares para hacerte la prueba.
Si te enfrentas a una factura grande relacionada con la sospecha de COVID, vete más allá de una llamada telefónica a tu compañía de seguros y presenta una apelación formal. Si es posible, pídele al personal de recursos humanos de tu empleador que argumente en tu nombre.
Luego, llama a la línea de ayuda del comisionado de seguros de tu estado y presenta una apelación por separado. Presiona a las aseguradoras —y a las grandes compañías que ofrecen planes de seguro autofinanciado— para que sigan el espíritu de la ley, incluso si la letra de la ley parece permitirles su comportamiento.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1129454&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>“Al día siguiente, apenas podía caminar”, dijo la mujer de 55 años quien vive en un acre de tierra en Nevada City, California, a 60 millas al noreste de Sacramento. La causa: un disco abultado en su columna vertebral, que le dispara el dolor por la pierna y la vuelve rígida.
La lesión no fue el único revés de Heck. La resonancia magnética inicial, la inyección de cortisona y la visita al médico le costaron $3,000 porque su plan de salud la obliga a desembolsar $5,000 antes de que la aseguradora comience a pagar. Heck no quiere explorar otras opciones de tratamiento debido a ese alto deducible. La mujer, que gana $ 68,000 al año en marketing para una organización sin fines de lucro, no está dispuesta a agregar más deuda por encima de sus pagos con tarjeta de crédito y la hipoteca.
“Estoy sufriendo todos los días”, dijo, pero “no es lo suficientemente malo como para endeudarse”.
El concepto detrás de los planes con deducibles altos era reducir las primas y reducir los costos generales de salud, asegurando que los consumidores compartieran la carga financiera de sus propias decisiones de atención de salud. Pero la evidencia está aumentando: los deducibles altos han obligado a la gente a retrasar atención que podría prevenir emergencias de salud más tarde, o mejorar su calidad de vida.
Independientemente de lo que suceda con la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), es probable que estos planes se generalicen a medida que los costos de la atención médica siguen aumentando. Un poco más de la mitad de las personas con planes de salud de sus empleadores ahora tienen un deducible de $1,000 o más, comparado con el 10% en 2006, según la Kaiser Family Foundation. (Kaiser Health News, que produce California Healthline, es un programa editorialmente independiente de la fundación).
“Las personas que tienen problemas médicos que pueden ser postergados tienden a hacerlo mucho más ahora debido al deducible alto”, dijo el doctor Ted Mazer, cirujano de cabeza y cuello de San Diego quien es el presidente electo de la California Medical Association.
Los deducibles anuales pueden ascender a muchos miles de dólares en algunos planes. Por ejemplo, los planes de bronce de Covered California, con las primas más bajas disponibles en el mercado de seguros, tienen deducibles de $6,300 para un individuo y $ 12,600 para una familia.
Una publicada este año mostró que el 43% de los asegurados reportaron tener problemas para pagar su deducible, frente al 34% en 2015.

En un del grupo de defensa liberal Families USA, más de un cuarto de las personas en planes con deducibles altos retrasaron algún tipo de servicio, como una visita al médico o una prueba de diagnóstico. Y el 44% de los adultos con altos gastos de bolsillo posponen la atención médica, según un estudio no partidario del .
Otro reciente realizado por investigadores de la Universidad de California-Berkeley y la Universidad de Harvard halló que las personas con planes con deducibles altos gastaron un 42% menos en atención médica antes de cumplir con sus deducibles, principalmente al reducir la cantidad de atención médica, no porque buscaron mejores precios.
Jonathan Kolstad, profesor asociado de economía en la escuela de negocios de UC-Berkeley y coautor del estudio, dijo que los pacientes abandonaron tanto la atención necesaria -por ejemplo, la medicación para la diabetes- como la atención potencialmente innecesaria, como una placa por un dolor de cabeza.
“Abandonadas a su suerte, las personas [en planes con deducibles altos] parecen estar mal equipadas para tomar sus propias decisiones” sobre qué atención necesitan y qué atención no tienen, dijo Kolstad.
Mazer dijo que, en su práctica, la gente ha retrasado todo tipo de tratamientos que no pueden salvar “la vida o un miembro”, pero que implican condiciones médicas que interfieren con la respiración o el sueño.
Dijo que tuvo pacientes que necesitaban una biopsia para determinar si una cuerda vocal anormal era cancerosa, y decidieron no hacerla por el costo.
“Tengo que llamarlos y decir: ‘Estamos viendo un bulto que puede ser maligno y si lo pospones te estás poniendo en riesgo'”, dijo Mazer.
Recientes propuestas republicanas para revocar el Obamacare han promovido el uso de planes con deducibles altos. Y los expertos dijeron que las propuestas también estimularían el crecimiento de estos planes, al reducir los subsidios disponibles a través de los mercados de seguros, induciendo a los consumidores a buscar planes más baratos con mayores deducibles.
Los conservadores dicen que el seguro que promueve la responsabilidad financiera personal ayuda a reducir los costos generales de salud. Los analistas de Hoover Institution, por ejemplo, argumentan que los deducibles altos animan a los pacientes a
Sin embargo, nuevas pruebas sugieren que el retraso de la atención puede ser peligroso y, eventualmente, más costoso para los pacientes.
Un estudio de marzo de 2017 de Harvard comprobó que los pacientes de bajos ingresos con diabetes que tenían planes con deducibles altos retrasaban las visitas por complicaciones como infecciones de la piel y neumonía. Terminaron recibiendo atención más cara más adelante.
Los pacientes pueden intentar tratar sus condiciones en el hogar, o esperar que se curen solas, pero si ese enfoque falla, “entonces tienen que buscar atención en la sala de emergencia”, dijo Frank Wharam, investigador de políticas de salud en la Escuela de Medicina de Harvard y autor principal del estudio.
Wharam dijo que los asalariados de ingresos medios que estudió no sufrieron ningún efecto adverso por las decisiones de atención de salud que tomaron en sus planes con deducibles altos, y agregó que se necesitan más estudios sobre ese grupo.
Sabrina Corlette, del Centro Universitario de Reformas de Seguros de Salud de la Universidad de Georgetown, dijo que hasta que la política de salud nacional aborde los “costos subyacentes de la atención”, los pacientes en planes con deducibles altos probablemente tendrán la difícil tarea de determinar la atención médica que necesitan o pueden permitirse.
Heck dijo que los síntomas de su lesión en la espalda han cambiado: el dolor está en una parte diferente del cuerpo con respecto al que estaba justo después de la lesión. Pero ella ni siquiera considera un viaje a una clínica cercana para una nueva evaluación. Dijo que eso requeriría otra resonancia magnética que podría costar por lo menos $1,500, y tal vez ni siquiera la ayudaría. Si su deducible no fuera tan alto, se sentiría “más libre” para explorar otras opciones de atención médica, agregó.
Por ahora, está tomando un montón de ibuprofeno y visita a un quiropráctico.
“Mucha gente se queda atascada en este lugar”, dijo.
Esta historia fue producida por , que publica , un servicio editorialmente independiente de laÂ
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=757541&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Un es lo siguiente: a cambio de una prima más baja, usted paga más de su propio bolsillo por atención médica hasta que el seguro comience a pagar.
El (IRS) define este tipo de plan como uno con un deducible de al menos $1,300 al año para un individuo o $ 2,600 para una familia.
Muchos deducibles son más altos. Por ejemplo, este año, , el mercado de seguros de salud estatal, ofrece planes Bronce con un deducible de $6,300 para un individuo, y $12,600 para una familia, además de un deducible por separado para medicamentos recetados.
¿Cuántos de ustedes tienen esa cantidad de dinero separada en algún lado?
Lo básico
Bajo la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), la mayoría de los planes de salud deben ofrecer ciertos , incluyendo mamografías, colonoscopías y vacunas de rutina.
Aprovechar esto puede evitar atención más costosa después, explicó Elizabeth Abbott, directora de la del estado.
“Vacúnese contra la gripe”, dijo. “Si se mantiene al día con todos sus servicios preventivos, se ahorrará una buena cantidad de dinero porque es menos probable que se enferme”.
Siempre que sea posible, elija proveedores dentro de la red para su atención médica, aconsejó , directora de proyectos especiales para Consumers Union. “Si usted permanece en la red, sus costos van a ser más bajos”, dijo.
Revise con su proveedor y su aseguradora para confirmar el estado de la red.
Y no olvide -como me ocurre a menudo- que puede evitar una visita al médico llamando a la línea de consejos de enfermería de su compañía de seguros.
Drogas recetadas
A menos que sólo tome medicamentos especiales para tratar condiciones graves o raras, estos pasos probablemente le puedan ahorrar dinero:
Medicamentos genéricos y de venta libre: si su médico le receta un medicamento de marca, pregunte si hay una opción sin receta o genérica que pueda probar primero. Los genéricos cuestan una fracción de la versión de marca, dice , profesor asistente de clínica del Departamento de Práctica de Farmacia en la Universidad del Pacífico en Stockton.
Muchas farmacias (tanto cadenas como independientes) ofrecen programas de descuento para medicamentos genéricos comunes, cobrando $4 por un suministro de 30 días y $10 por un suministro de 90 días.
No tenga miedo de cambiar de farmacia o comprar medicamentos de diferentes lugares, dijo Abbott.
“No asuma que una farmacia en particular ofrece el mejor precio para cada medicamento”, dijo.
Consumers Union generalmente encuentra los mejores precios de los medicamentos en Costco o usando la herramienta de búsqueda en línea de en , agregó Imholz.
Programas de asistencia al paciente: pregunte a su farmacéutico o médico si saben de programas que pueden ayudarle a pagar su receta.
Grupos como la (www.patientadvocate.org) y (www.needymeds.org) también tienen listados de enlaces a organizaciones -e incluso compañías farmacéuticas- que ofrecen ayuda financiera.
Recetas iniciales más cortas: si su médico le receta un medicamento caro que no ha tomado antes, pídale que escriba la receta por unos días o una semana y controle los resultados, sugiere Collum.
Si el medicamento funciona para usted, pida una nueva receta por un período más largo. Si es ineficaz, por lo menos no habrá pagado por un mes de suministro del medicamento.
Comparar precios
La mayoría de nosotros no compra un auto o pasajes de avión sin comparar en distintas concesionarias o sitios de internet. Entonces, ¿por qué no darse una vuelta por la atención médica, cuyos precios pueden variar enormemente de proveedor a proveedor?
Podría .
En primer lugar, pregunte a su médico por el código médico específico, llamado código CPT, para el procedimiento o prueba que necesita, sugirió Jeanne Pinder, CEO de , que tiene como objetivo hacer más transparentes los costos de los procedimientos médicos.
Armado con el código, consulte a diferentes proveedores y a su compañía de seguros. Pregunte cuánto le costará el procedimiento y si el proveedor está en la red de su plan.
En el camino, considere pasar por alto su seguro para un tratamiento o receta en particular.
“Podría estar mejor, como asegurado, pagando en efectivo”, explicó Pinder. “De todos modos, muchas personas no alcanzan su deducible al final del año”.
Si sigue este camino, no llame a aseguradora. Simplemente llame a los proveedores (que no tienen que estar en su red) y pregúnteles “¿Cuánto me costará esto?” y “¿Cuál es su precio al contado?”, sugirió Pinder.
Si el proveedor le pregunta si tiene seguro, simplemente repita que quiere ser un cliente en efectivo, agregó.
Tome notas detalladas, incluyendo el nombre de la persona que le da la cotización, agrega Pinder. Mejor aún, consígala por escrito.
“Tenemos que acostumbrarnos a tener estas charlas y a preguntar de determinada manera”, dijo. “Cuando empiezas a hacerlo, ya no duele”.
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