Pero por dentro, el lugar es un oasis acogedor. Luces colgantes decoran los estantes de ropa donada. Hay repisas y contenedores llenos de libros infantiles, medicamentos para la alergia y artículos de higiene personal. Separado por cortinas, hay un salón con un escenario para músicos y un letrero de neón con patines, para las noches gratuitas de patinaje que se organizan cada semana.
El espacio es en parte tienda gratuita de segunda mano, en parte farmacia de medicamentos de venta libre, sede de conciertos punk y en su totalidad “un centro comunitario radical”, explicó Dan Bingler, quien lo administra.
Bingler es mesero y bartender en la ciudad, y fundó una organización de ayuda mutua llamada . Contó que los dueños del edificio le permiten usar el espacio siempre y cuando él pague el agua, la luz y la recolección de basura.
Los lunes por la tarde, se presentan voluntarios de otras organizaciones comunitarias —algunos de ellos solían instalarse en el estacionamiento antes de que Bingler abriera el local—. Ofrecen pruebas gratuitas de infecciones de transmisión sexual, atención médica básica, comidas calientes, jeringas estériles y otros suministros para personas que utilizan drogas.
El propósito del lugar es simple, dijo Bingler: “Vamos a asegurarnos de brindar apoyo a la comunidad”.
Aunque lleva varios años en funcionamiento, el espacio se ha vuelto aún más crucial en los últimos meses, con la administración Trump recortando fondos a muchas organizaciones de servicios sociales y adoptando una postura agresiva frente a las personas sin hogar y el consumo de drogas.
En Washington D.C., su administración ha de tiendas para obligar a quienes viven en la calle a . A nivel nacional, ha pedido que se que consumen drogas a iniciar un tratamiento. Ha rechazado la —estrategias que, según expertos en salud pública, protegen a las personas que usan drogas y salvan vidas, pero que sus críticos dicen fomentan el consumo de sustancias ilegales—.
El espacio comunitario en Nueva Orleans —llamado Fred Hampton Free Store, en honor al , conocido por unir a grupos diversos para luchar por reformas sociales— busca ser un refugio frente a todos estos cambios.
Bingler dijo que no recibe fondos federales, ni subvenciones estatales o locales, ni dinero de fundaciones. Simplemente son vecinos ayudando a vecinos, dijo con la voz entrecortada, y agregó: “Es algo realmente hermoso poder compartir este espacio”.
Todos los artículos del lugar provienen de personas u organizaciones de la comunidad. En una ocasión, contó Bingler, un hotel local que estaba en remodelación donó 50 televisores de pantalla plana.
En las noches que el local está abierto, suelen llegar más de 100 personas, agregó.
Una noche de otoño, decenas de personas buscaban ropa gratuita y medicamentos de venta libre. Otros estaban sentados sobre el césped, conversando mientras vigilaban sus bicicletas o carritos de supermercado llenos de pertenencias.
James Beshears pasó por el grupo de reducción de daños en el estacionamiento para recibir suministros estériles que usa para inyectarse heroína y fentanilo. Dijo que estuvo en tratamiento durante años, pero recayó cuando su doctor se mudó y lo derivaron a una clínica que cobraba $250 por día. Las drogas callejeras eran más baratas que el tratamiento, comentó.
Quiere dejar de consumir. Pero hasta que encuentre atención médica accesible, lugares como esta tienda gratuita lo ayudan a seguir adelante. Sin ella, dijo, ya tendría “un pie en la tumba”.

Otro hombre en el estacionamiento esperaba la llegada de Aquil Bey, un paramédico y ex miembro de las fuerzas especiales del ejército, conocido por ayudar a personas a superar obstáculos para acceder a atención médica. Apenas vio la camioneta negra de Bey, corrió a encontrarlo.
“Tengo enfermedad renal en etapa 4”, le dijo, y añadió que tenía citas programadas en el hospital, pero que le costaba llegar.
“Hazme un favor”, le respondió Bey mientras bajaba mesas plegables y equipo médico de su auto. “Cuando llegue nuestro equipo, ven a vernos. Tal vez podamos conseguirte transporte”.
Bey es fundador de , una organización dirigida por voluntarios que ofrece atención médica básica gratuita y derivaciones a personas sin hogar, que usan drogas o pertenecen a otras comunidades vulnerables. El grupo tiene presencia constante en la tienda gratuita.
Ese día, Bey y su equipo conectaron al hombre que necesitaba tratamiento para su enfermedad renal con programas de transporte de bajo costo. También hicieron controles de presión arterial y azúcar en sangre, trataron heridas infectadas y llamaron a clínicas para pedir citas para pacientes que no tienen teléfono.
Un hombre con una lesión en la pierna mencionó que dormía en el piso de concreto de una base naval abandonada. Bey notó que en la sección de muebles del local había un colchón. Junto con otro voluntario, lo cargó, lo amarró al techo de un auto y lo llevó hasta donde dormía el hombre.
“Estamos tratando de identificar todas estas barreras” que enfrenta la gente y “buscar formas de resolverlas”, dijo Bey.
La clínica en la tienda gratuita ayudó a Stephen Wiltz a conectarse con tratamiento para su adicción. Nació y creció en el Lower 9th Ward, y había estado consumiendo drogas desde los 10 años.
Cansado de la discriminación por parte de doctores que lo culpaban por su adicción, Wiltz dijo que evitaba ir a cualquier centro de tratamiento. Pero después de años de conocer a los voluntarios de la tienda gratuita, confió en ellos para que lo orientaran.
A sus 56, estaba en recuperación sostenida por primera vez en su vida, dijo en una entrevista telefónica en otoño.
Esos voluntarios “cuidaron de personas que no tenían a nadie que los cuidara”, afirmó.
Cuando cayó el sol esa noche en la tienda, una banda punk empezó a preparar su presentación al otro lado del salón, donde estaba la clínica médica. Las luces se atenuaron y la música comenzó a sonar a todo volumen, un recordatorio de que no se trata de una clínica ni de un centro comunitario convencional.
Bey seguía atendiendo a un paciente con gota.
“Ya me acostumbré al sonido”, dijo sobre los golpes rápidos de la batería y los acordes potentes. “A veces hasta me gusta”.

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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2141296&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Cuando cae la noche y bajan las temperaturas, arma una tienda de campaña y enciende una fogata bajo un grupo de pinos, abetos y cedros.
Evita a las autoridades rotando el uso de tres tiendas de distintos colores en tres campamentos diferentes. Al amanecer, desmonta su refugio, enrolla sus pertenencias y las esconde para la noche siguiente. “No te ven si estás en el bosque”, dijo este hombre de 32 años. “Pero asegúrate de tener todo desmontado por la mañana o te van a encontrar”.
Durante el día, deambula, haciendo paradas en una biblioteca pública para calentarse o en un comedor comunitario para comer. Lo importante es no llamar la atención por no tener hogar.
“La policía quiere que no estorbemos”, dijo, vestido con una chaqueta gris y sin cargar ninguna de sus pertenencias. “Fuera de la vista, fuera de sus mentes”.
Ibrahim ha buscado intencionalmente pasar desapercibido desde agosto, cuando el presidente Donald Trump puso a la policía del distrito y ordenó que soldados de la Guardia Nacional patrullaran las calles. También ordenó el de las personas sin hogar. “No habrá ningún señor amable”, .
La administración Trump argumenta que los operativos para desmantelar campamentos han reducido la visibilidad del problema de personas sin hogar, mejorando así la ciudad. “Es innegable que Washington, D.C., es una ciudad más segura, limpia y hermosa gracias a las acciones históricas del presidente Trump para restaurar la capital del país”, dijo la vocera de la Casa Blanca, Taylor Rogers.
Aunque puede parecer que hay menos personas sin hogar en la capital del país, no han desaparecido.
En entrevistas, personas sin hogar dijeron que cambian de lugar constantemente, escondiéndose a plena vista.
Durante el día, se mantienen en movimiento, comen en comedores comunitarios y descansan de vez en cuando en bibliotecas públicas, bancos de parques o paradas de autobús. Por la noche, muchos duermen en entradas de negocios, aceras de parques y escalinatas de iglesias. Algunos pasan la noche en el autobús, otras se refugian en salas de emergencia, y algunas buscan cobijo en áreas boscosas o se van a suburbios en Virginia o Maryland.
Hay aproximadamente 5.100 personas sin hogar en Washington, D.C., incluyendo aquellas en albergues temporales, según realizado a inicios de 2025. Después de que Trump ordenara la ofensiva contra la falta de vivienda en espacios públicos, las personas que vivían en comunidades improvisadas se dispersaron y ahora viven en las sombras. En agosto, funcionarios de la ciudad estimaron que cerca de 700 personas vivían al aire libre sin tiendas ni ningún tipo de refugio.
Con la llegada del invierno, estas personas están expuestas al clima extremo y se enferman más, ya que afecciones crónicas como la diabetes o enfermedades cardíacas no se tratan. Proveedores de atención médica en la calle afirman que, desde el despliegue de la Guardia Nacional, ha sido sumamente difícil localizar a sus pacientes.
Muchos afectados por los operativos han perdido medicamentos esenciales y son más propensos a faltar a citas médicas porque viven en constante desplazamiento.
Los equipos médicos no logran entregar medicamentos ni transportar a pacientes a sus consultas. Este caos permanente también puede hundir aún más a quienes padecen enfermedades mentales o adicciones, aumentando el riesgo de sobredosis.
Trabajadores sociales reportan las mismas dificultades: cuando pierden el rastro de sus clientes, se rompe la conexión esencial para conseguir documentos clave como identificaciones oficiales o tarjetas del Seguro Social.
Funcionarios del distrito y proveedores de salud advierten que esta cadena de efectos puede empeorar la situación de las personas sin hogar, poner en riesgo la salud pública y la seguridad, y generar costos enormes para el sistema de salud.
“Ya era difícil encontrar a las personas, pero la presencia federal lo empeoró”, dijo la doctora Tobie Smith, médica de atención en la calle y directora ejecutiva de Street Health D.C.

El ir y venir de los sin techo
Chris Jones nació y creció en Washington, D.C., pero ahora vive en la calle, luego de ser desplazado de su tienda de campaña cerca de la Casa Blanca en los primeros días de la ofensiva federal.
Dijo que durante los operativos le confiscaron dos tiendas. Ahora duerme en una acera frente a una iglesia y ya no intenta conseguir otra. “¿Para qué? ¿Cuál es el punto? Igual la van a tirar a la basura”.
Jones, de 57 años, tiene una lesión grave en la rodilla que a veces le impide caminar y tiene programada una cirugía de reemplazo de rodilla en diciembre. Dice que necesita quedarse en esa zona porque depende de una farmacia cercana para surtir sus medicamentos para el trastorno bipolar, la diabetes y la presión alta. Cuando tiene hambre, va al comedor comunitario o trata de conseguir una hamburguesa con refresco en un local de comida rápida enfrente de donde está.
También se mantiene en ese lugar para que su trabajadora social lo pueda encontrar si se libera una plaza de vivienda permanente. Si hace demasiado frío, cruza la calle y duerme en la entrada de un negocio, que le da un poco más de protección. Quiere estar bajo techo, pero por ahora espera.
Desde que tomó el control de la policía del distrito, la administración Trump sobre ciudades y condados en todo el país para desmantelar campamentos de personas sin hogar, bajo amenaza de arresto, citaciones o detenciones. Ha ordenado o amenazado con desplegar la Guardia Nacional en ciudades con grandes poblaciones sin hogar como Los Ángeles y .

Rogers, la vocera de la Casa Blanca, dijo que el presidente mantiene la presencia de la Guardia Nacional y fuerzas federales del orden en la capital para “garantizar el éxito a largo plazo de la operación federal”.
Desde marzo, funcionarios federales y del distrito han eliminado más de 130 campamentos, según dijo. Sin embargo, algunos expertos en temas de personas sin hogar creen que esa cifra está inflada.
La Corte Suprema facilitó el año pasado que funcionarios y agentes del orden impusieran multas o arrestaran a personas sin hogar por vivir en la calle. Luego, en julio de este año, el presidente emitió una orden ejecutiva que exige una ofensiva nacional contra los campamentos urbanos, incluyendo el desalojo masivo de personas que viven al aire libre y tratamientos forzados para la salud mental o adicciones.
Trump también lidera una reforma de la política federal de vivienda, con planes de para vivienda permanente y servicios para personas sin hogar.
Esta medida limitaría el uso de una política federal conocida como “Primero la Vivienda” (Housing First), que ofrece vivienda sin exigir tratamiento para salud mental o adicciones.
La Alianza Nacional para Terminar con la Falta de Vivienda (National Alliance to End Homelessness) advierte que este cambio podría dejar sin hogar a por lo menos actualmente en viviendas de apoyo permanente. El Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD, por sus siglas en inglés) suspendió el plan el 8 de diciembre para hacer revisiones, que “piensan” implementar.
Funcionarios del distrito dicen que están cumpliendo con la exigente campaña federal contra las personas sin hogar en espacios públicos. Bajo presión de la Casa Blanca, reconocen haber intensificado la disolución de campamentos. Defensores de personas sin hogar señalan que algunos operativos se han realizado de noche o sin previo aviso.

Líderes locales creen que se podrían hacer de manera más compasiva, ofreciendo servicios y refugio.
“Hemos pasado de permitir campamentos si no afectaban la salud o la seguridad pública, a decir: ‘No los queremos en la calle’”, dijo Wayne Turnage, vicealcalde para Salud y Servicios Humanos del distrito, quien supervisa el desmantelamiento de campamentos. “Es inseguro, insalubre y peligroso”. Sin embargo, reconoce que los operativos pueden desperdiciar recursos públicos, ya que los trabajadores sociales y equipos médicos deben volver a buscar a sus pacientes y clientes.
Defensores afirman que la administración Trump está generando miedo y desconfianza entre personas sin hogar y quienes tratan de ayudarlas, a la vez que malgasta fondos públicos que podrían utilizarse para brindar atención o ubicar a estas personas en viviendas. Eso sí, ahora hay muchas menos tiendas de campaña y campamentos visibles para turistas y residentes.
“Las personas encontraban seguridad en esas comunidades, y los proveedores de servicios podían localizarlas. Ahora hay gente armada y luces que destellan sacando a la fuerza a personas sin hogar sin previo aviso y tirando sus cosas”, dijo Jesse Rabinowitz, director de campaña y comunicaciones del Centro Nacional de Leyes sobre Personas sin Hogar (National Homelessness Law Center).

Funcionarios del distrito dicen que algunas personas han aceptado ir a refugios de emergencia. Pero incluso mientras la ciudad trata de ampliar la capacidad de albergues y conectar a la gente con servicios, reconoce que no hay suficientes camas ni viviendas permanentes para todos.
Y habrá menos lugares disponibles para quienes viven en la calle.
El presupuesto del distrito para el año fiscal 2026 concentró los fondos para personas sin hogar en las familias, con 336 nuevos vales para viviendas de apoyo permanente.
Sin embargo, se recortó el financiamiento para albergues temporales tanto para familias como para personas solas, y no se asignaron nuevos vales de vivienda permanente para individuos.
Eso significa menos espacios disponibles para adultos solos, que representan la mayoría de quienes deambulan por las calles. No obstante, las autoridades locales señalaron que han incluido 260 nuevas unidades de vivienda permanente para personas sin hogar, ya sean familias o individuos, en sus planes de construcción.
Empeorando la atención médica
La situación ha saturado los comedores comunitarios, como Miriam’s Kitchen en Foggy Bottom. Esta institución local ofrece comidas calientes, asistencia para vivienda y cobijas a personas en situación de necesidad.
Trabajadores sociales dicen que cada vez es más difícil ayudar a los clientes a obtener identificaciones y otros documentos necesarios para servicios sociales y de vivienda.
“Estoy buscando por todos lados, pero no puedo encontrarlos”, dijo Cyria Knight, trabajadora social de Miriam’s Kitchen. “La mayoría de mis clientes se fue a Virginia”.
No está claro cuántas personas se han trasladado a comunidades vecinas en Virginia o Maryland. En enero, antes de la ofensiva de Trump, se estimaba que había unas en la región. Cuatro de los seis condados que rodean Washington vieron un aumento en la falta de vivienda desde 2024, mientras que en el distrito .
“No veo a mis pacientes por un mes o más, y cuando los encuentro, sus enfermedades crónicas están fuera de control. Han entrado y salido de la sala de emergencia, y tienen más probabilidades de ser hospitalizados”, dijo Anna Graham, enfermera especializada en medicina callejera de , una red de clínicas en Washington. “Esto nos hace retroceder”.
El equipo de Graham estaciona su unidad médica móvil afuera de Miriam’s Kitchen durante la hora de la cena para tener más probabilidades de encontrar pacientes.
Willie Taylor, de 63 años, buscaba dónde dormir esa noche tras recibir la cena. Vio a Graham para recibir medicamentos para una enfermedad pulmonar avanzada, convulsiones, dolor crónico y otros padecimientos.
Le cuesta caminar y necesita una silla de ruedas, lo cual es complicado porque no tiene una dirección fija. Sus proveedores médicos dicen que le han robado sillas de ruedas antes mientras dormía en la calle.

Taylor usa un carrito de compras para mantenerse en pie durante el día, caminando sin rumbo hasta que cae la noche.
En una fría noche de noviembre, Graham lo ayudó a organizar sus medicamentos y revisó sus signos vitales. El equipo le dio un abrigo y calentadores de manos antes de que volviera a irse.
Después de caminar unos 45 minutos, encontró un rincón de pavimento en un parque donde pudo armar su cama con lonas y sacos de dormir.
“Mi cuerpo ya no aguanta esto”, dijo Taylor mientras se preparaba para dormir. “Hay hielo en el concreto. Me duele muchísimo más cuando hace frío”.
Las personas sin hogar  y les cuesta más al sistema de salud que quienes tienen vivienda, en gran parte porque no reciben tratamiento en la calle y, cuando buscan atención, suelen ir a la sala de emergencia.
Se estima que, entre las personas inscritas en Medicaid, quienes no tienen hogar generan un gasto anual de $18.764, frente a $7.561 de otros beneficiarios.
Más temprano ese día, en el comedor comunitario So Others Might Eat, Tyree Kelley terminaba su desayuno: un sándwich de salchicha y huevos duros. Estaba considerando ir a un refugio. Dijo que las calles se estaban volviendo demasiado peligrosas, en referencia a la presencia policial y de la Guardia Nacional. Extrañaba la comunidad de su antiguo campamento, que lo ayudaba a mantenerse seguro.
Este año ha ido al hospital al menos siete veces por una fractura en el tobillo tras caer de un scooter eléctrico. El accidente le hizo perder su trabajo y su seguro médico como recolector de basura, contó. Dijo que su situación lo ha hundido en una depresión que comenzó hace tres años, cuando murió su madre.
Después, este año murieron su padre y su hermana. Para adormecer el dolor, comenzó a beber.
“Uno se deprime mucho estando aquí”, dijo Kelley, de 42 años. “Se vuelve adictivo. Empiezas a no preocuparte ni por cambiarte de ropa”.
Esa depresión lo llevó a buscar marihuana. Luego fumó un cigarro mezclado con fentanilo. La sobredosis lo mantuvo en el hospital durante varios días.
“En realidad morí y volví”, dijo, agradeciendo a otras personas sin hogar que le administraron naloxona y le salvaron la vida. “Necesito salir de esto, pero me siento atrapado”.
A unas cuadras al oeste de la Casa Blanca hay un terreno baldío en donde hasta hace poco había más de una docena de tiendas de campaña. Quienes trabajan en la zona perciben lo que ya no se ve.
“Estuve aquí cuando limpiaron todo. Llegó una topadora y tiraron todo a un camión de basura”, dijo Ray Szemborski, quien trabaja frente a ese lote. “Las personas siguen sin hogar. Las sigo viendo debajo del puente. A veces están en las paradas de bus, otras solo caminando. Las tiendas ya no están, pero ellos siguen aquí”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2134862&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>En Pennsylvania, los médicos que solicitan acreditación en los hospitales Geisinger a responder a preguntas personales sobre la atención de salud mental que han recibido, lo que reduce el estigma que rodea a los médicos que buscan tratamiento.
El lugar de trabajo es la nueva zona cero para abordar la salud mental. Esto significa que las empresas, tanto empleados como supervisores, deben hacer frente a crisis que van desde la adicción hasta el suicidio.
Estos dos avances aparentemente inconexos en Connecticut y Pennsylvania tienen un punto en común: surgieron del trabajo de una agencia federal poco conocida llamada (NIOSH).
Es una de las agencias federales clave que lidera los esfuerzos en materia de salud mental en el lugar de trabajo, desde la reducción de las alarmantes tasas de suicidio entre los trabajadores de la construcción hasta la lucha contra el agotamiento y la depresión entre los trabajadores de salud.
Pero después de cumplir un papel importante durante la pandemia de covid-19, ese trabajo ahora está en peligro. La administración Trump ha , y se ha propuesto .
El sector privado y las organizaciones sin fines de lucro pueden llenar parte del vacío, pero no pueden igualar los recursos del gobierno federal. Y es posible que algunas empresas no prioricen el bienestar de los trabajadores por encima de las ganancias.

Alrededor del afirman que su trabajo es el factor principal que afecta a su salud mental. Las investigaciones sugieren que el estrés laboral es la y representa hasta en Estados Unidos cada año.
“La salud mental en el trabajo es una de las áreas más infravaloradas y, sin embargo, más críticas en las que podríamos intervenir”, afirmó Thomas Cunningham, quien fue científico del comportamiento en el NIOSH y que aceptó el pago de un retiro voluntario este año. “Estábamos empezando a obtener un fuerte apoyo de todos los actores involucrados”, dijo. “Esta administración lo ha echado todo por tierra”.
El NIOSH, por la misma ley que creó la más conocida Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA), se encarga de realizar investigaciones que sirvan de base para las normas de seguridad en el lugar de trabajo. Es más conocido por supervisar la enfermedad del pulmón negro entre los mineros del carbón y por probar máscaras, como las N95 utilizadas durante la pandemia.
Como parte del despido masivo de trabajadores federales esta primavera, el NIOSH iba a . Tras la presión de los legisladores, preocupados por la seguridad de los mineros del carbón y los socorristas, la administración . No está claro si alguno de los trabajadores recontratados se centra en iniciativas de salud mental.

Al menos están en los tribunales. Mientras tanto, cientos de empleados del NIOSH , sin poder trabajar.
Emily Hilliard, secretaria de prensa del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), afirmó en un comunicado que “las funciones críticas de salud pública del país siguen intactas y eficaces”, incluido el apoyo a los mineros del carbón y los bomberos a través del NIOSH. “Mejorar la salud mental de los trabajadores estadounidenses sigue siendo una prioridad clave para el HHS, y ese trabajo continúa”, escribió.
La secretaria no respondió a las preguntas específicas de ºÚÁϳԹÏÍø News sobre si alguno de los empleados reincorporados al NIOSH lidera iniciativas de salud mental o quién continúa con ese trabajo.
Reducir suicidios y adicciones en la construcción y la minería
Más de mueren cada año por suicidio, cinco veces más que los que mueren por accidentes laborales. Los mineros también sufren . Y casi una quinta parte de los trabajadores de ambos sectores padecen un trastorno por consumo de drogas, entre el conjunto de los trabajadores estadounidenses.
reconoció estos problemas ya en 2010. Fue entonces cuando puso en marcha un programa de ayuda a los miembros del sindicato en Connecticut. Contrató a un médico especialista y estableció colaboraciones con centros de tratamiento locales.
Al principio, los trabajadores se resistieron, dijo Zimmer, quien se jubiló recientemente tras 25 años en el sindicato, muchos de ellos como director de salud y seguridad.
No querían “hablar del tema” porque temían que los “sacaran de la industria”, afirmó.
Pero poco a poco, eso cambió, con la ayuda del NIOSH, agregó Zimmer.
La agencia desarrolló un enfoque para la seguridad de los trabajadores denominado (Total Worker Health), que identifica la salud física y mental como fundamental para la seguridad en el trabajo. También cambia el enfoque de cómo las personas pueden mantenerse seguras a cómo se pueden cambiar las políticas y los entornos para lograrlo.
A lo largo de décadas, el concepto se extendió desde las revistas de investigación y las universidades hasta las conferencias del sector, los sindicatos y, finalmente, los trabajadores, contó Zimmer.
La gente empezó a aceptar que la salud mental era una cuestión de seguridad en el trabajo. Esto allanó el camino para que el del NIOSH desarrollara y para que Zimmer estableciera el programa de coaching en Connecticut.
“Hemos conseguido reducir mucho ese estigma”, afirmó.
Otros países han avanzado más en materia de salud mental en el trabajo, según , copresidenta de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio en el lugar de trabajo. Sin embargo, con el auge del enfoque “Total Worker Health” un sobre el tema y el aumento de la investigación, Estados Unidos parecía estar finalmente poniéndose al día.
Los recientes recortes al NIOSH sugieren que “estamos perdiendo terreno”, apuntó Spencer-Thomas.

El año pasado, , profesora del Centro de Salud, Trabajo y Medio Ambiente de la Facultad de Salud Pública de Colorado, recibió una subvención de cinco años del NIOSH para que ayudara a los líderes de industrias, como la construcción y la minería, a reforzar la seguridad y la salud mental de los trabajadores.
Aunque muchas empresas conectan a las personas con los tratamientos, pocas se centran en la prevención de la afección mental, según Schwatka. La financiación del NIOSH “nos permite hacer cosas innovadoras que quizá la industria no emprendería por su cuenta”.
Su equipo tenía previsto probar el conjunto de herramientas con ocho empresas de la construcción en los próximos años. Sin embargo, dado que quedan pocos empleados del NIOSH para tramitar las renovaciones anuales, los fondos podrían cortarse en cualquier momento.
Las consecuencias de perder esta investigación no se limitan al ámbito académico, según Zimmer. “La salud y la seguridad de los trabajadores están en grave peligro”.
El sector salud se prepara para las consecuencias de los recortes
Durante mucho tiempo, los médicos han tenido . Justo después del pico de la pandemia, que casi la mitad de los trabajadores de la salud se sentían agotados y casi la mitad tenía intención de buscar un nuevo empleo. La agencia declaró una crisis de salud mental en el sector.
El NIOSH recibió $20 millones a través de la Ley del Plan de Rescate Estadounidense (American Rescue Plan Act) para crear una campaña nacional destinada a mejorar la salud mental de los trabajadores de salud.
Los resultados incluyeron una para que los responsables de los hospitales mejoraran los sistemas de apoyo a sus empleados, así como para que los responsables debatieran sobre el bienestar y los trabajadores supieran como defender mejores políticas.
Cunningham, el científico del comportamiento que dejó el NIOSH este año, ayudó a liderar la iniciativa. Dijo que el objetivo era ir más allá de pedir a los trabajadores de salud que fueran resilientes o que desarrollaran habilidades de meditación.
“No estamos diciendo que la resiliencia sea mala, pero estamos tratando de enfatizar que no es lo primero en lo que debemos centrarnos”, dijo.
En su lugar, el NIOSH sugirió eliminar de los formularios de acreditación hospitalaria las preguntas intrusivas sobre salud mental que no fueran relevantes para la seguridad de los pacientes y ofrecer a los trabajadores más participación en la organización de sus horarios.
La agencia se asoció para este trabajo con la , que lleva el nombre de una médica de emergencias que se suicidó durante la pandemia. La fundación amplió la campaña ayudando a los sistemas de salud de cuatro estados a implementar partes de la guía y a aprender unos de otros.

Los líderes de la fundación , quien interpreta a un médico de emergencias en la serie de televisión The Pitt, para abogar por la renovación de la financiación federal.
, CEO y cofundador de la fundación, afirmó que renovar la financiación del NIOSH es fundamental para que esta guía llegue a todos los hospitales.
Sin esos recursos, “se va a retrasar mucho la transformación de la atención de salud que es necesaria”, afirmó.
¿Quién puede llenar el vacío?
, un profesional de la seguridad en la industria de la construcción con varias décadas de experiencia, y que ha trabajado en empresas de renombre como Gilbane, Turner y DPR Construction, confía en que la salud mental seguirá siendo una prioridad a pesar de los recortes del NIOSH.
Los contratistas generales y los propietarios de proyectos llevan años incorporando partidas presupuestarias para el apoyo a la salud mental, dijo, y compartió el ejemplo de un proyecto de $1.000 millones que incluía un profesional de la salud mental de guardia cuatro horas al día varios días a la semana. Los trabajadores concertaban citas para sentarse en sus camionetas durante la pausa para el almuerzo y hablar, explicó.
Ahora, cuando estas grandes empresas subcontratan a empresas más pequeñas, suelen preguntar si los subcontratistas ofrecen apoyo en materia de salud mental a los trabajadores, según Lyons.
Sin embargo, otros se muestran escépticos sobre la capacidad del sector para sustituir los esfuerzos del NIOSH.
Varios expertos afirmaron que las empresas más pequeñas no tienen los medios para encargar estudios de investigación y que las empresas más grandes pueden no compartir los resultados públicamente, como haría una agencia federal. Tampoco tendrían la misma credibilidad.
“La empresa privada va a proporcionar lo que la gente que les paga quiere que proporcionen”, dijo una empleada del NIOSH y miembro del sindicato American Federation of Government Employees, actualmente bajo licencia administrativa, a quien se le concedió el anonimato por temor a represalias profesionales.
Sin la atención federal sobre la salud mental en el lugar de trabajo, “las personas abandonarán la fuerza laboral”, dijo. “Muchos trabajadores podrían morir”.
ºÚÁϳԹÏÍø News is a national newsroom that produces in-depth journalism about health issues and is one of the core operating programs at KFF—an independent source of health policy research, polling, and journalism. Learn more about .This <a target="_blank" href="/es/health-industry/peligran-servicios-de-salud-mental-en-lugares-de-trabajo-por-recortes-federales/">article</a> first appeared on <a target="_blank" href="">KFF Health News</a> and is republished here under a <a target="_blank" href=" Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License</a>.<img src="/wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=150" style="width:1em;height:1em;margin-left:10px;">
<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2063228&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Una organización de Indiana que emplea a personas en recuperación para ayudar a compañeros con trastornos por adicciones y afecciones mentales se vio obligada a despedir a tres trabajadores. Un servicio de apoyo digital en Texas para personas con las mismas problemáticas se preparó para cerrar su línea telefónica 24/7 en una semana. Un programa de Minnesota centrado en la adicción en la comunidad de África Oriental restringió su alcance a personas vulnerables que viven en las calles.
Aunque la asistencia federal se otorgó durante la pandemia de covid y algunos de los fondos apoyaron actividades relacionadas con enfermedades infecciosas, una parte considerable se destinó a programas de salud mental y adicciones.
Estas últimas son preocupaciones crónicas en Estados Unidos que se agravaron durante la pandemia y .
Colorado, por ejemplo, recibió más de $30 millones para estos programas y Minnesota casi $28 millones, según las agencias de salud y servicios humanos de esos estados.
En muchos casos, este dinero se destinó a servicios de recuperación de adicciones, que van más allá del tratamiento tradicional para ayudar a las personas con adicciones a reconstruir sus vidas. Estos programas realizan tareas que las aseguradoras a menudo no reembolsan, como llevar a las personas a citas médicas y audiencias judiciales, preparer currículums y capacitarlas para nuevos empleos, encontrarles alojamiento y ayudarlas a establecer vínculos sociales no relacionados con las drogas.
Un juez federal los recortes de la administración Trump, lo que permitió que, por ahora, los programas siguieran recibiendo fondos federales. Sin embargo, muchos de los afectados afirman que no pueden recontratar fácilmente a las personas que despidieron ni reactivar los servicios que redujeron.
Además, no están seguros de poder sobrevivir a largo plazo en un entorno de incertidumbre y temor, sin saber cuándo se revocará el fallo del juez o se recortará otra fuente de financiamiento.
La semana en que se recortaron drásticamente los fondos, la administración Trump también anunció del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), que incluye la consolidación de la principal agencia federal dedicada a los servicios de recuperación de adicciones. Sin una oficina independiente como la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental, que el trabajo de recuperación, y el dinero para apoyarlo, ya no sea una prioridad.
Aunque fundaciones privadas y gobiernos estatales podrían intervenir, es poco probable que puedan igualar las sumas de financiación federal.
“El apoyo a la recuperación se considera opcional”, dijo , fundadora de HardBeauty, una organización de recuperación de adicciones con sede en Colorado.
Los recortes federales ponen en riesgo una subvención de cerca de $75.000 que su equipo había recibido para atender a mujeres embarazadas con adicciones en dos condados rurales de Colorado.
“Es muy fácil tomar decisiones drásticas desde arriba por dinero, cuando no tienes que ser quien le diga a la madre: ‘No podemos ir hoy'”, dijo García. “Cuando nunca tienes que sentarte frente a la madre que realmente necesitaba que estuvieras allí”.
Las afecciones de salud mental, incluidos los trastornos por consumo de sustancias, son una de las en el país. Y, aunque las muertes por sobredosis a nivel nacional , las tasas en muchas . A muchas personas en el campo de las adicciones les preocupa que estos recortes de fondos puedan revertir el progreso logrado con tanto esfuerzo.

Emily Hilliard, vocera del HHS, declaró a ºÚÁϳԹÏÍø News que el departamento se está reorganizando para mejorar la eficiencia, fomentar un enfoque más coordinado para la adicción y priorizar la financiación de proyectos que se alineen con la iniciativa presidencial Make America Healthy Again.
“Nuestro objetivo es optimizar los recursos y eliminar las redundancias, garantizando que los servicios esenciales de salud mental y tratamiento de adicciones se presten de forma más eficaz”, dijo en un comunicado.
Pero para Garcia, no se siente como una mejora. Se siente como abandonar a madres necesitadas.
Entre el momento en que se anunciaron los recortes y cuando el juez federal los suspendió, dos mujeres atendidas por el programa de García dieron a luz, contó. Aunque la financiación de su subvención estaba en el limbo, García le dijo a su empleada que estuviera presente junto a las madres.
La empleada hizo seguimiento con visitas diarias a las nuevas mamás, las conectó con servicios de tratamiento o vivienda cuando fue necesario y las ayudó a navegar por el sistema de servicios infantiles.
“Simplemente no puedo dejar a las madres sin servicios”, dijo García. “Simplemente no puedo hacerlo”.
Tampoco puede abandonar a esa empleada, agregó. Aunque la financiación federal proporcionó la mitad de su salario, García la ha mantenido trabajando a tiempo completo.
García dijo que emplea principalmente a mujeres que están en proceso de recuperación, muchas de las cuales pasaron años atrapadas en situaciones de abuso, dependiendo de los beneficios sociales. Ahora están sobrias y han encontrado un trabajo significativo que les permite mantener a sus familias, dijo. “Creamos nuestra propia fuerza laboral de mamás que ayudan a otras mamás”.

Este tipo de desarrollo de la fuerza laboral en recuperación parece estar alineado con los objetivos del Partido Republicano de lograr que más personas trabajen y reducir la dependencia de la beneficencia.
Las prioridades de la política de drogas de la administración Trump, , identificaron la creación de “una fuerza laboral calificada y lista para la recuperación” y el fortalecimiento de los servicios de apoyo entre pares para la recuperación como esfuerzos cruciales para ayudar a las personas a “encontrar la recuperación y llevar una vida productiva y saludable”.
Muchos programas de recuperación capacitan a personas para empleos manuales, lo que podría respaldar el objetivo de Trump de revivir la industria manufacturera.
Sin embargo, las acciones de la administración parecen entrar en conflicto con sus objetivos declarados, dijo , quien fue el zar antidrogas durante la administración Biden.
“No se puede tener manufactura si las personas no pasan una prueba de drogas en orina o continúan sufriendo adicciones o recaídas”, afirmó Gupta, quien ahora preside GATC Health, una empresa que utiliza inteligencia artificial para el desarrollo de fármacos.
Incluso si Vuelve a haber más empleos en las zonas rurales de Estados Unidos, recortar la financiación de los servicios de recuperación y de la principal oficina federal que supervisa estos esfuerzos podría significar que menos personas sean “empleables”, afirmó Gupta.
Las investigaciones sobre programas de recuperación, en particular los dirigidos por personas con experiencia personal en adicciones, sugieren que pueden aumentar la participación en el , reducir la prevalencia de reincidencia, a las citas de tratamiento y mejorar la probabilidad de .
ve estos beneficios a diario. Como director estatal de la organización nacional sin fines de lucro , O’Bryan supervisa cerca de que enseñan a personas en recuperación habilidades para la vida, como manejar una cuenta bancaria y presentarse a entrevistas de trabajo, y les muestran cómo divertirse en sobriedad, mediante caminatas en grupo y juegos de Ultimate Frisbee que brillan en la oscuridad.
Brindando servicios de recuperación “es cuando realmente invertimos en su futuro”, dijo O’Bryan, quien también está en recuperación.

Seis de sus capítulos se vieron afectados por los recortes de fondos federales. Por eso ha tenido que recurrir al fondo de emergencia de la organización para pagar al personal, y reducir los eventos comunitarios, incluyendo las jornadas de limpieza en las que los miembros del capítulo recogen jeringas usadas de la calle, distribuyen naloxona, el medicamento para revertir sobredosis, y hablan con personas que consumen drogas sobre la posibilidad de recuperarse.
Actualmente está explorando iniciativas de recaudación de fondos, pero no todos sus capítulos tienen la misma capacidad.
“En una ciudad como Louisville, recaudar fondos no es un problema”, dijo O’Bryan, “pero cuando uno llega a Grayson, Kentucky”, una zona rural en los Apalaches, “no hay muchas oportunidades”.
En Minnesota, Kaleab Woldegiorgis y sus colegas de la solían pasar horas al día en comedores sociales, eventos comunitarios, mezquitas y en las calles de barrios musulmanes y África Oriental, intentando conectar con personas que consumen drogas. Hablaban somalí, amárico y suajili, entre otros idiomas.
Esas iniciativas de divulgación les permitieron encontrar personas que necesitaban servicios de recuperación y que no los buscaban por sí mismas, afirmó Woldegiorgis, quien anteriormente asistió a los grupos de apoyo de Niyyah cuando él mismo lidiaba con la adicción.
Tras construir relaciones con las personas, Woldegiorgis podía ayudarlas a conectarse con servicios de recuperación formales que facturan a sus seguros, explicó. Pero la ayuda no siempre podía esperar a un contrato.
Una tarde, poco antes de los recortes de fondos federales, Woldegiorgis y sus colegas hablaron con un hombre que comenzó a llorar, contando cómo había querido recibir tratamiento unos días antes, pero había perdido sus pertenencias, había vuelto a consumir drogas y había terminado en la calle.
Woldegiorgis dijo que ayudó al hombre a reconectarse con una hermana y a comenzar a explorar opciones de tratamiento.
Con los recortes, es posible que Niyyah ya no pueda apoyar este tipo de trabajo comunitario. Woldegiorgis teme que esto signifique que las personas no recibirán el mensaje de esperanza que puede surgir al interactuar con personas que pueden ser sus modelos de recuperación a seguir.
“La gente no recoge folletos para recibir estos mensajes. Y la gente no lee correos electrónicos ni mira mensajes publicitarios en ls calles y encuentra inspiración”, dijo. “La gente necesita gente”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2024406&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Más de un millón de residentes de California que viven en Estados Unidos sin papeles ahora califican para Medi-Cal, la versión estatal de Medicaid: ha sido uno de los primeros en cubrir a personas de bajos ingresos independientemente de su estatus migratorio.
El estado también está experimentando con fondos de Medicaid para pagar servicios sociales como asistencia para vivienda y alimentos, especialmente para aquellos que viven en las calles o tienen enfermedades crónicas. Además, está obligando a la industria de la salud a mientras impone nuevas reglas a médicos, hospitales y aseguradoras para ofrecer una atención de mejor calidad y más accesible.
Sin embargo, hasta ahora, Newsom no ha logrado cumplir por completo con sus políticas de salud más ambiciosas, y muchos cambios aún no son visibles para el público: los costos de la salud , la escasez de vivienda está empeorando y muchos californianos todavía luchan por obtener atención médica básica.
Ahora, algunas de las iniciativas emblemáticas de Newsom en materia de salud, que podrían definir su perfil en el escenario nacional, están en peligro con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
Según expertos en políticas sanitarias, California podría perder miles de millones de dólares en financiamiento para la atención médica si la nueva administración Trump altera los programas de Medicaid, algo que los republicanos han dicho que es probable. Tal movimiento podría obligar al estado a recortar drásticamente beneficios, e incluso la elegibilidad.
Y aunque la inscripción para que inmigrantes indocumentados obtengan atención médica gratuita se ha financiado casi completamente con dinero estatal, esto convierte a California en un blanco político.
“Eso es combustible para alimentar el argumento de la republicana MAGA de que estamos tomando dólares de impuestos de buenos estadounidenses y proporcionando atención médica a los inmigrantes”, dijo Mark Peterson, experto en atención médica de UCLA, en referencia al movimiento “Make America Great Again”.
Newsom rechazó una entrevista con ºÚÁϳԹÏÍø News. En un comunicado, reconoció que muchas de sus iniciativas todavía están en proceso de implementarse. Pero, aunque intentará trabajar con Trump, el gobernador prometió proteger su agenda de atención médica en sus dos últimos años en el cargo.
“Nos estamos acercando a la administración entrante con una mano abierta, no con un puño cerrado”, dijo Newsom. “Es una prioridad principal de mi administración asegurar que la atención médica de calidad esté disponible y sea asequible para todos los californianos”.
Mark Ghaly, ex secretario de Salud y Servicios Humanos bajo Newsom, dijo que transformar la forma en que se paga y ofrece la atención médica puede ser complicado. “No lo hicimos perfectamente”, dijo Ghaly. “La implementación siempre es complicada en un estado de 40 millones de personas”.
Antes de la inauguración de Trump el 20 de enero, Newsom propuso para desafiar a Trump en atención reproductiva, ayuda para desastres y otros servicios. Su solicitud está pendiente en la Legislatura estatal controlada por demócratas.
Estas son las principales iniciativas que conformarán el legado de Newsom en salud:
Medicaid
Se avecinan posibles recortes federales en el estado más poblado de Estados Unidos. De los asombrosos que California gasta anualmente en atención médica y servicios sociales, casi $116 mil millones provienen del gobierno federal. La mayor parte de eso va a Medicaid, que cubre a más de . Líderes republicanos en Washington han planteado ideas para , lo que podría reducir beneficios o disminuir la inscripción.
Además, la expansión de Medi-Cal en California para se proyecta que costará al estado aproximadamente $6.4 mil millones para el año fiscal que termina el 30 de junio.
A principios de diciembre, Newsom sugirió que el estado continuaría financiando la expansión de atención médica para inmigrantes en el próximo año fiscal, pero si mantendría la cobertura en años futuros.
Grupos de defensa están listos para proteger estos beneficios si Trump hace de California su blanco. “Queremos continuar protegiendo el acceso a la atención y no ver un retroceso”, dijo Amanda McAllister-Wallner, directora ejecutiva interina de Health Access California.
Medicamentos genéricos
Citando el alto costo de los medicamentos recetados, en 2022 Newsom destinó $100 millones a su plan para producir insulina genérica para California y lanzar una planta estatal de fabricación para producir una gama de medicamentos genéricos.
Tres años después, California no ha logrado ninguno de los dos. Sin embargo, un acuerdo para comprar al por mayor naloxona, el medicamento para revertir las sobredosis de opioides, que el estado puso a disposición de escuelas, clínicas de salud y otras instituciones .
“Es ciertamente decepcionante que no haya mucho más progreso”, dijo el ex senador estatal Richard Pan, quien redactó la legislación original de medicamentos genéricos.
Sobre la insulina genérica, Newsom reconoció “que ha tomado más tiempo del que esperábamos llevar insulina al mercado, pero seguimos comprometidos a ofrecer insulina a $30 disponible para todos los que la necesiten lo antes posible”.
Aborto
El gobernador ayudó a liderar la exitosa campaña de 2022 para incluir el acceso al aborto en la constitución estatal. Firmó leyes para garantizar que los abortos, espontáneos o no, , para permitir que médicos de otros estados realicen abortos en California, almacenar cuando mifepristona enfrentó una prohibición nacional, y para ayudar a los californianos que no pueden pagar el cuidado del aborto.
Newsom, quien ha hecho de los derechos reproductivos un pilar central de su agenda política, también y recorrió el país atacando a Trump y a otros republicanos en estados conservadores que han restringido el acceso al aborto.
Después de la victoria electoral de Trump, Newsom convocó a una sesión legislativa especial para prepararse para posibles batallas legales con el gobierno federal. Dijo a ºÚÁϳԹÏÍø News que el estado se está preparando “de todas las maneras posibles para proteger los derechos garantizados en la constitución de California y asegurar la autonomía para todos los que están en nuestro estado”.
Costos crecientes de la atención médica
En 2022, Newsom creó la para establecer límites al gasto en salud e imponer sanciones a las aseguradoras y proveedores de atención médica que no cumplieran con los objetivos. Para 2029, California limitará los aumentos anuales de precios para aseguradoras, médicos y hospitales al 3%.
Si bien Trump ha expresado preocupación por el aumento constante de los costos de la atención médica a nivel nacional y la calidad de la atención, sus ideas se han centrado en la desregulación y en reemplazar la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA), lo que, según expertos, y aumentar los gastos de los pacientes.
California podría perder subsidios federales que han ayudado a para la mayoría de los aproximadamente que compran su cobertura de salud a través de Covered California, el mercado estatal de ACA, lo que aumentaría los gastos de bolsillo de los pacientes.
El estado podría usar el dinero que recauda de sus propias multas por no tener seguro de salud, adoptada por Newsom después que el Congreso eliminara el mandato individual de Obamacare en 2017. Según el Departamento de Finanzas del estado, esos ingresos estatales están proyectados en . Eso es una fracción de los aproximadamente $ en subsidios federales para seguros de salud que recibe California.
Salud y falta de vivienda
Bajo el liderazgo de Newsom, California ha gastado cantidades sin precedentes de dinero público para abordar la crisis de personas sin hogar, pero la situación ha empeorado bajo su mandato.
Desde 2019, cuando Newsom asumió el cargo, hasta 2023, la falta de vivienda aumentó un 20%: no tienen techo, a pesar que el estado destinó más de $20 mil millones para tratar de sacar a las personas de las calles, incluido un programa para convertir hoteles y moteles .
Además, se han invertido aproximadamente $12 mil millones en CalAIM, un esfuerzo experimental para integrar servicios sociales en Medi-Cal, como asistencia para alquilar y para prevenir desalojos.
El año pasado, una auditoría estatal encontró que el estado no estaba haciendo un buen trabajo en el seguimiento de la efectividad del dinero de los contribuyentes. CalAIM no está sirviendo a tantos californianos como se esperaba, y los pacientes enfrentan dificultades para recibir los nuevos beneficios de los aseguradores de salud.
“La crisis de personas sin hogar en nuestras calles es inaceptable”, reconoció Newsom. “Pero estamos comenzando a ver avances”.
Se espera que la administración Trump revierta las políticas liberales que han permitido el uso de dinero de Medicaid para experimentos de atención médica a través de exenciones alentadas por la administración Biden.
Notablemente, Trump ha criticado a Newsom por su manejo de la crisis de personas sin hogar y ha prometido con más fuerza. La exención de CalAIM en California termina a finales de 2026.
Por ejemplo, en lugar de expandir la asistencia de vivienda y alimentos, el estado podría enfrentarse a movimientos federales para terminar los beneficios de CalAIM y hacer que .
Salud mental y adicciones
Newsom ha lanzado la reforma más extensa del sistema de salud conductual de California en décadas, destinando miles de millones en fondos estatales a una nueva red de instalaciones de tratamiento y programas de prevención.
Dos de sus iniciativas emblemáticas más controvertidas, la Proposición 1 y CARE Court, inyectan dinero en el tratamiento y la vivienda para californianos con afecciones de salud conductual, especialmente personas sin hogar que viven en crisis. CARE Court permite a los jueces ordenar tratamiento para quienes sufren enfermedades mentales debilitantes y trastornos por adicciones.
Ambas iniciativas han enfrentado desafíos de financiamiento, dependen de los condados para su implementación y podrían tardar años en producir resultados visibles.
Mientras que Newsom ha buscado expandir el tratamiento en las comunidades, Trump ha sugerido un regreso a la institucionalización y propuso trasladar a personas sin hogar y a aquellos con graves afecciones de salud conductual a .
Newsom dijo que espera que sus enfoques “innovadores” transformen la atención de salud conductual con “un enfoque en las personas con enfermedades más graves y adicciones”.
Esta historia fue producida por , que publica , un servicio editorialmente independiente de la .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1966423&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Estos médicos, enfermeros y trabajadores sociales se están desplegando en las calles de Los Ángeles para ofrecer atención médica y servicios sociales a las personas sin hogar: soldados de un nuevo modelo de negocio que está arraigándose en comunidades de toda California.
Su estrategia: construir confianza con las personas sin hogar para darles medicinas dondequiera que estén… y ganar dinero haciéndolo.
“La mayor población de personas sin hogar en este país está aquí en el sur de California”, dijo Sachin Jain, ex funcionario de salud de la administración Obama que es CEO de SCAN Group, que dirige un plan de Medicare Advantage que cubre a unas 300,000 personas en California, Arizona, Nevada, Texas y Nuevo México.
“El segmento de más rápido crecimiento de personas que experimentan la falta de vivienda son en realidad los adultos mayores”, dijo. “Dije, ‘Tenemos que hacer algo al respecto'”.
La organización de Jain Healthcare in Action, un grupo médico que envía a los practicantes a las calles de California exclusivamente para atender a personas sin hogar. Ha crecido rápidamente, estableciendo operaciones en 17 comunidades, incluyendo Long Beach, West Hollywood y el condado de San Bernardino.
Desde su lanzamiento, Healthcare in Action ha atendido a unos 6,700 pacientes sin techo y ha realizado aproximadamente 77,000 diagnósticos, desde esquizofrenia hasta diabetes. Ha puesto a unas 300 personas en viviendas permanentes o temporales.
En la mayor parte del país, la medicina de calle o callejera se practica como una labor caritativa, dirigida a servir a una población de pacientes compleja que ha sido desatendida por la medicina tradicional, dicen sus defensores.

Llevando vidas nómades y caóticas, las personas sin hogar sufren desproporcionadamente de afecciones mentales, adicciones y enfermedades crónicas, y a menudo no tienen seguro médico o si lo tienen no lo usan.
Eso hace que diseñar un negocio alrededor de atenderlos sea un riesgo, dicen ejecutivos de seguros y economistas de la salud.
“Es realmente innovador y emprendedor tomar toda esta energía y coraje para tratar de mejorar las cosas para una población a la que generalmente se ignora”, dijo Mark Duggan, profesor de economía en la Universidad de Stanford que se especializa en política de falta de vivienda y Medicaid. “Los incentivos financieros importan muchísimo en la atención médica. Son todo”.
Se estima que 181,000 personas en California en 2023, aproximadamente el 30% del total nacional. El número de personas viviendo en la calle, más de dos tercios del total del estado, aumentó 6.9% con respecto al año anterior.
A los líderes estatales, incluido el gobernador demócrata Gavin Newsom, contra la creciente crisis de salud pública y política, a pesar de reunir recursos sin precedentes de los contribuyentes.
“Tenemos un gran problema entre manos, y tenemos muchos planes de salud y municipios diciendo, ‘Te necesitamos'”, dijo Jain.
En las calles
Una mañana nublada de abril, en Long Beach, Daniel Speller manejaba su furgoneta médica móvil entre las tiendas de campaña y lonas que llenaban las calles residenciales, buscando a un par de pacientes sin hogar. Speller, que es asistente médico de Healthcare in Action, dijo que estaba particularmente preocupado por las heridas gravemente infectadas que habían desarrollado en sus extremidades después de usar la droga callejera xilazina, un tranquilizante para animales que a menudo se mezcla con fentanilo.
“Estas heridas están en todas partes. Es realmente malo”, dijo Speller. Si las infecciones avanzan, pueden requerir amputaciones de dedos, pies o brazos.
“Hombre, ésta todavía está muy profunda”, dijo Speller mientras despegaba los jeans de la pierna hinchada de Robert Smith, de 66 años.
Después de limpiar y vendar la pierna de Smith, Speller le preguntó si necesitaba algo más. “Perdí mis cupones de alimentos”, respondió Smith.
En menos de una hora, el equipo de trabajadores sociales y enfermeros de Speller habían llamado a un Uber para llevar a Smith a una oficina estatal, donde recibió una nueva tarjeta CalFresh.
Después, Speller dobló hacia una calle lateral llena de más tiendas de campaña y autos convertidos en refugios. Nick Destry Anderson, de 46 años, estaba durmiendo en la acera y necesitaba con urgencia que le curaran su herida.
“Tenía tanto miedo. Antes de conocerlos pensé que iba a perder mi pierna”, dijo Anderson, haciendo un gesto mientras Speller rociaba su pierna con un aerosol antibiótico. “Estas personas salvaron mi vida”.
Anderson dijo que se sentía mareado, así que Speller pidió a otro miembro del equipo que usara la tarjeta de crédito de la empresa para comprarle una hamburguesa con queso y una Sprite.
Muchas personas sin hogar languidecen en las calles, tan arraigadas en crisis de salud mental o adicciones que no les importa mucho ver a un médico o tomar su medicación. Las enfermedades crónicas empeoran. Las heridas se infectan. Las personas sufren sobredosis o mueren por afecciones tratables.
Parte de la medicina callejera consiste en vendar heridas infectadas, administrar inyecciones de antipsicóticos y tratar enfermedades crónicas. Los proveedores de la calle a menudo reparten parafernalia de drogas como agujas limpias y pipas de vidrio para prevenir que se compartan y prevenir infecciones. Quizás más importante, estos trabajadores construyen confianza.
Que los pacientes sin hogar s conecten con médicos y enfermeros de atención primaria, que los visitan en las calles, en los parques o dondequiera que estén, puede prevenir visitas frecuentes y costosas a salas de emergencia y hospitalizaciones, potencialmente ahorrando dinero a las aseguradoras y a los contribuyentes, argumenta Jain.
Aunque los refugios y la vivienda son escasos, el objetivo de Healthcare in Action es lograr que los pacientes estén lo suficientemente saludables como para vivir vidas estables e independientes, dijo.
Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. En West Hollywood esa semana de abril, Isabelle Peng, coordinadora clínica de Healthcare in Action, encontró a Lisa Vernon, una mujer sin hogar, desplomada en su silla de ruedas en una parada de autobús concurrida. Vernon es una habitual del cercano Centro Médico Cedars-Sinai, dijeron Peng y su colega, David Wong.
Cuando Peng y Wong intentaron examinar su pierna hinchada, Vernon les gritó y rechazó la ayuda. “¡Los antibióticos no van a salvar mi vida!”, gritó Vernon mientras un ratón corría hacia las migajas de patatas fritas que estaban a sus pies.
Pasaron a su siguiente paciente, un hombre que estaban rastreando con un dispositivo GPS que a veces colocan en las pertenencias de las personas sin hogar. El uso de los dispositivos es voluntario. Funcionan mejor que los teléfonos móviles porque es menos probable que la policía los confisque durante redadas de campamentos, o que se los roben.
“Nuestros pacientes realmente cambian mucho de ubicación, así que esto nos ayuda a encontrarlos cuando tenemos que darles medicación o hacer seguimiento”, dijo Wong. “Ya hemos desarrollado un vínculo con estos pacientes y ellos quieren que los veamos”.

Aumento de ingresos
Los equipos de medicina de calle están en demanda, en gran parte debido a la creciente frustración pública con la falta de vivienda. Por ejemplo, La ciudad de West Hollywood otorgó a Healthcare in Action un contrato de tres años que paga $47,000 al mes. La organización sin fines de lucro también puede facturar por sus servicios a Medi-Cal, el programa de Medicaid de California.
Mari Cantwell, que se desempeñó como directora del Medicaid de California desde 2015 hasta principios de 2020, dijo que los reembolsos de Medicaid por sí solos no son suficientes para financiar a los proveedores de medicina de calle. Para seguir siendo viables, dijo, deben dar pasos financieros creativos, como hace Healthcare in Action.
“Medicaid nunca va a pagar altos márgenes, así que tienes que pensar en cómo sostener las cosas”, dijo.
Healthcare in Action generó unos $2 millones en ingresos en su primer año, $6 millones en 2022 y $15,4 millones en 2023, según Michael Plumb, director financiero de SCAN Group.
Healthcare in Action y el plan de seguro Medicare Advantage de SCAN generan ingresos sirviendo a pacientes sin hogar de múltiples maneras:
“Ha habido un ajuste de mercado increíble, desafortunadamente”, dijo Jain. “No puedes caminar o conducir por una calle en Los Ángeles, ya sea rica o pobre, y no encontrarte con este problema”.
Jim Withers, quien acuñó el término “medicina de calle” hace décadas y atiende a personas sin hogar en Pittsburgh, dio la bienvenida a la entrada de más proveedores dada la enorme necesidad. Pero advirtió sobre un modelo con motivos financieros.
“Me preocupa la corporativización de la medicina de calle y el capitalismo invadiendo lo que hemos estado construyendo, en gran parte como una misión de justicia social fuera del sistema tradicional de atención médica”, dijo. “Pero nadie posee las calles, y tenemos que encontrar la manera de trabajar juntos”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1883992&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Coon estaba en un auto por los caminos secundarios de la Reserva India Flathead en el oeste de Montana cuando perdió el conocimiento. Alguien en el auto tomó una pequeña botella de naloxona, la roció en su nariz y realizó resucitación (CPR) hasta que recuperó el conocimiento.
Coon dijo que tener acceso rápido al agente de reversión de sobredosis, también conocido por su nombre comercial, Narcan, fue muy afortunado.
“Es un milagro que haya sobrevivido las veces que no me administraron naloxona”, dijo Coon. “La gente me devolvió la conciencia echándome agua fría y haciendo CPR. Pero eso no garantiza que te vayan a devolver a la vida”, agregó Coon.
Casi dos años después, Coon es entrenadora de recuperación para un programa local, Never Alone Recovery Support Services, y está obteniendo un título como consejera de adicciones en Salish Kootenai College. Lleva dosis de naloxona en su auto por si necesita ayudar a otras personas.
Pero dijo que le preocupa la falta de acceso al medicamento, particularmente en áreas rurales como la suya. El canal de distribución de los departamentos de salud estatal y tribal ha sido inconsistente, y el precio de $50 por un paquete de dos dosis de naloxona en el Walmart más cercano lo vuelve inaccesible para muchas personas.
“¿Cómo se supone que vamos a poder pagar por este medicamento que en última instancia es para salvar nuestras vidas y las de los que nos rodean?” dijo.
Oficiales de salud de Montana están considerando una nueva estrategia para hacer que la naloxona sea más accesible.
Basándose en un fondo de salud conductual reservado por los legisladores en 2023, oficiales de salud de la administración del gobernador Greg Gianforte han propuesto instalar dos docenas de máquinas expendedoras de naloxona y tiras reactivas de fentanilo alrededor del estado, en centros de salud conductual y lugares de servicio para personas sin hogar.
El plan de $400,000 para construir, abastecer y mantener 24 máquinas expendedoras durante un año aún no ha sido aprobado por el gobernador republicano, que se postula para un segundo mandato, quien en última instancia decide cómo se gastan los fondos asignados a la Comisión del Sistema de Salud Conductual para las Generaciones Futuras.
Los detalles del Departamento de Salud Pública y Servicios Humanos del estado sobre dónde se colocarían las máquinas y cómo se operarían siguen siendo escasos.
La tasa de muertes relacionadas con opioides en Montana en los últimos años, de 3,6 muertes por cada 100,000 residentes en 2017 a 11,3 por cada 100,000 residentes en 2023.
La tasa de mortalidad es más alta entre los nativos americanos: las personas nativas en Montana murieron por sobredosis de opioides a una tasa de 33 muertes por cada 100,000 personas en 2023, más de tres veces la tasa de las personas blancas no hispanas.
La naloxona ha surgido como una herramienta importante para combatir las sobredosis de opioides. Cuando se administra rápidamente, se adhiere a los receptores del cerebro a los que se dirigen los opioides, bloqueando los efectos de las drogas.
En todo Estados Unidos, las máquinas expendedoras que distribuyen naloxona y otros suministros de salud de forma gratuita se están convirtiendo en en la lucha contra las sobredosis de opioides. Diferentes versiones del modelo se están probando en al menos .
En un informe de 2023, el describió el uso de máquinas expendedoras para distribuir naloxona y otros suministros de “reducción de daños”, como kits de primeros auxilios, pruebas de embarazo, jeringas estériles y más, como una herramienta de salud pública que se hizo más común durante la era del distanciamiento social durante la pandemia de covid-19.
Pero la popularidad del modelo ha seguido creciendo desde entonces, especialmente en lugares con poblaciones a las que es difícil llegar.
“Proporcionan servicios a [personas que usan drogas] con muchas menos barreras que los programas en un sitio fijo e incluso la divulgación móvil”, afirmó el informe. Las máquinas expendedoras de reducción de daños “también pueden proporcionar mayor privacidad y anonimato”.
La propuesta del departamento de salud estatal sería el primer caso en Montana de máquinas expendedoras financiadas directamente por el estado, a diferencia de las pocas que ahora se financian a través de subvenciones públicas o filantropía privada.

Jami Hansen, jefe de la oficina de prevención de la División de Salud Conductual y Discapacidades del Desarrollo del departamento, habló sobre la propuesta durante una reunión de mayo de la comisión estatal de salud conductual. Dijo que las máquinas expendedoras son una forma específica de llenar vacíos en un estado escasamente poblado que no ofrece acceso consistente a tratamientos para la adicción y naloxona.
“Tener algo disponible que puedan utilizar ellos mismos sería muy, muy beneficioso”, agregó Hansen.
Algunos grupos locales de salud pública en Montana, incluidos los de Missoula, Helena, Kalispell y el condado de Big Horn, ya han comenzado a usar máquinas expendedoras para distribuir naloxona gratuita, tiras reactivas para drogas y otros suministros de salud.
En Helena, tres máquinas compradas por el condado de Lewis y Clark han estado distribuyendo aerosol nasal Narcan gratuito y bolsas para la eliminación segura de drogas (usadas para disolver pastillas recetadas y recreativas) durante más de un año.
Kellie Goodwin McBride, directora del departamento de servicios de justicia penal del condado, dijo que su equipo intentó inicialmente integrar las máquinas en negocios locales, como un bar céntrico, una lavandería y un mercado, pero fallaron repetidamente.
A veces, no había suficiente espacio para las máquinas. En otros casos, dijo McBride, los dueños se preocupaban de que una máquina expendedora de Narcan diera la impresión de que el negocio toleraba o acogía el uso de drogas.
En su lugar, el condado instaló máquinas expendedoras en un refugio sin fines de lucro que atiende a residentes locales sin hogar, el edificio del tribunal de distrito estatal y el Centro de Justicia y Leyes en el centro, que alberga el tribunal municipal y el departamento del sheriff del condado. Esa máquina, es la que más se utiliza, dijo McBride.
A diferencia de algunos otros modelos, las máquinas expendedoras de Narcan en Helena no requieren registro de usuarios ni códigos para acceder a los materiales dentro, lo que hace imposible rastrear quién está tomando naloxona o si se está utilizando.
McBride y su equipo reconocen que no hay una forma consistente de saber cuántas muertes relacionadas con opioides han ayudado a prevenir las máquinas expendedoras.
Jessica Johnson es la supervisora de educación sanitaria en el Distrito de Salud del Sur de Nevada, que ayudó a crear la primera colaboración de máquinas expendedoras en el país. Dijo que el proyecto fue diseñado para distribuir naloxona y jeringas estériles para reducir la propagación de enfermedades infecciosas entre las personas que se inyectan drogas.
Un estudio de 2022 registró 41 muertes por sobredosis menos de las esperadas en el condado de Clark, donde se ubicaron las máquinas, durante el primer año de distribución.
Johnson dijo que una de sus conclusiones del programa es la importancia de escuchar a las personas que están en más riesgo de la comunidad. Los quioscos o máquinas expendedoras de reducción de daños resultantes pueden ser tan diversos como los lugares en los que se encuentran.
Trabajadores de salud pública de todo el país han agregado cepillos de dientes, kits para dejar de fumar tabaco y otros suministros a sus máquinas expendedoras según las sugerencias de las poblaciones a las que sirven, dijo Johnson.
Aunque aún no se han elegido a los organizadores, Jon Ebelt, vocero del departamento de salud de Montana, dijo que la recomendación de la agencia de colocar máquinas en refugios y sitios que atienden a personas sin hogar se basa en el deseo de llegar a personas con enfermedades mentales graves, y a otras que ya están buscando servicios en esos lugares.
Ebelt confirmó que el departamento no se basó en datos de sobredosis de opioides ni en información demográfica sobre las personas que más a menudo sufren sobredosis en Montana al decidir dónde colocar las máquinas. En su lugar, la decisión se basó en “programación comunitaria y contratos existentes con sitios de servicios de salud mental y adicciones”.
Agregó que, según la propuesta, los anfitriones comunitarios de las máquinas expendedoras podrán seleccionar muchos tipos de suministros adicionales de reducción de daños para distribuir, “ya que cada comunidad tiene diferentes necesidades”, pero las jeringas estériles no estarán entre los productos disponibles en las máquinas de Montana.
El estado planea pagar un año de suministros, después del cual puede utilizar subvenciones federales para abastecer las máquinas, y los fondos federales para comprar jeringas para el uso ilegal de drogas. Ebelt no respondió a otras preguntas sobre esa decisión o si los sitios podrían agregar jeringas y otros materiales suministrados a través de financiación independiente.
Este artículo se produjo a través de una asociación entre ºÚÁϳԹÏÍø News y Montana Free Press.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1886461&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>“Daba unas 1,200 bocanadas en una semana”, contó Kumar.
El vapeo se convirtió en una adicción para él y sus amigos. Al igual que perder un celular, perder un vapeador desencadenaba una locura.
“Tenía que estar junto a mi cabeza cuando me dormía por la noche y, por la mañana, tenía que revolver las sábanas para encontrarlo”, recordó Kumar.
Él y sus amigos se enfermaban a menudo, incluso se contagiaron covid-19 unos a otros, y todo por vapear.
Kumar, que ahora tiene 24 años, acabó dejándolo. Pero muchos de su generación no pueden dejar el hábito.
“Todo el mundo sabe que no es bueno y todo el mundo quiere dejarlo”, afirmó Jacob Garza, estudiante de la Universidad de Colorado que trabaja para concientizar sobre adicciones, como parte del programa de promoción de la salud de la universidad.
“Pero a estas alturas, después de hacerlo durante todos estos años… ya es algo natural”, agregó.
El marketing de las empresas de cigarrillos electrónicos, que promocionan atractivos nombres con sabores frutales similares a los caramelos, llevó a muchos adolescentes a probar el vapeo. A medida que más jóvenes y estudiantes de secundaria experimentaban con estos cigarrillos, médicos e de que podría generar una adicción generalizada y crear la Generación del Vapeo”.
Investigaciones han demostrado que para el cerebro de los jóvenes.
Nuevos datos sobre el consumo de sustancias entre adultos de 18 a 24 años sugieren que muchos ex fumadores adolescentes siguen consumiendo cigarrillos electrónicos. Las tasas nacionales de vapeo para adultos jóvenes aumentaron del al
“No nos sorpende que muchos de ellos comiencen en la escuela secundaria por razones sociales, por todo tipo de razones”, dijo Delaney Ruston, médico de atención primaria y documentalista. “Y muchos de ellos ahora —lo estamos viendo— han continuado hasta la universidad y más allá”.
es “Screenagers Under the Influence: Addressing Vaping, Drugs & Alcohol in the Digital Age”.
En Colorado, la proporción de jóvenes de 18 a 24 años que regularmente vapea aumentó un 61% de 2020 a 2022, casi una cuarta parte de ese grupo de edad.
“Es un aumento asombroso en solo dos años”, señaló Ruston.
Las tendencias en ese estado son dignas de mención porque, antes de la pandemia, en vapeo juvenil entre los estudiantes de secundaria, superando a otros 36 estados encuestados.
A nivel nacional, las tasas de vapeo entre los estudiantes de secundaria cayeron de al , según la Annual National Youth Tobacco Survey. Pero para muchos jóvenes que comenzaron a vapear en el apogeo de la tendencia, se generó un hábito.
En el Children’s Hospital de Colorado, la neumóloga pediátrica mostró en su pantalla una radiografía nublada del pulmón de un adulto joven dañado por el vapeo.
Durante años, médicos y expertos en salud pública se preguntaron por el en los cuerpos y cerebros de los preadultos, especialmente por el gran riesgo de adicción.
“Creo que, por desgracia, las lecciones que nos temíamos que íbamos a aprender, las estamos aprendiendo”, afirmó De Keyser, profesora de pediatría en el .
“Observamos aumentos entre los adultos jóvenes. No fueron capaces de dejarlo”.
No es casualidad que las tasas de vapeo se dispararan durante la pandemia, según varios expertos en salud pública.
En los últimos dos años, los universitarios han hablado de los retos que supone el aislamiento y el consumo de más sustancias, dijo Alyssa Wright, que gestiona los programas de promoción de la salud de intervención temprana en CU-Boulder.
“El hecho de haber estado confinado en casa, estar aburrido, estar un poco ansioso, no saber lo que está pasando en el mundo”, explicó Wright. “Perdimos la conexión social, y parece que la gente aún está tratando de recuperarse de esa experiencia”.
Otros factores que favorecen la adicción son los altos niveles de nicotina en los dispositivos de vapeo, y la “cultura del silencio”, apuntó Chris Lord, director asociado del de CU-Boulder.
“Los productos que utilizaban contenían que los vapeadores anteriores”, explicó. “Así que engancharse con eso era… casi imposible de evitar”.
Por “cultura del silencio” Lord entiende que vapear puede resultar emocionante, algo prohibido y secreto. “En la adolescencia, muchos de nosotros tenemos el cerebro conectado de esa manera”, afirmó.
En todo Estados Unidos, gobiernos estatales y locales han presentado demandas contra , alegando que la empresa tergiversó los riesgos para la salud de sus productos.
Las demandas argumentan que Juul se convirtió en una de las principales empresas de cigarrillos electrónicos gracias a una agresiva campaña de marketing dirigida directamente a los niños, quienes a su vez corrieron la voz publicando sus productos en redes sociales como YouTube, Instagram y TikTok.
, Phil Weiser, ha declarado: “Lo que ha hecho el vapeo, al enganchar a los estudiantes de secundaria, y en algunos casos incluso más jóvenes, se nota ahora”.
Juul . La empresa no respondió a las solicitudes de comentarios para este artículo.
R.J. Reynolds, que fabrica , Vuse, envió esta declaración: “Nos mantenemos alejados de los sabores atractivos para los jóvenes, como la goma de mascar y el algodón de azúcar, posicionándonos claramente contra los productos de vapeo desechables ilícitos”.
Otras , como Esco Bar, Elf Bar, Breeze Smoke y Puff Bar, no respondieron a las solicitudes de comentarios.
“Si viviéramos en un mundo ideal, los adultos llegarían a los 24 años sin haber experimentado nunca con sustancias para adultos. Pero los adultos jóvenes ya lo hacen”, señaló Greg Conley, director de asuntos legislativos y externos de American Vapor Manufacturers. “Esto es anterior a la llegada del vapeo con nicotina”.
En 2020, la administración de Drogas y Alimentos (FDA) prohibió los cartuchos de vapeo con sabor como medida contra la comercialización a menores, pero los productos .
Joe Miklosi, consultor de Rocky Mountain Smoke-Free Alliance, un grupo comercial de tiendas de vapeo, sostiene que las tiendas no aumentan las tasas de vapeo entre los adultos jóvenes en Colorado. “En nuestras 125 tiendas tenemos datos demográficos. La media de edad [de nuestros clientes] es de 42 años”, afirmó.
He hablado con miles de consumidores que dicen que el vapeo les ayudó a dejar de fumar cigarrillos, dijo. Según Miklosi, las tiendas de vapeo venden productos para ayudar a los fumadores adultos a dejar de fumar.
Las estadísticas de Colorado desmienten esta afirmación, según , investigador del tabaco desde hace muchos años.
Los datos son “totalmente incompatibles con el argumento de que la mayor parte del consumo de cigarrillos electrónicos corresponde a fumadores adultos que intentan utilizarlos para dejar de fumar”, afirmó Glantz, ex director del de la Universidad de California-San Francisco.
Para G Kumar, flamante graduado y ahora escalador, el impulso para dejar de fumar fue más por razones ecológicas que de salud. Le disgustaba la cantidad de basura generada por los dispositivos de vapeo y el dinero que se gastaba.
Kumar recibió ayuda del programa de promoción de la salud de la universidad, que incluía cajas de palillos de dientes con sabor a eucalipto, que sabían fatal pero distraían y aliviaban las ansias de fumar.
Le costó un tiempo y mucha fuerza de voluntad superar la intensa ansiedad.
“Creo que el hecho de poder morder esos palillos durante semanas y semanas fue lo que me mantuvo cuerdo”, afirmó Kumar.
Este artículo es parte de una alianza que incluye a , , y ºÚÁϳԹÏÍø News.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1869312&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Después que lo pesaran, caminó hacia un consultorio decorado con calcomanías de planetas y personajes de dibujos animados. Una enfermera le tomó la presión arterial. Un pediatra le preguntó por sus estudios, su vida familiar y sus amigos.
Parecía un examen de rutina para adolescentes, de los miles que se hacen a diario en consultas pediátricas en el país. Hasta que el doctor le preguntó:
“¿Tienes deseos de consumir opioides?”. El paciente negó con la cabeza.
“¿Ninguno, en absoluto?”, volvió a preguntar Medina para confirmar.
“Ninguno”, respondió el adolescente, llamado Sam, con voz tranquila pero segura.
(En este artículo sólo se utiliza el nombre de pila de Sam porque, si se publicara su apellido, en el futuro podría ser discriminado en la búsqueda de vivienda y empleo por haber consumido drogas).
El doctor Medina está tratando a Sam por su adicción a estas drogas. Le receta un medicamento llamado buprenorfina, que reduce las ansias de consumir las píldoras de opioides más peligrosas y adictivas. Los análisis de orina de Sam no muestran signos de Oxycontin o Percocet, las pastillas que él compraba en Snapchat y que alimentaron su adicción.
“Lo que realmente me enorgullece de tí, Sam, es tu esfuerzo por estar mejor”, lo felicitó Medina, que trabaja en el
La Academia Americana de Pediatría recomienda . Sin embargo, , solo el 6% de los pediatras informa haberlo hecho alguna vez.
De hecho, al mismo tiempo que las recetas de buprenorfina para adolescentes , se las muertes por sobredosis en niños y adolescentes entre 10 y 19 años. Estas sobredosis, junto con los envenenamientos accidentales por opioides en niños pequeños, se han convertido en la en Estados Unidos.
“Estamos realmente lejos de donde deberíamos estar y nos encontramos bastante atrasados en varios aspectos”, comentó , jefe de Medicina para Adolescentes del Hospital General de Niños de Massachusetts y coautor de una encuesta entre pediatras sobre el tratamiento de adicciones.
Los resultados de las entrevistas mostraron que muchos pediatras no creen tener ni la formación adecuada ni el personal necesario para atender pacientes con adicciones, aunque Medina y otros médicos que sí lo hacen afirmaron que no han tenido que contratar más personal.

Algunos entrevistados explicaron que no atienden un número de pacientes que justifique formarse en esa especialización y otros piensan que la atención de adictos no es responsabilidad de la Pediatría.
“Gran parte de esas ideas son producto de la educación que reciben los médicos”, dijo , directora asociada al área pediátrica del Programa de Medicina de Adicciones de la Escuela de Medicina de Yale. “Como se considera algo muy especializado, no está incluido en la formación médica habitual”, explicó.
Camenga y Hadland mencionaron que las escuelas de Medicina y los programas de residencia pediátrica están trabajando para incorporar información sobre trastornos por consumo de sustancias a los planes de estudio. Esto incluye cómo abordar el consumo de drogas y alcohol con niños y adolescentes.
Sin embargo, los programas de estudio no cambian lo como para ayudar a la cantidad de jóvenes que luchan contra una adicción y mucho menos a los que mueren después de tomar .
Es una paradoja perversa y mortífera: mientras disminuye el consumo de drogas entre los adolescentes, las han aumentado.
La principal causa es la falsificación de pastillas de Xanax, Adderall o Percocet, adulteradas con fentanilo, un poderoso opioide. Casi el por sobredosis en jóvenes de 10 a 19 años se atribuyeron a estas pastillas.
“El fentanilo y las pastillas falsificadas realmente están complicando nuestros esfuerzos para frenar las sobredosis”, dijo , experto en Medicina de adicción y prevención de sobredosis en adolescentes de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC). “Muchas veces, estos jóvenes sufren una sobredosis sin siquiera darse cuenta de lo que están tomando.”
Terranella, que ejerce en Tucson, Arizona, opina que los pediatras pueden ayudar mucho si refuerzan la detección del consumo de drogas en sus pacientes y conversan con ellos sobre los riesgos.
También sugiere que receten más naloxona, el aerosol nasal que puede revertir una sobredosis. Está disponible sin receta, pero Terranella cree que una receta médica puede tener más relevancia para los pacientes.
De vuelta en el consultorio, Sam estaba a punto de recibir su primera inyección de Sublocade, una forma de buprenorfina que dura 30 días. Está cambiando a las inyecciones porque no le gusta el sabor de Suboxone, unas tiras orales de buprenorfina que debía disolver debajo de su lengua. Las escupía antes de recibir una dosis completa.
Muchos médicos prefieren recetar las inyecciones porque los pacientes no tienen que recordar tomarlas todos los días. Pero la inyección es dolorosa y Sam se sorprendió cuando le dijeron que se la aplicarían en el vientre durante 20-30 segundos.
“¿Ya casi terminamos?”, preguntó Sam, mientras una enfermera le pedía que respirara hondo. Cuando terminó, el personal bromeó en voz alta diciendo que incluso los adultos suelen decir palabrotas cuando les ponen esa inyección. Sam dijo que no sabía que eso estaba permitido. Lo que más lo preocupaba era si un dolor residual podría interferir con los planes que tenía esa noche.
“¿Cree que podré hacer snowboard esta noche?”, le preguntó al doctor.
“Estoy absolutamente seguro de que podrás hacer snowboard esta noche”, lo tranquilizó Medina.
Sam iba a ir con un nuevo amigo. Hacer nuevos amigos y cortar lazos con su antiguo círculo social de adolescentes que consumen drogas ha sido una de las cosas más difíciles, dijo Sam, desde que entró en rehabilitación hace 15 meses.
“Hay que concentrase en encontrar la gente adecuada”, dijo Sam. “Ese sería mi mayor consejo”.
Para Sam, encontrar un tratamiento contra la adicción en un consultorio repleto de rompecabezas, juguetes y libros ilustrados no ha sido tan extraño como imaginaba.
Su madre, Julie, lo había acompañado a la consulta. Dice que está agradecida de que la familia haya encontrado un médico que entiende a los adolescentes y a las adicciones.
Antes de empezar a ir el Centro de Salud Familiar Tri-River, Sam estuvo siete meses en tratamiento residencial y ambulatorio, sin que le ofrecieran buprenorfina para ayudarlo a controlar los impulsos de consumir y prevenir las recaídas. Sólo tratamientos residenciales para jóvenes la ofrece. Cuando Sam volvió a sentir fuertes deseos de consumir opioides, un consejero le sugirió a Julie que llamara a Medina.
“Dios mío, ojalá hubiera traído a Sam aquí hace dos o tres años”, dijo Julie. “¿Habría cambiado lo que sucedió? No lo sé, pero hubiera sido un nivel de atención más adecuado para él”.
A algunos padres y pediatras les preocupa administrar buprenorfina a un adolescente, ya que puede producir , incluida la dependencia a largo plazo. Los pediatras que la recetan evalúan el efecto de los posibles efectos secundarios en relación con la amenaza de una sobredosis de fentanilo.
“En esta época, en la que los jóvenes mueren a un ritmo realmente sin precedentes por sobredosis de opiáceos, es fundamental que salvemos vidas”, afirmó Hadland. “Y sabemos que la buprenorfina es un medicamento que salva vidas”, agregó.
El tratamiento de una adicción le puede insumir mucho tiempo a un pediatra. Sam y Medina se envían mensajes de texto varias veces a la semana y el pediatra recalca que no comparte ningún intercambio que Sam haya pedido que fuera confidencial.
Medina dice que tratar el trastorno por consumo de sustancias es una de las cosas más gratificantes que hace. “Si podemos solucionarlo”, dice, “habremos formado un adulto que ya no tendrá que preocuparse por estos problemas de por vida”.
Este artículo es producto de una asociación que incluye a , y .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1837198&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>En ese entonces tenía 36 y trabajaba como médica de enlace para un sistema hospitalario de la costa de Carolina del Sur ayudando a fortalecer los vínculos entre los médicos.
Desde sus 20 años, había estado luchando en secreto contra el consumo excesivo de alcohol, convencida de que la ayudaba a calmar sus ansiedades.
Adkins comprendió que ese color amarillento de sus ojos era producto de la ictericia. Aun así, no imaginó que fuera posible que le diagnosticaran una enfermedad hepática relacionada con el abuso de alcohol.
“Sinceramente, mi mayor temor era que alguien me dijera que no podía volver a beber”, contó Adkins, que hoy vive en Pawleys Island, una ciudad costera a unas 30 millas al sur de Myrtle Beach.
Pero la bebida ya había afectado su salud y, menos de 48 horas después de su descubrimiento en el espejo retrovisor, Adkins fue hospitalizada por una falla hepática. “Fue muy rápido”, recordó.
Históricamente, las enfermedades vinculadas al abuso del alcohol han afectado más a los hombres. Pero de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) muestran que las tasas de muerte por esta causa están aumentando más rápido entre las mujeres que entre los hombres.
La administración Biden considera alarmante esta tendencia. Una estimación reciente predice que, en Estados Unidos, para 2040, las mujeres representarán casi asociadas al alcohol; lo que supone un gasto total de $66,000 mil millones.
Se trata de un para el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y el Departamento de Agricultura (USDA), que el año próximo publicarán juntos directrices dietéticas nacionales actualizadas.
Pero dado que el marketing de las bebidas alcohólicas se dirige cada vez más a las mujeres y que el consumo social de alcohol es ya una parte importante de la cultura estadounidense, no es un cambio que apoye todo el mundo.
“Se trata de un tema delicado”, opina Rachel Sayko Adams, investigadora asociada de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston. “No existe un nivel seguro de consumo de alcohol, y esa es una información novedosa que probablemente alguna gente prefiere ignorar”, explica.
En los últimos 50 años, las mujeres se han incorporado cada vez más al mercado laboral y han retrasado la maternidad. Es probable que estos factores hayan contribuido al cambio de hábitos porque, tradicionalmente, bebían menos.
Adams, estudiosa de las adicciones, explica que “la maternidad solía ser un factor protector”, pero ya no siempre es así.

Más de 600,000 personas murieron en Estados Unidos por causas relacionadas con el abuso de alcohol entre 1999 y 2020, según una investigación publicada en en julio de 2023. Esto lo sitúa entre las en el país, detrás del tabaco, la mala alimentación y la inactividad física, y las drogas ilegales.
La y varios estudios han llegado a la conclusión de que para la salud. Incluso beber en forma moderada se ha relacionado con problemas como y, también, con un , entre otros.
Según George Koob, director del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo, la pandemia de covid-19 “exacerbó significativamente” el consumo de alcohol, porque la gente lo utilizaba para soportar el estrés. Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres, más propensas a beber por estrés que los hombres.
Pero, además, las mujeres también suelen ser el foco de la publicidad de bebidas alcohólicas. En los últimos años se ha disparado, por ejemplo, la venta de vinos y vinos . Según un publicado en marzo en el International Journal of Drug Policy, “el color rosado de los productos es una táctica utilizada por la industria del alcohol para dirigirse al mercado femenino”.
También influye la aparición de un fenómeno impulsado en gran medida por mujeres en las redes sociales, que minimiza el hecho de consumir alcohol como una forma de lidiar con las dificultades de la maternidad. “La percepción errónea de la ‘cultura del vino para mamás’ —según Adams —, es que ‘si puedes beber de manera normal, moderada, si puedes controlar tu alcohol, estás bien’”.
No está claro hasta qué punto los memes y los videos en línea influyen en el consumo femenino de alcohol, explica Adams, que opina que el tema merece un estudio más profundo. Sin embargo, en 2023, el equipo de investigación que integra descubrió que la franja de mujeres de 35 años sin hijos es la que tiene el mayor riesgo de beber en exceso y presentar síntomas asociados a esta conducta, comparado con las mujeres de otros grupos de edad. Sin embargo, esa investigación concluyó que, en las dos últimas décadas, el riesgo está aumentando para todas las mujeres, sean o no madres.
Estos factores, unidos a la presión por ser aceptada, hacen difícil abordar el problema. “Es una cuestión tabú”, explica Adams.
Cuando surge —cuenta Stephanie Garbarino, hepatóloga especializada en trasplantes de Duke Health—, sorprende la cantidad de pacientes que no son conscientes de cómo beber alcohol afecta su salud. “A menudo, no saben que puede hacerles daño”, explica.
Garbarino atiende cada vez con mayor frecuencia a pacientes más jóvenes con enfermedad hepática, incluidos hombres y mujeres de entre 20 y 30 años.
Expertos en salud pública y adicciones temen que la enfermedad hepática relacionada con el alcohol entre las mujeres se convierta en un problema costoso para la nación.
En 2022, las mujeres representaron el 29% de todos los costos asociados con la atención médica en Estados Unidos. Un publicado en febrero de 2024 por el American Journal of Gastroenterology prevé que en 2040 ese índice trepe al 43%.
Las National Dietary Guidelines, que establecen pautas alimentarias para promover la salud y prevenir enfermedades, aconsejan a las mujeres que no beban más de una copa de bebida alcohólica al día.
Esas pautas serán revisadas el próximo año por el HHS y USDA como parte de un . Se ha convocado a un comité especial para examinar, entre otras cuestiones, la relación entre el consumo de alcohol y los riesgos de cáncer. El informe se conocerá en 2025.
En 2023, Canadá publicó que advertía que consumir más de dos copas de bebidas alcohólicas por semana acarreaba riesgos para la salud. En ese momento, cuando Koob sugirió en el que las directrices estadounidenses podrían avanzar en el mismo sentido se generó una .
El informe de los CDC, de este año, sugirió que un aumento en los impuestos al alcohol podría ayudar a reducir su consumo excesivo y las muertes que genera. La oficina de Koob prefirió no comentar esa propuesta.
Este tema toca el corazón de Adkins, que ahora trabaja como entrenadora ayudando a otras personas, en su mayoría mujeres, a dejar de beber. Adkins contó que la pandemia la impulsó a publicar un libro sobre su experiencia cercana a la muerte por insuficiencia hepática. Vive con cirrosis, pero este septiembre se cumplirán 10 años desde su último trago.
“Lo increíble es que no se puede estar mucho peor del punto al que llegué”, dijo Adkins. “Mi esperanza, de verdad, es cambiar la narrativa”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1834192&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Pero por dentro, el lugar es un oasis acogedor. Luces colgantes decoran los estantes de ropa donada. Hay repisas y contenedores llenos de libros infantiles, medicamentos para la alergia y artículos de higiene personal. Separado por cortinas, hay un salón con un escenario para músicos y un letrero de neón con patines, para las noches gratuitas de patinaje que se organizan cada semana.
El espacio es en parte tienda gratuita de segunda mano, en parte farmacia de medicamentos de venta libre, sede de conciertos punk y en su totalidad “un centro comunitario radical”, explicó Dan Bingler, quien lo administra.
Bingler es mesero y bartender en la ciudad, y fundó una organización de ayuda mutua llamada . Contó que los dueños del edificio le permiten usar el espacio siempre y cuando él pague el agua, la luz y la recolección de basura.
Los lunes por la tarde, se presentan voluntarios de otras organizaciones comunitarias —algunos de ellos solían instalarse en el estacionamiento antes de que Bingler abriera el local—. Ofrecen pruebas gratuitas de infecciones de transmisión sexual, atención médica básica, comidas calientes, jeringas estériles y otros suministros para personas que utilizan drogas.
El propósito del lugar es simple, dijo Bingler: “Vamos a asegurarnos de brindar apoyo a la comunidad”.
Aunque lleva varios años en funcionamiento, el espacio se ha vuelto aún más crucial en los últimos meses, con la administración Trump recortando fondos a muchas organizaciones de servicios sociales y adoptando una postura agresiva frente a las personas sin hogar y el consumo de drogas.
En Washington D.C., su administración ha de tiendas para obligar a quienes viven en la calle a . A nivel nacional, ha pedido que se que consumen drogas a iniciar un tratamiento. Ha rechazado la —estrategias que, según expertos en salud pública, protegen a las personas que usan drogas y salvan vidas, pero que sus críticos dicen fomentan el consumo de sustancias ilegales—.
El espacio comunitario en Nueva Orleans —llamado Fred Hampton Free Store, en honor al , conocido por unir a grupos diversos para luchar por reformas sociales— busca ser un refugio frente a todos estos cambios.
Bingler dijo que no recibe fondos federales, ni subvenciones estatales o locales, ni dinero de fundaciones. Simplemente son vecinos ayudando a vecinos, dijo con la voz entrecortada, y agregó: “Es algo realmente hermoso poder compartir este espacio”.
Todos los artículos del lugar provienen de personas u organizaciones de la comunidad. En una ocasión, contó Bingler, un hotel local que estaba en remodelación donó 50 televisores de pantalla plana.
En las noches que el local está abierto, suelen llegar más de 100 personas, agregó.
Una noche de otoño, decenas de personas buscaban ropa gratuita y medicamentos de venta libre. Otros estaban sentados sobre el césped, conversando mientras vigilaban sus bicicletas o carritos de supermercado llenos de pertenencias.
James Beshears pasó por el grupo de reducción de daños en el estacionamiento para recibir suministros estériles que usa para inyectarse heroína y fentanilo. Dijo que estuvo en tratamiento durante años, pero recayó cuando su doctor se mudó y lo derivaron a una clínica que cobraba $250 por día. Las drogas callejeras eran más baratas que el tratamiento, comentó.
Quiere dejar de consumir. Pero hasta que encuentre atención médica accesible, lugares como esta tienda gratuita lo ayudan a seguir adelante. Sin ella, dijo, ya tendría “un pie en la tumba”.

Otro hombre en el estacionamiento esperaba la llegada de Aquil Bey, un paramédico y ex miembro de las fuerzas especiales del ejército, conocido por ayudar a personas a superar obstáculos para acceder a atención médica. Apenas vio la camioneta negra de Bey, corrió a encontrarlo.
“Tengo enfermedad renal en etapa 4”, le dijo, y añadió que tenía citas programadas en el hospital, pero que le costaba llegar.
“Hazme un favor”, le respondió Bey mientras bajaba mesas plegables y equipo médico de su auto. “Cuando llegue nuestro equipo, ven a vernos. Tal vez podamos conseguirte transporte”.
Bey es fundador de , una organización dirigida por voluntarios que ofrece atención médica básica gratuita y derivaciones a personas sin hogar, que usan drogas o pertenecen a otras comunidades vulnerables. El grupo tiene presencia constante en la tienda gratuita.
Ese día, Bey y su equipo conectaron al hombre que necesitaba tratamiento para su enfermedad renal con programas de transporte de bajo costo. También hicieron controles de presión arterial y azúcar en sangre, trataron heridas infectadas y llamaron a clínicas para pedir citas para pacientes que no tienen teléfono.
Un hombre con una lesión en la pierna mencionó que dormía en el piso de concreto de una base naval abandonada. Bey notó que en la sección de muebles del local había un colchón. Junto con otro voluntario, lo cargó, lo amarró al techo de un auto y lo llevó hasta donde dormía el hombre.
“Estamos tratando de identificar todas estas barreras” que enfrenta la gente y “buscar formas de resolverlas”, dijo Bey.
La clínica en la tienda gratuita ayudó a Stephen Wiltz a conectarse con tratamiento para su adicción. Nació y creció en el Lower 9th Ward, y había estado consumiendo drogas desde los 10 años.
Cansado de la discriminación por parte de doctores que lo culpaban por su adicción, Wiltz dijo que evitaba ir a cualquier centro de tratamiento. Pero después de años de conocer a los voluntarios de la tienda gratuita, confió en ellos para que lo orientaran.
A sus 56, estaba en recuperación sostenida por primera vez en su vida, dijo en una entrevista telefónica en otoño.
Esos voluntarios “cuidaron de personas que no tenían a nadie que los cuidara”, afirmó.
Cuando cayó el sol esa noche en la tienda, una banda punk empezó a preparar su presentación al otro lado del salón, donde estaba la clínica médica. Las luces se atenuaron y la música comenzó a sonar a todo volumen, un recordatorio de que no se trata de una clínica ni de un centro comunitario convencional.
Bey seguía atendiendo a un paciente con gota.
“Ya me acostumbré al sonido”, dijo sobre los golpes rápidos de la batería y los acordes potentes. “A veces hasta me gusta”.

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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2141296&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Cuando cae la noche y bajan las temperaturas, arma una tienda de campaña y enciende una fogata bajo un grupo de pinos, abetos y cedros.
Evita a las autoridades rotando el uso de tres tiendas de distintos colores en tres campamentos diferentes. Al amanecer, desmonta su refugio, enrolla sus pertenencias y las esconde para la noche siguiente. “No te ven si estás en el bosque”, dijo este hombre de 32 años. “Pero asegúrate de tener todo desmontado por la mañana o te van a encontrar”.
Durante el día, deambula, haciendo paradas en una biblioteca pública para calentarse o en un comedor comunitario para comer. Lo importante es no llamar la atención por no tener hogar.
“La policía quiere que no estorbemos”, dijo, vestido con una chaqueta gris y sin cargar ninguna de sus pertenencias. “Fuera de la vista, fuera de sus mentes”.
Ibrahim ha buscado intencionalmente pasar desapercibido desde agosto, cuando el presidente Donald Trump puso a la policía del distrito y ordenó que soldados de la Guardia Nacional patrullaran las calles. También ordenó el de las personas sin hogar. “No habrá ningún señor amable”, .
La administración Trump argumenta que los operativos para desmantelar campamentos han reducido la visibilidad del problema de personas sin hogar, mejorando así la ciudad. “Es innegable que Washington, D.C., es una ciudad más segura, limpia y hermosa gracias a las acciones históricas del presidente Trump para restaurar la capital del país”, dijo la vocera de la Casa Blanca, Taylor Rogers.
Aunque puede parecer que hay menos personas sin hogar en la capital del país, no han desaparecido.
En entrevistas, personas sin hogar dijeron que cambian de lugar constantemente, escondiéndose a plena vista.
Durante el día, se mantienen en movimiento, comen en comedores comunitarios y descansan de vez en cuando en bibliotecas públicas, bancos de parques o paradas de autobús. Por la noche, muchos duermen en entradas de negocios, aceras de parques y escalinatas de iglesias. Algunos pasan la noche en el autobús, otras se refugian en salas de emergencia, y algunas buscan cobijo en áreas boscosas o se van a suburbios en Virginia o Maryland.
Hay aproximadamente 5.100 personas sin hogar en Washington, D.C., incluyendo aquellas en albergues temporales, según realizado a inicios de 2025. Después de que Trump ordenara la ofensiva contra la falta de vivienda en espacios públicos, las personas que vivían en comunidades improvisadas se dispersaron y ahora viven en las sombras. En agosto, funcionarios de la ciudad estimaron que cerca de 700 personas vivían al aire libre sin tiendas ni ningún tipo de refugio.
Con la llegada del invierno, estas personas están expuestas al clima extremo y se enferman más, ya que afecciones crónicas como la diabetes o enfermedades cardíacas no se tratan. Proveedores de atención médica en la calle afirman que, desde el despliegue de la Guardia Nacional, ha sido sumamente difícil localizar a sus pacientes.
Muchos afectados por los operativos han perdido medicamentos esenciales y son más propensos a faltar a citas médicas porque viven en constante desplazamiento.
Los equipos médicos no logran entregar medicamentos ni transportar a pacientes a sus consultas. Este caos permanente también puede hundir aún más a quienes padecen enfermedades mentales o adicciones, aumentando el riesgo de sobredosis.
Trabajadores sociales reportan las mismas dificultades: cuando pierden el rastro de sus clientes, se rompe la conexión esencial para conseguir documentos clave como identificaciones oficiales o tarjetas del Seguro Social.
Funcionarios del distrito y proveedores de salud advierten que esta cadena de efectos puede empeorar la situación de las personas sin hogar, poner en riesgo la salud pública y la seguridad, y generar costos enormes para el sistema de salud.
“Ya era difícil encontrar a las personas, pero la presencia federal lo empeoró”, dijo la doctora Tobie Smith, médica de atención en la calle y directora ejecutiva de Street Health D.C.

El ir y venir de los sin techo
Chris Jones nació y creció en Washington, D.C., pero ahora vive en la calle, luego de ser desplazado de su tienda de campaña cerca de la Casa Blanca en los primeros días de la ofensiva federal.
Dijo que durante los operativos le confiscaron dos tiendas. Ahora duerme en una acera frente a una iglesia y ya no intenta conseguir otra. “¿Para qué? ¿Cuál es el punto? Igual la van a tirar a la basura”.
Jones, de 57 años, tiene una lesión grave en la rodilla que a veces le impide caminar y tiene programada una cirugía de reemplazo de rodilla en diciembre. Dice que necesita quedarse en esa zona porque depende de una farmacia cercana para surtir sus medicamentos para el trastorno bipolar, la diabetes y la presión alta. Cuando tiene hambre, va al comedor comunitario o trata de conseguir una hamburguesa con refresco en un local de comida rápida enfrente de donde está.
También se mantiene en ese lugar para que su trabajadora social lo pueda encontrar si se libera una plaza de vivienda permanente. Si hace demasiado frío, cruza la calle y duerme en la entrada de un negocio, que le da un poco más de protección. Quiere estar bajo techo, pero por ahora espera.
Desde que tomó el control de la policía del distrito, la administración Trump sobre ciudades y condados en todo el país para desmantelar campamentos de personas sin hogar, bajo amenaza de arresto, citaciones o detenciones. Ha ordenado o amenazado con desplegar la Guardia Nacional en ciudades con grandes poblaciones sin hogar como Los Ángeles y .

Rogers, la vocera de la Casa Blanca, dijo que el presidente mantiene la presencia de la Guardia Nacional y fuerzas federales del orden en la capital para “garantizar el éxito a largo plazo de la operación federal”.
Desde marzo, funcionarios federales y del distrito han eliminado más de 130 campamentos, según dijo. Sin embargo, algunos expertos en temas de personas sin hogar creen que esa cifra está inflada.
La Corte Suprema facilitó el año pasado que funcionarios y agentes del orden impusieran multas o arrestaran a personas sin hogar por vivir en la calle. Luego, en julio de este año, el presidente emitió una orden ejecutiva que exige una ofensiva nacional contra los campamentos urbanos, incluyendo el desalojo masivo de personas que viven al aire libre y tratamientos forzados para la salud mental o adicciones.
Trump también lidera una reforma de la política federal de vivienda, con planes de para vivienda permanente y servicios para personas sin hogar.
Esta medida limitaría el uso de una política federal conocida como “Primero la Vivienda” (Housing First), que ofrece vivienda sin exigir tratamiento para salud mental o adicciones.
La Alianza Nacional para Terminar con la Falta de Vivienda (National Alliance to End Homelessness) advierte que este cambio podría dejar sin hogar a por lo menos actualmente en viviendas de apoyo permanente. El Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD, por sus siglas en inglés) suspendió el plan el 8 de diciembre para hacer revisiones, que “piensan” implementar.
Funcionarios del distrito dicen que están cumpliendo con la exigente campaña federal contra las personas sin hogar en espacios públicos. Bajo presión de la Casa Blanca, reconocen haber intensificado la disolución de campamentos. Defensores de personas sin hogar señalan que algunos operativos se han realizado de noche o sin previo aviso.

Líderes locales creen que se podrían hacer de manera más compasiva, ofreciendo servicios y refugio.
“Hemos pasado de permitir campamentos si no afectaban la salud o la seguridad pública, a decir: ‘No los queremos en la calle’”, dijo Wayne Turnage, vicealcalde para Salud y Servicios Humanos del distrito, quien supervisa el desmantelamiento de campamentos. “Es inseguro, insalubre y peligroso”. Sin embargo, reconoce que los operativos pueden desperdiciar recursos públicos, ya que los trabajadores sociales y equipos médicos deben volver a buscar a sus pacientes y clientes.
Defensores afirman que la administración Trump está generando miedo y desconfianza entre personas sin hogar y quienes tratan de ayudarlas, a la vez que malgasta fondos públicos que podrían utilizarse para brindar atención o ubicar a estas personas en viviendas. Eso sí, ahora hay muchas menos tiendas de campaña y campamentos visibles para turistas y residentes.
“Las personas encontraban seguridad en esas comunidades, y los proveedores de servicios podían localizarlas. Ahora hay gente armada y luces que destellan sacando a la fuerza a personas sin hogar sin previo aviso y tirando sus cosas”, dijo Jesse Rabinowitz, director de campaña y comunicaciones del Centro Nacional de Leyes sobre Personas sin Hogar (National Homelessness Law Center).

Funcionarios del distrito dicen que algunas personas han aceptado ir a refugios de emergencia. Pero incluso mientras la ciudad trata de ampliar la capacidad de albergues y conectar a la gente con servicios, reconoce que no hay suficientes camas ni viviendas permanentes para todos.
Y habrá menos lugares disponibles para quienes viven en la calle.
El presupuesto del distrito para el año fiscal 2026 concentró los fondos para personas sin hogar en las familias, con 336 nuevos vales para viviendas de apoyo permanente.
Sin embargo, se recortó el financiamiento para albergues temporales tanto para familias como para personas solas, y no se asignaron nuevos vales de vivienda permanente para individuos.
Eso significa menos espacios disponibles para adultos solos, que representan la mayoría de quienes deambulan por las calles. No obstante, las autoridades locales señalaron que han incluido 260 nuevas unidades de vivienda permanente para personas sin hogar, ya sean familias o individuos, en sus planes de construcción.
Empeorando la atención médica
La situación ha saturado los comedores comunitarios, como Miriam’s Kitchen en Foggy Bottom. Esta institución local ofrece comidas calientes, asistencia para vivienda y cobijas a personas en situación de necesidad.
Trabajadores sociales dicen que cada vez es más difícil ayudar a los clientes a obtener identificaciones y otros documentos necesarios para servicios sociales y de vivienda.
“Estoy buscando por todos lados, pero no puedo encontrarlos”, dijo Cyria Knight, trabajadora social de Miriam’s Kitchen. “La mayoría de mis clientes se fue a Virginia”.
No está claro cuántas personas se han trasladado a comunidades vecinas en Virginia o Maryland. En enero, antes de la ofensiva de Trump, se estimaba que había unas en la región. Cuatro de los seis condados que rodean Washington vieron un aumento en la falta de vivienda desde 2024, mientras que en el distrito .
“No veo a mis pacientes por un mes o más, y cuando los encuentro, sus enfermedades crónicas están fuera de control. Han entrado y salido de la sala de emergencia, y tienen más probabilidades de ser hospitalizados”, dijo Anna Graham, enfermera especializada en medicina callejera de , una red de clínicas en Washington. “Esto nos hace retroceder”.
El equipo de Graham estaciona su unidad médica móvil afuera de Miriam’s Kitchen durante la hora de la cena para tener más probabilidades de encontrar pacientes.
Willie Taylor, de 63 años, buscaba dónde dormir esa noche tras recibir la cena. Vio a Graham para recibir medicamentos para una enfermedad pulmonar avanzada, convulsiones, dolor crónico y otros padecimientos.
Le cuesta caminar y necesita una silla de ruedas, lo cual es complicado porque no tiene una dirección fija. Sus proveedores médicos dicen que le han robado sillas de ruedas antes mientras dormía en la calle.

Taylor usa un carrito de compras para mantenerse en pie durante el día, caminando sin rumbo hasta que cae la noche.
En una fría noche de noviembre, Graham lo ayudó a organizar sus medicamentos y revisó sus signos vitales. El equipo le dio un abrigo y calentadores de manos antes de que volviera a irse.
Después de caminar unos 45 minutos, encontró un rincón de pavimento en un parque donde pudo armar su cama con lonas y sacos de dormir.
“Mi cuerpo ya no aguanta esto”, dijo Taylor mientras se preparaba para dormir. “Hay hielo en el concreto. Me duele muchísimo más cuando hace frío”.
Las personas sin hogar  y les cuesta más al sistema de salud que quienes tienen vivienda, en gran parte porque no reciben tratamiento en la calle y, cuando buscan atención, suelen ir a la sala de emergencia.
Se estima que, entre las personas inscritas en Medicaid, quienes no tienen hogar generan un gasto anual de $18.764, frente a $7.561 de otros beneficiarios.
Más temprano ese día, en el comedor comunitario So Others Might Eat, Tyree Kelley terminaba su desayuno: un sándwich de salchicha y huevos duros. Estaba considerando ir a un refugio. Dijo que las calles se estaban volviendo demasiado peligrosas, en referencia a la presencia policial y de la Guardia Nacional. Extrañaba la comunidad de su antiguo campamento, que lo ayudaba a mantenerse seguro.
Este año ha ido al hospital al menos siete veces por una fractura en el tobillo tras caer de un scooter eléctrico. El accidente le hizo perder su trabajo y su seguro médico como recolector de basura, contó. Dijo que su situación lo ha hundido en una depresión que comenzó hace tres años, cuando murió su madre.
Después, este año murieron su padre y su hermana. Para adormecer el dolor, comenzó a beber.
“Uno se deprime mucho estando aquí”, dijo Kelley, de 42 años. “Se vuelve adictivo. Empiezas a no preocuparte ni por cambiarte de ropa”.
Esa depresión lo llevó a buscar marihuana. Luego fumó un cigarro mezclado con fentanilo. La sobredosis lo mantuvo en el hospital durante varios días.
“En realidad morí y volví”, dijo, agradeciendo a otras personas sin hogar que le administraron naloxona y le salvaron la vida. “Necesito salir de esto, pero me siento atrapado”.
A unas cuadras al oeste de la Casa Blanca hay un terreno baldío en donde hasta hace poco había más de una docena de tiendas de campaña. Quienes trabajan en la zona perciben lo que ya no se ve.
“Estuve aquí cuando limpiaron todo. Llegó una topadora y tiraron todo a un camión de basura”, dijo Ray Szemborski, quien trabaja frente a ese lote. “Las personas siguen sin hogar. Las sigo viendo debajo del puente. A veces están en las paradas de bus, otras solo caminando. Las tiendas ya no están, pero ellos siguen aquí”.
This <a target="_blank" href="/es/noticias-en-espanol/las-personas-sin-hogar-de-dc-se-esconden-a-la-intemperie-se-enferman-mas-y-le-cuestan-mas-al-sistema/">article</a> first appeared on <a target="_blank" href="">KFF Health News</a> and is republished here under a <a target="_blank" href=" Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License</a>.<img src="/wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=150" style="width:1em;height:1em;margin-left:10px;">
<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2134862&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>En Pennsylvania, los médicos que solicitan acreditación en los hospitales Geisinger a responder a preguntas personales sobre la atención de salud mental que han recibido, lo que reduce el estigma que rodea a los médicos que buscan tratamiento.
El lugar de trabajo es la nueva zona cero para abordar la salud mental. Esto significa que las empresas, tanto empleados como supervisores, deben hacer frente a crisis que van desde la adicción hasta el suicidio.
Estos dos avances aparentemente inconexos en Connecticut y Pennsylvania tienen un punto en común: surgieron del trabajo de una agencia federal poco conocida llamada (NIOSH).
Es una de las agencias federales clave que lidera los esfuerzos en materia de salud mental en el lugar de trabajo, desde la reducción de las alarmantes tasas de suicidio entre los trabajadores de la construcción hasta la lucha contra el agotamiento y la depresión entre los trabajadores de salud.
Pero después de cumplir un papel importante durante la pandemia de covid-19, ese trabajo ahora está en peligro. La administración Trump ha , y se ha propuesto .
El sector privado y las organizaciones sin fines de lucro pueden llenar parte del vacío, pero no pueden igualar los recursos del gobierno federal. Y es posible que algunas empresas no prioricen el bienestar de los trabajadores por encima de las ganancias.

Alrededor del afirman que su trabajo es el factor principal que afecta a su salud mental. Las investigaciones sugieren que el estrés laboral es la y representa hasta en Estados Unidos cada año.
“La salud mental en el trabajo es una de las áreas más infravaloradas y, sin embargo, más críticas en las que podríamos intervenir”, afirmó Thomas Cunningham, quien fue científico del comportamiento en el NIOSH y que aceptó el pago de un retiro voluntario este año. “Estábamos empezando a obtener un fuerte apoyo de todos los actores involucrados”, dijo. “Esta administración lo ha echado todo por tierra”.
El NIOSH, por la misma ley que creó la más conocida Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA), se encarga de realizar investigaciones que sirvan de base para las normas de seguridad en el lugar de trabajo. Es más conocido por supervisar la enfermedad del pulmón negro entre los mineros del carbón y por probar máscaras, como las N95 utilizadas durante la pandemia.
Como parte del despido masivo de trabajadores federales esta primavera, el NIOSH iba a . Tras la presión de los legisladores, preocupados por la seguridad de los mineros del carbón y los socorristas, la administración . No está claro si alguno de los trabajadores recontratados se centra en iniciativas de salud mental.

Al menos están en los tribunales. Mientras tanto, cientos de empleados del NIOSH , sin poder trabajar.
Emily Hilliard, secretaria de prensa del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), afirmó en un comunicado que “las funciones críticas de salud pública del país siguen intactas y eficaces”, incluido el apoyo a los mineros del carbón y los bomberos a través del NIOSH. “Mejorar la salud mental de los trabajadores estadounidenses sigue siendo una prioridad clave para el HHS, y ese trabajo continúa”, escribió.
La secretaria no respondió a las preguntas específicas de ºÚÁϳԹÏÍø News sobre si alguno de los empleados reincorporados al NIOSH lidera iniciativas de salud mental o quién continúa con ese trabajo.
Reducir suicidios y adicciones en la construcción y la minería
Más de mueren cada año por suicidio, cinco veces más que los que mueren por accidentes laborales. Los mineros también sufren . Y casi una quinta parte de los trabajadores de ambos sectores padecen un trastorno por consumo de drogas, entre el conjunto de los trabajadores estadounidenses.
reconoció estos problemas ya en 2010. Fue entonces cuando puso en marcha un programa de ayuda a los miembros del sindicato en Connecticut. Contrató a un médico especialista y estableció colaboraciones con centros de tratamiento locales.
Al principio, los trabajadores se resistieron, dijo Zimmer, quien se jubiló recientemente tras 25 años en el sindicato, muchos de ellos como director de salud y seguridad.
No querían “hablar del tema” porque temían que los “sacaran de la industria”, afirmó.
Pero poco a poco, eso cambió, con la ayuda del NIOSH, agregó Zimmer.
La agencia desarrolló un enfoque para la seguridad de los trabajadores denominado (Total Worker Health), que identifica la salud física y mental como fundamental para la seguridad en el trabajo. También cambia el enfoque de cómo las personas pueden mantenerse seguras a cómo se pueden cambiar las políticas y los entornos para lograrlo.
A lo largo de décadas, el concepto se extendió desde las revistas de investigación y las universidades hasta las conferencias del sector, los sindicatos y, finalmente, los trabajadores, contó Zimmer.
La gente empezó a aceptar que la salud mental era una cuestión de seguridad en el trabajo. Esto allanó el camino para que el del NIOSH desarrollara y para que Zimmer estableciera el programa de coaching en Connecticut.
“Hemos conseguido reducir mucho ese estigma”, afirmó.
Otros países han avanzado más en materia de salud mental en el trabajo, según , copresidenta de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio en el lugar de trabajo. Sin embargo, con el auge del enfoque “Total Worker Health” un sobre el tema y el aumento de la investigación, Estados Unidos parecía estar finalmente poniéndose al día.
Los recientes recortes al NIOSH sugieren que “estamos perdiendo terreno”, apuntó Spencer-Thomas.

El año pasado, , profesora del Centro de Salud, Trabajo y Medio Ambiente de la Facultad de Salud Pública de Colorado, recibió una subvención de cinco años del NIOSH para que ayudara a los líderes de industrias, como la construcción y la minería, a reforzar la seguridad y la salud mental de los trabajadores.
Aunque muchas empresas conectan a las personas con los tratamientos, pocas se centran en la prevención de la afección mental, según Schwatka. La financiación del NIOSH “nos permite hacer cosas innovadoras que quizá la industria no emprendería por su cuenta”.
Su equipo tenía previsto probar el conjunto de herramientas con ocho empresas de la construcción en los próximos años. Sin embargo, dado que quedan pocos empleados del NIOSH para tramitar las renovaciones anuales, los fondos podrían cortarse en cualquier momento.
Las consecuencias de perder esta investigación no se limitan al ámbito académico, según Zimmer. “La salud y la seguridad de los trabajadores están en grave peligro”.
El sector salud se prepara para las consecuencias de los recortes
Durante mucho tiempo, los médicos han tenido . Justo después del pico de la pandemia, que casi la mitad de los trabajadores de la salud se sentían agotados y casi la mitad tenía intención de buscar un nuevo empleo. La agencia declaró una crisis de salud mental en el sector.
El NIOSH recibió $20 millones a través de la Ley del Plan de Rescate Estadounidense (American Rescue Plan Act) para crear una campaña nacional destinada a mejorar la salud mental de los trabajadores de salud.
Los resultados incluyeron una para que los responsables de los hospitales mejoraran los sistemas de apoyo a sus empleados, así como para que los responsables debatieran sobre el bienestar y los trabajadores supieran como defender mejores políticas.
Cunningham, el científico del comportamiento que dejó el NIOSH este año, ayudó a liderar la iniciativa. Dijo que el objetivo era ir más allá de pedir a los trabajadores de salud que fueran resilientes o que desarrollaran habilidades de meditación.
“No estamos diciendo que la resiliencia sea mala, pero estamos tratando de enfatizar que no es lo primero en lo que debemos centrarnos”, dijo.
En su lugar, el NIOSH sugirió eliminar de los formularios de acreditación hospitalaria las preguntas intrusivas sobre salud mental que no fueran relevantes para la seguridad de los pacientes y ofrecer a los trabajadores más participación en la organización de sus horarios.
La agencia se asoció para este trabajo con la , que lleva el nombre de una médica de emergencias que se suicidó durante la pandemia. La fundación amplió la campaña ayudando a los sistemas de salud de cuatro estados a implementar partes de la guía y a aprender unos de otros.

Los líderes de la fundación , quien interpreta a un médico de emergencias en la serie de televisión The Pitt, para abogar por la renovación de la financiación federal.
, CEO y cofundador de la fundación, afirmó que renovar la financiación del NIOSH es fundamental para que esta guía llegue a todos los hospitales.
Sin esos recursos, “se va a retrasar mucho la transformación de la atención de salud que es necesaria”, afirmó.
¿Quién puede llenar el vacío?
, un profesional de la seguridad en la industria de la construcción con varias décadas de experiencia, y que ha trabajado en empresas de renombre como Gilbane, Turner y DPR Construction, confía en que la salud mental seguirá siendo una prioridad a pesar de los recortes del NIOSH.
Los contratistas generales y los propietarios de proyectos llevan años incorporando partidas presupuestarias para el apoyo a la salud mental, dijo, y compartió el ejemplo de un proyecto de $1.000 millones que incluía un profesional de la salud mental de guardia cuatro horas al día varios días a la semana. Los trabajadores concertaban citas para sentarse en sus camionetas durante la pausa para el almuerzo y hablar, explicó.
Ahora, cuando estas grandes empresas subcontratan a empresas más pequeñas, suelen preguntar si los subcontratistas ofrecen apoyo en materia de salud mental a los trabajadores, según Lyons.
Sin embargo, otros se muestran escépticos sobre la capacidad del sector para sustituir los esfuerzos del NIOSH.
Varios expertos afirmaron que las empresas más pequeñas no tienen los medios para encargar estudios de investigación y que las empresas más grandes pueden no compartir los resultados públicamente, como haría una agencia federal. Tampoco tendrían la misma credibilidad.
“La empresa privada va a proporcionar lo que la gente que les paga quiere que proporcionen”, dijo una empleada del NIOSH y miembro del sindicato American Federation of Government Employees, actualmente bajo licencia administrativa, a quien se le concedió el anonimato por temor a represalias profesionales.
Sin la atención federal sobre la salud mental en el lugar de trabajo, “las personas abandonarán la fuerza laboral”, dijo. “Muchos trabajadores podrían morir”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2063228&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Una organización de Indiana que emplea a personas en recuperación para ayudar a compañeros con trastornos por adicciones y afecciones mentales se vio obligada a despedir a tres trabajadores. Un servicio de apoyo digital en Texas para personas con las mismas problemáticas se preparó para cerrar su línea telefónica 24/7 en una semana. Un programa de Minnesota centrado en la adicción en la comunidad de África Oriental restringió su alcance a personas vulnerables que viven en las calles.
Aunque la asistencia federal se otorgó durante la pandemia de covid y algunos de los fondos apoyaron actividades relacionadas con enfermedades infecciosas, una parte considerable se destinó a programas de salud mental y adicciones.
Estas últimas son preocupaciones crónicas en Estados Unidos que se agravaron durante la pandemia y .
Colorado, por ejemplo, recibió más de $30 millones para estos programas y Minnesota casi $28 millones, según las agencias de salud y servicios humanos de esos estados.
En muchos casos, este dinero se destinó a servicios de recuperación de adicciones, que van más allá del tratamiento tradicional para ayudar a las personas con adicciones a reconstruir sus vidas. Estos programas realizan tareas que las aseguradoras a menudo no reembolsan, como llevar a las personas a citas médicas y audiencias judiciales, preparer currículums y capacitarlas para nuevos empleos, encontrarles alojamiento y ayudarlas a establecer vínculos sociales no relacionados con las drogas.
Un juez federal los recortes de la administración Trump, lo que permitió que, por ahora, los programas siguieran recibiendo fondos federales. Sin embargo, muchos de los afectados afirman que no pueden recontratar fácilmente a las personas que despidieron ni reactivar los servicios que redujeron.
Además, no están seguros de poder sobrevivir a largo plazo en un entorno de incertidumbre y temor, sin saber cuándo se revocará el fallo del juez o se recortará otra fuente de financiamiento.
La semana en que se recortaron drásticamente los fondos, la administración Trump también anunció del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), que incluye la consolidación de la principal agencia federal dedicada a los servicios de recuperación de adicciones. Sin una oficina independiente como la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental, que el trabajo de recuperación, y el dinero para apoyarlo, ya no sea una prioridad.
Aunque fundaciones privadas y gobiernos estatales podrían intervenir, es poco probable que puedan igualar las sumas de financiación federal.
“El apoyo a la recuperación se considera opcional”, dijo , fundadora de HardBeauty, una organización de recuperación de adicciones con sede en Colorado.
Los recortes federales ponen en riesgo una subvención de cerca de $75.000 que su equipo había recibido para atender a mujeres embarazadas con adicciones en dos condados rurales de Colorado.
“Es muy fácil tomar decisiones drásticas desde arriba por dinero, cuando no tienes que ser quien le diga a la madre: ‘No podemos ir hoy'”, dijo García. “Cuando nunca tienes que sentarte frente a la madre que realmente necesitaba que estuvieras allí”.
Las afecciones de salud mental, incluidos los trastornos por consumo de sustancias, son una de las en el país. Y, aunque las muertes por sobredosis a nivel nacional , las tasas en muchas . A muchas personas en el campo de las adicciones les preocupa que estos recortes de fondos puedan revertir el progreso logrado con tanto esfuerzo.

Emily Hilliard, vocera del HHS, declaró a ºÚÁϳԹÏÍø News que el departamento se está reorganizando para mejorar la eficiencia, fomentar un enfoque más coordinado para la adicción y priorizar la financiación de proyectos que se alineen con la iniciativa presidencial Make America Healthy Again.
“Nuestro objetivo es optimizar los recursos y eliminar las redundancias, garantizando que los servicios esenciales de salud mental y tratamiento de adicciones se presten de forma más eficaz”, dijo en un comunicado.
Pero para Garcia, no se siente como una mejora. Se siente como abandonar a madres necesitadas.
Entre el momento en que se anunciaron los recortes y cuando el juez federal los suspendió, dos mujeres atendidas por el programa de García dieron a luz, contó. Aunque la financiación de su subvención estaba en el limbo, García le dijo a su empleada que estuviera presente junto a las madres.
La empleada hizo seguimiento con visitas diarias a las nuevas mamás, las conectó con servicios de tratamiento o vivienda cuando fue necesario y las ayudó a navegar por el sistema de servicios infantiles.
“Simplemente no puedo dejar a las madres sin servicios”, dijo García. “Simplemente no puedo hacerlo”.
Tampoco puede abandonar a esa empleada, agregó. Aunque la financiación federal proporcionó la mitad de su salario, García la ha mantenido trabajando a tiempo completo.
García dijo que emplea principalmente a mujeres que están en proceso de recuperación, muchas de las cuales pasaron años atrapadas en situaciones de abuso, dependiendo de los beneficios sociales. Ahora están sobrias y han encontrado un trabajo significativo que les permite mantener a sus familias, dijo. “Creamos nuestra propia fuerza laboral de mamás que ayudan a otras mamás”.

Este tipo de desarrollo de la fuerza laboral en recuperación parece estar alineado con los objetivos del Partido Republicano de lograr que más personas trabajen y reducir la dependencia de la beneficencia.
Las prioridades de la política de drogas de la administración Trump, , identificaron la creación de “una fuerza laboral calificada y lista para la recuperación” y el fortalecimiento de los servicios de apoyo entre pares para la recuperación como esfuerzos cruciales para ayudar a las personas a “encontrar la recuperación y llevar una vida productiva y saludable”.
Muchos programas de recuperación capacitan a personas para empleos manuales, lo que podría respaldar el objetivo de Trump de revivir la industria manufacturera.
Sin embargo, las acciones de la administración parecen entrar en conflicto con sus objetivos declarados, dijo , quien fue el zar antidrogas durante la administración Biden.
“No se puede tener manufactura si las personas no pasan una prueba de drogas en orina o continúan sufriendo adicciones o recaídas”, afirmó Gupta, quien ahora preside GATC Health, una empresa que utiliza inteligencia artificial para el desarrollo de fármacos.
Incluso si Vuelve a haber más empleos en las zonas rurales de Estados Unidos, recortar la financiación de los servicios de recuperación y de la principal oficina federal que supervisa estos esfuerzos podría significar que menos personas sean “empleables”, afirmó Gupta.
Las investigaciones sobre programas de recuperación, en particular los dirigidos por personas con experiencia personal en adicciones, sugieren que pueden aumentar la participación en el , reducir la prevalencia de reincidencia, a las citas de tratamiento y mejorar la probabilidad de .
ve estos beneficios a diario. Como director estatal de la organización nacional sin fines de lucro , O’Bryan supervisa cerca de que enseñan a personas en recuperación habilidades para la vida, como manejar una cuenta bancaria y presentarse a entrevistas de trabajo, y les muestran cómo divertirse en sobriedad, mediante caminatas en grupo y juegos de Ultimate Frisbee que brillan en la oscuridad.
Brindando servicios de recuperación “es cuando realmente invertimos en su futuro”, dijo O’Bryan, quien también está en recuperación.

Seis de sus capítulos se vieron afectados por los recortes de fondos federales. Por eso ha tenido que recurrir al fondo de emergencia de la organización para pagar al personal, y reducir los eventos comunitarios, incluyendo las jornadas de limpieza en las que los miembros del capítulo recogen jeringas usadas de la calle, distribuyen naloxona, el medicamento para revertir sobredosis, y hablan con personas que consumen drogas sobre la posibilidad de recuperarse.
Actualmente está explorando iniciativas de recaudación de fondos, pero no todos sus capítulos tienen la misma capacidad.
“En una ciudad como Louisville, recaudar fondos no es un problema”, dijo O’Bryan, “pero cuando uno llega a Grayson, Kentucky”, una zona rural en los Apalaches, “no hay muchas oportunidades”.
En Minnesota, Kaleab Woldegiorgis y sus colegas de la solían pasar horas al día en comedores sociales, eventos comunitarios, mezquitas y en las calles de barrios musulmanes y África Oriental, intentando conectar con personas que consumen drogas. Hablaban somalí, amárico y suajili, entre otros idiomas.
Esas iniciativas de divulgación les permitieron encontrar personas que necesitaban servicios de recuperación y que no los buscaban por sí mismas, afirmó Woldegiorgis, quien anteriormente asistió a los grupos de apoyo de Niyyah cuando él mismo lidiaba con la adicción.
Tras construir relaciones con las personas, Woldegiorgis podía ayudarlas a conectarse con servicios de recuperación formales que facturan a sus seguros, explicó. Pero la ayuda no siempre podía esperar a un contrato.
Una tarde, poco antes de los recortes de fondos federales, Woldegiorgis y sus colegas hablaron con un hombre que comenzó a llorar, contando cómo había querido recibir tratamiento unos días antes, pero había perdido sus pertenencias, había vuelto a consumir drogas y había terminado en la calle.
Woldegiorgis dijo que ayudó al hombre a reconectarse con una hermana y a comenzar a explorar opciones de tratamiento.
Con los recortes, es posible que Niyyah ya no pueda apoyar este tipo de trabajo comunitario. Woldegiorgis teme que esto signifique que las personas no recibirán el mensaje de esperanza que puede surgir al interactuar con personas que pueden ser sus modelos de recuperación a seguir.
“La gente no recoge folletos para recibir estos mensajes. Y la gente no lee correos electrónicos ni mira mensajes publicitarios en ls calles y encuentra inspiración”, dijo. “La gente necesita gente”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=2024406&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Más de un millón de residentes de California que viven en Estados Unidos sin papeles ahora califican para Medi-Cal, la versión estatal de Medicaid: ha sido uno de los primeros en cubrir a personas de bajos ingresos independientemente de su estatus migratorio.
El estado también está experimentando con fondos de Medicaid para pagar servicios sociales como asistencia para vivienda y alimentos, especialmente para aquellos que viven en las calles o tienen enfermedades crónicas. Además, está obligando a la industria de la salud a mientras impone nuevas reglas a médicos, hospitales y aseguradoras para ofrecer una atención de mejor calidad y más accesible.
Sin embargo, hasta ahora, Newsom no ha logrado cumplir por completo con sus políticas de salud más ambiciosas, y muchos cambios aún no son visibles para el público: los costos de la salud , la escasez de vivienda está empeorando y muchos californianos todavía luchan por obtener atención médica básica.
Ahora, algunas de las iniciativas emblemáticas de Newsom en materia de salud, que podrían definir su perfil en el escenario nacional, están en peligro con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
Según expertos en políticas sanitarias, California podría perder miles de millones de dólares en financiamiento para la atención médica si la nueva administración Trump altera los programas de Medicaid, algo que los republicanos han dicho que es probable. Tal movimiento podría obligar al estado a recortar drásticamente beneficios, e incluso la elegibilidad.
Y aunque la inscripción para que inmigrantes indocumentados obtengan atención médica gratuita se ha financiado casi completamente con dinero estatal, esto convierte a California en un blanco político.
“Eso es combustible para alimentar el argumento de la republicana MAGA de que estamos tomando dólares de impuestos de buenos estadounidenses y proporcionando atención médica a los inmigrantes”, dijo Mark Peterson, experto en atención médica de UCLA, en referencia al movimiento “Make America Great Again”.
Newsom rechazó una entrevista con ºÚÁϳԹÏÍø News. En un comunicado, reconoció que muchas de sus iniciativas todavía están en proceso de implementarse. Pero, aunque intentará trabajar con Trump, el gobernador prometió proteger su agenda de atención médica en sus dos últimos años en el cargo.
“Nos estamos acercando a la administración entrante con una mano abierta, no con un puño cerrado”, dijo Newsom. “Es una prioridad principal de mi administración asegurar que la atención médica de calidad esté disponible y sea asequible para todos los californianos”.
Mark Ghaly, ex secretario de Salud y Servicios Humanos bajo Newsom, dijo que transformar la forma en que se paga y ofrece la atención médica puede ser complicado. “No lo hicimos perfectamente”, dijo Ghaly. “La implementación siempre es complicada en un estado de 40 millones de personas”.
Antes de la inauguración de Trump el 20 de enero, Newsom propuso para desafiar a Trump en atención reproductiva, ayuda para desastres y otros servicios. Su solicitud está pendiente en la Legislatura estatal controlada por demócratas.
Estas son las principales iniciativas que conformarán el legado de Newsom en salud:
Medicaid
Se avecinan posibles recortes federales en el estado más poblado de Estados Unidos. De los asombrosos que California gasta anualmente en atención médica y servicios sociales, casi $116 mil millones provienen del gobierno federal. La mayor parte de eso va a Medicaid, que cubre a más de . Líderes republicanos en Washington han planteado ideas para , lo que podría reducir beneficios o disminuir la inscripción.
Además, la expansión de Medi-Cal en California para se proyecta que costará al estado aproximadamente $6.4 mil millones para el año fiscal que termina el 30 de junio.
A principios de diciembre, Newsom sugirió que el estado continuaría financiando la expansión de atención médica para inmigrantes en el próximo año fiscal, pero si mantendría la cobertura en años futuros.
Grupos de defensa están listos para proteger estos beneficios si Trump hace de California su blanco. “Queremos continuar protegiendo el acceso a la atención y no ver un retroceso”, dijo Amanda McAllister-Wallner, directora ejecutiva interina de Health Access California.
Medicamentos genéricos
Citando el alto costo de los medicamentos recetados, en 2022 Newsom destinó $100 millones a su plan para producir insulina genérica para California y lanzar una planta estatal de fabricación para producir una gama de medicamentos genéricos.
Tres años después, California no ha logrado ninguno de los dos. Sin embargo, un acuerdo para comprar al por mayor naloxona, el medicamento para revertir las sobredosis de opioides, que el estado puso a disposición de escuelas, clínicas de salud y otras instituciones .
“Es ciertamente decepcionante que no haya mucho más progreso”, dijo el ex senador estatal Richard Pan, quien redactó la legislación original de medicamentos genéricos.
Sobre la insulina genérica, Newsom reconoció “que ha tomado más tiempo del que esperábamos llevar insulina al mercado, pero seguimos comprometidos a ofrecer insulina a $30 disponible para todos los que la necesiten lo antes posible”.
Aborto
El gobernador ayudó a liderar la exitosa campaña de 2022 para incluir el acceso al aborto en la constitución estatal. Firmó leyes para garantizar que los abortos, espontáneos o no, , para permitir que médicos de otros estados realicen abortos en California, almacenar cuando mifepristona enfrentó una prohibición nacional, y para ayudar a los californianos que no pueden pagar el cuidado del aborto.
Newsom, quien ha hecho de los derechos reproductivos un pilar central de su agenda política, también y recorrió el país atacando a Trump y a otros republicanos en estados conservadores que han restringido el acceso al aborto.
Después de la victoria electoral de Trump, Newsom convocó a una sesión legislativa especial para prepararse para posibles batallas legales con el gobierno federal. Dijo a ºÚÁϳԹÏÍø News que el estado se está preparando “de todas las maneras posibles para proteger los derechos garantizados en la constitución de California y asegurar la autonomía para todos los que están en nuestro estado”.
Costos crecientes de la atención médica
En 2022, Newsom creó la para establecer límites al gasto en salud e imponer sanciones a las aseguradoras y proveedores de atención médica que no cumplieran con los objetivos. Para 2029, California limitará los aumentos anuales de precios para aseguradoras, médicos y hospitales al 3%.
Si bien Trump ha expresado preocupación por el aumento constante de los costos de la atención médica a nivel nacional y la calidad de la atención, sus ideas se han centrado en la desregulación y en reemplazar la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA), lo que, según expertos, y aumentar los gastos de los pacientes.
California podría perder subsidios federales que han ayudado a para la mayoría de los aproximadamente que compran su cobertura de salud a través de Covered California, el mercado estatal de ACA, lo que aumentaría los gastos de bolsillo de los pacientes.
El estado podría usar el dinero que recauda de sus propias multas por no tener seguro de salud, adoptada por Newsom después que el Congreso eliminara el mandato individual de Obamacare en 2017. Según el Departamento de Finanzas del estado, esos ingresos estatales están proyectados en . Eso es una fracción de los aproximadamente $ en subsidios federales para seguros de salud que recibe California.
Salud y falta de vivienda
Bajo el liderazgo de Newsom, California ha gastado cantidades sin precedentes de dinero público para abordar la crisis de personas sin hogar, pero la situación ha empeorado bajo su mandato.
Desde 2019, cuando Newsom asumió el cargo, hasta 2023, la falta de vivienda aumentó un 20%: no tienen techo, a pesar que el estado destinó más de $20 mil millones para tratar de sacar a las personas de las calles, incluido un programa para convertir hoteles y moteles .
Además, se han invertido aproximadamente $12 mil millones en CalAIM, un esfuerzo experimental para integrar servicios sociales en Medi-Cal, como asistencia para alquilar y para prevenir desalojos.
El año pasado, una auditoría estatal encontró que el estado no estaba haciendo un buen trabajo en el seguimiento de la efectividad del dinero de los contribuyentes. CalAIM no está sirviendo a tantos californianos como se esperaba, y los pacientes enfrentan dificultades para recibir los nuevos beneficios de los aseguradores de salud.
“La crisis de personas sin hogar en nuestras calles es inaceptable”, reconoció Newsom. “Pero estamos comenzando a ver avances”.
Se espera que la administración Trump revierta las políticas liberales que han permitido el uso de dinero de Medicaid para experimentos de atención médica a través de exenciones alentadas por la administración Biden.
Notablemente, Trump ha criticado a Newsom por su manejo de la crisis de personas sin hogar y ha prometido con más fuerza. La exención de CalAIM en California termina a finales de 2026.
Por ejemplo, en lugar de expandir la asistencia de vivienda y alimentos, el estado podría enfrentarse a movimientos federales para terminar los beneficios de CalAIM y hacer que .
Salud mental y adicciones
Newsom ha lanzado la reforma más extensa del sistema de salud conductual de California en décadas, destinando miles de millones en fondos estatales a una nueva red de instalaciones de tratamiento y programas de prevención.
Dos de sus iniciativas emblemáticas más controvertidas, la Proposición 1 y CARE Court, inyectan dinero en el tratamiento y la vivienda para californianos con afecciones de salud conductual, especialmente personas sin hogar que viven en crisis. CARE Court permite a los jueces ordenar tratamiento para quienes sufren enfermedades mentales debilitantes y trastornos por adicciones.
Ambas iniciativas han enfrentado desafíos de financiamiento, dependen de los condados para su implementación y podrían tardar años en producir resultados visibles.
Mientras que Newsom ha buscado expandir el tratamiento en las comunidades, Trump ha sugerido un regreso a la institucionalización y propuso trasladar a personas sin hogar y a aquellos con graves afecciones de salud conductual a .
Newsom dijo que espera que sus enfoques “innovadores” transformen la atención de salud conductual con “un enfoque en las personas con enfermedades más graves y adicciones”.
Esta historia fue producida por , que publica , un servicio editorialmente independiente de la .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1966423&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Estos médicos, enfermeros y trabajadores sociales se están desplegando en las calles de Los Ángeles para ofrecer atención médica y servicios sociales a las personas sin hogar: soldados de un nuevo modelo de negocio que está arraigándose en comunidades de toda California.
Su estrategia: construir confianza con las personas sin hogar para darles medicinas dondequiera que estén… y ganar dinero haciéndolo.
“La mayor población de personas sin hogar en este país está aquí en el sur de California”, dijo Sachin Jain, ex funcionario de salud de la administración Obama que es CEO de SCAN Group, que dirige un plan de Medicare Advantage que cubre a unas 300,000 personas en California, Arizona, Nevada, Texas y Nuevo México.
“El segmento de más rápido crecimiento de personas que experimentan la falta de vivienda son en realidad los adultos mayores”, dijo. “Dije, ‘Tenemos que hacer algo al respecto'”.
La organización de Jain Healthcare in Action, un grupo médico que envía a los practicantes a las calles de California exclusivamente para atender a personas sin hogar. Ha crecido rápidamente, estableciendo operaciones en 17 comunidades, incluyendo Long Beach, West Hollywood y el condado de San Bernardino.
Desde su lanzamiento, Healthcare in Action ha atendido a unos 6,700 pacientes sin techo y ha realizado aproximadamente 77,000 diagnósticos, desde esquizofrenia hasta diabetes. Ha puesto a unas 300 personas en viviendas permanentes o temporales.
En la mayor parte del país, la medicina de calle o callejera se practica como una labor caritativa, dirigida a servir a una población de pacientes compleja que ha sido desatendida por la medicina tradicional, dicen sus defensores.

Llevando vidas nómades y caóticas, las personas sin hogar sufren desproporcionadamente de afecciones mentales, adicciones y enfermedades crónicas, y a menudo no tienen seguro médico o si lo tienen no lo usan.
Eso hace que diseñar un negocio alrededor de atenderlos sea un riesgo, dicen ejecutivos de seguros y economistas de la salud.
“Es realmente innovador y emprendedor tomar toda esta energía y coraje para tratar de mejorar las cosas para una población a la que generalmente se ignora”, dijo Mark Duggan, profesor de economía en la Universidad de Stanford que se especializa en política de falta de vivienda y Medicaid. “Los incentivos financieros importan muchísimo en la atención médica. Son todo”.
Se estima que 181,000 personas en California en 2023, aproximadamente el 30% del total nacional. El número de personas viviendo en la calle, más de dos tercios del total del estado, aumentó 6.9% con respecto al año anterior.
A los líderes estatales, incluido el gobernador demócrata Gavin Newsom, contra la creciente crisis de salud pública y política, a pesar de reunir recursos sin precedentes de los contribuyentes.
“Tenemos un gran problema entre manos, y tenemos muchos planes de salud y municipios diciendo, ‘Te necesitamos'”, dijo Jain.
En las calles
Una mañana nublada de abril, en Long Beach, Daniel Speller manejaba su furgoneta médica móvil entre las tiendas de campaña y lonas que llenaban las calles residenciales, buscando a un par de pacientes sin hogar. Speller, que es asistente médico de Healthcare in Action, dijo que estaba particularmente preocupado por las heridas gravemente infectadas que habían desarrollado en sus extremidades después de usar la droga callejera xilazina, un tranquilizante para animales que a menudo se mezcla con fentanilo.
“Estas heridas están en todas partes. Es realmente malo”, dijo Speller. Si las infecciones avanzan, pueden requerir amputaciones de dedos, pies o brazos.
“Hombre, ésta todavía está muy profunda”, dijo Speller mientras despegaba los jeans de la pierna hinchada de Robert Smith, de 66 años.
Después de limpiar y vendar la pierna de Smith, Speller le preguntó si necesitaba algo más. “Perdí mis cupones de alimentos”, respondió Smith.
En menos de una hora, el equipo de trabajadores sociales y enfermeros de Speller habían llamado a un Uber para llevar a Smith a una oficina estatal, donde recibió una nueva tarjeta CalFresh.
Después, Speller dobló hacia una calle lateral llena de más tiendas de campaña y autos convertidos en refugios. Nick Destry Anderson, de 46 años, estaba durmiendo en la acera y necesitaba con urgencia que le curaran su herida.
“Tenía tanto miedo. Antes de conocerlos pensé que iba a perder mi pierna”, dijo Anderson, haciendo un gesto mientras Speller rociaba su pierna con un aerosol antibiótico. “Estas personas salvaron mi vida”.
Anderson dijo que se sentía mareado, así que Speller pidió a otro miembro del equipo que usara la tarjeta de crédito de la empresa para comprarle una hamburguesa con queso y una Sprite.
Muchas personas sin hogar languidecen en las calles, tan arraigadas en crisis de salud mental o adicciones que no les importa mucho ver a un médico o tomar su medicación. Las enfermedades crónicas empeoran. Las heridas se infectan. Las personas sufren sobredosis o mueren por afecciones tratables.
Parte de la medicina callejera consiste en vendar heridas infectadas, administrar inyecciones de antipsicóticos y tratar enfermedades crónicas. Los proveedores de la calle a menudo reparten parafernalia de drogas como agujas limpias y pipas de vidrio para prevenir que se compartan y prevenir infecciones. Quizás más importante, estos trabajadores construyen confianza.
Que los pacientes sin hogar s conecten con médicos y enfermeros de atención primaria, que los visitan en las calles, en los parques o dondequiera que estén, puede prevenir visitas frecuentes y costosas a salas de emergencia y hospitalizaciones, potencialmente ahorrando dinero a las aseguradoras y a los contribuyentes, argumenta Jain.
Aunque los refugios y la vivienda son escasos, el objetivo de Healthcare in Action es lograr que los pacientes estén lo suficientemente saludables como para vivir vidas estables e independientes, dijo.
Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. En West Hollywood esa semana de abril, Isabelle Peng, coordinadora clínica de Healthcare in Action, encontró a Lisa Vernon, una mujer sin hogar, desplomada en su silla de ruedas en una parada de autobús concurrida. Vernon es una habitual del cercano Centro Médico Cedars-Sinai, dijeron Peng y su colega, David Wong.
Cuando Peng y Wong intentaron examinar su pierna hinchada, Vernon les gritó y rechazó la ayuda. “¡Los antibióticos no van a salvar mi vida!”, gritó Vernon mientras un ratón corría hacia las migajas de patatas fritas que estaban a sus pies.
Pasaron a su siguiente paciente, un hombre que estaban rastreando con un dispositivo GPS que a veces colocan en las pertenencias de las personas sin hogar. El uso de los dispositivos es voluntario. Funcionan mejor que los teléfonos móviles porque es menos probable que la policía los confisque durante redadas de campamentos, o que se los roben.
“Nuestros pacientes realmente cambian mucho de ubicación, así que esto nos ayuda a encontrarlos cuando tenemos que darles medicación o hacer seguimiento”, dijo Wong. “Ya hemos desarrollado un vínculo con estos pacientes y ellos quieren que los veamos”.

Aumento de ingresos
Los equipos de medicina de calle están en demanda, en gran parte debido a la creciente frustración pública con la falta de vivienda. Por ejemplo, La ciudad de West Hollywood otorgó a Healthcare in Action un contrato de tres años que paga $47,000 al mes. La organización sin fines de lucro también puede facturar por sus servicios a Medi-Cal, el programa de Medicaid de California.
Mari Cantwell, que se desempeñó como directora del Medicaid de California desde 2015 hasta principios de 2020, dijo que los reembolsos de Medicaid por sí solos no son suficientes para financiar a los proveedores de medicina de calle. Para seguir siendo viables, dijo, deben dar pasos financieros creativos, como hace Healthcare in Action.
“Medicaid nunca va a pagar altos márgenes, así que tienes que pensar en cómo sostener las cosas”, dijo.
Healthcare in Action generó unos $2 millones en ingresos en su primer año, $6 millones en 2022 y $15,4 millones en 2023, según Michael Plumb, director financiero de SCAN Group.
Healthcare in Action y el plan de seguro Medicare Advantage de SCAN generan ingresos sirviendo a pacientes sin hogar de múltiples maneras:
“Ha habido un ajuste de mercado increíble, desafortunadamente”, dijo Jain. “No puedes caminar o conducir por una calle en Los Ángeles, ya sea rica o pobre, y no encontrarte con este problema”.
Jim Withers, quien acuñó el término “medicina de calle” hace décadas y atiende a personas sin hogar en Pittsburgh, dio la bienvenida a la entrada de más proveedores dada la enorme necesidad. Pero advirtió sobre un modelo con motivos financieros.
“Me preocupa la corporativización de la medicina de calle y el capitalismo invadiendo lo que hemos estado construyendo, en gran parte como una misión de justicia social fuera del sistema tradicional de atención médica”, dijo. “Pero nadie posee las calles, y tenemos que encontrar la manera de trabajar juntos”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1883992&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Coon estaba en un auto por los caminos secundarios de la Reserva India Flathead en el oeste de Montana cuando perdió el conocimiento. Alguien en el auto tomó una pequeña botella de naloxona, la roció en su nariz y realizó resucitación (CPR) hasta que recuperó el conocimiento.
Coon dijo que tener acceso rápido al agente de reversión de sobredosis, también conocido por su nombre comercial, Narcan, fue muy afortunado.
“Es un milagro que haya sobrevivido las veces que no me administraron naloxona”, dijo Coon. “La gente me devolvió la conciencia echándome agua fría y haciendo CPR. Pero eso no garantiza que te vayan a devolver a la vida”, agregó Coon.
Casi dos años después, Coon es entrenadora de recuperación para un programa local, Never Alone Recovery Support Services, y está obteniendo un título como consejera de adicciones en Salish Kootenai College. Lleva dosis de naloxona en su auto por si necesita ayudar a otras personas.
Pero dijo que le preocupa la falta de acceso al medicamento, particularmente en áreas rurales como la suya. El canal de distribución de los departamentos de salud estatal y tribal ha sido inconsistente, y el precio de $50 por un paquete de dos dosis de naloxona en el Walmart más cercano lo vuelve inaccesible para muchas personas.
“¿Cómo se supone que vamos a poder pagar por este medicamento que en última instancia es para salvar nuestras vidas y las de los que nos rodean?” dijo.
Oficiales de salud de Montana están considerando una nueva estrategia para hacer que la naloxona sea más accesible.
Basándose en un fondo de salud conductual reservado por los legisladores en 2023, oficiales de salud de la administración del gobernador Greg Gianforte han propuesto instalar dos docenas de máquinas expendedoras de naloxona y tiras reactivas de fentanilo alrededor del estado, en centros de salud conductual y lugares de servicio para personas sin hogar.
El plan de $400,000 para construir, abastecer y mantener 24 máquinas expendedoras durante un año aún no ha sido aprobado por el gobernador republicano, que se postula para un segundo mandato, quien en última instancia decide cómo se gastan los fondos asignados a la Comisión del Sistema de Salud Conductual para las Generaciones Futuras.
Los detalles del Departamento de Salud Pública y Servicios Humanos del estado sobre dónde se colocarían las máquinas y cómo se operarían siguen siendo escasos.
La tasa de muertes relacionadas con opioides en Montana en los últimos años, de 3,6 muertes por cada 100,000 residentes en 2017 a 11,3 por cada 100,000 residentes en 2023.
La tasa de mortalidad es más alta entre los nativos americanos: las personas nativas en Montana murieron por sobredosis de opioides a una tasa de 33 muertes por cada 100,000 personas en 2023, más de tres veces la tasa de las personas blancas no hispanas.
La naloxona ha surgido como una herramienta importante para combatir las sobredosis de opioides. Cuando se administra rápidamente, se adhiere a los receptores del cerebro a los que se dirigen los opioides, bloqueando los efectos de las drogas.
En todo Estados Unidos, las máquinas expendedoras que distribuyen naloxona y otros suministros de salud de forma gratuita se están convirtiendo en en la lucha contra las sobredosis de opioides. Diferentes versiones del modelo se están probando en al menos .
En un informe de 2023, el describió el uso de máquinas expendedoras para distribuir naloxona y otros suministros de “reducción de daños”, como kits de primeros auxilios, pruebas de embarazo, jeringas estériles y más, como una herramienta de salud pública que se hizo más común durante la era del distanciamiento social durante la pandemia de covid-19.
Pero la popularidad del modelo ha seguido creciendo desde entonces, especialmente en lugares con poblaciones a las que es difícil llegar.
“Proporcionan servicios a [personas que usan drogas] con muchas menos barreras que los programas en un sitio fijo e incluso la divulgación móvil”, afirmó el informe. Las máquinas expendedoras de reducción de daños “también pueden proporcionar mayor privacidad y anonimato”.
La propuesta del departamento de salud estatal sería el primer caso en Montana de máquinas expendedoras financiadas directamente por el estado, a diferencia de las pocas que ahora se financian a través de subvenciones públicas o filantropía privada.

Jami Hansen, jefe de la oficina de prevención de la División de Salud Conductual y Discapacidades del Desarrollo del departamento, habló sobre la propuesta durante una reunión de mayo de la comisión estatal de salud conductual. Dijo que las máquinas expendedoras son una forma específica de llenar vacíos en un estado escasamente poblado que no ofrece acceso consistente a tratamientos para la adicción y naloxona.
“Tener algo disponible que puedan utilizar ellos mismos sería muy, muy beneficioso”, agregó Hansen.
Algunos grupos locales de salud pública en Montana, incluidos los de Missoula, Helena, Kalispell y el condado de Big Horn, ya han comenzado a usar máquinas expendedoras para distribuir naloxona gratuita, tiras reactivas para drogas y otros suministros de salud.
En Helena, tres máquinas compradas por el condado de Lewis y Clark han estado distribuyendo aerosol nasal Narcan gratuito y bolsas para la eliminación segura de drogas (usadas para disolver pastillas recetadas y recreativas) durante más de un año.
Kellie Goodwin McBride, directora del departamento de servicios de justicia penal del condado, dijo que su equipo intentó inicialmente integrar las máquinas en negocios locales, como un bar céntrico, una lavandería y un mercado, pero fallaron repetidamente.
A veces, no había suficiente espacio para las máquinas. En otros casos, dijo McBride, los dueños se preocupaban de que una máquina expendedora de Narcan diera la impresión de que el negocio toleraba o acogía el uso de drogas.
En su lugar, el condado instaló máquinas expendedoras en un refugio sin fines de lucro que atiende a residentes locales sin hogar, el edificio del tribunal de distrito estatal y el Centro de Justicia y Leyes en el centro, que alberga el tribunal municipal y el departamento del sheriff del condado. Esa máquina, es la que más se utiliza, dijo McBride.
A diferencia de algunos otros modelos, las máquinas expendedoras de Narcan en Helena no requieren registro de usuarios ni códigos para acceder a los materiales dentro, lo que hace imposible rastrear quién está tomando naloxona o si se está utilizando.
McBride y su equipo reconocen que no hay una forma consistente de saber cuántas muertes relacionadas con opioides han ayudado a prevenir las máquinas expendedoras.
Jessica Johnson es la supervisora de educación sanitaria en el Distrito de Salud del Sur de Nevada, que ayudó a crear la primera colaboración de máquinas expendedoras en el país. Dijo que el proyecto fue diseñado para distribuir naloxona y jeringas estériles para reducir la propagación de enfermedades infecciosas entre las personas que se inyectan drogas.
Un estudio de 2022 registró 41 muertes por sobredosis menos de las esperadas en el condado de Clark, donde se ubicaron las máquinas, durante el primer año de distribución.
Johnson dijo que una de sus conclusiones del programa es la importancia de escuchar a las personas que están en más riesgo de la comunidad. Los quioscos o máquinas expendedoras de reducción de daños resultantes pueden ser tan diversos como los lugares en los que se encuentran.
Trabajadores de salud pública de todo el país han agregado cepillos de dientes, kits para dejar de fumar tabaco y otros suministros a sus máquinas expendedoras según las sugerencias de las poblaciones a las que sirven, dijo Johnson.
Aunque aún no se han elegido a los organizadores, Jon Ebelt, vocero del departamento de salud de Montana, dijo que la recomendación de la agencia de colocar máquinas en refugios y sitios que atienden a personas sin hogar se basa en el deseo de llegar a personas con enfermedades mentales graves, y a otras que ya están buscando servicios en esos lugares.
Ebelt confirmó que el departamento no se basó en datos de sobredosis de opioides ni en información demográfica sobre las personas que más a menudo sufren sobredosis en Montana al decidir dónde colocar las máquinas. En su lugar, la decisión se basó en “programación comunitaria y contratos existentes con sitios de servicios de salud mental y adicciones”.
Agregó que, según la propuesta, los anfitriones comunitarios de las máquinas expendedoras podrán seleccionar muchos tipos de suministros adicionales de reducción de daños para distribuir, “ya que cada comunidad tiene diferentes necesidades”, pero las jeringas estériles no estarán entre los productos disponibles en las máquinas de Montana.
El estado planea pagar un año de suministros, después del cual puede utilizar subvenciones federales para abastecer las máquinas, y los fondos federales para comprar jeringas para el uso ilegal de drogas. Ebelt no respondió a otras preguntas sobre esa decisión o si los sitios podrían agregar jeringas y otros materiales suministrados a través de financiación independiente.
Este artículo se produjo a través de una asociación entre ºÚÁϳԹÏÍø News y Montana Free Press.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1886461&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>“Daba unas 1,200 bocanadas en una semana”, contó Kumar.
El vapeo se convirtió en una adicción para él y sus amigos. Al igual que perder un celular, perder un vapeador desencadenaba una locura.
“Tenía que estar junto a mi cabeza cuando me dormía por la noche y, por la mañana, tenía que revolver las sábanas para encontrarlo”, recordó Kumar.
Él y sus amigos se enfermaban a menudo, incluso se contagiaron covid-19 unos a otros, y todo por vapear.
Kumar, que ahora tiene 24 años, acabó dejándolo. Pero muchos de su generación no pueden dejar el hábito.
“Todo el mundo sabe que no es bueno y todo el mundo quiere dejarlo”, afirmó Jacob Garza, estudiante de la Universidad de Colorado que trabaja para concientizar sobre adicciones, como parte del programa de promoción de la salud de la universidad.
“Pero a estas alturas, después de hacerlo durante todos estos años… ya es algo natural”, agregó.
El marketing de las empresas de cigarrillos electrónicos, que promocionan atractivos nombres con sabores frutales similares a los caramelos, llevó a muchos adolescentes a probar el vapeo. A medida que más jóvenes y estudiantes de secundaria experimentaban con estos cigarrillos, médicos e de que podría generar una adicción generalizada y crear la Generación del Vapeo”.
Investigaciones han demostrado que para el cerebro de los jóvenes.
Nuevos datos sobre el consumo de sustancias entre adultos de 18 a 24 años sugieren que muchos ex fumadores adolescentes siguen consumiendo cigarrillos electrónicos. Las tasas nacionales de vapeo para adultos jóvenes aumentaron del al
“No nos sorpende que muchos de ellos comiencen en la escuela secundaria por razones sociales, por todo tipo de razones”, dijo Delaney Ruston, médico de atención primaria y documentalista. “Y muchos de ellos ahora —lo estamos viendo— han continuado hasta la universidad y más allá”.
es “Screenagers Under the Influence: Addressing Vaping, Drugs & Alcohol in the Digital Age”.
En Colorado, la proporción de jóvenes de 18 a 24 años que regularmente vapea aumentó un 61% de 2020 a 2022, casi una cuarta parte de ese grupo de edad.
“Es un aumento asombroso en solo dos años”, señaló Ruston.
Las tendencias en ese estado son dignas de mención porque, antes de la pandemia, en vapeo juvenil entre los estudiantes de secundaria, superando a otros 36 estados encuestados.
A nivel nacional, las tasas de vapeo entre los estudiantes de secundaria cayeron de al , según la Annual National Youth Tobacco Survey. Pero para muchos jóvenes que comenzaron a vapear en el apogeo de la tendencia, se generó un hábito.
En el Children’s Hospital de Colorado, la neumóloga pediátrica mostró en su pantalla una radiografía nublada del pulmón de un adulto joven dañado por el vapeo.
Durante años, médicos y expertos en salud pública se preguntaron por el en los cuerpos y cerebros de los preadultos, especialmente por el gran riesgo de adicción.
“Creo que, por desgracia, las lecciones que nos temíamos que íbamos a aprender, las estamos aprendiendo”, afirmó De Keyser, profesora de pediatría en el .
“Observamos aumentos entre los adultos jóvenes. No fueron capaces de dejarlo”.
No es casualidad que las tasas de vapeo se dispararan durante la pandemia, según varios expertos en salud pública.
En los últimos dos años, los universitarios han hablado de los retos que supone el aislamiento y el consumo de más sustancias, dijo Alyssa Wright, que gestiona los programas de promoción de la salud de intervención temprana en CU-Boulder.
“El hecho de haber estado confinado en casa, estar aburrido, estar un poco ansioso, no saber lo que está pasando en el mundo”, explicó Wright. “Perdimos la conexión social, y parece que la gente aún está tratando de recuperarse de esa experiencia”.
Otros factores que favorecen la adicción son los altos niveles de nicotina en los dispositivos de vapeo, y la “cultura del silencio”, apuntó Chris Lord, director asociado del de CU-Boulder.
“Los productos que utilizaban contenían que los vapeadores anteriores”, explicó. “Así que engancharse con eso era… casi imposible de evitar”.
Por “cultura del silencio” Lord entiende que vapear puede resultar emocionante, algo prohibido y secreto. “En la adolescencia, muchos de nosotros tenemos el cerebro conectado de esa manera”, afirmó.
En todo Estados Unidos, gobiernos estatales y locales han presentado demandas contra , alegando que la empresa tergiversó los riesgos para la salud de sus productos.
Las demandas argumentan que Juul se convirtió en una de las principales empresas de cigarrillos electrónicos gracias a una agresiva campaña de marketing dirigida directamente a los niños, quienes a su vez corrieron la voz publicando sus productos en redes sociales como YouTube, Instagram y TikTok.
, Phil Weiser, ha declarado: “Lo que ha hecho el vapeo, al enganchar a los estudiantes de secundaria, y en algunos casos incluso más jóvenes, se nota ahora”.
Juul . La empresa no respondió a las solicitudes de comentarios para este artículo.
R.J. Reynolds, que fabrica , Vuse, envió esta declaración: “Nos mantenemos alejados de los sabores atractivos para los jóvenes, como la goma de mascar y el algodón de azúcar, posicionándonos claramente contra los productos de vapeo desechables ilícitos”.
Otras , como Esco Bar, Elf Bar, Breeze Smoke y Puff Bar, no respondieron a las solicitudes de comentarios.
“Si viviéramos en un mundo ideal, los adultos llegarían a los 24 años sin haber experimentado nunca con sustancias para adultos. Pero los adultos jóvenes ya lo hacen”, señaló Greg Conley, director de asuntos legislativos y externos de American Vapor Manufacturers. “Esto es anterior a la llegada del vapeo con nicotina”.
En 2020, la administración de Drogas y Alimentos (FDA) prohibió los cartuchos de vapeo con sabor como medida contra la comercialización a menores, pero los productos .
Joe Miklosi, consultor de Rocky Mountain Smoke-Free Alliance, un grupo comercial de tiendas de vapeo, sostiene que las tiendas no aumentan las tasas de vapeo entre los adultos jóvenes en Colorado. “En nuestras 125 tiendas tenemos datos demográficos. La media de edad [de nuestros clientes] es de 42 años”, afirmó.
He hablado con miles de consumidores que dicen que el vapeo les ayudó a dejar de fumar cigarrillos, dijo. Según Miklosi, las tiendas de vapeo venden productos para ayudar a los fumadores adultos a dejar de fumar.
Las estadísticas de Colorado desmienten esta afirmación, según , investigador del tabaco desde hace muchos años.
Los datos son “totalmente incompatibles con el argumento de que la mayor parte del consumo de cigarrillos electrónicos corresponde a fumadores adultos que intentan utilizarlos para dejar de fumar”, afirmó Glantz, ex director del de la Universidad de California-San Francisco.
Para G Kumar, flamante graduado y ahora escalador, el impulso para dejar de fumar fue más por razones ecológicas que de salud. Le disgustaba la cantidad de basura generada por los dispositivos de vapeo y el dinero que se gastaba.
Kumar recibió ayuda del programa de promoción de la salud de la universidad, que incluía cajas de palillos de dientes con sabor a eucalipto, que sabían fatal pero distraían y aliviaban las ansias de fumar.
Le costó un tiempo y mucha fuerza de voluntad superar la intensa ansiedad.
“Creo que el hecho de poder morder esos palillos durante semanas y semanas fue lo que me mantuvo cuerdo”, afirmó Kumar.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1869312&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Después que lo pesaran, caminó hacia un consultorio decorado con calcomanías de planetas y personajes de dibujos animados. Una enfermera le tomó la presión arterial. Un pediatra le preguntó por sus estudios, su vida familiar y sus amigos.
Parecía un examen de rutina para adolescentes, de los miles que se hacen a diario en consultas pediátricas en el país. Hasta que el doctor le preguntó:
“¿Tienes deseos de consumir opioides?”. El paciente negó con la cabeza.
“¿Ninguno, en absoluto?”, volvió a preguntar Medina para confirmar.
“Ninguno”, respondió el adolescente, llamado Sam, con voz tranquila pero segura.
(En este artículo sólo se utiliza el nombre de pila de Sam porque, si se publicara su apellido, en el futuro podría ser discriminado en la búsqueda de vivienda y empleo por haber consumido drogas).
El doctor Medina está tratando a Sam por su adicción a estas drogas. Le receta un medicamento llamado buprenorfina, que reduce las ansias de consumir las píldoras de opioides más peligrosas y adictivas. Los análisis de orina de Sam no muestran signos de Oxycontin o Percocet, las pastillas que él compraba en Snapchat y que alimentaron su adicción.
“Lo que realmente me enorgullece de tí, Sam, es tu esfuerzo por estar mejor”, lo felicitó Medina, que trabaja en el
La Academia Americana de Pediatría recomienda . Sin embargo, , solo el 6% de los pediatras informa haberlo hecho alguna vez.
De hecho, al mismo tiempo que las recetas de buprenorfina para adolescentes , se las muertes por sobredosis en niños y adolescentes entre 10 y 19 años. Estas sobredosis, junto con los envenenamientos accidentales por opioides en niños pequeños, se han convertido en la en Estados Unidos.
“Estamos realmente lejos de donde deberíamos estar y nos encontramos bastante atrasados en varios aspectos”, comentó , jefe de Medicina para Adolescentes del Hospital General de Niños de Massachusetts y coautor de una encuesta entre pediatras sobre el tratamiento de adicciones.
Los resultados de las entrevistas mostraron que muchos pediatras no creen tener ni la formación adecuada ni el personal necesario para atender pacientes con adicciones, aunque Medina y otros médicos que sí lo hacen afirmaron que no han tenido que contratar más personal.

Algunos entrevistados explicaron que no atienden un número de pacientes que justifique formarse en esa especialización y otros piensan que la atención de adictos no es responsabilidad de la Pediatría.
“Gran parte de esas ideas son producto de la educación que reciben los médicos”, dijo , directora asociada al área pediátrica del Programa de Medicina de Adicciones de la Escuela de Medicina de Yale. “Como se considera algo muy especializado, no está incluido en la formación médica habitual”, explicó.
Camenga y Hadland mencionaron que las escuelas de Medicina y los programas de residencia pediátrica están trabajando para incorporar información sobre trastornos por consumo de sustancias a los planes de estudio. Esto incluye cómo abordar el consumo de drogas y alcohol con niños y adolescentes.
Sin embargo, los programas de estudio no cambian lo como para ayudar a la cantidad de jóvenes que luchan contra una adicción y mucho menos a los que mueren después de tomar .
Es una paradoja perversa y mortífera: mientras disminuye el consumo de drogas entre los adolescentes, las han aumentado.
La principal causa es la falsificación de pastillas de Xanax, Adderall o Percocet, adulteradas con fentanilo, un poderoso opioide. Casi el por sobredosis en jóvenes de 10 a 19 años se atribuyeron a estas pastillas.
“El fentanilo y las pastillas falsificadas realmente están complicando nuestros esfuerzos para frenar las sobredosis”, dijo , experto en Medicina de adicción y prevención de sobredosis en adolescentes de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC). “Muchas veces, estos jóvenes sufren una sobredosis sin siquiera darse cuenta de lo que están tomando.”
Terranella, que ejerce en Tucson, Arizona, opina que los pediatras pueden ayudar mucho si refuerzan la detección del consumo de drogas en sus pacientes y conversan con ellos sobre los riesgos.
También sugiere que receten más naloxona, el aerosol nasal que puede revertir una sobredosis. Está disponible sin receta, pero Terranella cree que una receta médica puede tener más relevancia para los pacientes.
De vuelta en el consultorio, Sam estaba a punto de recibir su primera inyección de Sublocade, una forma de buprenorfina que dura 30 días. Está cambiando a las inyecciones porque no le gusta el sabor de Suboxone, unas tiras orales de buprenorfina que debía disolver debajo de su lengua. Las escupía antes de recibir una dosis completa.
Muchos médicos prefieren recetar las inyecciones porque los pacientes no tienen que recordar tomarlas todos los días. Pero la inyección es dolorosa y Sam se sorprendió cuando le dijeron que se la aplicarían en el vientre durante 20-30 segundos.
“¿Ya casi terminamos?”, preguntó Sam, mientras una enfermera le pedía que respirara hondo. Cuando terminó, el personal bromeó en voz alta diciendo que incluso los adultos suelen decir palabrotas cuando les ponen esa inyección. Sam dijo que no sabía que eso estaba permitido. Lo que más lo preocupaba era si un dolor residual podría interferir con los planes que tenía esa noche.
“¿Cree que podré hacer snowboard esta noche?”, le preguntó al doctor.
“Estoy absolutamente seguro de que podrás hacer snowboard esta noche”, lo tranquilizó Medina.
Sam iba a ir con un nuevo amigo. Hacer nuevos amigos y cortar lazos con su antiguo círculo social de adolescentes que consumen drogas ha sido una de las cosas más difíciles, dijo Sam, desde que entró en rehabilitación hace 15 meses.
“Hay que concentrase en encontrar la gente adecuada”, dijo Sam. “Ese sería mi mayor consejo”.
Para Sam, encontrar un tratamiento contra la adicción en un consultorio repleto de rompecabezas, juguetes y libros ilustrados no ha sido tan extraño como imaginaba.
Su madre, Julie, lo había acompañado a la consulta. Dice que está agradecida de que la familia haya encontrado un médico que entiende a los adolescentes y a las adicciones.
Antes de empezar a ir el Centro de Salud Familiar Tri-River, Sam estuvo siete meses en tratamiento residencial y ambulatorio, sin que le ofrecieran buprenorfina para ayudarlo a controlar los impulsos de consumir y prevenir las recaídas. Sólo tratamientos residenciales para jóvenes la ofrece. Cuando Sam volvió a sentir fuertes deseos de consumir opioides, un consejero le sugirió a Julie que llamara a Medina.
“Dios mío, ojalá hubiera traído a Sam aquí hace dos o tres años”, dijo Julie. “¿Habría cambiado lo que sucedió? No lo sé, pero hubiera sido un nivel de atención más adecuado para él”.
A algunos padres y pediatras les preocupa administrar buprenorfina a un adolescente, ya que puede producir , incluida la dependencia a largo plazo. Los pediatras que la recetan evalúan el efecto de los posibles efectos secundarios en relación con la amenaza de una sobredosis de fentanilo.
“En esta época, en la que los jóvenes mueren a un ritmo realmente sin precedentes por sobredosis de opiáceos, es fundamental que salvemos vidas”, afirmó Hadland. “Y sabemos que la buprenorfina es un medicamento que salva vidas”, agregó.
El tratamiento de una adicción le puede insumir mucho tiempo a un pediatra. Sam y Medina se envían mensajes de texto varias veces a la semana y el pediatra recalca que no comparte ningún intercambio que Sam haya pedido que fuera confidencial.
Medina dice que tratar el trastorno por consumo de sustancias es una de las cosas más gratificantes que hace. “Si podemos solucionarlo”, dice, “habremos formado un adulto que ya no tendrá que preocuparse por estos problemas de por vida”.
Este artículo es producto de una asociación que incluye a , y .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1837198&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>En ese entonces tenía 36 y trabajaba como médica de enlace para un sistema hospitalario de la costa de Carolina del Sur ayudando a fortalecer los vínculos entre los médicos.
Desde sus 20 años, había estado luchando en secreto contra el consumo excesivo de alcohol, convencida de que la ayudaba a calmar sus ansiedades.
Adkins comprendió que ese color amarillento de sus ojos era producto de la ictericia. Aun así, no imaginó que fuera posible que le diagnosticaran una enfermedad hepática relacionada con el abuso de alcohol.
“Sinceramente, mi mayor temor era que alguien me dijera que no podía volver a beber”, contó Adkins, que hoy vive en Pawleys Island, una ciudad costera a unas 30 millas al sur de Myrtle Beach.
Pero la bebida ya había afectado su salud y, menos de 48 horas después de su descubrimiento en el espejo retrovisor, Adkins fue hospitalizada por una falla hepática. “Fue muy rápido”, recordó.
Históricamente, las enfermedades vinculadas al abuso del alcohol han afectado más a los hombres. Pero de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) muestran que las tasas de muerte por esta causa están aumentando más rápido entre las mujeres que entre los hombres.
La administración Biden considera alarmante esta tendencia. Una estimación reciente predice que, en Estados Unidos, para 2040, las mujeres representarán casi asociadas al alcohol; lo que supone un gasto total de $66,000 mil millones.
Se trata de un para el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y el Departamento de Agricultura (USDA), que el año próximo publicarán juntos directrices dietéticas nacionales actualizadas.
Pero dado que el marketing de las bebidas alcohólicas se dirige cada vez más a las mujeres y que el consumo social de alcohol es ya una parte importante de la cultura estadounidense, no es un cambio que apoye todo el mundo.
“Se trata de un tema delicado”, opina Rachel Sayko Adams, investigadora asociada de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston. “No existe un nivel seguro de consumo de alcohol, y esa es una información novedosa que probablemente alguna gente prefiere ignorar”, explica.
En los últimos 50 años, las mujeres se han incorporado cada vez más al mercado laboral y han retrasado la maternidad. Es probable que estos factores hayan contribuido al cambio de hábitos porque, tradicionalmente, bebían menos.
Adams, estudiosa de las adicciones, explica que “la maternidad solía ser un factor protector”, pero ya no siempre es así.

Más de 600,000 personas murieron en Estados Unidos por causas relacionadas con el abuso de alcohol entre 1999 y 2020, según una investigación publicada en en julio de 2023. Esto lo sitúa entre las en el país, detrás del tabaco, la mala alimentación y la inactividad física, y las drogas ilegales.
La y varios estudios han llegado a la conclusión de que para la salud. Incluso beber en forma moderada se ha relacionado con problemas como y, también, con un , entre otros.
Según George Koob, director del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo, la pandemia de covid-19 “exacerbó significativamente” el consumo de alcohol, porque la gente lo utilizaba para soportar el estrés. Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres, más propensas a beber por estrés que los hombres.
Pero, además, las mujeres también suelen ser el foco de la publicidad de bebidas alcohólicas. En los últimos años se ha disparado, por ejemplo, la venta de vinos y vinos . Según un publicado en marzo en el International Journal of Drug Policy, “el color rosado de los productos es una táctica utilizada por la industria del alcohol para dirigirse al mercado femenino”.
También influye la aparición de un fenómeno impulsado en gran medida por mujeres en las redes sociales, que minimiza el hecho de consumir alcohol como una forma de lidiar con las dificultades de la maternidad. “La percepción errónea de la ‘cultura del vino para mamás’ —según Adams —, es que ‘si puedes beber de manera normal, moderada, si puedes controlar tu alcohol, estás bien’”.
No está claro hasta qué punto los memes y los videos en línea influyen en el consumo femenino de alcohol, explica Adams, que opina que el tema merece un estudio más profundo. Sin embargo, en 2023, el equipo de investigación que integra descubrió que la franja de mujeres de 35 años sin hijos es la que tiene el mayor riesgo de beber en exceso y presentar síntomas asociados a esta conducta, comparado con las mujeres de otros grupos de edad. Sin embargo, esa investigación concluyó que, en las dos últimas décadas, el riesgo está aumentando para todas las mujeres, sean o no madres.
Estos factores, unidos a la presión por ser aceptada, hacen difícil abordar el problema. “Es una cuestión tabú”, explica Adams.
Cuando surge —cuenta Stephanie Garbarino, hepatóloga especializada en trasplantes de Duke Health—, sorprende la cantidad de pacientes que no son conscientes de cómo beber alcohol afecta su salud. “A menudo, no saben que puede hacerles daño”, explica.
Garbarino atiende cada vez con mayor frecuencia a pacientes más jóvenes con enfermedad hepática, incluidos hombres y mujeres de entre 20 y 30 años.
Expertos en salud pública y adicciones temen que la enfermedad hepática relacionada con el alcohol entre las mujeres se convierta en un problema costoso para la nación.
En 2022, las mujeres representaron el 29% de todos los costos asociados con la atención médica en Estados Unidos. Un publicado en febrero de 2024 por el American Journal of Gastroenterology prevé que en 2040 ese índice trepe al 43%.
Las National Dietary Guidelines, que establecen pautas alimentarias para promover la salud y prevenir enfermedades, aconsejan a las mujeres que no beban más de una copa de bebida alcohólica al día.
Esas pautas serán revisadas el próximo año por el HHS y USDA como parte de un . Se ha convocado a un comité especial para examinar, entre otras cuestiones, la relación entre el consumo de alcohol y los riesgos de cáncer. El informe se conocerá en 2025.
En 2023, Canadá publicó que advertía que consumir más de dos copas de bebidas alcohólicas por semana acarreaba riesgos para la salud. En ese momento, cuando Koob sugirió en el que las directrices estadounidenses podrían avanzar en el mismo sentido se generó una .
El informe de los CDC, de este año, sugirió que un aumento en los impuestos al alcohol podría ayudar a reducir su consumo excesivo y las muertes que genera. La oficina de Koob prefirió no comentar esa propuesta.
Este tema toca el corazón de Adkins, que ahora trabaja como entrenadora ayudando a otras personas, en su mayoría mujeres, a dejar de beber. Adkins contó que la pandemia la impulsó a publicar un libro sobre su experiencia cercana a la muerte por insuficiencia hepática. Vive con cirrosis, pero este septiembre se cumplirán 10 años desde su último trago.
“Lo increíble es que no se puede estar mucho peor del punto al que llegué”, dijo Adkins. “Mi esperanza, de verdad, es cambiar la narrativa”.
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