Indocumentada y con cáncer: entre la muerte y la deportación
¿Qué sucede cuando un inmigrante indocumentado tiene un diagnóstico potencialmente mortal? Depende mucho de en dónde viva. Pero incluso en estados generosos con la cobertura de enfermedades graves, un paciente puede enfrentar decisiones difÃciles de vida o muerte.
Ìý“Querido y honorable juez, le escribo porque amo a mi madre. Mi madre es muy importante para mÃ. No sé qué harÃa sin ella. Aunque mi madre tiene miedo, nunca se da por vencida”.
Este es el comienzo de una declaración escrita por una niña de 13 años al Departamento de Seguridad Nacional. El objetivo: que su madre tenga la cobertura de salud que necesitarÃa para ingresar a un ensayo clÃnico.
Hace dos años, la madre de la niña fue diagnosticada con cáncer de estómago avanzado. Sin documentos y sin seguro médico, recibió tratamiento gratuito en el Hospital Bellevue en Manhattan a través del programa de emergencia de Medicaid de Nueva York, que sin duda prolongó su vida.
Luego, el otoño pasado, su médico la identificó como para un medicamento que ha resultado muy efectivo para algunos cánceres de pulmón. ¿FuncionarÃa para su enfermedad? Los investigadores estaban ansiosos por pacientes como J. para ayudarlos a responder esa pregunta. (Kaiser Health News identifica al paciente solo por su primera inicial, debido a la amenaza de deportación).
“Mire estos ensayos clÃnicos, hay algunos pacientes que simplemente se olvidan de morir”, dijo el doctor Steve Lee, oncólogo de J. “Ella podrÃa ser una de estas sobrevivientes a largo plazo”.
Sin embargo, formar parte de un ensayo clÃnico no serÃa un proceso simple. J. emigró de China a los Estados Unidos hace 18 años con una visa que expiró hace mucho tiempo. La visa de su esposo también venció hace años. El matrimonio de Queens tiene tres hijos que son ciudadanos, de 13, 12 y 4 años.
Para ser aceptada en el ensayo, J. necesitaba la cobertura más completa que ofrece el programa de Medicaid tradicional. Y conseguir eso significaba tener que presentarse ante Seguridad Nacional (Homeland security) y pedirle a la agencia que no ejecutara la orden de deportación que pesa sobre ella. Declararse ante la agencia implicarÃa que los oficiales tuvieran su dirección y los nombres de todas las personas de su familia.
“Antes de enfermarse, el estatus migratorio era claramente importante”, dijo J. a través de un traductor. “Ahora, el estatus migratorio y mi capacidad para continuar viviendo están entrelazados, porque solo puedo obtener un buen tratamiento si obtengo un estatus legal”.
La familia enfrentó este dilema bajo la creciente amenaza de deportaciones del presidente Donald Trump. Las cifras federales muestran que las aumentaron un 40% en los primeros cuatro meses de 2017 en comparación con el mismo perÃodo de 2016. La administración también está considerando que penalizarÃa a los inmigrantes legales si utilizan beneficios públicos como Medicaid.
Hasta el momento en el que se planteó la posibilidad del ensayo clÃnico, J. recibió una atención muy similar a la que podrÃa tener cualquier persona con seguro privado. Y ahà es en donde comienza a pesar en donde se vive. Cada estado cubre la atención de inmigrantes indocumentados a través de su programa de emergencia de Medicaid de manera diferente, y Nueva York tiene uno de los más generosos del paÃs.
“En algunos estados, si un paciente necesita, por ejemplo, diálisis para salvar su vida, lo ponen de inmediato bajo Medicaid de emergencia”, dijo Steven Wallace, profesor de salud de la UCLA, quien ha estudiado la atención médica para inmigrantes en el paÃs. “En otros, como Georgia, no lo colocarán en Medicaid de emergencia hasta que usted esté en shock diabético”.
Para cuando J. se enteró del ensayo clÃnico, ya se habÃa sometido a quimioterapia y a dos cirugÃas para que le extirparan los ovarios y parte del estómago. Aunque el programa de emergencia de Medicaid de Nueva York es uno de los más completos, aún asà no cubre los costos asociados con los ensayos de medicamentos, incluso en situaciones difÃciles.
Para contexto, algunas estimaciones sugieren que un año de cuesta alrededor de $100,000. Los costos varÃan según el hospital, y Medicaid les paga menos a los hospitales.
Bellevue no proporcionó un recuento de las facturas médicas de J. La limitada investigación disponible sobre la atención para los inmigrantes indocumentados muy enfermos muestra que el tratamiento puede variar incluso por condado, dentro de un mismo estado. Wallace dijo que, la mayorÃa de las veces, cuando se ven acorralados ​​por una enfermedad que amenaza la vida, como el cáncer de estómago, las mujeres y hombres indocumentados se pierden las pruebas, procedimientos y medicamentos que podrÃan extender sus vidas.
Al vivir en Nueva York, J. recibió una buena atención. Pero, ¿la posibilidad de un ensayo clÃnico para probar una nueva droga valÃa el riesgo que su esposo fuera deportado?
Durante la mayor parte de la entrevista, J. habló en mandarÃn a través de un traductor. Pero cuando se le preguntó si tenÃa más miedo a morir o a ser deportada, respondió directamente, en inglés.
“SÃ, tengo miedo a morir, más que ser deportada”, dijo J. “Por supuesto. Porque mi familia me necesita. Mis hijos me necesitan”.
Domna Antoniadis, abogada principal del New York Legal Assistance Group, tiene su oficina al otro lado del pasillo del doctor Lee, en Bellevue. Su trabajo es ayudar a los pacientes a superar los obstáculos burocráticos para obtener cobertura médica, y dijo que J. tenÃa un caso convincente.
“Ella ha estado aquà por casi 20 años. Tiene tres jóvenes ciudadanos estadounidenses. Nunca ha sido arrestada; no tiene antecedentes penales. Ha trabajado. Y ahora mismo, tiene una forma muy agresiva de cáncer”, dijo Antoniadis. “Ella está diciendo, ‘Aquà estoy. Esto es lo que está pasando conmigo, pero por favor no me deportes'”.
El esposo de J. dijo que su esposa hizo todo lo que pudo para combatir su enfermedad, incluso cambiar su dieta, hacer más ejercicio y seguir las órdenes del médico. La decisión sobre el ensayo con la nueva droga fue clara, dijo.
“La vida es más importante que cualquier otra cosa. Tienes que enfrentar el cáncer”, dijo, hablando a través de un traductor. “Tienes que enfrentar las presiones. Solo tienes que hacer lo que sea necesario para seguir viviendo”.
Presentó la solicitud, y Antoniadis aconsejó a la familia que sea cautelosa. Les dijo que si los agentes federales se presentaban en la casa, antes de abrir la puerta, la familia deberÃa asegurarse que los funcionarios tuvieran una orden judicial. Su abogado le dio a J. una guÃa en mandarÃn, que describÃa sus derechos.
Durante el otoño, el esposo de J. dijo que la familia se sentÃa vulnerable.
“Vemos las noticias”, contó. “Vemos las cosas que dice Donald Trump, y vemos que ha sido duro con la inmigración y ha intentado hacer muchos cambios. Entonces, claro, estamos más preocupados”.
Mientras esperaban noticias de Seguridad Nacional, una especie de miedo acumulado se apoderó de la familia. J. hablaba menos. Su hija de 13 años se hizo cargo de lavar los platos de la cena. Su hijo de 12 años ponÃa la mesa y jugaba menos videojuegos, tratando de hacer feliz a su madre. Su hermana menor, de 4 años, preguntaba por qué todo era diferente.
Antes que Seguridad Nacional Ìýpudiera responder, J. recibió la noticia que habÃa sido aceptada en el programa de Medicaid tradicional de Nueva York. La solicitud para retrasar la deportación fue suficiente para que el estado aceptara a J. en el programa. Tuvo su primer tratamiento dentro del ensayo clÃnico en diciembre pasado. Trató de saborear la vida.
“Ahora no soy tan estricta con mis hijos. De alguna manera solo los dejo ser niños. Antes, les daba tarea adicional además de lo asignado en la escuela. Ahora, solo quiero que sean felices”, dijo. “Entre mi esposo y yo, nos importa mucho menos el dinero. Antes, solo salÃamos a cenar una vez al mes. Ahora atesoramos cada momento que tenemos”.
Pero casi tan pronto como J. entró en el ensayo clÃnico, tuvo que salir. Su oncólogo, Lee, explicó que “tuvo un rápido crecimiento de su cáncer” y no pudo permanecer en el ensayo. A principios de enero, J. comenzó cuidados paliativos. Su esposo dijo que fue un mes muy difÃcil para ella, y el 6 de febrero, J. murió.
Cuando se le preguntó a Lee, si el esfuerzo por ponerla en un ensayo clÃnico habÃa valido la pena, por el estrés que pasó la familia, el doctor dijo: “Creo que, en retrospectiva, es más fácil decir que ingresar al ensayo médico fue una pérdida de tiempo. Pero la alternativa para un cáncer como éste es que invariablemente morirÃa. Asà que creo que valió la pena arriesgar mucho por tener la oportunidad de sobrevivir a largo plazo “.
Lee agregó que, al menos por un tiempo, el ensayo clÃnico le dijo a J., y a su familia, esperanza.
Dan Gorenstein es periodista de atención médica de Marketplace. Esta historia fue producida en asociación con WHYY’s The Pulse y Kaiser Health News.