Ahora, su función renal está volviendo a fallar y enfrenta la posibilidad de un tercer trasplante. Pero el proceso para encontrar ese órgano salvador está plagado de problemas.
Aproximadamente mientras están en lista de espera, al mismo tiempo que órganos donados en perfecto estado acaban en la basura.
La agencia que supervisa las donaciones y los trasplantes está siendo investigada por el número de órganos que se desperdician. La Red Unida para el Intercambio de Órganos (UNOS, en inglés) recibió una reprimenda bipartidista en una reciente audiencia en el Congreso.
“Los pacientes, no estamos mirando eso”, dijo McCowan, refiriéndose a los debates políticos. “Estamos en plan: ‘Oye, necesito un riñón para mí. Lo necesito ahora. Estoy cansado de la diálisis. Siento que estoy a punto de morir'”.
El número de trasplantes de riñón un 16% gracias a una nueva política aplicada por UNOS que da prioridad a los pacientes más enfermos frente a los que viven más cerca de un centro de trasplantes. Aun así, casi 100,000 personas están a la espera de riñones y aún más de otros órganos.
Una de la Comisión de Finanzas del Senado descubrió numerosos incidentes que antes no se habían hecho públicos. Algunos ejemplos:
UNOS ha tenido el contrato para gestionar la distribución de órganos desde el inicio del sistema nacional de trasplantes en 1984, y ahora los senadores estadounidenses —tanto demócratas como republicanos— se preguntan si ha llegado el momento de que otra entidad intervenga.
“El sistema de trasplantes de órganos se ha convertido en un peligroso caos”, dijo la senadora Elizabeth Warren (demócrata de Massachusetts) durante la . “Ahora mismo, UNOS tiene 15 veces más probabilidades de perder o dañar un órgano en tránsito que una compañía aérea de perder o dañar tu equipaje. Es un récord bastante terrible”.
La investigación culpa a la tecnología vetusta. El sistema informático de UNOS ha estado dejando de funcionar por una hora o más, retrasando la búsqueda de órganos compatibles cuando cada hora cuenta. Tampoco hay una forma estándar de rastrear un órgano, a pesar de que empresas como Amazon pueden localizar cualquier paquete, en cualquier lugar y en cualquier momento.
“Ni siquiera puedo conseguir un riñón que esté a 20 millas de mi centro de trasplantes, si UNOS cree que está en Miami”, dijo Barry Friedman, director ejecutivo del centro de trasplantes de AdventHealth en Orlando, Florida. “En realidad estaba en Orlando, a 20 millas de distancia”.
En la década de 2010 a 2020, el informe del Congreso encontró que UNOS recibió 53 quejas sobre el transporte, incluidos numerosos vuelos perdidos que condujeron a trasplantes cancelados y órganos desechados.
El informe también citó una investigación de KHN de 2020 que descubrió muchos más incidentes: casi 170 fallas en el transporte de 2014 a 2019. Incluso cuando los órganos llegan, los cirujanos de trasplantes dicen que la falta de seguimiento conduce a períodos más largos de “tiempo frío” —cuando los órganos están en tránsito— porque los cirujanos de trasplantes a menudo no pueden comenzar a anestesiar a un paciente hasta que el órgano esté físicamente a mano.
, uno de cada cuatro riñones potenciales se desperdicia. Y esa cifra ha empeorado a medida que los órganos viajan más lejos para llegar a los pacientes más enfermos bajo la nueva política de asignación.
En la Universidad de Alabama-Birmingham, un riñón llegó congelado e inservible en 2014, dijo la doctora Jayme Locke, que dirige el programa de trasplantes. En 2017, un paquete llegó “aplastado” con aparentes marcas de neumáticos (aunque, notablemente, el órgano fue rescatado).
Y en una semana en mayo de este año, dijo Locke, cuatro riñones tuvieron que ser desechados por errores evitables en el transporte y la manipulación.
“La falta de transparencia de UNOS hace que no tengamos ni idea de la frecuencia con la que se producen errores básicos en todo el país”, dijo.
El director general de UNOS, , ha anunciado que a finales de septiembre. Defiende el desempeño de la organización que ha dirigido durante una década, señalando que se ha registrado un aumento de la tasa de trasplantes.
La nueva política de asignación de riñones, que fue desafiada en los tribunales, es en parte responsable de ese aumento de la tasa de trasplantes. La política también ha contribuido a mejorar la equidad, al aumentar los trasplantes de pacientes de raza negra en un 23%. Estos pacientes, a sufrir insuficiencia renal, han tenido dificultades para entrar en las listas de trasplantes.
“Aunque hay cosas que podemos mejorar, y lo hacemos cada día, creo que es una organización fuerte que ha prestado un buen servicio a los pacientes”, dijo Shepard.
, publicado este año, concluye que la culpa debe repartirse entre los centros de trasplante de los hospitales y las organizaciones locales que obtienen los órganos de los donantes.
Las tres entidades trabajan juntas, pero tienden a culparse las unas a las otras cuando la gente empieza a preguntarse por qué siguen muriendo tantos pacientes en la espera de órganos.
“[UNOS] no es la única causa de los problemas de eficacia del sistema”, afirma Renée Landers, profesora de Derecho que dirige la concentración biomédica de la Universidad de Suffolk, en Boston. Landers formó parte del comité que ayudó a elaborar el informe más amplio. “Todo el mundo tenía trabajo por hacer”.
Los recientes informes de vigilancia, así como varias sobre los mapas de distribución de órganos revisados, son solo ruido para McCowan, la paciente de trasplante de Dallas, mientras enfrenta la posibilidad de intentar entrar en otra lista de espera.
Dice que la anima el aumento de la tasa de trasplantes, especialmente para los pacientes negros como ella, pero también teme no tener tanta suerte con una tercera ronda en la lista de espera.
“Sólo necesito un riñón que me sirva”, dijo. “Y lo necesito ahora”.
Este reportaje forma parte de una colaboración que incluye a , y KHN.
ºÚÁϳԹÏÍø News is a national newsroom that produces in-depth journalism about health issues and is one of the core operating programs at KFF—an independent source of health policy research, polling, and journalism. Learn more about .This <a target="_blank" href="/es/health-industry/hay-mas-trasplantes-de-organos-pero-la-agencia-encargada-de-coordinarlos-esta-en-tela-de-juicio/">article</a> first appeared on <a target="_blank" href="">KFF Health News</a> and is republished here under a <a target="_blank" href=" Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License</a>.<img src="/wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=150" style="width:1em;height:1em;margin-left:10px;">
<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1557474&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Y podría, si recibe tres órganos de trasplantes… y el sistema de inmigración de Estados Unidos no se lo impide.
En un caso que refleja las fallas significativas y a menudo desgarradoras del sistema, los Espinosa se enfrentan no solo al complicado y costoso laberinto de la atención médica de la nación, sino también a un sistema de inmigración que el Congreso no ha reformado durante décadas.
Esa realidad caótica amenaza la vida de una niña estadounidense.
Julia nació en Miami cuando sus padres asistían a la universidad con visas de estudiante. Nació con un defecto congénito llamado , un torcido, y los médicos la salvaron de bebé al extraerle la mayor parte del.
Como nunca ha podido comer de manera normal, Julia ha sobrevivido gracias a infusiones diarias de nutrientes cuidadosamente elaboradas, que ingiere a través de un colocado en su pecho, explicó Espinosa.
Es una atención extremadamente costosa y especializada que, según Espinosa, Julia no podría obtener en Ecuador, a donde planeaban regresar.
En cambio, la familia se mudó a Seattle hace 10 años para estar cerca del Seattle Children’s Hospital, donde los especialistas pueden manejar bien las necesidades nutricionales de Julia. Aún así, obtener nutrición a través de infusiones no es algo para lo que el cuerpo humano esté diseñado, y el proceso ha dañado sus órganos.
Julia está en las listas de trasplantes para intestino delgado, y para reemplazar su hígado y páncreas deteriorados.
La salud de su hija ya es desafiante, pero Espinosa y su esposa, María Sáenz, enfrentan una lucha adicional: una batalla continua con las autoridades de inmigración para permanecer y trabajar legalmente en el país.
Por segunda vez en tres años, Espinosa enfrenta la posibilidad de perder su permiso de trabajo, lo que le costaría no solo su empleo como proveedor de soporte técnico en una empresa de software, sino también su seguro médico. Sin cobertura, su hija perdería su elegibilidad para trasplantes.
“Dependemos del seguro de salud para mantenerla en la lista de trasplantes”, dijo Espinosa. “Si no puedo mantener mi seguro, es posible que mi hija no sea elegible para un trasplante”.
Espinosa es consciente de su precaria posición y actuó pronto para renovar su estatus migratorio, lo que se conoce como acción médica diferida. Es una categoría en la que el gobierno posterga una deportación para que la persona pueda lidiar con una enfermedad grave.
Las personas que tienen una acción diferida también pueden solicitar un permiso de trabajo. Espinosa solicitó renovar su acción diferida en noviembre, a pesar de que su prórroga actual está vigente hasta finales de julio.
Sin embargo, no recibió noticias de Inmigración hasta hace poco, y la aprobación se produjo solo después de consultas a la agencia por parte de miembros del Congreso y de un reportero.
Así y todo, la familia aún no puede descansar tranquila. La solicitud de Espinosa para un nuevo permiso de trabajo aún no ha sido aprobada. Todavía puede perder su trabajo y seguro a fines de julio si el nuevo permiso no llega a tiempo.
Un vocero del Seattle Children’s Hospital informó que trabajarían con los Espinosa para cuidar a Julia si su seguro vence, aunque es posible que su lugar en la lista de trasplantes deba suspenderse, lo que dejaría a Espinosa ante opciones como Medicaid.
Incluso con la incertidumbre actual (una brecha en la cobertura podría resultar catastrófica), Espinosa dijo que tiene más esperanzas que hace una semana, ya que los permisos de trabajo generalmente se otorgan con el estatus de acción diferida.
Y la incertidumbre es algo a lo que Espinosa se ha acostumbrado en un país donde parece no haber un sistema racional para ayudar a las familias migrantes que enfrentan crisis de salud.
“El problema es que no hay un marco legal”, dijo Espinosa. “La acción diferida no es una visa, es solo una decisión del gobierno de no deportar”.
Si los médicos pueden mantener viva a Julia, la familia enfrentará la misma perspectiva aterradora de perder el estatus legal cuando este nuevo aplazamiento finalice en dos años.
No está claro cuántas otras familias enfrentan circunstancias similares. Katie Tichacek, vocera de la agencia de ciudadanía, no proporcionó datos, y no hay estadísticas disponibles públicamente.
después de que legisladores de Massachusetts los solicitaran en 2020 revelaron que, en 2018, hubo más de 700 solicitudes de acción diferida por razones médicas. Menos de la mitad fueron aprobadas.
Fue entonces cuando Julia enfrentó la primera amenaza contra su vida relacionada con la inmigración. En ese momento, la administración Trump suspendió todas las acciones médicas diferidas. Enfrentando demandas y protestas públicas, la administración cedió, pero Espinosa no pudo trabajar legalmente durante un año y medio.
Sin embargo, no todo ha sido tristeza. La familia ha manejado la condición de Julia para que asista a la escuela, pueda viajar y realizar actividades que le gustan.
“Hemos tratado de vivir al 100%, porque hasta ahora hemos tenido la suerte de tener a Julia”, dijo Espinosa. “Siempre nos han dicho que es posible que no lo logre. Originalmente fue el primer mes de su vida, luego fue el primer año, y luego dos años, y luego el siguiente período”.
Han vencido todo pronóstico haciendo todo lo que está a su alcance. Lo que no pueden controlar es la burocracia federal.
Incluso algunas de las cosas que están bajo su control, como elegir dónde vivir para darle a Julia la mejor oportunidad, pueden ser problemáticas. Espinosa dijo que algunos otros estados y regiones del país pueden tener una mayor disponibilidad de órganos. Mientras Julia se mantenga estable, quedarse donde están tiene más sentido. Sería diferente si el hígado de Julia siguiera deteriorándose.
Mahsa Khanbabai, miembro de la junta de la American Immigration Lawyers Association, dijo que el problema que enfrentan Espinosa y otras personas con necesidades obvias es que los Servicios de Ciudadanía e Inmigración están abrumados, con una burocracia y sin fondos, no están a la altura de la tarea.
“Este es un muy buen ejemplo de un sistema roto”, dijo Khanbabai. “Podría solucionarse fácilmente con una reforma migratoria”.
Tichacek dijo en un comunicado que la agencia no comenta sobre casos específicos, pero agregó que “está comprometida a promover políticas y procedimientos que protejan a los más vulnerables”, y que está trabajando arduamente para reconstruir la confianza con los inmigrantes y ampliar el acceso a servicios vitales.
Espinosa es muy consciente de que incluso con la atención de los medios, la asistencia legal y la ayuda de legisladores, su familia aún podría pasar desapercibida. No sabe qué podría pasar entonces, pero, como dijo: “haré todo lo necesario para salvar a mi hija”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1509717&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Las calles estaban desiertas. Sin tráfico. Jiménez, de 30 años, dijo que es difícil admitir lo que pensó: sin autos no hay accidentes. Y eso significaba que estaría en la lista de espera para un trasplante de riñón por más tiempo.
“No quise ser mala, pero pensé: Dios mío, nadie se va a morir”, contó. “No voy a recibir mi trasplante”.
Jiménez tenía 20 años y estaba embarazada de su primer hijo cuando los médicos descubrieron que había nacido con un solo riñón, y que éste estaba fallando. A los 29, le dijeron que necesitaba un nuevo órgano. Resultó extraño y aterrador, esperar que alguien muriera para poder vivir, contó.
“El pensamiento está en tu mente todo el tiempo, nunca te abandona”, agregó.
Las muertes por accidentes son la principal fuente de órganos para trasplantes, y representan el 33% de las donaciones, según la United Network for Organ Sharing (UNOS), que gestiona el sistema de donaciones de la nación.
Pero desde que el coronavirus obligó a los californianos a atrincherarse, las fatalidades han disminuido. Los accidentes de tránsito y las muertes en el estado se redujeron a la mitad en las primeras tres semanas de la cuarentena, según de la Universidad de California-Davis. Y las muertes por ahogamiento cayeron hasta un 80%, según datos recopilados por la organización sin fines de lucro .
En abril, las organizaciones que obtienen órganos suelen ver un aumento en las donaciones relacionadas con actividades al aire libre, las vacaciones de primavera y los viajes. Pero no este año.
Del 8 de marzo al 11 de abril, el número de donantes de órganos que murieron en accidentes de tránsito disminuyó un 23% en todo el país, en comparación con el mismo período del año pasado, mientras que los donantes que murieron en otros tipos de accidentes bajó un 21%, según UNOS.
“Los accidentes que suelen ocurrir durante las vacaciones de primavera, en la playa, al andar en moto o ir de caza son casi inexistentes porque no hay vacaciones de primavera “, dijo Janice Whaley, CEO de , que administra las donaciones de órganos para el norte de California y Nevada.

Médicos dijeron que también observan una disminución en las visitas a la sala de emergencias en general, no solo por accidentes, y esto también podría estar limitando el suministro de órganos.
“¿Dónde están todas las personas con ataques cardíacos? ¿Con accidentes cerebrovasculares?, se preguntó George Rutherford, profesor e infectólogo en la Universidad de California-San Francisco. “¿Estos pacientes no llegan a las salas de emergencias por temor a COVID?”.
Los accidentes cerebrovasculares y los ataques cardíacos son la segunda y tercera fuente más común de donaciones de órganos, y representan el 27% y el 20% de los órganos, respectivamente, según UNOS.
Cuando las personas mueren de un derrame cerebral o ataque cardíaco en el hogar en lugar de un hospital, sus órganos no pueden usarse para trasplantes debido a la pérdida de flujo sanguíneo. La mayoría de las donaciones de órganos se producen después que una persona sufre un evento casi mortal y las medidas para salvar vidas no funcionan.
Para que , las personas deben morir o ser declaradas con muerte cerebral mientras están en un respirador, para que la sangre siga bombeando al corazón, los pulmones, el hígado y los riñones.
COVID complica el proceso de donación
Una serie de otras complicaciones logísticas están dificultando los trasplantes durante la pandemia de coronavirus. Los hospitales han tenido que reducir las cirugías de todo tipo para preservar los escasos suministros de equipos de protección personal y ventiladores. Y muchos no han tenido la capacidad para manejar el delicado y complejo proceso de la donación, recuperación, transporte y trasplante de órganos.
Los trasplantes en todo el país se desplomaron un 52% del 8 de marzo al 11 de abril, según .
“Hay muchas cosas que tienen que ocurrir a la perfección, y ahora estamos en una situación imperfecta, tratando de lidiar con tantas otras cosas”, dijo Whaley.
A medida que los centros médicos se preparaban para una ola de pacientes con COVID-19, buscaron tener disponibles la mayor cantidad de ventiladores posible. Además de los donantes que deben morir con ventiladores para mantener sus órganos viables, los médicos a menudo los mantienen con ventiladores durante dos o tres días mientras los equipos de trasplante y los receptores se organizan. Luego, los que reciben el órgano deben estar en ventiladores durante la cirugía.
“La gente estaba muy inquieta por tener pacientes que no son de COVID-19 en ventiladores, ocupando espacio”, dijo Whaley. “Querían asegurarse de que estaban listos para el próximo paciente”.
Muchos pacientes con COVID que murieron ofrecieron sus órganos para donación, pero fueron rechazados por temor a que los recipientes pudieran infectarse, dijo.
Y la escasez de suministros para pruebas de coronavirus dificultó que los centros de trasplantes hicieran pruebas a donantes potenciales, que luego murieron por otras causas, para asegurarse que no estuvieran infectados con el virus.

“Por lo tanto, puede haber habido una reducción de órganos que normalmente no hubiéramos visto”, dijo el doctor Chris Freise, profesor y cirujano de trasplantes de la UCSF.
Como política, los hospitales cancelaron prácticamente todos los trasplantes de órganos de donantes vivos, donde un miembro de la familia u otra persona dona un riñón o una sección de su hígado.
“Eso implica llevar a dos pacientes al hospital, el donante y el receptor, y ciertamente no queríamos poner a los donantes en un riesgo adicional significativo”, dijo Freise. “El trasplante de riñón de donante vivo se frenó casi por completo en la mayoría de los programas en todo el país”.
Algunos hospitales reanudaron estos procedimientos a principios de mayo, mientras que las donaciones de donantes fallecidos comenzaron a aumentar lentamente a mediados de abril.
Fue entonces cuando Jiménez recibió la llamada del equipo de Freise en UCSF. Una condición relacionada con los tres embarazos de Jiménez hizo que , “como una aguja en un pajar”, explicó Freise. Eso también la colocó arriba en la lista de espera en caso de que se encontrara un órgano compatible.
El teléfono de Jiménez sonó a las 2 am del 17 de abril. Le dijeron que fuera al hospital de inmediato.
“Estaba emocionada”, dijo Jiménez. “Pero entonces mi mente sonó: alguien murió”.
Todo lo que sabe es que el donante tenía 19 años y murió en un accidente en Los Ángeles. Jiménez escribió una carta a la familia del donante.
“Les dije que siempre estaré pensando en ellos”, dijo. “Lo o la tendré en mi cuerpo por el resto de mi vida y viviré para los dos”.
Jiménez tiene seis meses de recuperación por delante. Dijo que está ansiosa por volver a trabajar y tener más energía para jugar con sus hijos.
Esta historia es parte de una asociación que incluye a , y Kaiser Health News.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1106342&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Por eso, cuando la vital mujer de San Diego, California, murió el año pasado a los 76, a causa de una súbita hemorragia cerebral, nadie se preguntó si era demasiado mayor para ser donante de órganos.
“Creo que nunca pensé en ella como alguien de su edad”, dijo la hija de Diana, Lori Teller, de 57 años. “Era algo que ella quería hacer”.
A pesar de esas convicciones, es raro que ocurran donaciones de adultos mayores como Teller, cuyas córneas, riñones, hígado y tejido fueron utilizados. De los 9,079 donantes de órganos fallecidos en los Estados Unidos en 2015, sólo 618 fueron de 65 años y más, según la (OPTN).
Esto se debe en parte a las políticas y prácticas en el país, que generalmente imponen límites a la edad, y regulaciones federales estrictas que penalizan a los centros cuando tienen malos resultados, reduciendo potencialmente el suministro de órganos en un país donde casi 120.000 personas esperan trasplantes, dicen expertos.
Pero un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Torino, en el noroeste de Italia, sugiere que no se deberían excluir los órganos –en este caso los riñones- de los adultos mayores sólo por la edad.
Una revisión de cerca de 650 riñones trasplantados de donantes fallecidos entre 2003 y 2013 que tenían entre 50 y 80 años halló que la supervivencia del paciente y la función del órgano fue alta, incluso entre los donantes mayores.
“Según estos hallazgos, los órganos de donantes de edad muy avanzada representan un recurso que debería ser evaluado con precisión”, dijo el doctor Luigi Biancone, nefrólogo y autor principal del estudio publicado en
El estudio se hace eco de investigaciones anteriores y refuerza una visión creciente en los EE.UU. de que los órganos más viejos deben ser considerados para algunos pacientes, dijo el doctor David Klassen, director médico de la (UNOS), el grupo sin fines de lucro que supervisa el sistema de trasplantes en todo el país.
“La discusión en este país reconoce que hay potencial en el trasplante de órganos de los donantes más mayores”, agregó Klassen, quien también fue director médico de los programas de trasplante de riñón y páncreas en el Hospital de la Universidad de Maryland durante casi 30 años. “El mensaje para llevar a casa es que la edad por sí sola no debería ser un factor decisivo”.
En los EE.UU., más de 99,000 personas esperan trasplantes de riñón, incluyendo muchos en estados como California, donde puede tomar hasta una década obtener un órgano de un donante recientemente fallecido. Al mismo tiempo, más de 3,100 riñones fueron descartados el año pasado, en general debido a su cuestionable calidad, incluyendo 515 de donantes mayores de 65 años, según la OPTN.
El nuevo estudio encontró que las tasas de supervivencia de los pacientes a cinco años eran altas -88 a 90%- incluyendo 265 pacientes que recibieron riñones de donantes de 70 años y 27 que recibieron órganos de donantes mayores de 80. La supervivencia a cinco años de los riñones también fue robusta, pasando de casi el 66% en este grupo de edad a más del 75% en todas las edades.
La tasa de riñones descartados, el porcentaje rechazado por los cirujanos, osciló entre el 15 y el 20% en grupos de donantes menores de 80 años, según el estudio. Pero fue notablemente mayor en el grupo octogenario, con el 48% de los órganos rechazados, principalmente debido a problemas relacionados con la edad.
Sin embargo, eso significa que la mitad de esos órganos podrían ser utilizados, señaló Biancone, especialmente si los órganos de donantes más viejos fueran para receptores más viejos.
En los Estados Unidos, estas donaciones están aumentando lentamente. En 2015, se trasplantaron los hígados de dos donantes fallecidos mayores de 90, según datos oficiales. Otros 33 órganos se recuperaron de 27 donantes de 80 a 89 años.
Muchas organizaciones de adquisición de órganos (llamadas OPOs), buscan activamente a donantes ancianos, algo que sorprende a muchas familias a las que se les consultó sobre estas donaciones, dijo Lisa Stocks, directora ejecutiva de Lifesharing, la OPO de San Diego que ayudó a organizar la donación de Teller.
“Si tienen más de 65 años, piensan que, si están jubilados, sus órganos también están jubilados”, dijo.
El punto límite para buscar donaciones es 80 años, una edad mayor de la de 65 años hace una década, dijo Stocks. Hay una política similar en LifeCenter Northwest, que supervisa donaciones en Alaska, Montana, el norte de Idaho y el estado de Washington, dijo Kevin O’Connor, su director ejecutivo.
“Aquí no consideraríamos a un paciente mayor de 80 años como un donante de órganos”, dijo. “Sí seguimos los casos de personas cercanas a los 70”.
Los órganos más viejos pueden ser difíciles de colocar, especialmente en los centros de trasplantes que participan del Medicare. Estos centros están preocupados por las estrictas normas federales que exigen ciertas tasas de superviviencia del paciente y funcionalidad del órgano a un año del procedimiento.
“Ha habido mucha preocupación sobre los resultados de las donaciones de los adultos mayores si los resultados del programa de trasplante son malos”, dijo Klassen, director médico de UNOS. Las puntuaciones bajas hacen que algunos centros se muestren recelosos, agregó.
Un publicado en la revista Transplantation analizó datos de OPTN de más de 600 donantes de riñón fallecidos mayores de 70 años. Se encontró que los trasplantes se asociaron con un mayor riesgo de pérdida del riñón y con la muerte del paciente.
No hay duda de que la calidad promedio de los órganos típicamente disminuye con la edad, dijo el Dr. Robert Steiner, codirector de nefrología de trasplantes de la UC San Diego Health y director médico de Lifesharing.
Pero hay muchas excepciones, agregó.
“Cuando se mide la función renal en personas de 70 años, algunas tienen una función tan buena como un joven de 20 años”, dijo. Sólo tienes que encontrar a esa gente.
Un cambio en 2014 en la en los Estados Unidos es una forma de medirlo. Cada órgano se califica ahora en una escala de 100 puntos, el Índice de Perfil de Donantes de Riñón (Kidney Donor Profile Index, o KDPI), que estima cuánto tiempo es probable que el riñón funcione en comparación con otros.
“Como regla general, usted no pondría un riñón de alguien de 80 años en una persona de 22”, dijo Klassen. Pero puede ser apropiado trasplantar ese riñón en una de las más de 22.000 personas mayores de 65 años que están en lista de espera.
Biancone, el autor del último estudio, reconoce que su trabajo es una mirada retrospectiva de un solo centro. Sin embargo, dijo que la investigación sugiere que los donantes muy ancianos son una “fuente válida de órganos”.
En el caso de Diana Teller, sus órganos y tejidos beneficiaron a más de 50 personas, entre ellas un hombre de 65 años de California que recibió un riñón.
Este receptor no quiso ser identificado públicamente, pero Sharon Ross, portavoz de Lifesharing, dijo que está bien.
“Recibir este regalo lo salvó de ir a diálisis”, dijo.
Lori Teller espera conocer pronto al receptor para contarle acerca de su mamá, que fue una de varios donantes de órganos homenajeados en el último Desfile de las Rosas.
“El hecho de que ella quería esto y que pudo ocurrir fue realmente útil”, dijo Teller. “Nos ayudó a entender que la vida continúa, en cierto modo, a través de ella”.
La cobertura de KHN del final de la vida y enfermedades graves es apoyada por .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=686463&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Ahora, su función renal está volviendo a fallar y enfrenta la posibilidad de un tercer trasplante. Pero el proceso para encontrar ese órgano salvador está plagado de problemas.
Aproximadamente mientras están en lista de espera, al mismo tiempo que órganos donados en perfecto estado acaban en la basura.
La agencia que supervisa las donaciones y los trasplantes está siendo investigada por el número de órganos que se desperdician. La Red Unida para el Intercambio de Órganos (UNOS, en inglés) recibió una reprimenda bipartidista en una reciente audiencia en el Congreso.
“Los pacientes, no estamos mirando eso”, dijo McCowan, refiriéndose a los debates políticos. “Estamos en plan: ‘Oye, necesito un riñón para mí. Lo necesito ahora. Estoy cansado de la diálisis. Siento que estoy a punto de morir'”.
El número de trasplantes de riñón un 16% gracias a una nueva política aplicada por UNOS que da prioridad a los pacientes más enfermos frente a los que viven más cerca de un centro de trasplantes. Aun así, casi 100,000 personas están a la espera de riñones y aún más de otros órganos.
Una de la Comisión de Finanzas del Senado descubrió numerosos incidentes que antes no se habían hecho públicos. Algunos ejemplos:
UNOS ha tenido el contrato para gestionar la distribución de órganos desde el inicio del sistema nacional de trasplantes en 1984, y ahora los senadores estadounidenses —tanto demócratas como republicanos— se preguntan si ha llegado el momento de que otra entidad intervenga.
“El sistema de trasplantes de órganos se ha convertido en un peligroso caos”, dijo la senadora Elizabeth Warren (demócrata de Massachusetts) durante la . “Ahora mismo, UNOS tiene 15 veces más probabilidades de perder o dañar un órgano en tránsito que una compañía aérea de perder o dañar tu equipaje. Es un récord bastante terrible”.
La investigación culpa a la tecnología vetusta. El sistema informático de UNOS ha estado dejando de funcionar por una hora o más, retrasando la búsqueda de órganos compatibles cuando cada hora cuenta. Tampoco hay una forma estándar de rastrear un órgano, a pesar de que empresas como Amazon pueden localizar cualquier paquete, en cualquier lugar y en cualquier momento.
“Ni siquiera puedo conseguir un riñón que esté a 20 millas de mi centro de trasplantes, si UNOS cree que está en Miami”, dijo Barry Friedman, director ejecutivo del centro de trasplantes de AdventHealth en Orlando, Florida. “En realidad estaba en Orlando, a 20 millas de distancia”.
En la década de 2010 a 2020, el informe del Congreso encontró que UNOS recibió 53 quejas sobre el transporte, incluidos numerosos vuelos perdidos que condujeron a trasplantes cancelados y órganos desechados.
El informe también citó una investigación de KHN de 2020 que descubrió muchos más incidentes: casi 170 fallas en el transporte de 2014 a 2019. Incluso cuando los órganos llegan, los cirujanos de trasplantes dicen que la falta de seguimiento conduce a períodos más largos de “tiempo frío” —cuando los órganos están en tránsito— porque los cirujanos de trasplantes a menudo no pueden comenzar a anestesiar a un paciente hasta que el órgano esté físicamente a mano.
, uno de cada cuatro riñones potenciales se desperdicia. Y esa cifra ha empeorado a medida que los órganos viajan más lejos para llegar a los pacientes más enfermos bajo la nueva política de asignación.
En la Universidad de Alabama-Birmingham, un riñón llegó congelado e inservible en 2014, dijo la doctora Jayme Locke, que dirige el programa de trasplantes. En 2017, un paquete llegó “aplastado” con aparentes marcas de neumáticos (aunque, notablemente, el órgano fue rescatado).
Y en una semana en mayo de este año, dijo Locke, cuatro riñones tuvieron que ser desechados por errores evitables en el transporte y la manipulación.
“La falta de transparencia de UNOS hace que no tengamos ni idea de la frecuencia con la que se producen errores básicos en todo el país”, dijo.
El director general de UNOS, , ha anunciado que a finales de septiembre. Defiende el desempeño de la organización que ha dirigido durante una década, señalando que se ha registrado un aumento de la tasa de trasplantes.
La nueva política de asignación de riñones, que fue desafiada en los tribunales, es en parte responsable de ese aumento de la tasa de trasplantes. La política también ha contribuido a mejorar la equidad, al aumentar los trasplantes de pacientes de raza negra en un 23%. Estos pacientes, a sufrir insuficiencia renal, han tenido dificultades para entrar en las listas de trasplantes.
“Aunque hay cosas que podemos mejorar, y lo hacemos cada día, creo que es una organización fuerte que ha prestado un buen servicio a los pacientes”, dijo Shepard.
, publicado este año, concluye que la culpa debe repartirse entre los centros de trasplante de los hospitales y las organizaciones locales que obtienen los órganos de los donantes.
Las tres entidades trabajan juntas, pero tienden a culparse las unas a las otras cuando la gente empieza a preguntarse por qué siguen muriendo tantos pacientes en la espera de órganos.
“[UNOS] no es la única causa de los problemas de eficacia del sistema”, afirma Renée Landers, profesora de Derecho que dirige la concentración biomédica de la Universidad de Suffolk, en Boston. Landers formó parte del comité que ayudó a elaborar el informe más amplio. “Todo el mundo tenía trabajo por hacer”.
Los recientes informes de vigilancia, así como varias sobre los mapas de distribución de órganos revisados, son solo ruido para McCowan, la paciente de trasplante de Dallas, mientras enfrenta la posibilidad de intentar entrar en otra lista de espera.
Dice que la anima el aumento de la tasa de trasplantes, especialmente para los pacientes negros como ella, pero también teme no tener tanta suerte con una tercera ronda en la lista de espera.
“Sólo necesito un riñón que me sirva”, dijo. “Y lo necesito ahora”.
Este reportaje forma parte de una colaboración que incluye a , y KHN.
ºÚÁϳԹÏÍø News is a national newsroom that produces in-depth journalism about health issues and is one of the core operating programs at KFF—an independent source of health policy research, polling, and journalism. Learn more about .This <a target="_blank" href="/es/health-industry/hay-mas-trasplantes-de-organos-pero-la-agencia-encargada-de-coordinarlos-esta-en-tela-de-juicio/">article</a> first appeared on <a target="_blank" href="">KFF Health News</a> and is republished here under a <a target="_blank" href=" Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License</a>.<img src="/wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=150" style="width:1em;height:1em;margin-left:10px;">
<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1557474&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Y podría, si recibe tres órganos de trasplantes… y el sistema de inmigración de Estados Unidos no se lo impide.
En un caso que refleja las fallas significativas y a menudo desgarradoras del sistema, los Espinosa se enfrentan no solo al complicado y costoso laberinto de la atención médica de la nación, sino también a un sistema de inmigración que el Congreso no ha reformado durante décadas.
Esa realidad caótica amenaza la vida de una niña estadounidense.
Julia nació en Miami cuando sus padres asistían a la universidad con visas de estudiante. Nació con un defecto congénito llamado , un torcido, y los médicos la salvaron de bebé al extraerle la mayor parte del.
Como nunca ha podido comer de manera normal, Julia ha sobrevivido gracias a infusiones diarias de nutrientes cuidadosamente elaboradas, que ingiere a través de un colocado en su pecho, explicó Espinosa.
Es una atención extremadamente costosa y especializada que, según Espinosa, Julia no podría obtener en Ecuador, a donde planeaban regresar.
En cambio, la familia se mudó a Seattle hace 10 años para estar cerca del Seattle Children’s Hospital, donde los especialistas pueden manejar bien las necesidades nutricionales de Julia. Aún así, obtener nutrición a través de infusiones no es algo para lo que el cuerpo humano esté diseñado, y el proceso ha dañado sus órganos.
Julia está en las listas de trasplantes para intestino delgado, y para reemplazar su hígado y páncreas deteriorados.
La salud de su hija ya es desafiante, pero Espinosa y su esposa, María Sáenz, enfrentan una lucha adicional: una batalla continua con las autoridades de inmigración para permanecer y trabajar legalmente en el país.
Por segunda vez en tres años, Espinosa enfrenta la posibilidad de perder su permiso de trabajo, lo que le costaría no solo su empleo como proveedor de soporte técnico en una empresa de software, sino también su seguro médico. Sin cobertura, su hija perdería su elegibilidad para trasplantes.
“Dependemos del seguro de salud para mantenerla en la lista de trasplantes”, dijo Espinosa. “Si no puedo mantener mi seguro, es posible que mi hija no sea elegible para un trasplante”.
Espinosa es consciente de su precaria posición y actuó pronto para renovar su estatus migratorio, lo que se conoce como acción médica diferida. Es una categoría en la que el gobierno posterga una deportación para que la persona pueda lidiar con una enfermedad grave.
Las personas que tienen una acción diferida también pueden solicitar un permiso de trabajo. Espinosa solicitó renovar su acción diferida en noviembre, a pesar de que su prórroga actual está vigente hasta finales de julio.
Sin embargo, no recibió noticias de Inmigración hasta hace poco, y la aprobación se produjo solo después de consultas a la agencia por parte de miembros del Congreso y de un reportero.
Así y todo, la familia aún no puede descansar tranquila. La solicitud de Espinosa para un nuevo permiso de trabajo aún no ha sido aprobada. Todavía puede perder su trabajo y seguro a fines de julio si el nuevo permiso no llega a tiempo.
Un vocero del Seattle Children’s Hospital informó que trabajarían con los Espinosa para cuidar a Julia si su seguro vence, aunque es posible que su lugar en la lista de trasplantes deba suspenderse, lo que dejaría a Espinosa ante opciones como Medicaid.
Incluso con la incertidumbre actual (una brecha en la cobertura podría resultar catastrófica), Espinosa dijo que tiene más esperanzas que hace una semana, ya que los permisos de trabajo generalmente se otorgan con el estatus de acción diferida.
Y la incertidumbre es algo a lo que Espinosa se ha acostumbrado en un país donde parece no haber un sistema racional para ayudar a las familias migrantes que enfrentan crisis de salud.
“El problema es que no hay un marco legal”, dijo Espinosa. “La acción diferida no es una visa, es solo una decisión del gobierno de no deportar”.
Si los médicos pueden mantener viva a Julia, la familia enfrentará la misma perspectiva aterradora de perder el estatus legal cuando este nuevo aplazamiento finalice en dos años.
No está claro cuántas otras familias enfrentan circunstancias similares. Katie Tichacek, vocera de la agencia de ciudadanía, no proporcionó datos, y no hay estadísticas disponibles públicamente.
después de que legisladores de Massachusetts los solicitaran en 2020 revelaron que, en 2018, hubo más de 700 solicitudes de acción diferida por razones médicas. Menos de la mitad fueron aprobadas.
Fue entonces cuando Julia enfrentó la primera amenaza contra su vida relacionada con la inmigración. En ese momento, la administración Trump suspendió todas las acciones médicas diferidas. Enfrentando demandas y protestas públicas, la administración cedió, pero Espinosa no pudo trabajar legalmente durante un año y medio.
Sin embargo, no todo ha sido tristeza. La familia ha manejado la condición de Julia para que asista a la escuela, pueda viajar y realizar actividades que le gustan.
“Hemos tratado de vivir al 100%, porque hasta ahora hemos tenido la suerte de tener a Julia”, dijo Espinosa. “Siempre nos han dicho que es posible que no lo logre. Originalmente fue el primer mes de su vida, luego fue el primer año, y luego dos años, y luego el siguiente período”.
Han vencido todo pronóstico haciendo todo lo que está a su alcance. Lo que no pueden controlar es la burocracia federal.
Incluso algunas de las cosas que están bajo su control, como elegir dónde vivir para darle a Julia la mejor oportunidad, pueden ser problemáticas. Espinosa dijo que algunos otros estados y regiones del país pueden tener una mayor disponibilidad de órganos. Mientras Julia se mantenga estable, quedarse donde están tiene más sentido. Sería diferente si el hígado de Julia siguiera deteriorándose.
Mahsa Khanbabai, miembro de la junta de la American Immigration Lawyers Association, dijo que el problema que enfrentan Espinosa y otras personas con necesidades obvias es que los Servicios de Ciudadanía e Inmigración están abrumados, con una burocracia y sin fondos, no están a la altura de la tarea.
“Este es un muy buen ejemplo de un sistema roto”, dijo Khanbabai. “Podría solucionarse fácilmente con una reforma migratoria”.
Tichacek dijo en un comunicado que la agencia no comenta sobre casos específicos, pero agregó que “está comprometida a promover políticas y procedimientos que protejan a los más vulnerables”, y que está trabajando arduamente para reconstruir la confianza con los inmigrantes y ampliar el acceso a servicios vitales.
Espinosa es muy consciente de que incluso con la atención de los medios, la asistencia legal y la ayuda de legisladores, su familia aún podría pasar desapercibida. No sabe qué podría pasar entonces, pero, como dijo: “haré todo lo necesario para salvar a mi hija”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1509717&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Las calles estaban desiertas. Sin tráfico. Jiménez, de 30 años, dijo que es difícil admitir lo que pensó: sin autos no hay accidentes. Y eso significaba que estaría en la lista de espera para un trasplante de riñón por más tiempo.
“No quise ser mala, pero pensé: Dios mío, nadie se va a morir”, contó. “No voy a recibir mi trasplante”.
Jiménez tenía 20 años y estaba embarazada de su primer hijo cuando los médicos descubrieron que había nacido con un solo riñón, y que éste estaba fallando. A los 29, le dijeron que necesitaba un nuevo órgano. Resultó extraño y aterrador, esperar que alguien muriera para poder vivir, contó.
“El pensamiento está en tu mente todo el tiempo, nunca te abandona”, agregó.
Las muertes por accidentes son la principal fuente de órganos para trasplantes, y representan el 33% de las donaciones, según la United Network for Organ Sharing (UNOS), que gestiona el sistema de donaciones de la nación.
Pero desde que el coronavirus obligó a los californianos a atrincherarse, las fatalidades han disminuido. Los accidentes de tránsito y las muertes en el estado se redujeron a la mitad en las primeras tres semanas de la cuarentena, según de la Universidad de California-Davis. Y las muertes por ahogamiento cayeron hasta un 80%, según datos recopilados por la organización sin fines de lucro .
En abril, las organizaciones que obtienen órganos suelen ver un aumento en las donaciones relacionadas con actividades al aire libre, las vacaciones de primavera y los viajes. Pero no este año.
Del 8 de marzo al 11 de abril, el número de donantes de órganos que murieron en accidentes de tránsito disminuyó un 23% en todo el país, en comparación con el mismo período del año pasado, mientras que los donantes que murieron en otros tipos de accidentes bajó un 21%, según UNOS.
“Los accidentes que suelen ocurrir durante las vacaciones de primavera, en la playa, al andar en moto o ir de caza son casi inexistentes porque no hay vacaciones de primavera “, dijo Janice Whaley, CEO de , que administra las donaciones de órganos para el norte de California y Nevada.

Médicos dijeron que también observan una disminución en las visitas a la sala de emergencias en general, no solo por accidentes, y esto también podría estar limitando el suministro de órganos.
“¿Dónde están todas las personas con ataques cardíacos? ¿Con accidentes cerebrovasculares?, se preguntó George Rutherford, profesor e infectólogo en la Universidad de California-San Francisco. “¿Estos pacientes no llegan a las salas de emergencias por temor a COVID?”.
Los accidentes cerebrovasculares y los ataques cardíacos son la segunda y tercera fuente más común de donaciones de órganos, y representan el 27% y el 20% de los órganos, respectivamente, según UNOS.
Cuando las personas mueren de un derrame cerebral o ataque cardíaco en el hogar en lugar de un hospital, sus órganos no pueden usarse para trasplantes debido a la pérdida de flujo sanguíneo. La mayoría de las donaciones de órganos se producen después que una persona sufre un evento casi mortal y las medidas para salvar vidas no funcionan.
Para que , las personas deben morir o ser declaradas con muerte cerebral mientras están en un respirador, para que la sangre siga bombeando al corazón, los pulmones, el hígado y los riñones.
COVID complica el proceso de donación
Una serie de otras complicaciones logísticas están dificultando los trasplantes durante la pandemia de coronavirus. Los hospitales han tenido que reducir las cirugías de todo tipo para preservar los escasos suministros de equipos de protección personal y ventiladores. Y muchos no han tenido la capacidad para manejar el delicado y complejo proceso de la donación, recuperación, transporte y trasplante de órganos.
Los trasplantes en todo el país se desplomaron un 52% del 8 de marzo al 11 de abril, según .
“Hay muchas cosas que tienen que ocurrir a la perfección, y ahora estamos en una situación imperfecta, tratando de lidiar con tantas otras cosas”, dijo Whaley.
A medida que los centros médicos se preparaban para una ola de pacientes con COVID-19, buscaron tener disponibles la mayor cantidad de ventiladores posible. Además de los donantes que deben morir con ventiladores para mantener sus órganos viables, los médicos a menudo los mantienen con ventiladores durante dos o tres días mientras los equipos de trasplante y los receptores se organizan. Luego, los que reciben el órgano deben estar en ventiladores durante la cirugía.
“La gente estaba muy inquieta por tener pacientes que no son de COVID-19 en ventiladores, ocupando espacio”, dijo Whaley. “Querían asegurarse de que estaban listos para el próximo paciente”.
Muchos pacientes con COVID que murieron ofrecieron sus órganos para donación, pero fueron rechazados por temor a que los recipientes pudieran infectarse, dijo.
Y la escasez de suministros para pruebas de coronavirus dificultó que los centros de trasplantes hicieran pruebas a donantes potenciales, que luego murieron por otras causas, para asegurarse que no estuvieran infectados con el virus.

“Por lo tanto, puede haber habido una reducción de órganos que normalmente no hubiéramos visto”, dijo el doctor Chris Freise, profesor y cirujano de trasplantes de la UCSF.
Como política, los hospitales cancelaron prácticamente todos los trasplantes de órganos de donantes vivos, donde un miembro de la familia u otra persona dona un riñón o una sección de su hígado.
“Eso implica llevar a dos pacientes al hospital, el donante y el receptor, y ciertamente no queríamos poner a los donantes en un riesgo adicional significativo”, dijo Freise. “El trasplante de riñón de donante vivo se frenó casi por completo en la mayoría de los programas en todo el país”.
Algunos hospitales reanudaron estos procedimientos a principios de mayo, mientras que las donaciones de donantes fallecidos comenzaron a aumentar lentamente a mediados de abril.
Fue entonces cuando Jiménez recibió la llamada del equipo de Freise en UCSF. Una condición relacionada con los tres embarazos de Jiménez hizo que , “como una aguja en un pajar”, explicó Freise. Eso también la colocó arriba en la lista de espera en caso de que se encontrara un órgano compatible.
El teléfono de Jiménez sonó a las 2 am del 17 de abril. Le dijeron que fuera al hospital de inmediato.
“Estaba emocionada”, dijo Jiménez. “Pero entonces mi mente sonó: alguien murió”.
Todo lo que sabe es que el donante tenía 19 años y murió en un accidente en Los Ángeles. Jiménez escribió una carta a la familia del donante.
“Les dije que siempre estaré pensando en ellos”, dijo. “Lo o la tendré en mi cuerpo por el resto de mi vida y viviré para los dos”.
Jiménez tiene seis meses de recuperación por delante. Dijo que está ansiosa por volver a trabajar y tener más energía para jugar con sus hijos.
Esta historia es parte de una asociación que incluye a , y Kaiser Health News.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1106342&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Por eso, cuando la vital mujer de San Diego, California, murió el año pasado a los 76, a causa de una súbita hemorragia cerebral, nadie se preguntó si era demasiado mayor para ser donante de órganos.
“Creo que nunca pensé en ella como alguien de su edad”, dijo la hija de Diana, Lori Teller, de 57 años. “Era algo que ella quería hacer”.
A pesar de esas convicciones, es raro que ocurran donaciones de adultos mayores como Teller, cuyas córneas, riñones, hígado y tejido fueron utilizados. De los 9,079 donantes de órganos fallecidos en los Estados Unidos en 2015, sólo 618 fueron de 65 años y más, según la (OPTN).
Esto se debe en parte a las políticas y prácticas en el país, que generalmente imponen límites a la edad, y regulaciones federales estrictas que penalizan a los centros cuando tienen malos resultados, reduciendo potencialmente el suministro de órganos en un país donde casi 120.000 personas esperan trasplantes, dicen expertos.
Pero un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Torino, en el noroeste de Italia, sugiere que no se deberían excluir los órganos –en este caso los riñones- de los adultos mayores sólo por la edad.
Una revisión de cerca de 650 riñones trasplantados de donantes fallecidos entre 2003 y 2013 que tenían entre 50 y 80 años halló que la supervivencia del paciente y la función del órgano fue alta, incluso entre los donantes mayores.
“Según estos hallazgos, los órganos de donantes de edad muy avanzada representan un recurso que debería ser evaluado con precisión”, dijo el doctor Luigi Biancone, nefrólogo y autor principal del estudio publicado en
El estudio se hace eco de investigaciones anteriores y refuerza una visión creciente en los EE.UU. de que los órganos más viejos deben ser considerados para algunos pacientes, dijo el doctor David Klassen, director médico de la (UNOS), el grupo sin fines de lucro que supervisa el sistema de trasplantes en todo el país.
“La discusión en este país reconoce que hay potencial en el trasplante de órganos de los donantes más mayores”, agregó Klassen, quien también fue director médico de los programas de trasplante de riñón y páncreas en el Hospital de la Universidad de Maryland durante casi 30 años. “El mensaje para llevar a casa es que la edad por sí sola no debería ser un factor decisivo”.
En los EE.UU., más de 99,000 personas esperan trasplantes de riñón, incluyendo muchos en estados como California, donde puede tomar hasta una década obtener un órgano de un donante recientemente fallecido. Al mismo tiempo, más de 3,100 riñones fueron descartados el año pasado, en general debido a su cuestionable calidad, incluyendo 515 de donantes mayores de 65 años, según la OPTN.
El nuevo estudio encontró que las tasas de supervivencia de los pacientes a cinco años eran altas -88 a 90%- incluyendo 265 pacientes que recibieron riñones de donantes de 70 años y 27 que recibieron órganos de donantes mayores de 80. La supervivencia a cinco años de los riñones también fue robusta, pasando de casi el 66% en este grupo de edad a más del 75% en todas las edades.
La tasa de riñones descartados, el porcentaje rechazado por los cirujanos, osciló entre el 15 y el 20% en grupos de donantes menores de 80 años, según el estudio. Pero fue notablemente mayor en el grupo octogenario, con el 48% de los órganos rechazados, principalmente debido a problemas relacionados con la edad.
Sin embargo, eso significa que la mitad de esos órganos podrían ser utilizados, señaló Biancone, especialmente si los órganos de donantes más viejos fueran para receptores más viejos.
En los Estados Unidos, estas donaciones están aumentando lentamente. En 2015, se trasplantaron los hígados de dos donantes fallecidos mayores de 90, según datos oficiales. Otros 33 órganos se recuperaron de 27 donantes de 80 a 89 años.
Muchas organizaciones de adquisición de órganos (llamadas OPOs), buscan activamente a donantes ancianos, algo que sorprende a muchas familias a las que se les consultó sobre estas donaciones, dijo Lisa Stocks, directora ejecutiva de Lifesharing, la OPO de San Diego que ayudó a organizar la donación de Teller.
“Si tienen más de 65 años, piensan que, si están jubilados, sus órganos también están jubilados”, dijo.
El punto límite para buscar donaciones es 80 años, una edad mayor de la de 65 años hace una década, dijo Stocks. Hay una política similar en LifeCenter Northwest, que supervisa donaciones en Alaska, Montana, el norte de Idaho y el estado de Washington, dijo Kevin O’Connor, su director ejecutivo.
“Aquí no consideraríamos a un paciente mayor de 80 años como un donante de órganos”, dijo. “Sí seguimos los casos de personas cercanas a los 70”.
Los órganos más viejos pueden ser difíciles de colocar, especialmente en los centros de trasplantes que participan del Medicare. Estos centros están preocupados por las estrictas normas federales que exigen ciertas tasas de superviviencia del paciente y funcionalidad del órgano a un año del procedimiento.
“Ha habido mucha preocupación sobre los resultados de las donaciones de los adultos mayores si los resultados del programa de trasplante son malos”, dijo Klassen, director médico de UNOS. Las puntuaciones bajas hacen que algunos centros se muestren recelosos, agregó.
Un publicado en la revista Transplantation analizó datos de OPTN de más de 600 donantes de riñón fallecidos mayores de 70 años. Se encontró que los trasplantes se asociaron con un mayor riesgo de pérdida del riñón y con la muerte del paciente.
No hay duda de que la calidad promedio de los órganos típicamente disminuye con la edad, dijo el Dr. Robert Steiner, codirector de nefrología de trasplantes de la UC San Diego Health y director médico de Lifesharing.
Pero hay muchas excepciones, agregó.
“Cuando se mide la función renal en personas de 70 años, algunas tienen una función tan buena como un joven de 20 años”, dijo. Sólo tienes que encontrar a esa gente.
Un cambio en 2014 en la en los Estados Unidos es una forma de medirlo. Cada órgano se califica ahora en una escala de 100 puntos, el Índice de Perfil de Donantes de Riñón (Kidney Donor Profile Index, o KDPI), que estima cuánto tiempo es probable que el riñón funcione en comparación con otros.
“Como regla general, usted no pondría un riñón de alguien de 80 años en una persona de 22”, dijo Klassen. Pero puede ser apropiado trasplantar ese riñón en una de las más de 22.000 personas mayores de 65 años que están en lista de espera.
Biancone, el autor del último estudio, reconoce que su trabajo es una mirada retrospectiva de un solo centro. Sin embargo, dijo que la investigación sugiere que los donantes muy ancianos son una “fuente válida de órganos”.
En el caso de Diana Teller, sus órganos y tejidos beneficiaron a más de 50 personas, entre ellas un hombre de 65 años de California que recibió un riñón.
Este receptor no quiso ser identificado públicamente, pero Sharon Ross, portavoz de Lifesharing, dijo que está bien.
“Recibir este regalo lo salvó de ir a diálisis”, dijo.
Lori Teller espera conocer pronto al receptor para contarle acerca de su mamá, que fue una de varios donantes de órganos homenajeados en el último Desfile de las Rosas.
“El hecho de que ella quería esto y que pudo ocurrir fue realmente útil”, dijo Teller. “Nos ayudó a entender que la vida continúa, en cierto modo, a través de ella”.
La cobertura de KHN del final de la vida y enfermedades graves es apoyada por .
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